La vocación es hija ilegítima de la necesidad
al montaraz Viejo del Monte don Mariano reliquia viviente con cara de chucho puteado que no tenía los apetitos naturales de los hombres, concebido en el mar y poray, que caminaba por la sombra con sus dilemas espirituales y las afecciones de la carne, híbrido de macho cabrío y hembra mujer, con sus 28 chuchos y su machete guarizama que echaba reflejos de tanto filo y que se pasaba encuclillado en la entrada a la finca El Sauce sin hablar con nadie con su pelado de guacal y su cabeza escaldada, se apareba con los chuchos en la conduerma y de ahí nació el hombre-coyot que asustaba a los incautos por la noche, y se le había astillado el pellejo por mantenerse a la intemperie sin crema Nivea, cuando los que no comen en platos de peltre anhelan las migajas en el suelo en su altar de carne y hueso.
“La apariencia es el espejo del alma”
Controlaba que desde Canahuí se bajara para pasar al Zapote hacia el balneario el Jocotal donde empezó Agua Salvavidas, en en un riachuelo sin interés por lo que lo rodea cansado de ver tanta tragedia con sus secretos envejecidos bajo el agua y, en una bajada estrecha donde las tías jugaban los Peligros de Nyoka sobre una grande y larguísima roca con punta continua con grama y, todas las mañanas del otro lado con gran eco cantaba con muy buena voz sus melancolías de brócoli, un joven al que le habían robado el alma expresada en sus canciones tristes como los demenciales mandatos de hombres embriagados de poder y ciegos de ambiciones y, el que luego de algún tiempo paró cortándose los días tirándose de cabeza al precipicio diciendo adiós con la mano a las tías que andaban jugando, en su paso al océano infinito con quejidos que se oyeron hasta los baños del Tuerto porque nadie se baña dos veces en el mismo río;
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