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NO HUBIERAN TENIDO PROBLEMAS PARA ABRIR UN FRASCO DE MIEL
Nunca es tan tarde si la dicha es buena
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Nadie garantiza que estar del lado bueno te mantendrá ahí,
sin que se brinque el cerco al otro lado
Unidos en este borondo sé que en el imaginario de los USA, el lejano Oeste evoca imágenes de pistoleros, persecuciones a caballo y duelos al sol. Los forajidos que dominaron este territorio se convirtieron en figuras temidas por su audacia y violencia, pues no transformaban sus delirios ideológicos. El accionar de este tipo de bandas desató una ola de robos, asaltos y tiroteos que marcaron una época de inestabilidad y peligro constante para poblados enteros como una corporación industrial. Aquellos eran años duros debido a la resaca de la Guerra Civil y a la profunda crisis económica que atravesaba la joven nación todavía a medio pelo y difícil de montar.
Estos individuos que habían perdido la brújula moral, envueltos en un aura de leyenda, no sólo sembraban el terror, también inspiraron a generaciones futuras, convirtiéndose en protagonistas de decenas de películas históricas y en la base de numerosos videojuegos que recrean aquel universo de ley y delito con guerras en la sombra. Es una de esas historias que parecen hechas para una novela de miedo, pero ocurrió realmente y fue extraordinariamente violenta.
Su fama creció mucho más allá de sus méritos reales
La pequeña pantalla puede llegar a ser una maldición gigantesca. Lejos me encuentro de querer darle una su zarandeada al dibujante belga Maurice de Bévère por reinterpretar la historia de los hermanos Dalton y plasmarlos en los famosos dibujos animados protagonizados por Lucky Luke, en los años cuarenta, inspirados en estos forajidos reales para crear a los hermanos Joe, Jack, William y Averell, más graciosos pero menos eficaces que los reales. Así, la leyenda de los Dalton pasó de las páginas de los periódicos a las del cómic, suavizando una historia que en su origen fue todo menos cómica. Como suele pasar, detrás de los cómics y en los dibujos animados quedan los ecos de un Oeste real, violento y desesperado, donde a veces los héroes acababan convertidos en villanos. Lo que no se puede negar es que los bandidos bonachones que se conocen por su torpeza distan bastante de Bob, Grat y Emmett, los personajes históricos que formaron, hace siglo y medio, el núcleo principal de una de las bandas más conocidas del Far West. Los Dalton reales, al menos desde el punto de vista de los diarios de la época y de los libros de historia, eran más bien unos letales forajidos a la altura de Jesse James y sus secuaces. Unos criminales que se hicieron tristemente famosos por sus continuos ataques a trenes cargados hasta los topes de oro y billetes.
Para entender el pavor que causaban en los pueblos que pisaban, hoy, por tanto, toca separar la leyenda blanca del pasado y cambiar un bello aunque erróneo recuerdo infantil y plasmarlos aquí en este semanal como invitados.
O se doblan o se quiebran y a buen entender salud. Pues si no estás quemando brujas, eres comunista.
“El lujo más grande es tener tiempo para vivir despacio”
Mi dos, ¿cuál es tu veinte?
Los personajes de la semana, éste célebre grupo de forajidos del Viejo Oeste durante 1890-1892, en doce años obtuvieron su especialización en grado de Gran Cruz, con el robo de trenes y bancos. That's rad. Estaban emparentados con los hermanos Younger, que cabalgaban a las órdenes de Jesse James, aunque sus actuaciones fueron independientes y más tardías que las de la banda de James-Younger.
Salidos del condado de Jackson, en Misuri, Lewis Dalton, el padre, -de apariencia apacible como maestro de escuela,- era un tabernero que regentaba un Saloon en Kansas City, cuando se casó con Adeline Younger de mirada gélida, la tía de Cole y Jim Younger. Si él ya era de por sí, trabajador, a su mujer le sucedía otro tanto. Intentando ganar dinero se trasladaron en varias ocasiones hasta donde hubiera trabajo. Así pasaron entre otras regiones por Kansas o por las cercanías del territorio indio en Oklahoma, para ofrecer un futuro a los -nada menos- que trece de los quince hijos que sobrevivieron a la dura infancia, 1- Charles Benjamin "Ben" Dalton - 1853 - 1936. 2- Henry Coleman "Cole" Dalton - 26 de noviembre de 1853 - 27 de febrero de 1920. 3- Louis Kossuth Dalton - 1855 - 1862. 4- Bea Elizabeth "Lelia" Dalton - 14 de marzo de 1856 - 28 de diciembre de 1894, 5- Littleton Lee "Lit" Dalton - 2 de octubre de 1857 - 2 de enero de 1942. 6- Franklin "Frank" Dalton - 1859 - 27 de noviembre de 1887. 7- Gratton Hanley "Grat" Dalton - 30 de marzo de 1861 - 5 de octubre de 1892. 8- William Marion "Bill" Dalton - 1865 - 1894. 9- Eva Dalton - 25 de enero de 1867 - 28 de enero de 1939. 10- Robert Rennick "Bob" Dalton - 13 de mayo de 1869 - 5 de octubre de 1892. 11- Emmet Dalton - 3 de mayo de 1871. 12- Leona Randolph Dalton - 17 de julio de 1875 - 18 de abril de 1964. 13- Nancy "Nannie" Dalton Clute, marzo de 1876 - 1902. 14- Simon Noel "Sam" Dalton - 6 de julio de 1879 - 13 de septiembre de 1928 - gemelo. 15- Hannah Adeline Dalton - 6 de julio de 1879 - gemela.
En 1886 se mudaron a Coffeyville, al sudeste de Kansas.
Uno de sus trece hijos que sobrevivieron la adultez -tomando en cuenta que aún no se había inventado la tevé,- tomó su espíritu de trabajo como hijo mayor, Frank Dalton, quien se puso al servicio de la Policía Federal en cuanto la edad se lo permitió. Era ayudante del alguacil, pero el destino le deparaba un trágico final que marcó la vida de su familia. Murió en acto de servicio, cuando al estar siguiendo la pista de unos ladrones de caballos y traficantes de whiskey en el territorio de Oklahoma, luego de localizarlos el 27 de noviembre de 1888, se produjo un enfrentamiento a puro plomo, resultando Dalton y dos de los forajidos muertos y el alguacil herido. Una semana más tarde, el 3 de diciembre de 1888, el occiso fue seguido por otros representantes de la ley y se produjo otro tiroteo. En ese segundo enfrentamiento, el ayudante del alguacil Ed Stokley disparó y mató al fulano, pero también resultó muerto él mismo en un trágico empate mortuorio. Frank fue el más estable, mantuvo a sus hermanos a lazo corto por el buen camino, lo respetaban y en ocasiones habían cabalgado con él en partidas a favor de la ley.
“Frank y uno de sus ayudantes, Jim Cole, intentaban capturar a unos traficantes de whisky y caballos en Arkansas. Los contrabandistas resistieron. En el tiroteo sucesivo ellos le mataron”
Memorias de Emmett Dalton
En todo caso, el golpe fue igual de letal para sus hermanos y, al poco tiempo, Bob, Gratton “Grat” y el mismo Emmett decidieron unirse a la justicia para honrar su memoria. Pero la vida del agente de la ley, alto en peligro y bajo en salario, no estaba hecha para ellos, a sabiendas de que correrían los mismos riesgos, pero ganarían mucho más como bandidos y con ese lógico razonamiento decidieron convertirse en bandoleros. No llevaban una vida ejemplar. Bob fue siempre el más salvaje mató por primera vez cuando tenía diecinueve años siendo ayudante del marshal, pero arguyó que el asesinato era en acto de servicio, pues la víctima había intentado quitarle a la novia, mancillando su honor carnal, en una disputa de faldas y, alegó que la muerte se produjo en cumplimiento del deber, pues encontró la víctima encaramado sobre su novia Judy Simon La Pioja, haciendo cochinadas de forma sobradamente inusual, así que fue justificado y, en lugar de darle las gracias al occiso que le estaba kilometrando a su querida, nomás tres tiros le dió, como a la Martina. En marzo de 1890 fue acusado de contrabando de licor en el territorio Indio, pero contraviniendo su libertad condicional huyó tras depositar una fianza y no apareció por el juicio. En septiembre de 1890, el arrestado fue su hermano Grat, en su caso por robar caballos, un delito pagado con pena capital, pero todos sus cargos mágicamente fueron retirados y fue puesto en libertad.
Recapitulando por el deseo de vengar la muerte de su hermano, Gratan apodado Grat parido en 1861, Bob parido en 1869 y Emmet alumbrado en 1871, se convirtieron en defensores de la ley, pero en 1890 brincaron el cerco al otro lado de la misma, pues al querer cobrar la recompensa por la muerte de un forajido, el alguacil les informó que la misma había prescrito y eso le hizo encabronar, sobretodo a Bob fue el más alocado. Desacreditados como defensores de la ley, decidieron formar su primera banda, pues los recursos de pago no alcanzaban ni para las aguas, así que decidieron quemar las naves.
Como en campaña política eleccionaria, Bob Dalton reclutó a George, Bittercreek, Newcomb, Charley Pierce y Blackfaced Charlie Bryant para laburar con él y con su hermano Emmett. Bryant recibió su nombramiento de Caranegra por una quemadura de pólvora en una mejilla izquierda. Grat estaba visitando a su hermano Bill en California cuando se formó la banda, pero luego ambos se unieron al bamboleo, al igual que Bill Doolin, Dick Broadwell y Bill Powers. Su primer trabajito robístico fue a una casa de juego en Silver City, Nuevo México.
El 6 de febrero de 1891, después de que Jack Dalton se uniese a sus hermanos en California, asaltaron el ferrocarril Southern Pacific, a punta de pistola obligaron a abrir el vagón de cargas y, cuando estuvieron ante la caja fuerte se dieron cuenta que habían olvidado la dinamita y que no podrían obtener su premio. Enfurecidos, hicieron varios disparos al aire y se marcharon no sin antes echarle la bendición al pasaje. El desastre se completó cuando fueron detenidos pero todos fueron liberados por falta de pruebas. Jack escapó y Bill fue absuelto, pero Grat fue arrestado, encarcelado y sentenciado a 20 años de prisión, fue esposado a un alguacil y acompañado por otro mientras era trasladado en tren. Un alguacil se durmió por la juma y el otro se entretuvo chachalaqueando con otros pasajeros. De repente, Grat se puso en pié, saltó y se tiró de cabeza por la ventanilla del tren y cayó al río San Joaquín desapareciendo bajo el agua y, fue arrastrado río abajo por la corriente, sano y salvo como evangélico redimido. Los alguaciles se quedaron sin resuello. Grat había tomado la llave de las esposas del bolsillo del primer alguacil mientras dormía y luego esperó para huir hasta el momento en que sabía que el tren estaría en el puente. Si hubiese caído a tierra, habría muerto. Encontró a sus hermanos, y luego volvieron al Territorio de Oklahoma. Aquello que había hecho, ninguna bestia lo habría realizado.
Entre mayo de 1891 y julio de 1892, robaron cuatro trenes en el Territorio Indio. El 9 de mayo de 1891 atracaron un tren de la compañía Santa Fe en Wharton ahora Perry, Oklahoma. Se marcharon con varios cientos de dólares solamente, pero habían trabajado bien en equipo. Cuando pasaron por Orlando, robaron ocho de nueve caballos. Una partida les persiguió, pero la banda escapó. En Red Rock Charley Bryant y Dick Broadwell mantuvieron a raya al maquinista y al fogonero en la locomotora mientras, Bob, Emmett Dalton y Bill Powers recorrían los vagones, pidiendo diezmos y ofrendas a los pasajeros. Bill Doolin y Grat se encargaron del vagón expreso. Lanzaron la caja fuerte fuera del tren y, al abrirla había poco en comparación con sus esfuerzos, unos pocos cientos de dólares y algunos relojes y joyas de los pasajeros. Se dispersaron después del robo, pero después Blackfaced Charley Bryant fue capturado por el Alguacil Ed Short, mientras estaba aventándose a una mariposa nocturna local. Mientras estaban de camino a ser encarcelados en Wichita, Kansas, Bryant se apropió de un revólver de un trabajador del ferrocarril que ayudaba al Alguacil, y en el consiguiente tiroteo Bryant y Short se mataron mutuamente como Dios manda.
La banda atacó de nuevo el mes de julio en Adair, Oklahoma, cerca de la frontera con Arkansas. Fueron directamente a la estación de tren y luego se sentaron en un banco del andén, hablando y fumando, con sus rifles Winchester entre las rodillas. Cuando el tren llegó a las 9:45 pm, tomaron lo que pudieron encontrar en el expreso y en las habitaciones del equipaje, desengancharon un vagón que se fue de retroceso y descargaron todo su contenido. Había once guardias armados en el tren pero estaban a la espalda del mismo. Cuando por fin se dieron cuenta hicieron fuego contra los bandidos a través de las ventanillas del vagón y desde detrás del tren. En el enfrentamiento se hicieron 200 disparos. Ninguno de los componentes de la banda fue alcanzado. Tres guardias fueron heridos, y un médico del pueblo murió por una bala perdida. Los ladrones desaparecieron escondiéndose en una de las cuevas que hay cerca de Tulsa, Oklahoma.
La banda con una frialdad burocrática aterradora podría haberse mantenido ocupada con los robos a trenes mediante el engaño absoluto, pero Bob Dalton quería asegurarse de que su nombre fuera recordado hasta el final de los días al toque de la final trompeta por sus delirios de grandeza. Según declaraba, superaría cualquier cosa que Jesse James hubiese hecho jamás, como robar dos bancos a la vez, a la luz del día. Así, que sin más en el menú, el 5 de octubre de 1892, intentarían esa hazaña cuando se dispusieron a robar el C.M. Condon & Company 's Bank y el First National Bank en Coffeyville, Kansas. Ya que los lugareños estaban al tanto de su aspecto físico, se transformaron en unos miserable de barbas postizas, pero por su caminar gitano fueron avistados e identificados por un chismoso comunicativo sin nada que hacer.
Mientras estaban ocupados intentando atracar los bancos, la gente que lo supo por medio de un chisme, se armó y se preparó para la lucha y, cuando la banda salió de los bancos, comenzó un hermoso y vistoso tiroteo capaz de impresionar al más escéptico. Tres personas del pueblo fueron alcanzadas por el plomo que le fue enviado sin ningún apasionamiento y, el alguacil del pueblo Charles Connelly fue bondadosamente abatido cuando salió a la calle tras salir a shutear cuando oyó los truenos, no sin antes devolver el fuego y matar a un miembro de la banda. Grat Dalton, Bob Dalton, Dick Broadwell y Bill Powers finalmente fueron alcanzados por multiplicidad de proyectiles que atravesaron el aire sin miramiento alguno y fantásticamente murieron viendo al sur. El corpulento Emmett Dalton recibió tan sólo 23 heridas de bala pero sobrevivió porque ninguno había tocado órganos importantes y, se le condenó a cadena perpetua en la penitenciaría de Lansing, en Kansas, de la que cumplió 14 años antes de ser perdonado por el Altísimo. Se mudó a California y se convirtió en un verdadero agente de pompas fúnebres, autor y actor, muriendo en 1937 a la edad de 66 años con olor a alcanfor. Bill Doolin, Bitter Creek Newcomb y Charlie Pierce fueron los únicos miembros de la banda que quedaron y, ninguno de ellos estuvo presente en el tiroteo de Coffeyville.
Emmett Dalton aseguró años después de los robos y tras su salida de prisión, que el alguacil Heck Thomas fue un factor clave en su decisión de cometer los robos, pues implacablemente les perseguía, manteniéndolos constantemente en movimiento. Con un gran botín de los dos bancos, la banda pretendía dejar el territorio durante una temporada, con la esperanza de que los ánimos se calmasen. Aquellos pocos minutos terminaron asegurándoles un lugar privilegiado y permanente en la historia tratado con toda solemnidad.
Todo comenzó en el Medio Oeste americano, hacia finales del siglo XIX. Los Dalton eran una familia numerosa de nueve hermanos nacidos entre Kansas y Arkansas, de los cuales cuatro, Grat, Bob, Bill y Emmett se harían famosos por razones poco honrosas. Sin embargo, como suele ocurrir en las historias del Lejano Oeste, el paso del uniforme a la vida fuera de la ley fue cuestión de un mal negocio y de un error de cálculo. Los Dalton, aprovechando su puesto como agentes, empezaron a traficar con caballos y whisky en la Nación Osage, -por retazos de dinero,- una práctica ilegal pero común en la época, la que aquí no a pasado de moda. Al ser descubiertos, huyeron antes de ser arrestados y se refugiaron en las llanuras de Oklahoma. Fue entonces cuando cruzaron definitivamente la línea, formaron su propia banda y comenzaron una breve pero intensa carrera criminal dedicada a robar trenes, bancos y diligencias.
Como un retazo sacado de una tira de película de 8mm, su estilo era rápido y audaz, atacaban con precisión de reloj suizo, se movían a caballo por regiones deshabitadas y contaban con el apoyo de varios cómplices. Pero su fama creció mucho más allá de sus méritos reales, pues la prensa sensacionalista los convirtió en enemigos públicos número uno pues de lo contrario no vendían suficientes ejemplares, atribuyéndoles robos que nunca cometieron y adornando sus fechorías con toques románticos exagerados. Algunos periódicos incluso los presentaban como “Robin Hoods del Oeste,” aunque nunca repartieron el botín con nadie.
El imaginario del Oeste evoca imágenes de pistoleros, persecuciones a caballo y duelos al sol
Los forajidos que dominaron este territorio a fines del siglo XIX se convirtieron en figuras temidas por su audacia y violencia. El accionar de este tipo de bandas desató una ola de robos, asaltos y tiroteos que marcaron una época de inestabilidad y peligro constante para poblados enteros. Estos hombres, envueltos en un aura de leyenda, no sólo sembraban el terror, también inspiraron a generaciones futuras, convirtiéndose en protagonistas de decenas de películas históricas y en la base de numerosos videojuegos que recrean aquel universo de ley y delito. Dentro de este elenco de bandidos, la banda de los Dalton sobresalió como una amenaza real. Su presencia representó un desafío abierto a la autoridad. No sólo asaltaban bancos y trenes con una eficacia temeraria, sino que además lograron que su nombre quedara asociado al miedo y la incertidumbre en la región, perpetuando su legado como unos de los forajidos más peligrosos de la zona.
El surgimiento de esta banda marcó un antes y un después en la historia criminal de Estados Unidos. Los hermanos Bob, Grat, Bill y Emmett Dalton, nacidos en una familia originalmente de Misuri, supieron desde pequeños lo que era moverse en los márgenes de la ley. Su entorno, cargado de tensiones y oportunidades para la transgresión, los fue moldeando en una época donde la frontera entre el orden y el delito era difusa.
Curiosamente, iniciaron su vida adulta en el lado de la ley, tanto Frank, el mayor, como Bob y Grat, trabajaron como alguaciles adjuntos, encargándose de mantener la paz en territorios plagados de conflictos. Pero la muerte violenta de Frank durante un operativo y la exposición constante a las tentaciones del poder y la impunidad provocaron un cambio de rumbo.
Poco a poco, las inclinaciones delictivas de los hermanos se intensificaron. Bob fue acusado por la SAT de vender whisky ilegalmente y Grat de robo de caballos, delitos graves en el contexto del Oeste. El destino de la banda quedó marcado por la paradoja, se transformaron en aquello mismo que habían combatido, adoptando la vida de forajidos y dejando atrás cualquier vínculo con la ley. Este giro los llevó a unirse como un grupo, dedicándose a los atracos de trenes y bancos que sembraron el pánico en varias regiones, consolidando su reputación como uno de los grupos criminales más temidos y notorios de la época.
“El accionar de la Banda de los Dalton contribuyó a la ola de crímenes que marcó la inestabilidad y el peligro constante en el Oeste”
Kendrick Foster
Como siempre hay un punto de salida, La banda de los Dalton comenzó sus andanzas criminales en un casino de Silver City, en Nuevo México. Pero eso sólo fue un aperitivo de lo que fue su verdadera vocación, el asalto de trenes al más puro estilo de las películas de Hollywood. Todos ellos están documentados por la prensa de la época, que permite saber que el primero de estos ataques fue realizado el 6 de febrero de 1891 en el objetivo del Atlantic Express. El grupo detuvo la locomotora haciendo a su maquinista señales falsas con una linterna roja y, el maquinista cayó en la trampa, pero cuando se dio cuenta ya era tarde y los muchachos ya habían subido al ferrocarril ataviados con máscaras negras y armados con sus revólveres. Más allá de este relato, los trabajitos de la banda acababan de empezar. Y con la lección aprendida, en los siguientes asaltos les fue mucho mejor. En mayo de 1891 parieron su segundo curro en la estación de Wharton, Oklahoma. El método fue el mismo. Esperaron de forma más que paciente en el andén hasta que su objetivo, el Texas Fast Express, se detuvo. Con calma, los Dalton subieron al ferrocarril ocultos tras sus máscaras negras y accedieron hasta el vagón de carga, hicieron saltar por los aires la caja fuerte con una buena carga de dinamita y se marcharon a toda prisa, no sin antes dar gracias. El Dallas Morning News publicó, “Eran unos expertos que hicieron su trabajo con frialdad y con éxito, sin necesidad de realizar un solo disparo. A pesar de que los pasajeros eran conscientes de la situación, ninguno hizo amago de intervenir.”
Otra faena fue la del 2 de junio de 1892. En aquella jornada de afano, de nuevo el tiro fue un tren en Oklahoma. Según el periódico Norman Transcript, “los miembros de la banda, seis atracadores enmascarados, lograron detener el ferrocarril, obligaron al fogonero a forzar la puerta del vagón de mercancías, con su hacha destruyeron la cerradura de la caja fuerte y se hicieron con un increíble botín. Aquella fue una gran victoria comparable a la que protagonizaron el 16 de julio de ese mismo año. Uno de los robos más aguerridos de los que se tenga constancia.” Otro diario explicó con pesadumbre abducida lo sencillo que les resultaba conseguir su botín. El método era siempre el mismo, esperaban el tren en la estación, se subían con tranquilidad a la locomotora, arrastraban al fogonero hasta la estancia en la que se guardaban las riquezas, amablemente le solicitaban que forzara la cerradura, reventaban la cámara acorazada y se marchaban por donde habían venido. Sencillo, tranquilo y eficaz. Aunque también solían dejar un reguero de agentes heridos y muertos a sus espaldas cuando era absolutamente indispensable, todo por querer perseguirlos sólo porque habían sustraído bienes ajenos.
“Quienes antes habían compartido caminos quedaron enfrentados en un conflicto de negocios, poder y lealtades”
Por contraste, los éxitos fueron los que acabaron con los Dalton y, sus ansias de figurar en la historia como unos criminales a la altura de la banda del afamado Jesse James. Su fin comenzó con un plan tan exagerado como absurdo craneado por el desquiciado Bob, que se propuso conseguir las portadas de los medios informativos con un robo doble en el mismo pueblo que les había visto crecer. Por un delirio febril ninguno de ellos se atrevió a criticarlo por temor culial a su violento líder que en un tronar de dedos podría quebrarles el espinazo. Bob quería algo superlativamente espectacular. Un plan imposible aunque según él era una idea genial, robar dos bancos simultáneamente. No uno. Dos.
Y no en cualquier ciudad. El plan a realizar era que Bob y Emmett entrarían en el First National Bank. Grat, Bill Powers y Dick Broadwell entrarían en el C.M. Condon & Co. Bank. La banda esperaba entrar tomar lo correspondiente y salir rápidamente, montar sus caballos y desaparecer en la claridad del día.
En el inicio del fin de la legendaria Banda de los Dalton los había preparado para uno de los atracos más increíbles y simpáticos de la historia, pero un pequeño detalle imponderable transformó el panorama criminal y desmoronó el plan como una casita de naipes. Un doblete a la esquina quisieron hacer ese 5 de octubre de 1892, el golpe que selló su destino intentando ejecutar uno de los robos más ambiciosos en la historia, el robo de dos bancos en simultáneo, para cerrarle la boca a Jesse James siendo los mejores en el asunto. No un banco, dos. El blanco eran dos entidades monetarias en Coffeyville. Querían lograr una hazaña sin precedentes, robar dos bancos a la vez, en pleno día, y demostrar que eran los bandidos más temidos y cabrones del Oeste. Así, Bob, Grat y Emmett Dalton, junto a Dick Broadwell y Bill Powers intentarían quebrar la seguridad y atracar el C.M. London Bank. El segundo grupo con Bob, Emmett y los otros harían lo mismo en el First National Bank.
Pero las campanas repicaban para los futuros finados, cuando la banda llegó al pueblo. “Entre las 9:30 y las 10:00 de la mañana del miércoles, los atracadores disfrazados y armados hasta los dientes, entraron sobre sus caballos,” explicaba el Dayly. El grupo dejó sus caballos en una calle apartada y se dividieron a sus respectivos objetivos. Estaban disfrazados con barbas postizas, pero para entonces ya eran famosos y, según la versión oficialísima fueron reconocidos por un ciudadano que hizo correr la voz y, así el pueblo se armó y llamó a las autoridades. La operación Double Trouble comenzó con una entrada muy machista al pueblo, pero el plan se torció desde el principio pues el vecino que todo lo miraba y lo comunicaba como el Facebook de entonces, Aleck McKenna, reconoció a los occisos y soltó las amarras y el plan se se hizo una puñetera mierda.
Los primeros en llegar a su destino fueron Grat, Bill y Dick, accedieron con celeridad al C. M. London Bank, desenfundaron sus armas y ordenaron a los presentes que les entregasen todo aquello de valor que tuvieran. Para el premio gordo hablaron con uno de los empleados, al que le exigieron abrir la caja fuerte a punta de Winchester. Pero había un inconveniente que no habían puesto en perspectiva por ignorarlo de capirote. Grat exigió que abrieran la caja fuerte, pero el funcionario banquístico respondió que el mecanismo no podía abrirse hasta las 9:30, pues la cerradura era de apertura retardada y hacían falta unos 7 minutos para que dejara libre la riqueza. Grat bondadosamente decidió esperar, pero ese retraso dio a los habitantes tiempo para armarse. Los ciudadanos corrieron a las tiendas de armas y comenzaron a distribuir rifles. Los hombres se escondieron detrás de edificios, en las calles y en los alrededores de los bancos. En tanto, todavía creían que el golpe estaba funcionando. No podían esperar tanto y más cuando escucharon silbar las balas desde el exterior. Estaban atrapados como ratones de buhardilla y sólo podían salir por piernas antes de ser tiroteados como tiro al blanco de feria. A Bob y Emmett les sucedió otro tanto. Lograron hacerse con parte del botín, pero se asustaron cuando oyeron los disparos y decidieron poner canillas para que las quiero antes de acabar en una caja de pino poshoroco barato. Así comenzó la desgracia. Tras salir de las sedes bancarias se dieron cuenta de que poco podían hacer ante la marabunta que se agolpaba en el exterior dirigida por los agentes de la ley y, que sin decir ni siquiera ríndanse, empezaron la cacería.
Mientras los hermanos se repartían entre los dos bancos, la noticia del asalto había corrido como los chismes de la cuadra por el poblado así como fósforo en gasolina. A partir de ese instante, el plan se hundió en el abismo. El sistema de seguridad de la población se puso manos en polvorosa y tomaron sus puestos. La mujeres sonando cacerolas comunicando que escondieran a los patojos y se pusieran a cubierto lejos de ventanas y puertas. Los empleados de los bancos y los vecinos actuaron con rapidez, un cajero del Condon Bank engañó a los futuros occisos retrasando la apertura de la bóveda, mientras ciudadanos armados cubrían las calles, dispuestos a resistir. En cuestión de minutos, los comerciantes y granjeros armados con escopetas rodearon las calles y convirtieron Coffeyville en un campo de batalla bestial.
El tiroteo fue brutal y caótico. Al intentar escapar se encontraron atrapados como en un callejón con tope, bajo chubasco de disparos al nomás salir de los bancos. El enfrentamiento fue brutal. La batalla duró unos pocos doce minutos.
Saliendo del horno, cuando el humo se disipó, Bob y Grat Dalton, junto con Broadwell y Powers, yacían tiesos mirando al sol junto a otros dos miembros de la banda. Murieron bastante rápido sin pagar impuestos y sin resistirse a la santa muerte. Cuatro residentes locales también entregaron sus almas en manos del Señor.
Por eso no hay que jalarle los bigotes al león
Bob Dalton murió. Grat Dalton murió. Bill Powers murió. Dick Broadwell murió.
También murieron cuatro defensores de Coffeyville, el marshall Charles T. Connelly, Lucius Baldwin, George Cubine y Charles Brown. Otros cuantos ciudadanos resultaron heridos.
La famosa pandilla Dalton había dejado de existir. Les dieron como a carro rentado, sin compasión.
Emmett Dalton, el menor de los hermanos, a pesar de recibir veintitrés disparos, sobrevivió y fue recluido en uno de los negocios locales para, poco después, ser juzgado, encarcelado y condenado a cadena perpetua, pero ¿aquí cuánto duran las condenas a perpetuidad? ya que años después obtuvo el indulto por buena conducta. En cuanto al cuarto hermano, Bill, no participó en el asalto y logró escapar. Pero su suerte tampoco duró. Fundó una nueva banda con Bill Doolin y en 1894 fue abatido por la policía mientras huía de otro enfrentamiento.
El propio Emmett fue el único que vivió para contarlo. Tras salir de prisión, se trasladó a California, donde escribió un libro autobiográfico y trabajó en el incipiente mundo del cine, intentando redimir la imagen de su familia. Murió en 1937, convertido en una curiosa figura de la mitología del Oeste. Así comenzó la segunda vida de Emmett. Esta parte me parece especialmente interesante. No murió aquel día. Fue capturado, juzgado y condenado a cadena perpetua. Pasó unos 14 años en prisión antes de recibir el perdón y salir en libertad. Después se trasladó a California, donde tuvo una vida completamente diferente, escribió sobre sus experiencias, participó incluso en películas y trabajó en negocios inmobiliarios. Murió en 1937. Es decir, el único Dalton que sobrevivió al tiroteo de Coffeyville terminó sobreviviendo también a su propia leyenda.
Pero hay algo que me interesa particularmente, es casi como si dentro de la misma familia hubiera ocurrido una fractura, un hermano persiguiendo forajidos; otros hermanos convirtiéndose en forajidos. Y luego está Coffeyville. No murieron en un cañón perdido. No fueron sorprendidos por un ejército. No cayeron después de una larga persecución. Fueron derrotados por la gente de la propia ciudad. La historia de un muchacho que ve desaparecer a sus hermanos en unos minutos y sobrevive para cargar con ese recuerdo durante los siguientes cuarenta y cinco años.
Cuando el pueblo se encabrona contra los corruptos, actúa
Así narró el tiroteo el Galveston Daily News, “La banda de los Dalton ha sido exterminada, borrada de la faz de la Tierra. Hoy fueron abatidos, pero no hasta que cuatro ciudadanos de este pueblo entregaron sus vidas. Seis de los pandilleros llegaron a la ciudad esta mañana y robaron dos bancos. La redada fue conocida por los oficiales de la ley, y cuando los bandidos intentaron escapar fueron atacados por los hombres del marshall. En la batalla que siguió, cuatro de los asaltantes fueron abatidos, y otro herido de muerte. El último [Emmett] escapó, pero está siendo perseguido acaloradamente.” Así acabó la leyenda de los Dalton.
El fracaso de este asalto no sólo significó la disolución inmediata de la banda, sino que también representó un punto de inflexión en la lucha de las pequeñas comunidades del Oeste contra el crimen organizado. La resistencia férrea de los vecinos de Coffeyville puso fin a la leyenda de los Dalton, demostrando que incluso los forajidos más temidos podían ser enfrentados y derrotados por una población decidida.
Un ambicioso intento de robo simultáneo a dos bancos reveló cómo una leyenda criminal pudo caer por un detalle, un vecino
Curiosamente, iniciaron su vida adulta del lado de la ley, tanto Frank, el mayor, como Bob y Grat, trabajaron como alguaciles adjuntos, encargándose de mantener la paz en territorios plagados de conflictos. Sin embargo, la muerte violenta de Frank durante un operativo y la exposición constante a las tentaciones del poder y la impunidad provocaron un cambio de rumbo.
Con ese currículum, los Dalton formaron una banda dispuesta a saquear, rapiñar, asaltar y, en definitiva, a hacer todas las maldades a su alcance para lograr enriquecerse. A ellos pronto se sumaron otros bandidos de la calaña de George Bitter Creek Newcomb, Charlie Bryant llamado Caranegra por tener una quemadura de pólvora en la cara, Dick Broadwell y Bill Powers. El más famoso de sus seguidores fue Bill Doolin, popular tras crear su propia y aterradora banda. Esta caterva de criminales, a las órdenes de los protagonistas de la semana, comenzó una campaña de atracos que se extendió entre los años 1891 y 1892.
Poco a poco, las inclinaciones delictivas de los hermanos se intensificaronues ese e,rea el smoking de los bandoleros. Bob fue acusado de vender whisky ilegalmente y Grat de robo de caballos, delitos graves en el contexto del Oeste. El destino de la banda quedó marcado por la paradoja, se transformaron en aquello mismo que habían combatido, adoptando la vida de forajidos y dejando atrás cualquier vínculo con la ley. Este giro los llevó a unirse como un grupo, dedicándose a los atracos de trenes y bancos, sembraron el pánico en varias regiones, consolidando su reputación como uno de los grupos criminales más temidos y notorios de la época.
“Cuando los atracadores salieron de ambos bancos, comenzó un fuerte tiroteo. Tres ciudadanos y el marshall Charles Connelly resultaron muertos también”
Doval
El atraco frustrado alimentó la venganza en Bill Dalton, hermano de los fallecidos en el robo. En 1893 buscó aliados y unas semanas después se formó la Doolin-Dalton Gang, conocida como la “Banda Salvaje.” La unión se produjo con Bill Doolin, otro pistolero que continuó con la tradición delictiva perpetrando robos. Este nuevo grupo finalizó cuando una cuadrilla acabó con la vida de Bill Dalton, el 8 de junio de 1894. Emmett Dalton, único sobreviviente del atraco de Coffeyville, fue condenado a cadena perpetua. Su historia dio vuelta cuando recibió un indulto en 1907. Tras recuperar la libertad, se trasladó a Hollywood, donde logró reinventarse como autor y guionista, llegando a vivir hasta los 66 años.
El puto dinero pervierte a cualquiera
Los últimos doce minutos
10:00 am. Salimos del banco. Bob está delante de mí. Lleva el revólver en la mano. Yo también. Por un instante pienso -Lo conseguimos. Dos bancos. Un golpe limpio. Caballos esperando. La frontera delante de nosotros. El camino hacia el oeste.- Bob se detiene. Mira la calle. Yo también. Hay demasiada gente. Demasiada. Y llevan armas. -Bob… No termina de responder. Entonces escucho disparos. Todo ocurre al mismo tiempo. Un hombre cae. Alguien grita. Otro dispara desde una esquina. Bob se vuelve. -¡Al callejón! Intentamos correr. Yo disparo hacia una ventana. El cristal estalla. No sé a quién he alcanzado. No quiero saberlo. Sólo quiero salir. Mi hermano está disparando. Todavía está de pie. Todavía.
10:02 La calle se ha convertido en un infierno. Los hombres de Coffeyville no están huyendo. Están detrás de las esquinas. Detrás de las puertas. Detrás de los carros. Nos disparan desde todas partes. Nunca imaginamos esto. Creíamos que los ciudadanos correrían. Que dejarían que los bancos fueran robados. Nos equivocamos. Coffeyville tiene armas. Y está enfadada.
Grat aparece. Por un instante lo veo claramente. Está corriendo. Tiene sangre en la ropa. -¡Grat! Me mira. -¡Al caballo! Pero no sé dónde están los caballos. Todo ha cambiado. Sólo hay humo. Gritos. Caballos asustados. Hombres disparando. Y nuestros hermanos cayendo.
10:04 Bob recibe un disparo. Lo veo tambalearse. -¡Bob! No responde. Dispara otra vez. Después otra. Incluso herido sigue disparando. Siempre fue así. Bob nunca retrocedía. Nunca. Me acerco. -¡Levántate! Me mira. Y durante un instante ya no veo al jefe de la banda. Veo a mi hermano. Al muchacho que conocí cuando éramos niños. -Corre, Emmett. Eso me dice. -¡No! -Corre. Entonces vuelve a disparar.
10:05 Algo me golpea. No sé qué. Y varios golpes más. Caigo. El dolor llega después. Mucho después. Intento levantarme. No puedo. Tengo sangre. Mucha sangre. Pienso -Aquí termina. Pero entonces escucho a Grat. Está gritando. -¡Emmett! Quiero contestarle. No puedo.
10:06 Los disparos continúan. Me arrastro. No sé hacia dónde. Sólo quiero alejarme de la calle. Encuentro un lugar detrás de algo. Por primera vez comprendo que tengo miedo de morir. No miedo al dolor. A no volver a montar a caballo. A no volver a escuchar a mis hermanos. A morir aquí. En una calle. Como un perro.
10:07 Veo a Bob otra vez. Está en el suelo. No se mueve. Quiero acercarme. No puedo. Entonces comprendo. Bob ha muerto. Mi hermano muerto. No puedo llorar. Todavía no. No hay tiempo.
10:08 Escucho otro disparo. Después otro. Grat cae. Lo veo. Mi hermano mayor. El hombre que parecía imposible de matar. Está muerto. Y entonces algo dentro de mí se rompe. Ya no quiero escapar. Ya no quiero dinero. Ya no quiero México. Ya no quiero el oeste. Quiero que alguien detenga los disparos. Quiero que vuelva a ser esta mañana. Quiero que Bob esté vivo. Quiero que Grat esté vivo. Quiero que nunca hubiéramos entrado en aquellos bancos.
10:10 Un hombre se acerca. Tiene un arma. Me apunta. Otro hombre grita -¡Está herido! Me registran. Ya no soy un Dalton. Ya no soy un pistolero. Ya no soy un fugitivo. Soy un muchacho herido en una calle de Coffeyville. Tengo diecinueve años. Y mis hermanos están muertos.
10:12 Me llevan. Mientras avanzo, miro atrás. La calle está llena de humo. Hay cuerpos. Caballos. Gente corriendo. Y allí están ellos. Bob. Grat. Mis hermanos. Pienso en todos los lugares que recorrimos. En las noches junto al fuego. En las persecuciones. En los caballos. En los trenes. En los errores. En las cosas que hicimos creyendo que siempre habría un día siguiente. Pero no había. El día siguiente era para mí. Sólo para mí. Y esa fue la peor condena.
Había sobrevivido. Pero eso no significaba que hubiera salido ileso. Porque algunas heridas no están en el cuerpo. Yo sobreviví a las balas. Sobreviví a la cárcel. Sobreviví a la muerte de mis hermanos. Sobreviví a la leyenda. Y durante el resto de mi vida llevé conmigo aquellos doce minutos. Doce minutos. Eso fue todo. Doce minutos para destruir una banda. Doce minutos para matar a dos hermanos. Doce minutos para convertir a un muchacho en un hombre que tendría que recordar. Y cada vez que cerraba los ojos podía volver a aquella calle. Podía escuchar los disparos. Podía ver a Bob. Podía ver a Grat. Y podía escuchar la última orden de mi hermano -Corre, Emmett. Pero yo nunca pude hacerlo. Una parte de mí se quedó para siempre en Coffeyville.
Hemos pasado de una cueva de hace 27,500 años a una calle de Coffeyville en 1892, y en ambos casos encontramos lo mismo, personas concretas detrás de acontecimientos enormes.
“¿Por qué nos resulta tan fácil recordar al forajido y tan difícil nombrar a sus víctimas?”
Gracias por tu compañía en este viaje. Hasta la próxima.
Seguimos aquí.
FIN
sergiodeleonlopez














