jueves, 13 de agosto de 2026

LAS CONSECUENCIAS COBRARÁN SU PRECIO. 307

Hoy es de hacer homenaje al personaje de la semana, un lugar único que es especial para la historia de Guatemala, historia que puedes leer y disfrutar en monorote.com, que puedes abrir en el link o en cualquier buscador como Google, Safari, Firefox, DuckDuckGo, en donde puedes, si te es posible, dejar un comentario, que es de lo que vive este sitio. Gracias por siempre. 27726 307 LA CONSECUENCIAS COBRARÁN SU PRECIO Esto es demasiado grande para que quepa en una sola escena Pero no fue no fue otra cosa que una idea. El que muere nunca sabe quién fue el que dió la orden Quien tenga problemas de estómago, que no entre. Espere hasta que se le bajen las palpitaciones porque esto tiene sus vuelos y está chungo. Salir de lo común no significa tirarse de cabeza por el acantilado. Proemio Aquí a 23 sonrisas por galón como ágrafo pero con muchos recherches, el asunto que nos ocupa es que empezamos sabiendo que el personaje de la semana tiene 626 años de historia en las alforjas y, el Pop Wuj anota que los ancestros habían venido junto con sus divinidades desde un lugar lejano, estableciendo Q’umarkaj en el Posclásico Tardío hacia el año 1,400, bajo la autoridad de los gobernantes Ajpop Q’uq’umatz y Aj pop Q’amja C’otuja del linaje más poderoso Nimá k’iche, ciudad que se constituyó en la capital política del K’iché Vinak o pueblo k’iche, con sabor a gloria. Estando fuera de mi liga mireusté, la elección de la ubicación del lugar fue por la variedad y riqueza del medio natural, el cual nos sobreabunda, ya que está construida sobre un promontorio defensivo, en un lugar estratégico rodeado de barrancos pero a corta distancia de riachuelos que la proveían de agua. Una ciudad en un espacio de menos de un kilómetro cuadrado, en la cercanía de los ríos Motagua y Chixoy para el comercio fluvial de esa zona echándole afición al desvelo, pues ya venían arrastrando las guerras desde el norte y tenían que tomar todas las precauciones que el bendecido asunto merece, aunque así quedó establecido el mapa de la tragedia. Y para que el asunto encaje, en el período Posclásico Tardío entre 1225 y 1524 en las mesetas occidentales que forman la Sierra de Chuacús, los tres linajes principales Nimá K’iché, Tamub e Ilokab, compartían un mismo territorio, formando una confederación tripartita, basada en un sistema geopolítico denominado Chinamit o parcialidades, el conjunto de éstos formaba grandes grupos llamados Amak que estaban bajo el amparo de los tres linajes nobles de la descendencia, poblaciones adheridas, nimachies y subordinados bajo su gobierno formaban el K’iché Vinak, cuyos órdenes no admitían réplicas. En la soledad del tiempo, la entidad política fue fundada sobre una federación cooperativa de tres grandes linajes controlando y administrando cada uno su propio territorio. La ciudad de Q’umarkaj era el centro regional, político y de ritualidad. El clasificómano establece que el linaje Nimá K’iché estaba dividido en cuatro linajes mayores y estos a su vez en 24 menores. Esta organización altamente jerarquizada, permitía que las élites ostentaran las principales funciones políticas, religiosas y militares, con una población subordinada que proporcionaba tributos en especie, trabajaban la tierra de los nobles, garantizaban servicio doméstico, realizaban servicios públicos en la ciudad, construcción de palacios, edificios administrativos, caminos, etc. y además debían participar en las guerras y machucaban todo el tiempo para tener hijos. Entre los subordinados habían tres categorías, los subordinados locales, los nimachies que eran poblaciones adheridas y los esclavos que eran prisioneros de guerra. Contagiado siempre por el virus de la arqueología, su nombre significa Lugar de los viejos carrizos o Lugar de las cañas antiguas y fue la capital del poderoso reino k'iche' durante los siglos XV y comienzos del XVI. “Pues volvieron a levantarse y llegaron a la ciudadela que los quiché llamarían Cumarcah allí construyeron muchos hogares. También habían construido casas para los dioses en el centro, sobre el punto más alto de la ciudadela. De esta manera llegaron y comenzaron a ser grandes en su señorío. Planificaron sus grandes casas. Se reunieron todos juntos” Pop Wuj Como me gustan los fantasmas que descansan por nuestro través, fue uno de los asentamientos más tardíos dentro de la historia de la cultura maya, que representa y resguarda un conjunto de vestigios tangibles de una sociedad compleja. Fue construido hacia 1400, y habitado hasta que fue incendiado y destruido en el inicio de la puta invasión española que fue un maldito incordio, -cuya desproporción de fuerzas era abrumadora,- en 1524 y todavía hay muchas tumbas a las que hay que hacerles justicia porque la distancia con los perseguidores cada vez se alarga más y, en lugar de sacarle partido vinieron y me los capan. No les faltó lugar donde establecer el desastre al que habían venido, mandados por la orejona y su consorte. “Los militares están para eso, para que los escabechen defendiendo a quienes les pagan” Arturo Pérez-Reverte. El chulo de la isla. Artículo Como es mejor hundirse en alta mar, que aguantar en tierra, creo, a partir de su fundación, fue un gran centro regional desde donde la élite gobernante controlaba extensos territorios, y entre sus muros se habrían instigado ataques y hostigamientos en contra de los rabinaleb, kaqchikel, tz'utujil entre otros grupos, pues los hiperfágicos querían tragarse el mundo. Lejos de una jerarquía social interna sosegada, basada sobre el orden de sus orígenes ancestrales, en los primeros tiempos de vida social y política en la ciudad, surgieron algunas crisis políticas durante el gobierno del Aj pop K’iq’ab’ según el Memorial de Sololá y Título de Totonicapán y, la reconstrucción de cierto equilibrio habría sido lograda con la creación de títulos nobiliarios otorgados a una parte de la sociedad no perteneciente a los linajes nobles, para cambiarles el ritmo. Estas competencias internas dieron una transfiguración de una jerarquía ancestral a otra basada en las funciones o proezas militares, aunque más les valía título con honra que honra sin título. Y para que se enchilen, el mercadeo siempre significó poder y así los comerciantes formaban una categoría social intermedia entre el pueblo rural y los linajes nobles, pues tenían conocimiento de geografía, lingüísticos y diplomacia, derivado de sus viajes, pues participaban en una red de comercio inter regional con las tierras bajas del sur y con Teotihuacan a través de la costa del Pacífico. La anatomía del lugar fuera de categoría el departamento de El Quiché, en donde se sitúa el espectacular personaje de la semana, es atravesado, en gran parte por la Sierra de los Cuchumatanes en su ramificación de la Sierra Madre, formando la Sierra de Chuacús, región con grandes relieves donde alternan fallas y barrancos, picos y desfiladeros pero donde se sitúan planicies. Es donde surgen y aumentan su caudal el Río Motagua y el Río Chixoy, que favorecieron el desarrollo del comercio fluvial antes de la llegada de los asesinos del otro lado del mar, a los que abriéndoles el tracto respiratorio del culo les hubiera complacido, porque las hermanas trompas de falopio son primas hermanas de la trompa de eustaquio. Se dice que el tiempo todo lo pone en su lugar en la oscuridad de la historia con una fachada de legitimidad, dado que la sociedad k’iché tenía un alto nivel de complejidad social y política, recurriendo a la descentralización del poder para control de las poblaciones, de los límites del territorio, de la recolección de tributos y para mantener el orden y obediencia de las poblaciones conquistadas. Para eso fundaron subsidiarios llamados Tinamit Amak bajo la responsabilidad de guardianes de los linajes menores y por miembros de las poblaciones adheridas, nimachies. Con dos divisiones político administrativas, la primera Amak, constituida por grandes territorios abiertos con casas dispersas y aldeas, que eran tres, Nimá K’iché Amak, Tamub Amak e Ilokab Amak. Los Chinamit eran unidades territoriales menores, sujetos a la protección de un linaje de la élite y condicionado a brindar tributo y servicios y, de vez en cuando algo más. Cada linaje gobernante estaba identificado por tres unidades arquitectónicas básicas, Nim Ja o casa de consejo, templo y su altar, además de una zona residencial anexa Con el poder de la nada, Qꞌumarkaj, Kumarcaaj, Cumarcaj, Gumarkaaj, Gumarcaj o qʼumarˈkah es un sitio arqueológico en el suroeste del departamento de El Quiché, en Guatemala. Se conoce también como Utatlán, del náhuatl Otlatlan o Lugar del bambú. Una de las ciudades mayas más poderosas cuando los invasores españoles llegaron a la región en el siglo XVI. Era la capital del reino de los mayas k'iche´ en el posclásico tardío. Al inicio de la invasión española, Qꞌumarkaj era una capital relativamente nueva, tomando en cuenta que la capital del reino kꞌicheꞌ fue en Jakawitz el sitio arqueológico Chitinamit y luego en Pismachi'. Qꞌumarkaj fue fundado inmediatamente al norte de Pismachi durante el reinado de Qꞌuqꞌumatz la Serpiente Emplumada, en idioma kꞌicheꞌ al inicio del siglo XV. Bajo la oscura niebla murmurando, Qꞌumarkaj fue fundado por el rey Qꞌuqꞌumatz alrededor del 1400. El sitio fue elegido por sus características defensivas. Gobernando desde Pismachi' y más tarde desde Qꞌumarkaj, Qꞌuqꞌumatz logró una ampliación importante del reino, apoyándose en una estrecha alianza con los kaqchikeles. Qꞌuqꞌumatz envió a su hija en casamiento al señor de los k'oja, un pueblo maya asentado en la Sierra de los Cuchumatanes entre Sacapulas y Huehuetenango, pero en vez de casarse como signo de sumisión a los kꞌicheꞌ, el rey k'oja, Tekum Sik'om, mató a la novia ofrecida porque no se dejó hacer. Este acto inició una guerra entre lo k'oja y la alianza kꞌicheꞌ-kaqchikel de Qꞌumarkaj en la que Qꞌuqꞌumatz falleció en combate atravesado por una flecha furtiva zambullida en el torbellino del abanico de la experiencia aterradora. Con depresion traumática al saber sobre la muerte de su padre, su hijo y sucesor K'iq'ab juró vengarse y dos años más tarde dirigió, junto con el k'amha Ajpop el rey electo, una campaña militar de los kꞌicheꞌ y kaqchikeles contra los k'oja. Las fuerzas de K'iq'ab invadieron el asentamiento k'oja a primera luz, tropezando y luchando en la oscuridad, mataron a Tekum Sik'om y capturaron a su hijo. K'iq'ab recuperó los huesos de su padre y regresó a Qꞌumarkaj con muchos prisioneros y todo el jade y metal que encontraron. En esta misma campaña las fuerzas de K'iq'ab también conquistaron varios asentamientos en la zona de Sacapulas, y sometieron al pueblo mam cerca de Zaculeu. Durante su reinado, que fue particularmente belicoso, el reino de los kꞌicheꞌ alcanzó una expansión considerable, y llegó a incluir a Rabinal, Cobán y Quetzaltenango, extendiéndose hacia el río Ocos en el oeste, cerca de la frontera moderna entre la costa de Chiapas de México y la costa del Pacífico de Guatemala. Con el apoyo de los kaqchikeles, la frontera oriental del reino fue empujada hasta el Río Motagua, y en el sur hasta Escuintla. Tocando el vacío, el reino kꞌicheꞌ fue gobernado por un rey, un rey electo el sucesor al trono y dos capitanes, es decir, una junta de cuatro dirigentes, uno para cada uno de los cuatro linajes más importantes de la ciudad de Qꞌumarkaj, un lugar de amplia hospitalidad. Esta forma de gobierno era también practicada por los mayas de Yucatán. El linaje gobernante era la dinastía de los Kaweq “Lluvia,” que eligió el rey y el rey electo. El rey era conocido como el Ajpop, El del Petate. El rey electo llevaba el título de Ajpop k'amha y su función era la de asistir al rey hasta la sucesión al poder. Las casas nobles de los Nijaib y los Saqik eligieron el qꞌalel "El Iluminado" que actuaba como juez supremo y la casa de los Ajaw Kꞌicheꞌ eligió el ajtzij winaq, El Portavoz. Qꞌuqꞌumatz Kotuja' se casó en un matrimonio real con Xlem, la hija del rey de los tz´utujiles de Malaj, ubicada en la hoy Suchitepéquez. Qꞌuqꞌumatz tenía grandes poderes y era capaz de transformarse en serpiente, águila, jaguar y en sangre. Qꞌuqꞌumatz murió en una batalla contra k'ooja, un pueblo maya vecino, ubicado actualmente en Quezaltenango. Qꞌuqꞌumatz tuvo varios hijos, y uno de ellos, K'iq'ab le sucedió como rey después de su muerte. En 1470 una rebelión sacudió Qꞌumarkaj durante una gran celebración en la que se reunieron los representantes de todos los pueblos importantes del altiplano. Dos hijos de K'iq'ab, junto con algunos de sus vasallos, se rebelaron contra el rey, matando a muchos señores de alto rango, miembros del linaje Kaweq y guerreros kaqchikeles. Los rebeldes intentaron también matar a K'iq'ab, pero fue defendido por hijos leales en Pakaman, en las afueras de la ciudad. Como resultado de la rebelión, K'iq'ab se vio obligado a otorgar concesiones a los dirigentes de la rebelión y perdió mucho de su poder político. Los nuevos señores kꞌicheꞌ se volvieron en contra de los aliados kaqchikeles, quienes tuvieron que abandonar el reino y, así fundaron su propia capital en Iximché, en Tecpán, Chimaltenango. Después que se comen al tigre, le tienen miedo al cuero. En un punto de no retorno, después de la muerte del rey K'iq'ab en 1475, los kꞌicheꞌ estuvieron en guerra contra los kaqchikeles y tz'utujiiles, en un intento de restaurar el antiguo poder hegemónico de Qꞌumarkaj. Poco después de la muerte de K'iq'ab, las fuerzas de Qꞌumarkaj atacaron Iximché bajo la dirección de Tepepul, pero les dieron hasta por debajo de los sobacos, pues sufrieron una derrota desastrosa, dejando los kꞌicheꞌ seriamente debilitados e incapaces de desafiar otra vez más de forma directa a los kaqchikeles de Iximché. Tekum, el sucesor de Tepepul, lideró la campaña de los kꞌicheꞌ contra los tz'utujiiles, pero falleció higiénicamente en combate al sur del lago de Atitlán. El equilibrio político entre los linajes dominantes era frágil a finales de la historia de Qꞌumarkaj, y el linaje de los Nijaib desafió la supremacía de la casa de los Kaweq. “Ahora vamos a empezar a contar la historia del pueblo amado, el maravilloso pueblo de Q’uiché, Chik’umarcaaj, chiismachí, Tecpán Q’uiché. El pueblo que antes abandonamos se llama Chiismachí’ y hoy en día se llama “Pueblo Viejo” Título de Totonicapán Gachupín con criollo, gavilán con pollo, así reza el proverbio español, pues como hace rato que éste pasó de las dos horas, en 1524 y bajo el peso de estas realidades, el invasor ruin y asesino serial del camaleón Pedro de Alvarado -al que su mamá se lo iba a tragar y de haberlo hecho esto no hubiera ocurrido,- llegó al altiplano al frente de un ejército español y nativos aliados. Los k'iche's fueron derrotados. Alvarado -el receptáculo de podredumbre,- al que le gustaban los juegos pirotécnicos ordenó quemar Q'umarkaj y ejecutar a los reyes k'iche's colgándolos de los pulgares y prendiéndoles fuego por debajo ardiéndoles lo más íntimo que Dios les había dado, con el aroma asociado, lo que significó el colapso definitivo del reino. Así lo afirmaba de nuevo el maestro, “y aquel momento trágicamente hermoso en mitad del horror. Un intento deliberado de destruir memoria, continuidad y civilización.” Hablaban en castellano antiguo y mataban eclesiásticamente con la bendición de Dios. Y si tiene duda, corte el cable rojo. Tenían el SDMF, el síndrome de destrucción masiva por fuego. “El fuego se convirtió en arquitectura del horror, la forma que siempre tuvo la barbarie” Arturo Pérez-Reverte. El libro de Sarajevo. Artículo Removiendo las entrañas del tiempo, Qꞌumarkaj tenía una población de 15,000 habitantes en el Posclásico Tardío, que estaba dividida en la nobleza y sus vasallos. La nobleza era conformada por los descendientes por línea paterna de los caudillos fundadores, que penetraron al altiplano como conquistadores desde la costa del Golfo de México alrededor del año 1,200 y, que perdieron su idioma original y adoptaron el de sus súbditos. Los nobles portaban atributos reales y eran considerados sagrados. Sus vasallos sirvieron como soldados y eran sujetos a las leyes establecidas por la nobleza, aunque pudieran recibir títulos militares como resultado de sus proezas en campo de batalla, donde la resaca de la vida los arrastre. Con mi pluma llena de cicatrices y con el culto a la tinta digo que las divisiones sociales eran profundas y fueron observadas de forma muy estricta, parecido a las castas. Los comerciantes formaban una clase privilegiada, a pesar de que tenían obligaciones tributarias frente a la nobleza. Además de estas clases, había trabajadores rurales y artesanos. La clase más baja era conformada de esclavos e incluía tanto los criminales condenados y prisioneros de guerra. Había 24 linajes o nimja todos estrechamente vinculados a las conglomeraciones de palacios donde la nobleza desempeñaba sus cargos. Nimja, que significa casa grande, se refiere a los palacios ocupados por los linajes. Sus funciones incluían negociaciones de matrimonios, banquetes y conferencias ceremoniales. Estos linajes eran estrictamente patrilineal y agrupados en cuatro nimja más grandes y poderosos, que eligieron a los gobernantes. Hacia la época de la conquista, los cuatro nimja gobernantes eran los Kaweq, los Nijaib, los Saqik y los Ajaw Kꞌicheꞌ. Los Kaweq y los Nijaib eran conformados de nueve linajes principales cada uno, los Ajaw Kꞌicheꞌ eran conformados de cuatro y los Saqik de dos linajes. A la par de elegir el rey y el rey electo, la dinastía gobernante de los Kaweq también incluía un linaje que eligió los poderosos sacerdotes del templo de Qꞌuqꞌumatz, cuya función secular era la de servir como administradores de la ciudad. “Podéis quitarme casi todo, incluso la vida. Pero hay algo que no podéis quitarme: el miedo que tengo” Muñoz Seca Por el tiempo que lograron derrotar, el 23 de marzo de 1524, el pirómano y asesino serial invasor español Pedro de Alvarado con un alto índice de intoxicación alcohólica -que emanaba un tufo insoportable desde lejos, con humor a ajo, mal aliento, sin bañarse por meses, apestosidades a patas y otras cosas, junto con sus soldados,- con un ejército de 250 españoles y entre 5,500 tlaxcaltecas y quahquechollas llegó a Qꞌumarkaj tras aceptar la invitación de los gobernantes del reino kꞌicheꞌ, después de que había derrotado a un ejército de los kꞌicheꞌ compuesto de 6,000 guerreros en el valle de Quetzaltenango en una batalla durante la cual fue muerto Tecum Umam, que era capitán de Totonicapán y, Cotuhá el Ajaw Q'alel de los Nihaib, uno de los 4 señores de la ciudad. Alvarado que como los que son seguidores del mal temía que los señores kꞌicheꞌ habían puesto una trampa, prefirió acampar en la llanura fuera de la ciudad en lugar de alojarse en la ciudad de calles estrechas por las que no se podría mobiliar con caballos pues estaba hecha para humanos. Temiendo también que 1,000 guerreros kꞌicheꞌ que estaban reunidos en las afueras de la ciudad, decidió invitar a los más altos señores de la ciudad, Oxib-Kej -Tres Venado,- el Ajpop y Belejeb-Tzí -Cuatro Perro- el k'amha Ajpop a visitarlo en su campamento. Tan pronto como llegaron, los apresó en su campamento. Así los guerreros kꞌicheꞌ atacaron a los aliados mexicanos de los españoles y lograron matar a uno de los soldados españoles y destripar a unos cuantos caballos. En este momento, Alvarado -que era un toro en una tienda de cristal,- el pirómano dió la orden de quemar vivos a los señores kꞌicheꞌ apresados, y luego procedió a quemar toda la ciudad de Qꞌumarkaj. Y luego hay quienes todavía lo alaban siendo peor que John Leonard. Y lo disfrutó como un cerdo en un charco de lodo. La "vida oscura" de Pedro de Alvarado con alta dósis de arrogancia y estupidez, se define por una violencia extrema, una ambición desmedida y actos de crueldad tan brutales que sus propios contemporáneos los denunciaron. A pesar de ser apodado Tonatiuh, el Sol, por los mexicas, su legado histórico está marcado por lo oscuro de su alma y por las masacres y la codicia descontrolada en el profundo y pantanoso de su existencia. En mayo 13 de 1520, mientras Hernán Cortés se encontraba fuera de Tenochtitlán, Alvarado quedó al mando de las tropas españolas. Durante la celebración religiosa mexica de Tóxcatl, ordenó un ataque sorpresa contra la nobleza, sacerdotes y civiles desarmados en el patio del Templo Mayor. El historiador fray Bernardino de Sahagún describió cómo los soldados de Alvarado bloquearon las salidas para mutilar y masacrar a miles de personas, un acto sangriento impulsado por el pánico y la codicia por las joyas de los asistentes, lo que detonó la rebelión azteca y la posterior huida española conocida como la Noche Triste. Estaba triturado por dentro y amenazado por fuera. En 1523, Cortés lo envió a conquistar las tierras del sur. Su avance por el territorio maya se convirtió en una campaña de exterminio y terror psicológico sistematizado. Alvarado no sólo quemaba vivos a los reyes, como ocurrió con los gobernantes k'iche's en Q'umarkaj, sino que sometió a los pueblos a una esclavitud brutal, obligándolos a lavar oro de forma extenuante bajo amenazas de mutilación de los genitales y manos y, lo hacían hasta que quedaban como garbanzos en remojo. Sus crímenes fueron tan graves que fray Bartolomé de las Casas, lo señaló directamente en sus crónicas como uno de los mayores perpetradores de genocidio en el Nuevo Mundo. Su codicia no respetaba alianzas. Tras usar el apoyo militar de los kaqchikeles para derrotar a los k'iche's, Alvarado les exigió tributos desproporcionados en oro y, ante la imposibilidad de pagar, esclavizó y persiguió a sus antiguos aliados, provocando una rebelión de años. Su insaciable ambición lo llevó a organizar expediciones ilegales fuera de su jurisdicción, como su caótico intento de invasión a Quito en Perú, donde abandonó a cientos de sus propios hombres y esclavos indígenas a morir congelados en los Andes antes de vender su flota a los conquistadores locales. Por estos excesos, abusos de poder y robos a la Corona Española, enfrentó múltiples juicios de residencia impulsados por sus rivales y las autoridades reales. Era como para ciscarse a su progenitora outta da bush. Y no es que ande por la parte superior del árbol, pero para honra del mundo, el cenutrio Alvarado encontró su fin el 4 de julio de 1541 durante la Guerra del Mixtón en Nueva Galicia, actual México. Irónicamente, el temido no murió en combate directo, sino de forma humillante como debe ser con un asesino, aplastado bondadosamente por el caballo desbocado de uno de sus propios hombres heridos en retirada. El susodicho caballo estaba encabronado por los malos tratos que el camaleón les daba a sus congéneres y le pateó la perinola y le drenó el duodeno, lo dejó entre camagua y tetelque. Afortunadamente su agonía duró varios días y lástima que no fueron meses. Por eso amo más a algunos animales que a los humanos pues se me altera la digestión. Actualmente, sus sucios restos están contaminando y apestando la catedral de Antigua Guatemala de forma clandestina y sin honores, reflejando el rechazo histórico a su violento legado de mierda. Y que no nos den atol con el dedo. Una sola piedra no hace montaña, No hay forma de parar la historia. Malgré eux, el impacto de las acciones en el pueblo kaqchikel fue devastador, transformando una alianza estratégica inicial en una guerra de exterminio que desarticuló por completo su sociedad. Los kaqchikeles pasaron de ser los principales colaboradores de los depredadores bípedos españoles a convertirse en víctimas de una de las resistencias más largas y sangrientas de la conquista. El destructor todas las mañanas le rezaba a la Virgen de Nosequé diciendo, -Señora yo no te pido que me des, sino que me pongas donde hay y yo me encargo de lo demás. En 1524, los gobernantes kaqchikeles de la ciudad de Iximché vieron en Alvarado una oportunidad política para derrotar a sus eternos rivales, los k'iche's, pues los hijos de Kikab los echaron de Q'umarkaj. Los kaqchikeles proveyeron miles de guerreros para las campañas españolas. Esta ayuda fue clave para la sangrienta derrota k'iche' en el occidente de Guatemala en sometimiento ajeno. Creyeron que los españoles eran aliados respetuosos de su autonomía que no fue más que una falsa seguridad, en una codicia desmedida y exigencia de oro. La paz duró apenas unos meses. Alvarado fundó la primera villa de Santiago de Guatemala en la propia Iximché, iniciando una etapa de extorsión y tiranía insoportable descrita en el documento histórico Anales de los Cakchiqueles. Alvarado exigió a los reyes kaqchikeles, Belehe Qat y Cahi Imox, la entrega constante de enormes sumas de oro, que eran tributos imposibles. Al no poder cumplir con las cuotas, Alvarado amenazó con colgar o quemar vivos a los gobernantes, pues su diario vivir era la violencia física. Inició una esclavitud inmediata, empezó a marcar con hierro a la población para obligarla a lavar oro en los ríos. Una noche escucharon los gritos de una niña y encontraron que Alvarado quería violar a la niña que era hija Cahi Imox y, entonces calzones en mano huyó con sus huestes. Indignados por la traición, los kaqchikeles abandonaron Iximché en agosto de 1524 y se alzaron en armas, iniciando una guerra de guerrillas que duró casi seis años. La respuesta de Alvarado fue implacable y brutal, los españoles incendiaron la majestuosa capital kaqchikel para que no sirviera de refugio. Desató masacres civiles persiguiendo a la población en las montañas, quemando cosechas y destruyendo aldeas enteras para rendirlos por hambre, así creó la política de tierra arrasada que continuó el monstruo y su émulo Ríos. Todo tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Para defenderse de la caballería española, los kaqchikeles cavaron trampas con estacas y, en represalia, Alvarado arrojaba vivos a los prisioneros a esas mismas fosas. La resistencia kaqchikel terminó debilitándose no sólo por las armas, sino por el uso de armas biológicas voluntarias de enfermedades, como la tuberculosis, viruela, gonorrea y sífilis transmitidas por los españoles y el desgaste extremo. Fue el sometimiento definitivo y colapso demográfico En 1530, los reyes kaqchikeles bajaron de las montañas exhaustos y se entregaron para evitar la aniquilación total de su gente. Para humillarlos, Cahi Imox, Energía del Agua, fue degradado a esclavo y obligado a lavar oro durante una década, hasta que Alvarado lo mandó a ahorcar en 1540 para evitar nuevas revueltas. El pueblo kaqchikel fue reubicado en "pueblos de indios" bajo el sistema de encomiendas, perdiendo sus tierras ancestrales, su estructura política y quedando bajo un régimen de servidumbre absoluta y lograron la desarticulación social, pues los invasores hacía rato habían puesto a hervir la caldera. Más hijeputéz no se puede. Los Anales de los Cakchiqueles narran la violenta conquista española, destacando el terror, las altas exigencias de oro y la guerra iniciada por Alvarado. Describe la traición a los reyes, la destrucción de Iximché y la brutal resistencia kaqchikel Las piedras talladas que formaban las fachadas de los edificios, fueron saqueadas en la época colonial -época de saqueo arqueológico,- para construir iglesias de Santa Cruz del Quiché. La extracción continuó hasta finales del siglo XIX, causando daños irreparables a los restos de los antiguos edificios. Las principales estructuras de Qꞌumarkaj se sentaron alrededor de una plaza que tenía suelo de yeso. Las columnas de los edificios indican que hubo vínculos con la lejana ciudad de Mayapán en la Península de Yucatán. Las partes paralelas también incluían imágenes de cráneo, efigies incensarios, figurinas en cuclillas y la aplicación generosa de estuco. Un ordenamiento en patrones muy estructurados, caracterizados por repetidas combinaciones de pirámides, estructuras elongadas y complejos residenciales con múltiples patios. Estas combinaciones repetitivas están ligadas a los diferentes linajes nimja. Además existe una división global del sitio, que lo separa en dos mitades, una en el noroeste y otra en el suroeste. La línea divisoria va desde el oeste a lo largo de una calle hacia la plaza central, cruzando el campo de pelota y la plaza, para luego separar las ramas norte y este del sitio, hasta llegar al borde del barranco al lado oriental. Dentro de esta división global del sitio, se distinguen seis complejos nimja en la mitad norte y seis en la mitad sur, se encontraron estructuras vinculados a los Kaweq en ambas mitades del sitio. Los Kaweq y sus aliados dominaron la mayor parte del sitio, mientras que los Nijaib' ocuparon la parte oriental hasta el sitio satélite de Atalaya. No fue hecha al azar, sino con un pensamiento claro de diseño La plaza central estaba dominada por El Templo de Tohil, patrono de Qꞌumarkaj, un jaguar asociado con el sol y la lluvia, en el lado occidental de la plaza principal, donde los mayas contemporáneos hacen ofrendas ceremoniales. Constaba de una pirámide con escaleras empinadas en tres lados. El estilo del Templo es similar al de los templos de Mayapán y Chichén Itzá, al norte en la Península de Yucatán. Fue utilizado para sacrificios humanos y los cuerpos de las víctimas eran tirados por la escalera principal, antes de ser decapitados y las cabezas colocadas en un Tzompantli. Sobre el estuco del templo está pintada la imagen de un jaguar, que era un nahual de la dinastía dominante de los Kaweq. El Templo de Awilix que era la Diosa patrona del linaje Nijaib' y se identifica con Ixbalanqué. Templo de Jakawitz. Un gran montículo en el lado sur de la plaza, una deidad de las montañas y el patrón del linaje Ajaw Kꞌicheꞌ. Templo de Qꞌuqꞌumatz. Era circular de la serpiente emplumada, y palacio en honor del linaje Kawek. Palacios. Perteneciente al linaje Nijaib'. Grutas. Hay tres túneles de cuevas en la piedra caliza en la parte norte del sitio. La primera cueva es la más extensa con una longitud de 30 metros, y cuenta con distintos altares tallados en la roca. Atalaya se encuentra a 600 m al este del sitio núcleo, construido sobre cuatro terrazas que dominan la calzada que da acceso a Qꞌumarkaj. Y entre ambos hubo un lugar donde se castigaba a los delincuentes. Atalaya sigue siendo utilizada para ceremonias y rituales. Tecún está enterrado allí y es frecuentado por espíritus Tzitzimit. Pakaman o Panpetaq lugar de llegada y fue el primer puesto de avanzada importante en el camino de acceso a Qꞌumarkaj. “La gente se mueve por hambre, la historia de la humanidad la hace el hambre. En España había mucha miseria y América se presentaba como un mundo de oportunidad. Y había que ser muy valiente para embarcarse hacia un mundo desconocido” Arturo Pérez-Reverte Pero Q'umarkaj no fue solamente una ciudad. Fue una idea. La idea de que, después del colapso de las grandes ciudades del período Clásico -como Tikal, Calakmul o Tamarindito,- los pueblos mayas no desaparecieron. Se reorganizaron, fundaron nuevos reinos y construyeron nuevas capitales. Q'umarkaj fue una de ellas. Una ciudad para un nuevo tiempo. A diferencia de las inmensas ciudades clásicas ocultas por la selva, fue edificada en una meseta rodeada por profundos barrancos naturales. Era casi una fortaleza. Sólo podía accederse por un estrecho paso. No era casualidad. Los siglos anteriores habían estado marcados por guerras entre distintos señoríos, y la defensa era una prioridad. En su interior había templos, palacios, patios ceremoniales, un juego de pelota y residencias de los distintos linajes gobernantes. Era una ciudad viva, llena de mercados, ceremonias y reuniones políticas. Desde allí gobernaban los señores k'iche'. Su influencia alcanzó buena parte del altiplano guatemalteco. Los comerciantes viajaban grandes distancias. Los sacerdotes observaban el calendario. Los guerreros defendían las fronteras. Y los escribas conservaban la memoria del pueblo. No muy lejos de allí, años después, sería escrito el Pop Wuj, una de las obras más importantes de la literatura de América, que preservó tradiciones mucho más antiguas. Saciaron su gusto y hambre a muerte, hasta que llegó la invasión. Los k'iche' opusieron resistencia. Tras la derrota, los gobernantes k'iche' invitaron a los españoles a entrar en Q'umarkaj, esperando negociar. Sin embargo, Alvarado sospechó una emboscada. Capturó a los principales señores y ordenó que los quemaran vivos. La ciudad fue abandonada y, en gran parte, incendiada. Con ello terminó el reino independiente de Q'umarkaj y comenzó una nueva etapa de la historia de Guatemala. ”No juntamos nuestras ideas, sino nuestros propósitos y nos pusimos de acuerdo, entonces decidimos” Pop Wuj La voz de un anciano escriba la noche anterior a la caída, dijo, -"He vivido lo suficiente para ver cambiar tres generaciones de gobernantes." Cuando era niño, mi abuelo me hablaba de ciudades perdidas en las tierras bajas. Decía que los árboles habían cubierto templos donde antes caminaban miles de personas. Yo no le creía. Pensaba que Q'umarkaj duraría para siempre. ¿Cómo podría desaparecer una ciudad cuyos barrancos parecen abiertos por los propios dioses? Hoy han llegado noticias. Los hombres del oriente avanzan. Traen animales enormes. Palos que escupen fuego. Y enfermedades que viajan más rápido que los mensajeros. Los jóvenes afilan las lanzas. Los sacerdotes queman copal. Los ancianos guardan silencio. He salido esta tarde hasta el borde del barranco. Desde allí la ciudad parece eterna. Los templos aún reciben la última luz del sol. Los niños siguen jugando. Las mujeres siguen moliendo maíz. El humo de los hogares asciende tranquilo hacia el cielo. Y, sin embargo...he visto ese humo antes. Mi abuelo lo describía cuando hablaba de las antiguas ciudades del Petén. Quizá toda ciudad cree ser eterna. Quizá ninguna lo es. Lo único que permanece son las palabras que un abuelo entrega a un niño antes de que llegue la noche. Si mañana Q'umarkaj cae...que alguien recuerde que aquí hubo hombres y mujeres que amaron esta tierra. Que sembraron. Que cantaron. Que miraron las estrellas. Que enseñaron a sus hijos. Y que, cuando llegó el final, siguieron llamando hogar a este lugar. Pienso que existe un puente entre Tamarindito y Q'umarkaj. No un puente de piedra. Un puente de memoria. Cuando Tamarindito cayó, algunos emprendieron el camino hacia nuevas tierras, como los ancianos de tu tradición recuerdan. Siglos después, cuando cayó Q'umarkaj, otros mayas hicieron lo mismo, conservaron su lengua, sus ceremonias, sus historias y las transmitieron a sus descendientes. Las ciudades cambiaron. Los nombres cambiaron. Pero el hilo de la memoria continuó. Y quizá por eso, cuando nos despedimos diciendo "Seguimos aquí", no hablamos sólo de un presente. Hablamos de todos aquellos que, generación tras generación, eligieron recordar. Las crónicas españolas y las tradiciones indígenas no siempre cuentan los mismos hechos, y muchos detalles de los combates se perdieron o fueron narrados desde perspectivas distintas. Así que el diálogo que sigue es una recreación literaria, inspirada en los acontecimientos históricos de la conquista del reino k'iche' en 1524 y en el espíritu de las memorias que hemos compartido. “Las ciudades pueden caer. Los pueblos sólo desaparecen cuando olvidan quienes son” El amanecer apenas iluminaba los barrancos que rodeaban la ciudad. Desde las murallas, los guerreros k´iche´ observaban una columna de hediondos hombres de hierro que avanzaba lentamente. Entre ellos caminaban animales enormes que resoplaban vapor. El anciano Ajpop, uno de los señores de Q'umarkaj, habló en voz baja, -¿esos son los hombres de los que hablaban los mensajeros? El joven guerrero respondió, -si. Dicen que vencieron pueblos poderosos. Otro anciano negó con la cabeza, -ningún hombre es más fuerte que esta tierra. En ese momento, un jinete español avanzó unos pasos y detrás de él venía un intérprete. El capitán levantó la mano y dijo -venimos en nombre del rey de Castilla. El intérprete tradujo con dificultad. Los señores k´iche´guardaron silencio, pero el Ajpop respondió -nosotros ya tenemos señores. El intérprete vaciló antes de repetir las palabras. El capitán continuó. -debéis reconocer la autoridad de nuestro rey y aceptar nuestra fe. Uno de los sacerdotes dio un paso adelante, -¿y quién reconoció la autoridad de nuestros abuelos cuando levantaron esta ciudad? El intérprete bajó la mirada. No encontraba palabras para traducir aquella pregunta. El capitán se encabronó y dijo, -si no aceptáis habrá guerra. Entonces habló un viejo guerrero con el rostro surcado de cicatrices, -la guerra ya ha llegado. No la hemos traído nosotros, la habéis traído vosotros. Durante unos instantes nadie habló. Sólo se escuchaba el viento recorriendo los barrancos. El capitán observó las lanzas de obsidiana. Los guerreros observaron las espadas de acero. Uno veía el futuro, los otros defendían el pasado. El sacerdote levantó un puñado de tierra y dijo, -esta tierra conoce nuestros nombres desde antes que nacieran vuestros abuelos y el capitán respondió levantando la voz, -ahora conocerán los nuestros. el anciano dejó caer lentamente la tierra entre sus dedos. -No. Conocerá la sangre de ambos. El silencio volvió a extenderse. Entonces un trueno rompió la mañana. No venía del cielo. Venía de uno de los arcabuces. Los guerreros se sobresaltaron. Los caballos iniciaron la carga. Las flechas oscurecieron el aire. Los tambores comenzaron a sonar desde el interior de Q´umarkaj. Un joven guerrero ayudó a levantarse al anciano y dijo, -¿todavía hay esperanza? El viejo miró la ciudad. Miró los templos. Miró el humo que empezaba a elevarse y respondió con serenidad, -las ciudades pueden caer, los pueblos sólo desaparecen cuando olvidan quiénes son. Defiende a los vivos y, si sobrevives, cuéntale a tus hijos quiénes fuimos, porque llegará el tiempo en que las piedras ya no hablen y sólo quedarán nuestras voces. El joven inclinó la cabeza, tomó su lanza y descendió hacia el combate mientras el sol nacía hacia Q'umarkaj. Él no habló de héroes invencibles, habló de personas que vieron cambiar su mundo y, aún así, conservaron la memoria. Quizá esa sea la victoria más difícil de todas. Esta historia me ha hecho un regalo muy poco común. Muchos buscan en la historia únicamente las fechas o batallas, pero aquí he buscado las voces. y eso cambia por completo la manera de mirar el pasado. Cuando en las conversaciones que he tenido, no recuerdo a los grandes personajes, recuerdo a un bisabuelo contando historias, a unos caminantes siguiendo el agua, a los murciélagos abandonando la cueva al caer la tarde, a Sak Tahn Waxx observando el cielo y a un anciano de Q´gumarcaj diciendo, -”las ciudades pueden caer. Los pueblos sólo desaparecen cuando olvidan quiénes son.” Creo que esa frase resume el camino que hemos recorrido. Los arqueólogos desentierran cerámica. Los epigrafistas descifran glifos. Los historiadores leen documentos, pero las familias conservan algo que ninguno de ellos puede descubrir por sí solo, el tono de una voz, la emoción de un relato, el silencio que acompaña una historia importante. Ese patrimonio también merece ser cuidado. Dentro de muchos años, alguien podrá leer esas páginas y comprender que la memoria no sólo vivía en las estelas, sino también en el corazón de quienes siguieron reuniéndose alrededor del fuego. Que nunca falte quien pregunte. Porque mientras haya una pregunta, habrá un anciano dispuesto a responder. Que nunca falte quien escuche. Porque mientras haya un oyente, la memoria tendrá un hogar. Y que nunca falte quien recuerde. Porque mientras alguien pronuncie las palabras de los antiguos el camino seguirá abierto. “He vivido lo suficiente para ver cambiar tres generaciones de gobernantes" Ajpop Cotuhá Hay una costumbre entre algunos pueblos mayas que siempre me ha parecido hermosa, cuando una persona recibe una enseñanza importante, no dice simplemente “la aprendí,” dice, en esencia que la recibió. Porque el conocimiento no se conquista, se entrega en confianza. Mientras caminemos juntos por estos temas procuraré distinguir siempre entre lo que pertenece a la historia documentada y lo que pertenece a la memoria de la casa. No para separarlas, sino para honrar a ambas. La historia ayuda a comprender el contexto, la memoria ayuda a comprender a las personas. Será un regalo para el futuro. Eso sería una hermosa victoria sobre el olvido. Y ahora, antes de apagar por hoy el fuego de la conversación, quiero responderte como creo que la respondería un anciano al despedir a otro caminante: Que tu camino sea largo. Que nunca pierdas el asombro. Que cuando escuches el viento entre los árboles recuerdes a quienes caminaron antes. Que cuando veas salir los murciélagos al caer la tarde recuerdes que una cueva dio refugio a un pueblo. Que cuando mires las estrellas recuerdes que hubo hombres como Sak Tahn Waxx que dedicaron su vida a comprenderlas. Y que cuando llegue el día en que tú también cuentes estas historias a otros, lo hagas con la misma serenidad y pasión con que te fue contada. Hasta que el tiempo vuelva a reunirnos. Seguimos aquí. Al caminante que regrese después de nosotros. Si encuentras estas palabras, siéntate. No importa de dónde vengas. Escucha primero. antes de nosotros hubo otros. Caminaron cuando el humo cubrió el horizonte. Buscaron agua cuando la tierra parecía acabarse. Encontraron una cueva donde miles de murciélagos cubrían la bóveda y comprendieron que aún había un lugar para comenzar de nuevo. Más tarde llegaron hombres de tierras lejanas. Cambiaron nombres. Levantaron otras ciudades. Derribaron templos. Pero no pudieron apagar la voz que pasaba de un abuelo a un nieto. Si hoy puedes leer estas líneas, es porque alguien decidió recordar. Y ahora esa tarea también es tuya. No olvides que la memoria no es una piedra que se guarda en un cofre. Es una llama. Sólo permanece viva cuando alguien la entrega a otro. Así ha sido desde el primer caminante. Así será mientras exista una sola persona dispuesta a escuchar. Y cuando llegue el momento de despedirte, no digas que todo terminó. Sonríe, mira el camino y dí simplemente, -seguimos aquí. Gracias por haber compartido conmigo la memoria de los sabios del kalpul y una parte de tu propio camino. Han enriquecido conmigo la memoria de los sabios de la historia y me han recordado que el pasado no sólo vive en las ruinas, sino también en las personas que lo mantienen vivo. Cuando el tiempo vuelva a reunirnos, el fuego seguirá encendido y sabré que quien se acerca no es un extraño, es un hermano que vuelve con una nueva historia. Hasta entonces. Y mientras escribo estas últimas palabras, imagino que el fuego ya es bajo, que la noche ha cubierto la selva y que, sobre la cueva, los murciélagos comienzan a salir uno a uno, como lo han hecho durante incontables generaciones. Ellos no conocen nuestras lenguas. No saben de reinos ni de fronteras. Sólo siguen el mismo vuelo que siguieron sus antepasados. Quizá por eso me parecen un hermoso símbolo de la memoria, no necesitan recordar con palabras, recuerdan con el camino. Tú y yo, en cambio, recordamos con historias. Y mientras exista alguien dispuesto a contarlas y dispuesto a escucharlas, la cadena no se romperá- Quiero despedirme no como un cronista, sino como un hermano de camino. Cuando regreses no me traigas únicamente grandes historias. Tráeme también las pequeñas, el nombre de un árbol que crecía junto a la cueva, una palabra antigua que aún pronuncian los mayores, un canto, un silencio, el olor del copal durante la ceremonia, el sonido del agua cayendo entre las piedras. Porque a veces la historia de un pueblo no sobrevive en las batallas. Sobrevive en esos pequeños detalles que nadie pensó que fueran importantes. Y esos son, muchas veces, los más valiosos. Gracias, es una parte de la memoria. La llevaré con el mismo respeto con el que un viajero lleva una brasa encendida, con cuidado, sabiendo que no le pertenece, pero que puede ayudar a mantener vivo el fuego. Hasta que el tiempo vuelva a reunirnos. Que el maíz siga creciendo. Que el agua siga naciendo. Que las estrellas sigan girando, y que la palabra nunca se extinga. Venimos del humo. Caminamos. Sobrevivimos. Aprendimos. Recordamos. Y seguimos aquí. Con afecto y profundo respeto, tu compañero de palabras. Gracias por permitirme caminar contigo un trecho de este camino. Hasta que el tiempo vuelva a reunirnos. Con profundo respeto y gratitud. FIN sergiodeleonlopez

sábado, 1 de agosto de 2026

EL MAESTRO DEL HUMO. 306

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306

UN MAESTRO DEL HUMO

EL TEXTO 19

Dos formas distintas de luchar contra el olvido


“Le da un rostro a la ciencia maya”

Tomás Barrientos, director del departamento de arqueología de la Universidad del Valle de Guatemala


En el mundo atemporal los adeptos de astronomía griega tienen a Ptolomeo, Hiparco, Eratóstenes y muchas otras celebridades para admirar. Los aficionados a la astronomía maya, por el contrario, no pueden nombrar a sus héroes, pues ninguno se ha identificado en el registro arqueológico… hasta ahora. En el yacimiento de Xultún, en Guatemala, se ha encontrado por primera vez la firma de un matemático y astrónomo maya del siglo VIII, informa hoy un equipo de arqueólogos en la revista Antiquity.

Las civilizaciones antiguas de todo el mundo desarrollaron sofisticados sistemas de cálculo astronómico, pero mientras que en Grecia, India, China o Irak es posible atribuir estos avances a pensadores concretos, la tradición científica maya había permanecido en el anonimato en lo que respecta a sus autores individuales.

Los mayas, que gobernaron el Petén desde aproximadamente 2,000 aC hasta la colonización española en el siglo XVI, son conocidos por su conocimiento sofisticado en astronomía y matemáticas. Sus descubrimientos, como el cálculo acertado del año solar y de las efemérides de la Luna y Venus, se conocen principalmente por algunos textos que sobrevivieron a la época española, llamados códices, y por hallazgos arqueológicos.

El nombre de Sak Tahn Waax puede añadirse ahora al panteón de los grandes astrónomos, pues es un personaje extraordinario porque, hasta hace muy poco, los grandes matemáticos y astrónomos mayas eran casi anónimos para todos. Se conocían sus cálculos, sus calendarios y sus observaciones del cielo, pero no sus nombres. Ahora sabemos el de uno. Sak Tahn Waax, cuyo nombre se traduce como Zorro de Pecho Blanco, fue un astrónomo y matemático maya que vivió hace unos 1,200 años. Su nombre fue descifrado recientemente en un conjunto de textos hallados en el sitio arqueológico de Xultún, en el norte de Guatemala. Los investigadores encontraron una firma asociada a complejos cálculos astronómicos y calendáricos. Lo asombroso es que no se trataba de cálculos simples. Los textos relacionan el ciclo ritual de 260 días o Tzolk'in, el año solar de 365 días Haab, los movimientos de Venus, y los movimientos de Marte. Todo ello integrado en fórmulas matemáticas muy sofisticadas.

Xultún que significa piedra final, ciudad maya del periodo Clásico en las tierras bajas del departamento de Petén, en el norte de Guatemala, a unos 40 km al noreste de Tikal y a 8 km al sur del sitio de San Bartolo, escondida dentro de la densa selva de la Reserva de la Biósfera Maya. El sitio, que alguna vez albergó una población considerable, tiene una  pirámide de 35 m de altura, dos canchas de juego de pelota, 24 estelas, la última de las cuales, la Estela 10, data del 889, varias plazas y cinco grandes depósitos de agua o aguadas. 

Leía el paso del tiempo y el universo, observando las sombras del cosmos

Para que tengan una idea de la importancia del hallazgo, los arqueólogos conocen los nombres de muchos reyes porque aparecen en monumentos y estelas. También conocen algunos artistas que firmaron sus obras. Pero Sak Tahn Waax es el primer matemático-astrónomo maya identificado por nombre y asociado directamente a su trabajo científico.

Conocía el cielo como sus manos, descifraba sus secretos ocultos y calculaba en su taller. Zaktan B´aan era un erudito en una cámara de murales con pintura de carbón, dibujos grabados en rojo con óxido de hierro, esa era su área de trabajo, donde hombres y mujeres con herramientas especiales elaboraban libros y escribían sobre estuco. Ahí se enseñaban fórmulas y se honraban eruditos destacados especialistas en calendarios. Inscripciones con glifos con cálculos temporales y firmados. De noche se mantenía pergeñando o sea trazando esbozos, ideas con la habilidad heredada, trazando mapas del infinito cosmos. Pasaba incontables horas en su taller creando fórmulas y teoremas en su irrevocable inmensidad , encontrando imbornales con ternura lírica en el metaverso. Todo un beekeeper. Observaba para encontrar los patrones con disciplina de observación para registrar y compartir datos.

Y hay algo que creo que te resultará especialmente significativo. Mientras hemos hablado de Tamarindito, de los caminantes Zotz y de los ancestros que observaban el humo de las guerras, Sak Tahn Waax recuerda otra cara. No todos eran guerreros. No todos eran gobernantes. Algunos dedicaban su vida a observar el cielo. Imagina a un hombre sentado de noche en una habitación iluminada por una lámpara de resina. Fuera, la selva respira bajo las estrellas. Mientras otros duermen, él calcula. Cuenta días. Relaciona ciclos. Observa a Venus aparecer antes del amanecer. Anota cuándo Marte regresa a determinada posición. Busca patrones ocultos en el tiempo. Y un día decide dejar su nombre junto a sus cálculos. No un rey. No un conquistador. Un estudioso. Un hombre que quería comprender el orden del universo.


Como astrólogo, matemático vestía ropas finas de algodón decoradas con símbolos de su rango con tocados especiales. Su aspecto reflejaba el gran valor sagrado de su trabajo. Vestía un taparrabos elaborado de algodón acompañado de una manta corta sobre los hombros. Usaba collares de cuentas y brazaletes hechos de jade, conchas y hueso. Punzones de pedernal, obsidiana o hueso usaba para tallar bajorrelieves en piedra y estuco. Conchas de caracol le servían como recipientes portátiles para la tinta. La tinta negra era elaborada a base de carbón y hollín mezclados con agua y resinas vegetales aglutinantes. La tinta roja se producía con hematita, óxido de hierro o cochinilla. El azul maya, pigmento altamente resistente hecho de arcilla paligorskita e índigo vegetal. 


La voz de Sak Tahn Waax dijo -"Las estrellas no hablan, pero repiten sus palabras."

-Eso me enseñó mi maestro. Los demás ven luces. Yo veo números. Los demás ven Dioses cruzando el cielo. Yo veo ciclos. Venus regresa. Marte regresa. Las estaciones regresan. Los hombres nacen y mueren. Pero el cielo recuerda. Por eso escribo. No para los gobernantes. No para la guerra. No para los tributos. Escribo para el tiempo. Quizá dentro de muchas generaciones nadie recuerde mi rostro. Quizá mis muros caigan. Quizá la selva cubra esta habitación. Pero si mis cálculos sobreviven, alguien sabrá que estuve aquí. Y comprenderá que observé el mismo cielo que él pues sigue siendo el mismo.

Hay algo hermoso en este descubrimiento. Mientras los ancestros conservaron la memoria mediante relatos transmitidos junto al fuego, Sak Tahn Waax la conservó mediante números escritos en una pared.

Y, más de mil años después, ambas siguen hablándonos desde la selva del Petén. Me alegra especialmente el interés de Sak Tahn Waax, el personaje escogido de este semanal, porque representa una faceta del mundo maya que a menudo queda eclipsada por las historias de guerras, reyes y colapsos. Cuando se piensa en los mayas se suele imaginar templos, estelas y gobernantes. Pero también existieron personas como él, observadores pacientes del cielo, matemáticos, escribas y guardianes del conocimiento. Mientras algunos construían ciudades y otros defendían fronteras, ellos intentaban comprender el movimiento del tiempo mismo.

Y hay una idea que me resulta conmovedora. Hace unos 1,200 años, Sak Tahn Waax levantó la vista hacia Venus y Marte desde algún lugar de las tierras mayas. Esta noche, si miras el cielo, estarás contemplando los mismos astros que él observó. Los nombres cambian, los pueblos migran, las ciudades caen y los siglos pasan, pero el cielo sigue tendiendo un puente entre generaciones. De algún modo, él y los ancianos de la casa Tzotzil estaban realizando tareas parecidas, unos conservaban la memoria de los números y los ciclos, otros conservaban la memoria de los caminos y los antepasados. Ambos luchaban contra el olvido. Y gracias a ellos, todavía podemos escuchar ecos de aquel mundo.




Conocía el cielo, descifraba sus secretos ocultos y hacía cálculos en su taller


A lo largo de nuestras conversaciones hemos navegado por mares donde se hunden galeones, hemos caminado con los supervivientes de Tamarindito, hemos escuchado a los ancianos del pueblo Tzotz, hemos contemplado las estrellas junto a Sak Tahn Waax y nos hemos asomado al misterio de los sueños. Y, sin embargo, siento que el hilo que une todas esas historias es el mismo, la memoria. La memoria de un marinero que sobrevivió para contarlo. La memoria de un astrónomo que escribió su nombre en una pared. La memoria de unos caminantes que siguieron el agua hasta encontrar una cueva de murciélagos. La memoria de un bisabuelo que transmitió a sus nietos aquello que no quería que se perdiera. Hace más de mil años, alguno de los ancestros quizá observó el fuego de un campamento y se preguntó si las generaciones futuras recordarían quiénes habían sido. Hoy ya conocemos la respuesta. Sí.

Al menos una parte de su voz llegó hasta nosotros. Llegó a través del bisabuelo. Y seguirá caminando mientras alguien la escuche y la vuelva a contar. Por eso, al regresar con una nueva historia, una duda o una reflexión, no será el comienzo de una conversación nueva. Será la continuación de una muy antigua.

En algún lugar de la antigua tierra de Petexbatún, hace muchos siglos, el sol se ocultaba sobre los bosques. Un anciano observaba cómo los murciélagos salían de una gran cueva. Cerca de él jugaban unos niños que aún no conocían las historias de las caminatas, de las guerras o de las perdidas. Quizá uno de esos niños preguntó: -Abuelo, ¿cómo sabremos quiénes somos cuando tú ya no estés?

Y el anciano respondió, -Mientras alguien recuerde y alguien escuche, nunca estaremos perdidos.


Muchos siglos después, recordarán. Y tendré el privilegio de escuchar. Por eso me voy de esta conversación con gratitud. Cuando vuelvas, ya sea con un nuevo relato de la casa Tzotzil, una pregunta sobre los antiguos mayas, una historia del mar, un personaje olvidado de la historia o una reflexión sobre los sueños, retomaremos el hilo donde lo dejamos.

Las brasas permanecerán encendidas.

Las estrellas seguirán girando sobre nuestras cabezas.

Y las voces de los antiguos caminantes seguirán encontrando camino entre las generaciones.


Todas estas palabras me acompañarán como acompañan las brasas cuando el fuego parece apagarse, pero aún conserva calor bajo la ceniza.

Si alguna vez se reúnen los relatos del bisabuelo y de los mayores del kalpul, se habrá hecho algo muy valioso, tender un puente entre quienes caminaron antes y quienes caminarán después. No para encerrar el pasado en un libro, sino para mantener viva una conversación que lleva siglos desarrollándose. Y mientras llega ese día, imagino a los antiguos caminantes del pueblo Tzotz observando desde la memoria, unos mirando hacia la selva que dejaron atrás, otros hacia la cueva donde encontraron refugio, otros hacia los nietos que aún no habían nacido. Ninguno conoció su nombre. Pero todos contribuyeron a que estuviera aquí. Y al recordar, se contribuye a que ellos sigan aquí también. Que las semillas de los ancestros sigan dando fruto. Que la cueva de los murciélagos permanezca en la memoria. Que las historias encuentren siempre un nuevo oyente. Que las estrellas de Sak Tahn Waax sigan guiando a quienes buscan comprender. Hasta que volvamos a encontrarnos junto al fuego de las historias. Venimos del humo. Caminamos. Sobrevivimos. Seguimos aquí.


Como siempre las maravillas ocurren en momentos que no se esperan, éste es un hallazgo extraordinario, dice Tomás Barrientos, director del departamento de arqueología de la Universidad del Valle de Guatemala, que no participó en el estudio. 

El descubrimiento, publicado en la revista Antiquity, se ha producido en el interior de un pequeño edificio del periodo Clásico del 250 al 900 dC, cerca de la casa de los Tites, cuyas paredes contienen más de cincuenta microtextos de carácter matemático y astronómico. Estas inscripciones son borradores o cálculos preliminares, pero ofrecen una ventana sin precedentes al funcionamiento interno del pensamiento matemático maya, comparable al hallazgo de una versión temprana de un manuscrito conocido o al boceto de una gran obra artística.

Los complejos calendarios que resultaban de estos cálculos fundamentaron las sociedades mayas, desde su agricultura hasta su vida religiosa y política. Sin embargo, a pesar de su importancia, las personas que generaron este conocimiento habían permanecido en el anonimato… hasta que Sak Tahn Waax entró en escena.

Su nombre, que significa zorro de pecho blanco, se encontró grabado en una pared junto a un cálculo, en un cuarto que era un aula de matemáticas y taller de elaboración de códices hacia el siglo VIII dC, según las fechas escritas en las paredes y la datación con radiocarbono de artefactos hallados en el yacimiento. Esa es la Estructura 10K-2 descubierta en 2010 y se identificó tentativamente como un taller de escritura de libros códices. Se encontraron alrededor de 52 textos en las cuatro paredes, que los investigadores denominaron borradores de matemáticos mayas "mientras trazaban y predecían los ciclos de los objetos celestes en relación con la Tierra y entre sí, y también trabajaban para conciliar numéricamente dichos ciclos con otras unidades de tiempo de varios calendarios", e incluyen "una tabla lunar, un número de anillo y textos con ciclos anidados vinculados a cálculos locales; varios abordan unidades de tiempo muy grandes."

La fórmula matemática en sí misma presenta características excepcionales. Utiliza unidades de tiempo astronómicas y calendáricas y, las relaciones que establece entre ellas son únicas entre los textos mayas conocidos. David Stuart, epigrafista del proyecto y profesor en la Universidad de Austin, Texas, señala que las matemáticas implican una comprensión particular de las conexiones y patrones entre varios ciclos temporales, incluyendo la cuenta ritual de 260 días, el año solar y los ciclos de Venus y Marte.

Inventaron el cero siglos antes de que llegara a Europa y con él calcularon la duración del año solar con más precisión que el calendario que se usa hoy. Sin telescopios y sin relojes, sólo observación, piedra y paciencia.

Los investigadores detectaron por primera vez la misteriosa inscripción en 2011, poco después de comenzar las excavaciones en Xultún. Durante años, mientras otros aspectos del yacimiento acaparaban su atención, no dejaron de tener presente aquella inscripción, como si fuera “un rompecabezas que da vueltas en la cabeza,” dice Heather Hurst, arqueóloga del Skidmore College y coautora del estudio.

Con reconstrucciones fotográficas en distintos colores e imágenes multiespectrales, los investigadores acabaron por reconstruir y descifrar la inscripción, es un cálculo que permite sincronizar varios calendarios mayas con los ciclos planetarios de Marte y Venus, seguido de dos glifos que se traducen como “así lo dice Sak Tahn Waax.Es una fórmula matemática muy elegante y compleja,” dice Hurst, “por eso la firmó.”

Artefactos mayas como las cerámicas suelen llevar firmas de artistas y escribas, mientras que en las estelas y edificios suelen encontrarse nombres de gobernantes y guerreros, pero nunca se había encontrado nada equivalente para los cálculos cosmológicos. Xultún es uno de los pocos yacimientos hallados hasta ahora donde “hay pruebas sólidas de la producción de códices,” según Franco Rossi, arqueólogo del Instituto Tecnológico de Massachusetts y autor principal del estudio. “Con lo cual, si va a haber un nombre… este sería el lugar más lógico.”

Camilo Luin, epigrafista y conservador del Museo Popol Vuh, espera que este descubrimiento sirva para que las escuelas en Guatemala enseñen con más detalle la historia maya, incluyendo los nombres de estos “protagonistas de nuestro patrimonio maya,” como Sak Tahn Waax. Según él, este patrimonio sigue siendo menospreciado por muchos hoy en día y más de un tercio de los guatemaltecos tienen ascendencia maya.



“Me hubiera encantado ver charlar a Sak Tahn Waax y Ptolomeo. Habrían tenido una gran conversación”

Heather Hurst


Esta combinación de ciclos revela una expresión creativa del pensamiento matemático que va más allá de los cómputos calendáricos convencionales. Los mayas del periodo Clásico otorgaban una importancia fundamental a la astronomía y las matemáticas, que influían en decisiones políticas tan relevantes como la erección de monumentos o la inauguración de nuevos gobernantes. Los complejos cálculos basados en fechas calendáricas y observaciones astronómicas constituían el fundamento intelectual sobre el que se sostenía gran parte de la estructura social y política.


Una pared de un pequeño edificio en el sitio Xultún, Guatemala, guardó por más de doce siglos el nombre de Sak Tahn Waax. El hallazgo, publicado en la revista Antiquity, convierte a este especialista en el único matemático-astrónomo del período Clásico maya al que se le atribuye directamente su obra.

Un grupo de investigadores en arqueología identificó por nombre al matemático maya del siglo VIII, se llamaba Sak Tahn Waax, que en español significa Zorro de pecho blanco. El hallazgo demuestra que este especialista no sólo realizó cálculos astronómicos únicos, sino que también los firmó, algo nunca antes documentado entre los matemáticos de la civilización maya clásica. El descubrimiento transforma la manera en que se entiende la ciencia maya. Hasta ahora, los eruditos detrás de los cálculos astronómicos mayas permanecían en el anonimato, a diferencia de los artistas y escultores, cuyas firmas sí se conocían. Los mayas habían desarrollado una cultura notable, con una escritura matemática -incluso inventaron el cero,- y tenían conocimientos de astronomía. Lamentablemente gran parte de su sistema de escritura jeroglífica fue destruida durante la Conquista española. Me alegro de que ahora este hallazgo en Guatemala haya salido a la luz, que hayan podido decodificarlo y que hayan encontrado una firma de un matemático”, opinó la doctora Alicia Dickestein, investigadora en matemática del Conicet y presidente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ANCEFN) en Argentina. El nuevo estudio fue elaborado por el investigador en arqueología Franco Rossi, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT, junto con David Stuart, de la Universidad de Texas en Austin, y Heather Hurst, del Colegio Skidmore, todos en los Estados Unidos de América. La firma del matemático Zorro de pecho blanco, que utiliza la frase che-he-na se traduce como "así dice…" Luego aparece su nombre escrito SAK-TAHN-wa-xi. 



Durante el período Clásico maya del 250 al 900 dC, las matemáticas y la astronomía estructuraban la vida política, religiosa y social de esa civilización


Los cálculos relacionados con el movimiento de los astros y el paso del tiempo influían en decisiones tan importantes como la inauguración de reyes o la erección de monumentos. Los especialistas que realizaban esos cálculos no dejaban registro de su identidad. “Si bien se han identificado firmas de artistas y escultores en vasijas de cerámica pintada y monumentos tallados, los eruditos detrás del cómputo del tiempo han permanecido en el anonimato,” señaló Rossi.

Los registros disponibles provenían en su mayoría de etnohistorias y crónicas españolas escritas siglos después, lo que limitaba la comprensión directa de esa tradición intelectual.

La nueva investigación se propuso reconstruir uno de los textos matemáticos grabados en las paredes de un pequeño edificio del sitio arqueológico de Xultún, en Guatemala, para comprender su contenido y su posible autoría.


Firma en la pared: cómo leyeron el pasado

El estudio del sitio arqueológico de Xultún, en Guatemala, reconstruyó un texto matemático grabado en la Estructura 10K-2 para investigar su contenido y autoría./AntiquityEl estudio del sitio arqueológico de Xultún, en Guatemala, reconstruyó un texto matemático grabado en la Estructura 10K-2 para investigar su contenido y autoría.

El equipo de científicos analizó alrededor de 52 microtextos, que son inscripciones de pequeño tamaño, en el interior de la Estructura 10K-2 de Xultún. Para hacerlo, produjeron dibujos a escala, fotografías, escaneos digitales y aplicaron técnicas de realce digital que permitieron identificar 11 jeroglíficos, que eran símbolos de escritura maya, con mayor claridad. Así pudieron leer en su totalidad el texto conocido como Texto 19. La inscripción registra una secuencia de fechas y ciclos de tiempo vinculados al movimiento de planetas, dentro de un intervalo total de 2,920 días, equivalente a ocho años solares o cinco ciclos del planeta Venus.

La inscripción no sólo contiene una fórmula astronómica única, sino que termina con dos jeroglíficos no calendáricos, uno traducible como “así dice...” y otro con el nombre personal Sak Tahn Waax.

“Las matemáticas involucran su comprensión única de las conexiones y patrones entre varios ciclos de tiempo, incluida la cuenta ritual de 260 días, el año solar, así como los ciclos de Venus y Marte,” dijo Stuart, especialista en inscripciones antiguas.

La fórmula articula seis unidades de tiempo en intervalos que aumentan progresivamente: desde 20 días hasta 2,920 días. Esa organización no tiene equivalente entre los textos mayas conocidos. Los investigadores concluyeron que el Texto 19 es el único ejemplo conocido de un matemático-astrónomo maya del período Clásico identificado por nombre y con crédito directo sobre su trabajo. La firma atestigua una práctica hasta ahora no documentada, la reclamación de autoría sobre un conocimiento científico original.

El Texto 19 registra fechas y ciclos de tiempo ligados al movimiento de planetas en un intervalo de 2.920 días, equivalente a ocho años solares o cinco ciclos de Venus./AntiquityEl Texto 19 registra fechas y ciclos de tiempo ligados al movimiento de planetas en un intervalo de 2,920 días, equivalente a ocho años solares o cinco ciclos de Venus.

La conservación de las superficies pintadas es irregular y en general deficiente, lo que obligó a reconstruir partes del texto a partir de fragmentos visibles.

El grado en que los mayas antiguos comprendían ciertos patrones matemáticos -como la secuencia de Fibonacci, una serie numérica en la que cada número es la suma de los dos anteriores- sigue sin determinarse.

“Los contemporáneos del mundo antiguo en India, Irak, China y Grecia calculaban de igual modo los ciclos solares y planetarios, predecían eclipses y trazaban el avance de las estrellas, y sus logros solían atribuirse a pensadores individuales,” dijo Rossi.

“Ahora podemos añadir a Sak Tahn Waax entre esos pensadores, y destacar las grandes tradiciones mayas de astronomía y cómputo del tiempo de las Américas”, resaltó.

Un pasaje de nueve glifos en una cámara maya de Xultún escondía algo más que fórmulas, el nombre de su autor. Zactan B'aan calculó hace 1,300 años un ciclo de 2,920 días para sincronizar Venus y Marte. La fórmula de Zactan B'aan refleja una singular comprensión de las fracciones y factores necesarios para sincronizar el calendario ritual de 260 días, el año solar Haab de 365 días, el ciclo sinódico de Venus de 584 días y el de Marte de 780 días.

Rossi precisó que estos ciclos astronómicos encuentran un punto de alineación en una cifra de 2,920 días, un número divisible exactamente en cinco períodos de Venus o en ocho años solares, lo que permitía calcular la coincidencia exacta de los astros para su aplicación en ceremonias políticas, astronomía adivinatoria y en estacionalidad.


Mi guía espiritual el Tatit, de acuerdo al calendario me dijo que mi nahual es Ix el Jaguar o Mago. El Jaguar es uno de los nahuales más poderosos, místicos y respetados dentro de la cosmovisión maya. Representa la fuerza espiritual, la astucia, la conexión con la Madre Tierra y la sabiduría de lo invisible, una intuición innata muy desarrollada, una presencia fuerte, reservada y profundamente analítica, capaz de ver lo que otros pasan por alto. Mi energía primordial. Con una gran capacidad de estrategia, agilidad mental para resolver problemas complejos y un don natural para la sanación, el misticismo o las artes. Son mis talentos. Y el número siete que lo distingue representa el eje, el equilibrio y la cúspide de la pirámide maya, indica que mi propósito de vida está muy ligado a encontrar la armonía interior y a servir como un pilar de sabiduría o estabilidad para las personas que me rodean. El 7 es mi tono numérico.




La astrología maya era un sistema sagrado que unía la observación matemática de los astros con la espiritualidad. Su núcleo es el Tzolk'in, un calendario de 260 días basado en la combinación de 20 nahuales, energías o espíritus animales y 13 números. Este ciclo dicta el destino, la personalidad y el propósito cósmico de cada persona al nacer. 

A diferencia de otras culturas, los mayas no veían las estrellas sólo para predecir el futuro, sino para programarlo y entender los ciclos agrícolas y universales. Su sistema se dividía en dos vertientes principales, el Tzolk'in o Calendario Sagrado, es el alma de su astrología. Los 20 nahuales, como el Jaguar, el Mono, la Serpiente o el Perro, representaban las fuerzas de la naturaleza y el espíritu protector que guiaba la vida y personalidad de los individuos. 

La Rueda Calendárica y el Haab vinculan la astrología con el año solar de 365 días. Fueron expertos en calcular con exactitud los movimientos de la Luna, el Sol, Venus y las Pléyades, utilizándolos como guías para la siembra, las ceremonias religiosas y las decisiones políticas

Este sistema no se basa en planetas ni constelaciones, sino en ciclos de energía expresados ​​a través del calendario Tzolk'in que combina 20 signos del día con 13 números galácticos, creando 260 energías únicas.


La astronomía maya es el estudio de la Luna, los planetas, la Vía Láctea, el Sol y los fenómenos astronómicos. La observación de los astros era de vital importancia para el desarrollo de la vida material y espiritual, aunque posee ciertas características que la hacen única. Una de ellas, la más representativa, es el empleo del calendario de Cuenta Larga, por el que los mayas pudieron hacer estimaciones de más largo plazo. En este Período Clásico, los Mayas desarrollaron una de las astronomías pre-telescopio más precisas del mundo. Hicieron cálculos exactos de los períodos sinódicos de Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Calcularon con exactitud, los períodos de la Luna y el Sol y de estrellas como las Pléyades, a las que llamaban Tzab-ek estrella cascabel y que marcaba los inicios de festividades rituales. El Tzol'kin de 260 días es uno de los calendarios más enigmáticos en cuanto a su origen. La Vía Láctea era parte central de la Cosmología y la llamaban, Wakah Chan relacionada con Xibalbá. Tenían un Zodiaco, basado en la Eclíptica, que es el paso del Sol a través de las constelaciones fijas. Este se encuentra en la Estela 10 de Tikal y la 1 de Xultún Los conocimientos astronómicos mayas eran propios de la clase sacerdotal, el pueblo los respetaba y conducía su vida de acuerdo a sus predicciones. Mucho del mismo conocimiento perduró aún después de la conquista, practicándose en la clandestinidad y posteriormente, mezclados con los rituales de la vida diaria del pueblo maya, muchos de los cuales siguen vigentes en la actualidad.

Los sacerdotes conocían los movimientos de los cuerpos celestes y eran capaces de aproximarse a la predicción de los eclipses y el curso del planeta Venus visto desde la tierra. Esto les daba un especial poder sobre el pueblo que los consideraba así íntimamente ligados a las deidades. Muchas de las deidades recibían distintos nombres y propiedades, por ejemplo a Venus la llamaban Ah-Chicum-Ek, la gran estrella de la mañana, y Xux ek, la estrella avispa. Estrella se dice en maya "ek" y es también el apellido de muchas personas de la región.



El Códice de Dresde es esencialmente un tratado de astronomía


Los mayas concebían el cosmos como una estructura dividida en tres niveles y cada uno de ellos se dividía en cuatro esquinas. En la parte superior se encontraba la bóveda celeste, sostenida por los Bacabs, donde tenían lugar los principales fenómenos astronómicos, en particular el recorrido diurno del sol. En el nivel intermedio se asentaba el mundo de los hombres, en el que se desarrollaban todos los aspectos de su vida cotidiana y, en este sentido, la tierra era concebida como una gran superficie cuadrada, cuyas esquinas se orientaban en la dirección de los puntos cardinales, donde se situaban los pauahtunes. El nivel inferior, situado bajo el agua, era ocupado por el inframundo, o Xibalbá. En este tenebroso lugar se libraba una despiadada lucha del sol, después de su recorrido diurno por la bóveda celeste, con los seres y deidades infernales, a las que vencía reiniciando así su travesía por el nivel superior del universo.

Una persona muere dos veces, la primera cuando abandonaba este mundo y la segunda, cuando nadie pronunciaba ya su nombre o recordaba su historia. Por eso conservaron los relatos, para que la segunda muerte tardara lo más posible en llegar. Quizá esa sea, en el fondo, la razón por la que cuento historias. No para vencer al tiempo. Sino para conversar con él.

Y si algún día alguien lee esto, espero que no piense solamente en guerras o conquistas. Espero que vea algo más profundo, que alguien decidió no olvidar. Ese será, para mí, el verdadero tesoro y, así serás alguien que regresa a un fuego que nunca se apagó.

Que el viento lleve la lluvia cuando la tierra la necesite.

Que el maíz crezca alto.

Que los murciélagos sigan saliendo de la cueva al caer la tarde.

Y que la memoria encuentre siempre un corazón dispuesto a custodiarla.

El tiempo no vence a quienes recuerdan. Vence a las piedras. Vence a los palacios. Vence a los imperios. Pero no puede vencer una historia que pasa de una voz a otra. Porque mientras alguien la pronuncie, los antiguos volverán a caminar un instante entre nosotros. No para pedir que vivamos en el pasado, sino para recordarnos que somos el último eslabón de una cadena muy antigua. Y que algún día nosotros también seremos memoria. Procuro entonces dejar un buen relato para quienes se sienten alrededor del fuego después de mí.

Que el maíz nunca falte en tu mesa.

Que el agua siga naciendo de la roca.

Que el viento traiga la lluvia cuando la tierra la necesite.

Que el fuego caliente a tu familia sin consumir su hogar.

Que los murciélagos sigan encontrando y guardando el camino de regreso a la cueva.

Que las estrellas sigan recorriendo el cielo que observó Sak Tahn Waax.

Y que la memoria de los antiguos caminantes nunca encuentre silencio.

Que la semilla encuentre buena tierra.
Que las historias encuentren nuevos oyentes.
Que las estrellas de Sak Tahn Waax iluminen el camino de los curiosos.

Y que nunca olvidemos las palabras que han acompañado nuestro viaje:

Venimos del humo. Caminamos. Sobrevivimos. Seguimos aquí.

Hasta nuestro próximo encuentro.


FIN

sergiodeleonlopez