DESLACTOSADO LIGHT
Hacer la diferencia no significa morir congelado
El que no tira el anzuelo no pesca
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A veces el siguiente paso es suficiente para mantener viva una historia
Qué cosas ¿no?
Pues nada, lo normal.
Cuando el mundo conocido desaparece, queda el siguiente paso.
Y a veces el siguiente paso es suficiente para mantener viva una historia.
Larga es la mano de la pluma.
Sólo por un cambio de planes y para darnos un quemón, La Antártida es el continente más austral de la Tierra o sea el que está más al sur y, es el cuarto continente más grande y nada menos que contiene al Polo Sur. No pertenece a ningún país y está dedicada exclusivamente a la ciencia y la paz mundial, pues un acuerdo internacional prohíbe la guerra y el uso militar. Es el lugar más frío, seco y ventoso del mundo, cubierto casi por completo por una gran capa de hielo. No tiene población nativa. Mide unos 14 millones de kilómetros cuadrados. La temperatura récord histórica llegó a menos 89 grados. El hielo contiene la mayor parte de la reserva de agua dulce del planeta. En sus costas viven pingüinos, focas, ballenas y aves marinas y, la vegetación son algas, hongos, líquenes y musgos. Está cubierta en un 98% por una capa de hielo de casi dos kilómetros de espesor, que ocultan maravillas geológicas reales, como más de 400 lagos subglaciales de agua líquida, redes de ríos ocultos, cordilleras montañosas y fósiles de antiguas selvas tropicales de cuando el continente era cálido.
“Una glaciación más extensa que la actual cubrió el gran continente austral y sus mares circundantes en tiempos geológicos recientes, exterminando prácticamente toda la vida terrestre preexistente”
¡UHHH! Con 19 a las 13, ya se me hizo tarde, pero te cuento que hace unos meses fue el cumpleaños 112 del regreso a casa del más destacado explorador polar australiano, Douglas Mawson, DM, tras dos años de triunfos y terror en la Antártida Oriental. A finales de febrero de 1914 llegó al puerto de Adelaida, donde fue recibido como un héroe. El hogar de la ventisca -su propio relato de sus aventuras, transmite una emoción abrumadora y que regresó solo y conserva las memorias de lo bailado. Su diario es una maravilla que relata paso a paso todo lo actuado día a día con datos fantásticos que impresionan hasta los tuétanos.
En el difuso margen exterior, el personaje de la semana es uno de esos tipos que parecen salidos de una novela, pero su historia fue absolutamente real. Y creo que te interesará especialmente porque, como los relatos de los caminantes Tzotz, su historia es también la de un hombre que tuvo que seguir avanzando cuando casi todo estaba perdido.
Es una historia apasionante que se atraganta en el gaznate con los lacrimales a punto.
El 10 de noviembre de 1912, Mawson con tres décadas y más la quinta parte de otra, salió de la base de Cape Denison. Partió con dos compañeros más jóvenes Xavier Mertz, de 30 tacos de calendario, un alpinista suizo y campeón de esquí y, el teniente Belgrave Ninnis, un oficial del ejército británico de 23 años y con 12 perros y dos trineos, el grupo se dirigió al extremo este del cabo Denison y se internaron en una región desconocida, para explorar y cartografiar el interior costero, hasta el sector vecino donde había estado la expedición de Scott. Tras luchar contra las ventiscas y cruzar dos glaciares grandes y peligrosos que posteriormente recibieron los nombres de Mertz y Ninnis, los tres hombres llegaron a un punto situado a más de 500 km de su base en Cabo Denison.
Escucharon la sonata de la aurora boreal como un inmenso regalo de música creada por las abigarradas luces verdes y el viento que las susurra aullando como desbocado, paz de réquiem sobre las nieves.
“Hasta qué punto el fracaso rotundo sobrepasa los límites de escasos éxitos”
No sé a dónde voy pero no llegaré tarde, pues en su diario revela que su ánimo inicialmente elevado, “manos de mago invisibles se aferraban con furia desquiciada, atacando y acosando. Era "la naturaleza salvaje, despiadada y visceral, que aborrece toda vida, la naturaleza salvaje que aplastaría y desgarraría." Se les vinieron encima una serie de catástrofes, en particular el ánimo de Ninnis, comenzó a decaer tras varias semanas de intenso esfuerzo y penurias en la meseta de la Antártida Oriental. Los desastres comenzaron el 14 de diciembre mientras el equipo cruzaba un campo de hielo plagado de grietas ocultas por la nieve, Ninnis y los seis perros más fuertes cayeron al vacío, muriendo en un abismo de cientos de metros de profundidad. Así cualquiera se ahoga cuando se chingan las cosas. Estuvieron varias horas gritándoles, pero no recibieron respuesta. La mayor parte de la comida humana, toda la comida para perros y la tienda principal desaparecieron con ellos en un mundo hostil y de una maldad despiadada, en donde no existen las reglas y todo queda al azar, pues se pasa por la bisectriz cualquier principio. A muchos el mundo así les importa una mierda y a otros les importa tres.
“En ningún otro ámbito un líder puede invertir su tiempo de forma más provechosa que en la selección de las personas que realizarán el trabajo”
Douglas Mawson
Al filo de lo imposible, este mar de hielo es mucho más peligroso de lo que nadie puede imaginar. Día tras día, el viento fluctuaba entre vendaval y huracán con los cielos cubiertos de densas nubes eran la norma y el aire estaba continuamente cargado de nieve arrastrada por el viento. El viento había disminuido por unos instantes, la Antártida parecía inmóvil. DM avanzaba a la cabeza, siguiendo las huellas del trineo iba Mertz. Ninnis caminaba detrás de su propio trineo. Pero había una pieza extraviada que no estaba en el tablero. Entonces se oyó un crujido como un Kraken mordiendo el hielo. ¡CRASH!
El 14 de diciembre, cuando estaban a unos 500 kilómetros de la base, ocurrió lo inimaginable. De repente, la nieve cedió, pues había creado un puente sobre una profunda grieta que no se podía ver como muchísimas otras y Ninnis desapareció cayendo al vacío.
La retambufa quedó descubierta. DM levantó la cabeza. -¿Qué fue eso? No hubo respuesta. Miró hacia atrás. El trineo de Ninnis había desaparecido.
-¡Ninnis! Corrió. Sus botas golpearon la nieve endurecida. Mertz llegó detrás de él. Frente a ellos había una abertura negra. Una grieta. Mawson se arrodilló y miró hacia abajo. -¡Ninnis! gritó.
Mawson y Mertz se asomaron. Ninnis había caído con su trineo, los perros y prácticamente todas las provisiones. No podían salvarlo. Y tampoco podían quedarse. Tenían que regresar. Dos hombres. Muy pocos alimentos. Un continente entero entre ellos y la base. La situación empeoró rápidamente. Los alimentos se acabaron. Tuvieron que sacrificar a los animales para alimentarse. Los perros restantes comenzaron a morir. Mertz, que había desarrollado un profundo vínculo con los perros, se deterioró física y mentalmente. Murió el 8 de enero de 1913. DM quedó completamente solo. Y estaba a cientos de kilómetros de la base. Tenía los pies gravemente dañados, estaba debilitado y prácticamente sin comida. Pero siguió caminando con los huevos en su sitio.
Ojo que el lenguaje malsonante aquí es con fines didácticos.
"Todo aquello era lo más salvaje, lo más descabellado y, a la vez,
lo más grandioso que uno pudiera imaginar"
Douglas Mawson
Desde la profundidad no llegó respuesta. Mertz se acercó. -¿Lo ves? Mawson no contestó. Se inclinó todavía más.
Muy abajo, en la oscuridad azulada, no se distinguían los restos del trineo ni los perros, ni siquiera una figura inmóvil. Mertz cerró los ojos. -Dios mío… Mawson siguió mirando. -No podemos bajar. Es demasiado profundo.
-¿Está vivo? Mawson tardó en responder. -No lo sé.
-Tenemos que intentarlo.
-La grieta es demasiado profunda.
Mertz lo miró con desesperación.
-¡Es nuestro compañero!
Mawson apretó los puños. -Lo sé. Se quedó unos segundos mirando hacia el abismo.
-Ninnis… Nada.
El viento volvió a levantarse.
Mertz se quitó los guantes. -Podemos hacer una cuerda.
Mawson negó lentamente con la cabeza. -No tenemos suficiente.
-Entonces excavaremos.
-Xavier...
Mawson respiró profundamente.
-Si bajamos los dos, quizá no haya nadie para regresar.
Mertz comprendió.
Miró la inmensidad blanca que se extendía detrás de ellos.
-¿Y ahora qué?
Mawson levantó la mirada. A su alrededor sólo había hielo. Ninguna montaña cercana. Ningún refugio. La base estaba a cientos de kilómetros. Y las provisiones que habían llevado con Ninnis estaban allí abajo.
Mawson habló casi en un susurro, -Regresamos.
Mertz lo miró incrédulo.
-¿Con qué?
Mawson bajó la mirada hacia los pocos suministros que quedaban. -Con esto.
-No alcanza.
-Lo sé.
-Entonces moriremos.
Mawson permaneció en silencio. Después miró nuevamente la grieta.
-Quizá. Pero no hoy.
Mawson se puso de pie. -Hoy caminamos.
Mertz miró por última vez hacia el abismo.
-Adiós, Ninnis.
Mawson se volvió hacia el camino de regreso. Durante unos segundos no dio ningún paso. Después comenzó a caminar.
Mertz lo siguió.
Detrás de ellos quedó la grieta. Delante, cientos de kilómetros de hielo.Y entre ambos hombres y la muerte, solamente quedaba una cosa … seguir caminando.
A pesar de que Edward Aloysius Murphy que de romántico tenía lo justo, formularía su famosa ley hasta 35 años después, ésta ya estaba obrando a miles de kilómetros de él.
El hielo suele gastar bromas pesadas que nadie espera
Así lo escribió DM en su diario:
“Cuando volví a mirar atrás, me encontré con la mirada ansiosa de Mertz, que se había dado la vuelta y se había detenido en seco. Detrás de mí, sólo se veían las huellas de mi propio trineo que se perdían en la distancia. ¿Dónde estaban Ninnis y su trineo?
Regresé rápidamente por el sendero pensando que una elevación del terreno obstruía la vista. Sin embargo, no tuve tanta suerte, pues me encontré con un enorme agujero en la superficie de unos tres metros y medio de ancho. La tapa de una grieta se había roto; dos huellas de trineo conducían, pero sólo una continuaba al otro lado. Agité frenéticamente los brazos a Mertz para que subiera mi trineo, al que estaba sujeta una cuerda alpina, y me incliné y grité hacia las oscuras profundidades. No se oyó nada más que el gemido de un perro, atrapado en una repisa apenas visible a ciento cincuenta pies más abajo (la altura de un edificio de más de diez pisos). La pobre criatura parecía haberse roto la espalda, pues intentaba incorporarse apoyándose en la parte delantera del cuerpo, mientras que la parte trasera yacía flácida. Otro perro yacía inmóvil a su lado. Cerca de allí se encontraban, en la penumbra, los restos de la tienda de campaña y un tanque de lona con provisiones para tres hombres durante quince días.
Retiramos el borde de la tapa de la cueva y, por turnos, nos inclinamos sujetos con una cuerda, llamando a la oscuridad con la esperanza de que nuestro compañero aún estuviera vivo. Durante tres horas llamamos sin cesar, pero no obtuvimos respuesta. El perro había dejado de gemir y yacía inmóvil. Una corriente de aire helado soplaba desde el abismo. Sentíamos que había pocas esperanzas.
¿Por qué el primer trineo había escapado de la grieta? Parecía que yo había tenido suerte, porque mi trineo había cruzado en diagonal, con mayor probabilidad de romper la capa de nieve. Los trineos pesaban casi lo mismo. La explicación parecía ser que Ninnis había caminado junto a su trineo, mientras que yo lo había cruzado sentado sobre él. El peso total del cuerpo de un hombre sobre sus pies es una carga formidable y sin duda fue suficiente para destrozar el arco del techo.
Mediante una caña de pescar, determinamos que la pared vertical hasta el saliente donde se veían los restos era de ciento cincuenta pies -45.72 mt;- a ambos lados, la grieta descendía hacia la oscuridad. Parecía estar muy abajo y los perros se veían tan pequeños que sacamos los prismáticos, pero no pudimos distinguir nada más con su ayuda. Toda la cuerda que teníamos estaba atada, pero la longitud total era insuficiente para alcanzar la cornisa, así que tuvimos que abandonar la idea de bajar para investigar y asegurar algo de comida. Atónitos por lo inesperado de todo aquello y habiendo agotado los pocos recursos que teníamos para tal eventualidad, nos sentimos impotentes. En esos momentos, actuar es lo único tolerable, y si hubiera habido algún recurso, por peligroso que fuera, que pudiéramos haber intentado, lo habríamos asumido con creces. Mudos de compasión y con el corazón apesadumbrado, volcamos nuestra mente mecánicamente hacia lo que teníamos más a mano. En el otro trineo había raciones, y descubrimos que apenas había comida para una semana y media para nosotros y nada en absoluto para los perros. Parte de las provisiones consistían en pasas y almendras que habían tomado como extras o "premios", como solían llamarlas. Entre otras pérdidas se encontraban la pala y el piolet, pero afortunadamente se salvó una lona de repuesto para la tienda de campaña. Los pantalones Burberry de Mertz se habían hundido con el trineo y el mejor sustituto que pudo conseguir fueron unos calzoncillos interiores de lana gruesa Jaeger de la ropa de repuesto que teníamos.
Regresamos a la grieta y cargamos el trineo restante, desechando todo lo innecesario para reducir el peso. Preparamos una sopa ligera hirviendo todas las bolsas de comida viejas que encontramos. Les dimos a los perros unos guantes de piel desgastados, un sapo y varias correas de cuero crudo de repuesto, que devoraron con avidez. Continuamos llamando a la grieta a intervalos regulares por si nuestro compañero no hubiera muerto en el acto y, mientras tanto, hubiera recuperado la consciencia. No hubo respuesta. Se bajó un peso del sedal hasta donde estaba el perro, que antes había dado señales de vida, pero no hubo respuesta. Todos murieron, engullidos en un instante.
“Vida, dame vida hasta el final, que en la cima misma del ser, el espíritu de batalla grita en mi sangre, desde el infierno más rojo de la lucha puede que me arrebaten y me lancen. En la calma eterna, el sueño inmortal e incomunicable”
“Cuando los compañeros recorren a pie el camino hacia cualquier lugar a través de una tierra solitaria y azotada por la ventisca, hambrientos, necesitados y exhaustos, los intereses, los lazos y los destinos de cada uno se entrelazan en un maravilloso tejido de amistad y afecto. La conmoción por la muerte de Ninnis nos impactó profundamente. Era un buen tipo y un soldado nato, y al final a las 9 de la noche nos quedamos junto a la grieta y leí el servicio fúnebre. Luego Mertz me estrechó la mano con un breve "¡Gracias!" y nos alejamos para preparar a los perros.”
Muchos perros habían muerto por agotamiento y otros cayeron en grietas.
Y hay una frase que me hace pensar en estos relatos. DM escribió su propia historia en The Home of the Blizzard, publicada en 1915. Es un testimonio de primera mano de aquella expedición. Cuando pienso en él, no lo imagino como un héroe levantando una bandera. Lo imagino mucho más sencillamente, un hombre solo. El viento. La nieve. Los pies destrozados. La memoria de dos compañeros muertos. Y delante de él, cientos de kilómetros. Y entonces una decisión, un paso más. Otro. Y otro. Hasta que aparece la base en el horizonte.
Eso es lo que une, curiosamente, a DM con los relatos de la casa Tzotzil. Los caminantes que salieron de Tamarindito tampoco sabían si llegarían. Perdieron compañeros. Tuvieron hambre. Encontraron enemigos. Siguieron caminando. Y después de años encontraron agua, frutos y una cueva llena de murciélagos. Mawson no encontró una cueva. Encontró una base. Pero ambos relatos tienen la misma estructura humana, cuando el mundo conocido desaparece, sólo queda dar el siguiente paso. A veces el siguiente paso es suficiente para mantener viva una historia.
“George, el más pobre de los perros, fue sacrificado y parte de su carne se la dimos a los demás, y parte la guardamos para nosotros. La carne se frió toscamente sobre la tapa de la olla de aluminio, una operación que apenas logró quemar la superficie. En general, se consideró buena, aunque tenía un sabor fuerte y rancio, y era tan fibrosa que resultaba difícil de masticar”
Douglas Mawson, El hogar de la ventisca: La historia de la expedición antártica australiana, 1911-1914
A mitad del relato ya me temblaban las rodillas y los dedos sobre las teclas.
DM es una de las figuras menos reconocidas de la Era Heroica de la exploración antártica, pero su historia es tan apasionante como las hazañas de Scott, Shackleton y Amundsen, a pesar de que no buscaba la gloria de ser el primero en llegar al Polo Sur geográfico.
Mientras cursaba su doctorado en la Universidad de Sídney, DM se unió a la expedición Nimrod de Ernest Shackleton entre 1907 y 1909, como geólogo y esta fue su primera experiencia en la Antártida. Junto con su mentor, el profesor TW Edgeworth David, DM completó la travesía en trineo a pie más larga de la Antártida, con una duración de 122 días. Tras enfrentarse al hambre, las grietas ocultas, la congelación y el agotamiento, recibieron una bienvenida de héroes a su regreso. La pasión de DM por el avance del conocimiento científico lo impulsó a organizar una expedición de investigación antártica liderada por Australia. En la Expedición Antártica Australasiática AAE, junto a Mawson Jhon King Davies capitaneó el Aurora con una tripulación de 31 expedicionarios. El tuétano del asunto era explorar un tramo de la costa antártica y su interior al sur de Australia, al otro lado del temible Océano Austral. Emprendió una campaña de recaudación de fondos y, obtuvo el equivalente actual a unos 10 millones de libras esterlinas, o sean 16.7 millones de dólares en poco más de un año. Recurrió a empresarios con intereses en la minería y la caza de ballenas, así tapándoles la boca con algunos dólares no pasa nada. La exploración de la Antártida nunca estuvo, ni estará, libre de intereses comerciales y geopolíticos. Problema aplazado es problema resuelto
Chorreando por la pernera del pantalón DM describió una típica incursión fuera de la cabaña en medio de una ventisca invernal, “Una zambullida en el torbellino de la tormenta deja en los sentidos una impresión imborrable y terrible, pocas veces igualada en todo el abanico de la experiencia natural. El mundo se convierte en un vacío: espantoso, feroz y aterrador. Tropezamos y luchamos a través de la oscuridad estigia; la ráfaga implacable -un íncubo de venganza- apuñala, golpea y congela; la corriente punzante ciega y asfixia.”
Él y otras seis personas fueron retenidas ahí durante un año más de lo previsto. Aquí ni falta que hace el Gabinete de Crisis en un triste espectáculo.
“Ni sobre ti todavía el futuro estallará, como zonas sucesivas
de varias maravillas abiertas a algún espíritu
volando seguro y feliz de cielo en cielo”
Browning
En esta mi opinión que comparto conmigo mismo cargo mi espíritu con mucho ánimo.
Solo, Mawson estaba decidido a regresar con los datos y especímenes que habían recolectado. El accidente dejó a DM y Mertz con provisiones sólo para 10 días de viaje de regreso a la base, un proceso que duraría al menos un mes. Por eso no ponga todos los huevos en la misma canasta.
Mientras se retiraban, DM racionó radicalmente la comida restante y, cuando se acabó comenzaron a matar a los perros, comiéndose ellos mismos los mejores trozos y dando el resto a los perros que sobrevivieron. Entre las mejores partes se encontraba el hígado, pero, sin que ellos lo supieran, este complemento aparentemente nutritivo a su escasa dieta, en realidad los puso en mayor peligro, pues ambos se enfermaron.
El 30 de diciembre, DM escribió:
"Xavier no se encuentra bien. Recorrimos 24 kilómetros y paramos sobre las 9 de la mañana. Se dio la vuelta; todas sus cosas estaban empapadas. La continua ventisca no da oportunidad de secar nada, y nuestro equipo está en pésimas condiciones. La tienda de campaña gotea muchísimo y está cubierta de hielo."
Con el paso de los días, su piel comenzó a desprenderse, sufrían terribles dolores de estómago y diarrea, síntomas de ingerir en exceso vitamina A, dado que el hígado de los perros contiene altos niveles de este nutriente, y un exceso resulta tóxico para el cuerpo humano. Mertz fue quien peor lo pasó, y el que fuera esquiador olímpico pronto quedó reducido a una sombra de lo que fue y, su sufrimiento alcanzó su punto álgido el 7 de enero. DM describió el suceso en su diario: “Durante la tarde sufre varios ataques y delira; se vuelve a orinar en los pantalones y tengo que limpiarlos. Está muy débil, cada vez más delirante, y rara vez puede hablar con coherencia. A las 8 de la noche delira y rompe un poste de la tienda de campaña. Lo sujeto, entonces se calma y lo meto en la bolsa con cuidado. Muere en paz sobre las 2 de la madrugada del día 8. Había perdido toda la piel de las piernas y de sus partes íntimas. Yo estoy en el mismo estado y la llaga del dedo no cicatriza.” “Después de un par de horas, al no sentir ningún movimiento de mi compañero, estiré un brazo y lo encontré rígido. Mi compañero había sido acogido en «la paz que sobrepasa todo entendimiento». Tenía la ferviente esperanza de que hubiera sido recibido allí donde las virtudes y la nobleza de espíritu cosechan su merecida recompensa. En vida lo amamos; era un hombre de carácter, generoso y de nobleza.” “A última hora de la tarde del día 8, saqué el cuerpo de Mertz, envuelto en su saco de dormir, de la tienda de campaña, apilé bloques de nieve a su alrededor y levanté una tosca cruz hecha con los dos medios patines del trineo.” “Ánimo, haz tu mejor esfuerzo y lucha, es la perseverancia lo que te hará ganar.” Quedó listo de papeles.
La intensidad de sus sentimientos pudo haber estado teñida por el arrepentimiento y la culpa, derivados del recuerdo de la muerte de sus dos amigos y de su propia experiencia cercana a la muerte en una desastrosa expedición
A veces la distancia lo significa todo por pequeña que sea y a DM le quedaban otros 160 km por recorrer para llegar a la seguridad de su base en la costa. Y tenía una fecha límite, el 15 de enero para que todos los grupos que se desplazaban en trineo regresaran, ya que el barco de la expedición, el Aurora, -un buque foquero de Terranova,- partiría inminentemente hacia Australia. El barco no podría regresar hasta dentro de al menos ocho meses, después del siguiente invierno antártico.
Pero cuando parecía que su situación no podía empeorar, él mismo cayó en una grieta. Su trineo se atascó en el borde de la abertura y quedó colgando de un arnés. Un intento por liberarse fracasó justo cuando llegaba al borde de la grieta, y cayó varios metros más adentro del abismo.
En El hogar de la ventisca, DM escribió, “Abajo había un abismo negro. Exhausto, débil y helado, pues tenía las manos descubiertas y kilos de nieve se habían metido en mi ropa, permanecí colgado con la firme convicción de que todo había terminado, salvo el paso. Bastaría un instante para soltarme del arnés, y entonces todo el dolor y el esfuerzo habrían terminado.”
De alguna manera, logró reunir fuerzas de su cuerpo famélico para intentar una vez más levantarse y salir de allí. Y esta fue sólo la primera de varias grietas en las que cayó.
El trauma que sufrió Mawson tras la muerte de Mertz no debe subestimarse, afirma Mark Pharoah, conservador de la Colección Mawson en el Museo de Australia Meridional en Adelaida, "Cada noche tenía que montar la tienda él solo, lo cual podía ser muy difícil durante una ventisca. Tenía que orientarse y tratar de controlar su ansiedad por perder el barco, por encontrarse con la siguiente grieta. Fue una época muy angustiosa en la vida de Mawson."
Su único golpe de suerte fue encontrar un alijo de comida y una nota dejada por un grupo de búsqueda. El mensaje, dejado el día anterior, le indicaba a DM que se encontraba a tan solo 40 km de la base en Cabo Cañaveral. El hombre se negó a morir. Durante unos treinta días avanzó solo por aquel desierto blanco. En una ocasión cayó él mismo en una grieta. Quedó suspendido en el vacío. Pero consiguió salir. Continuó. Arrastrándose cuando no podía caminar avanzando cuando apenas tenía fuerzas. Sin embargo, cambiando el paso por las fuertes ventiscas y su maltrecho estado físico, caminando despacio llegó al tramo final de aproximación a la base.
“Nadie puede participar de ese esfuerzo;
sólo tú debes ganar el camino.
A través del aire ferviente o helad
hasta que termine el viaje por tierra”
Douglas Mawson
“Ocurrió lo inesperado: era un mojón de nieve erigido por McLean, Hodgeman y Hurley, que habían estado buscándonos. En la cima del montículo había una bolsa de comida, dejada por si acaso alguien la recogía, y en una lata había una nota que indicaba la dirección y la distancia del montículo a la Cueva de Aladino (E. 30 grados S., distancia veintitrés millas), que el barco había llegado a la cabaña y estaba esperando, que Amundsen había llegado al Polo y que Scott se quedaría un año más en la Antártida. Fue bastante singular que el grupo de búsqueda abandonara este montículo recién a las ocho de la mañana de ese mismo día 29 de enero. Eran aproximadamente las dos de la tarde cuando lo encontré. Así, durante la noche del 28, nuestros campamentos estuvieron separados por apenas cinco millas.”
Había sobrevivido. Pero en una conspiración exclusiva. cuando llegó ocurrió una de esas ironías crueles que parecen inventadas por un novelista sádico, el barco Aurora había partido hacia Australia unas horas antes y todavía lo pudo divisar el humo en el horizonte siendo un 8 de febrero. Había regresado demasiado tarde. Tendría que pasar otro invierno en la Antártida, pero seis hombres que lo esperaban decidieron quedarse con él. El mar es muy perro y siempre te la guarda, es como si fuera experto en últimos viajes como guardia de putiferio que chupa del mismo enchufe.
No siempre hay que conocer el camino completo, a veces basta con dar el siguiente paso
Sin embargo, no estaba solo. Un grupo de seis hombres lo esperaba en la base. Usando el telégrafo inalámbrico, intentaron llamar al barco, pero el mal tiempo impedía su regreso a tierra. DM tuvo que quedarse un año más y soportar un segundo invierno crudo en la tierra de las ventiscas. El 23 de marzo escribió, "Siento que mis nervios están muy alterados, y por la sensación que tengo en la nuca, sospecho que pronto perderé la cabeza. Evidentemente, mis nervios han sufrido un gran impacto."
A pesar de las dificultades, el año adicional contribuyó a que la Expedición Antártica Australasiática fuera un éxito científico y técnico. Otro invierno les brindó la oportunidad de estudiar mejor el fenómeno electroatmosférico de la Aurora Australis. Al llegar el verano, el equipo restante pudo cartografiar los confines de esta nueva parte del Imperio Británico, así como estudiar y muestrear su fauna y geología. El equipo de Mawson descubrió los primeros meteoritos en la Antártida. El segundo año también les dio tiempo para poner en marcha el equipo inalámbrico que habían traído consigo en 1911 y que funcionara a larga distancia. La expedición de DM fue la primera en conectar la Antártida con el mundo exterior mediante la radio.
A su regreso, Douglas Mawson se consagró como una figura clave en la era heroica de la exploración antártica. En 1984, setenta años después, su rostro apareció en el billete de 100 dólares australianos. Su prestigio como gran explorador se mantuvo intacto, mientras que la reputación de Robert Falcon Scott como líder de expediciones decayó. Quien no navega no se moja.
Sin embargo, la posterior publicación de los diarios antárticos de Mawson y el acceso a los diarios de otros miembros de la Expedición Antártica Australasiática han llevado a algunos historiadores a revisar las elogiosas valoraciones de sus cualidades exploratorias y de liderazgo.
En diciembre del año pasado BANZARE, lleguó a Commonwealth Bay con miembros de un equipo expedicionario que pretendía seguir los pasos de DM. En muchos sentidos, nuestra experiencia fue completamente diferente. Para empezar, durante casi una semana apenas sopló una brisa. Fue sólo el último día previsto, cerca de la costa de la Antártida Oriental, cuando experimentamos de primera mano la fuerza de la ventisca. Fuertes vientos comenzaron a soplar desde el sureste, provocando el desprendimiento de miles de kilómetros cuadrados de hielo marino. Fallos logísticos retrasaron la retirada de nuestro barco de la zona. Actualmente se están llevando a cabo investigaciones para determinar si contribuyeron a que quedáramos rodeados y atrapados por el hielo. Luego, fuimos azotados periódicamente por ventiscas durante 10 días. El 2 de enero fuimos rescatados gracias a los esfuerzos conjuntos de un rompehielos australiano y un equipo de helicópteros de un rompehielos chino, que también quedó atrapado al intentar llegar hasta nosotros. En total, estuvimos atrapados en la Antártida unas dos semanas y media más de lo previsto. Fue un retraso menor, un leve eco de lo que les sucedió a Mawson y sus seis compañeros.
La Expedición Británica, Australiana y Neozelandesa de Investigación Antártica, BANZARE no utilizó bases terrestres para la exploración. Se completó con éxito un trabajo crucial durante las expediciones a lo largo de gran parte de la costa antártica y las islas subantárticas Crozet, Kerguelen y Heard. El equipo de DM fue el primero en cartografiar gran parte de la costa, sentando las bases para el establecimiento del Territorio Antártico Australiano. Se lograron avances científicos en oceanografía y biología, cuyos resultados se publicaron en 13 volúmenes.
A su regreso a Australia en 1914, DM obtuvo el reconocimiento público por sus logros y fue nombrado caballero. Su relato de la Expedición Antártica Australasiática, titulado Home of de Blizzard, El hogar de la Ventisca, se publicó en 1915. También recibió un gran reconocimiento en la comunidad científica. Fue nombrado miembro de la Royal Society de Londres en 1923, miembro fundador de la Academia Australiana de Ciencias y presidente de la Asociación Australiana y Neozelandesa para el Avance de la Ciencia de 1935 a 1937. En años posteriores, como miembro de larga trayectoria del Comité Ejecutivo Australiano de Planificación Antártica, continuó apoyando los programas de investigación antártica de Australia. En reconocimiento a sus logros en la Antártida, la estación Mawson, establecida en 1954, recibió su nombre. Al liderar la primera expedición australiana de investigación antártica, se convirtió en un científico y explorador de renombre internacional. Su rostro es muy conocido hoy.
La expedición no terminó siendo recordada únicamente por aquella tragedia. La expedición cartografió miles de kilómetros de territorio y produjo enormes cantidades de información científica. Se realizaron investigaciones de geología, meteorología, geomagnetismo, biología y oceanografía, incluso se encontró el primer meteorito identificado en la Antártida durante la expedición. DM regresó finalmente a Australia en 1914. Fue recibido como héroe y posteriormente nombrado caballero. Pero continuó siendo científico y volvió a dirigir expediciones antárticas en 1929–1931.
Y si alguna vez parece que la noche es demasiado grande, recuerda a los caminantes de Tamarindito y a Mawson sobre el hielo, no siempre hay que conocer el camino completo, a veces basta con encontrar el siguiente paso pues la pájara no afloja.
Cuando regreses, aquí continuará nuestro fuego de historias.
Gracias a todos los que con tanta deportividad me leen.
Venimos del humo. Caminamos. Recordamos. Seguimos aquí.
Que el camino te sea largo, pero amable.
FIN
sergiodeleonlopez
“El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos, pero una mente compleja”
Fernando Savater