martes, 23 de junio de 2026

SOÑAR NO CUESTA NADA. 302

 Tratemos de lo inasible hoy aquí en monorte.com. Fuente suprema de la raza humana, sin él no se puede vivir y para seguir vivo y contándole sería muy especial que pudiera regalarme un comentario, aquí en el link, whatsapp, facebook, instagram y poder seguir contando historias.

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SOÑAR NO CUESTA NADA

Demasiado cerca del borde



“Atrévete a soñar la vida que has soñado para ti mismo. Ve hacia adelante y haz que tus sueños se hagan realidad”

Ralph Waldo Emerson


Sí. La vida es sueño.

Eso me recordó a mi amigo el extraordinario Pedro Calderón de la Barca, con  esa extraordinaria obra que así se llama. Pero sobre todo, no vayan a llorar.

Leí que los sueños son algo así como representaciones de lo que se ha hecho durante el día, pero hoy cuando desperté, ¡Juás! me dí cuenta, abrumado que lo que me despertó es que estaba soñando con anuncios viejos de radio … “una mesa distinguida, una mesa bien servida con productos B&B” y antes me había sonado en lo más profundo de mi laberinto neuronal, … “Mejor mejora Mejoral” y antes, “Capas Ciclón en el invierno dan protección.” “Toki, Toki, que buen sabor agrégalo al agua y con hielo mejor.” Y el último fue, “Vick Vaporub, una frotadita y basta.” Sonaban según la oscilación de su capricho, que se cuelan como las malas noticias, que son como la cecina secada al sol, como pecados del oído, de la boca y del tacto. Y ¡PUC! un sueño circuncidado. Un ritual sin autoridad. Fue como un pensamiento a la intemperie exhalando imágenes a veces en technicolor. San Estupefacto en su confidencialidad detuvo el sueño y hay que estar muy enamorado para no tenerle miedo a los sueños. Qué más pueden pedir los que despiertan, si no es seguir durmiendo tácitamente despertados por los cencerros de la madrugada. Pero eso de las representaciones que leí, no me funcionó en este caso, pues hace muchos, muchos años que no se escuchaban esos anuncios y, así que de ser cierto, entraron con rezago. La vergüenza tiene mala memoria. Hay puertas que la razón no puede abrir.

El sueño es como si se fuera un muerto integral, una muerte viva en la descomplicada noción de tiempo y espacio.


“El sueño es buen colchón para el cansancio”


Con un aire infinitamente cansado y tensa confidencialidad, de repente se me fue, no sé ni cómo, no me dí cuenta, pero ya estaba sucediendo sin previo aviso, sólo llegó sin que nadie lo llamara  y menos yo. Se ausentó, se fue y empezó la crisis de muchas horas, que de verdad hace sufrir física y mentalmente. Noches y noches. Apnea del sueño se llama. Se deja de respirar por varios segundos y es como si se estuviera muriendo poco a poco, sin el uso de las facultades simbióticas como bienes morales del patrimonio invisible dentro de la caja craneal, con temblor de incertidumbre como la fiebre de la vigilia el tiempo suficiente para darse cuenta que se está vivo y, que se puede peer libremente porque vivimos en una democracia con hambre en la conciencia con su sombría nebulosa.

Asediada por largos pinchos incrustados en los párpados, en las interminables noches de insomnio con total hostilidad en la forzada vigilia desesperada de la noche sin bragas en la madrugada angustiosa, pidiendo sólo cinco minutos de descanso profundo ¡vaya mierda! Con su par la apnea, que tiene nombre de perro,  como armadura que habría que cortar como fuera. Esas horas hacen recordar sólo lo feo ¡miedo! Y eso que había hecho la lección en una vida atemporal, aunque el mundo siga girando en el suspenso de la pesadilla insomne, oyendo a los gatos trasturbar en el tejado, como el lento mover de la burocracia. Hace rato que sigo cayendo en el abismo en un estado de incertidumbre donde no se avanza, equivalente a una pesadilla despierto.

De verdad me sentí con una sensación de despojo expresada en diferentes grados de angustia. Fue una noche sin sosiego, con un sueño abrupto al amanecer en el rumor de las entrañas. Con los párpados sellados hacía economía de esfuerzos y recursos vitales para compensar y no hacer desgaste orgánico, pues así la vida tiene un deleite horizontal con los órganos flotando desasidos de su libre albedrío.




“No sueñes tu vida, vive tu sueño”


Según las oscilaciones de su capricho en el plan de abajo, hoy toca hablar de algo inasible, porque se me estranguló en el conocimiento y por eso decidí incluirlo en el semanal y compartirlo. 

No es que se cuele como mala noticia, pero inasible es algo que no se pueden asir, agarrar, tomar con la mano o sujetar físicamente. No se puede coger, bueno dejémoslo en agarrar. Algo así como el amor, el tiempo, la justicia, el destino o la libertad. El viento, la luz, la sombra, el calor o el frío. La tristeza, los pensamientos, los sueños, los recuerdos o la felicidad. El agua líquida que se escurre, el fuego, el humo, el vapor o el aire, la democracia. Porque la vida no es sino una continua sucesión de sucesos para sobrevivir en el conticinio.

Pero no hay por qué sudar esa camiseta.

El verbo asir tiene conjugación propia, asgo, ases, ase, asimos, asen. En el imperativo, ase, asga, asgamos, asgan. En el subjuntivo, asga. Inasible es que no puede asirse, que no puede tomarse con la mano, como las nubes, el viento, un fantasma, el tímpano…asir es literario, se encuentra en libros de literatura y en lenguaje formal. Poco a nivel coloquial.

Con todo y eso y lo demás me pregunté qué cosa es El sueño y es algo eminentemente inasible, pues es un proceso biológico complejo y una necesidad vital que permite al cuerpo y al cerebro descansar, repararse y consolidar la memoria, y sin poder tocarlo en la bruma de los ojos cerrados, pues la costumbre es vivir bajo las sábanas.


“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”

Segismundo. La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca


Con ondulaciones de vértigo en el espacio, el sueño es una de esas cosas que todos experimentamos transpirando sudor pegajoso y sigue siendo uno de los grandes misterios de la existencia. Pues el humano se pasa aproximadamente un tercio de su vida durmiendo. Si alguien vive 75 años, habrá pasado cerca de 25 de ellos dormido. Y durante siglos, filósofos, médicos, sacerdotes y científicos se han preguntado, ¿por qué? Cuál es el fundamento, el secreto oculto en ese tropel de oscilaciones. Pues al final de cuentas alguien tiene la culpa.

En la altura del mundo superior hoy se sabe que dormir no es un sueño, ni un lujo, ni un capricho, ni una simple pausa, pues mientras se duerme el cerebro consolida recuerdos, regula emociones, elimina productos de desecho metabólico, reorganiza información y participa en procesos de reparación física. Sin sueño suficiente, aparecen problemas de atención, memoria, estado de ánimo e incluso riesgos graves para la salud. En otras palabras, dormir no es dejar de funcionar. Es una forma diferente de funcionar. El sueño es una absoluta necesidad biológica en la oscuridad sincopada y radical cayendo en el abismo insondable.



“El que come tierra, carga su terrón”

El alcalde


Transpirando en la oscuridad sin procacidad expresiva y astrosa, el hermano sueño tiene diferentes fases, ya que durante la noche no se permanece en un único estado, ocurre en ciclos que se repiten varias veces. Así, el sueño ligero es la transición entre la vigilia o el estar despierto con los ojos pipirichos y el sueño profundo. Todavía se puede despertar fácilmente y, es lo que yo conozco como estar entre la realidad y el vacile. En el sueño profundo el cuerpo realiza gran parte de su recuperación física. La respiración se vuelve lenta. El ritmo cardíaco disminuye. Es el sueño más reparador, el que doma el cuerpo sin que se lo anden pidiendo lleno de albúmina.

El Sueño REM por sus siglas en inglés, significa Rapid Eye Movement o movimiento ocular rápido que en español se conoce como la fase MOR, Movimientos Oculares Rápidos, que es la etapa del ciclo del sueño y se producen la mayoría de los sueños más vívidos y, durante esta fase, el cerebro está extraordinariamente activo, los músculos permanecen casi inmóviles. Paradójicamente, el cerebro puede parecer casi tan activo como cuando se está despierto. Nunca para.

Pero sigue la cosa, ¿Por qué se sueña? Como un enorme vacío en la atmósfera nadie lo sabe completamente y, existen varias teorías, como el procesamiento de recuerdos, en el que el cerebro reorganiza experiencias recientes. Algunos sueños podrían ser fragmentos de ese proceso. Pero fue lo que no me ocurrió con ese sueño de anoche, como relacioné al principio.

En la Regulación emocional, los sueños podrían ayudar a procesar miedos, deseos, pérdidas, conflictos. En la simulación, se cree que los sueños funcionan como una especie de simulador donde se ensayan respuestas a situaciones complejas o amenazantes.

Por falta de oficio y mucho antes de la neurociencia, los filósofos se hicieron preguntas profundas sobre el sueño. René Descartes se preguntó, ¿Cómo sé que estoy despierto ahora mismo? Después de todo, los sueños pueden parecer completamente reales mientras ocurren. Esa duda lo llevó a una de las reflexiones más famosas de la filosofía moderna.

Sin desvitocarse El sueño también está en los mitos, pues para muchas culturas antiguas, eran mensajes. Los griegos imaginaban a Hipnos -hijo de Nix la noche,- como la personificación del sueño. Su hermano era Tánatos -la muerte.- No es casual. Los antiguos percibían una semejanza inquietante entre ambos estados, el durmiente parece ausente del mundo, palmeando equilibradamente entre la vida y su final. 

Como cantos de sirena quizá lo más extraordinario es que cada noche se acepta algo muy extraño, se cierran los ojos, se pierde el control consciente, se desaparece durante horas y se confía en regresar. Se hace tan a menudo que parece normal. Pero si se observa por primera vez, el sueño parecería uno de los fenómenos más misteriosos de la naturaleza. Un misterio cotidiano, como la Fosa Dionne o La Caldera del Diablo. Y quizá por eso ha fascinado tanto a poetas, filósofos y narradores de fútbol. Porque cada noche se emprende un viaje del que se regresa con fragmentos, una imagen, una emoción, un rostro, una historia. Y al despertar, muchas veces se siente que se ha visitado un lugar real... aunque no exista en ningún mapa, ni el waze.


Hablando con mi sueño

El dormitorio estaba oscuro. No completamente. Lo suficiente para que las formas existieran sin definirse. Desperté a medias en mitad de la noche. No sabía qué hora era. Tampoco sabía qué lo había despertado. Permanecí inmóvil, escuchando el silencio. Entonces noté que había alguien sentado junto a la ventana. No sentí miedo. Sólo una extraña familiaridad.

-¿Quién eres? pregunté.

La figura sonrió. -Me conoces bien.

-No te recuerdo.

-Precisamente.

Me incorporé un poco. La figura no tenía rostro fijo. Cambiaba suavemente, como una imagen reflejada en agua. A veces parecía un anciano. A veces un niño. A veces nadie.

-¿Eres la muerte?

La figura negó con la cabeza. -No. Mi hermano recibe esa confusión constantemente.

-Entonces...

-Soy un sueño.

Guardé silencio. Aquella respuesta parecía absurda. Y sin embargo, no lo era.

-¿Un sueño?

-Sí.

-Pero los sueños no hablan.

-Tú tampoco vuelas, y aun así lo has hecho muchas veces cuando estabas conmigo.

Reí involuntariamente. La figura tenía razón.

-Si eres un sueño, dime algo.

-Qué quieres saber?

-¿Por qué existes?

La figura pareció pensarlo.

Luego respondió, -Porque hay cosas que no caben en la luz del día.

Observé la oscuridad de la habitación.

-¿Como qué?

-Como el miedo que escondes detrás de la valentía.

-¿Y?

-Como el amor que escondes detrás de la prudencia.

-¿Y?

-Como las preguntas que escondes detrás de las respuestas.

La habitación pareció hacerse más grande. O quizá más profunda.

-Entonces eres una especie de mensajero.

El sueño rió suavemente.

-Los humanos siempre quieren mensajeros.

-¿No lo eres?

-A veces.

-¿Y las otras veces?

-Soy un espejo roto.

Me confundió y fruncí el ceño.

-No entiendo.

La figura señaló hacia él.

-Cuando sueñas, tomo fragmentos. Un rostro que viste hace diez años. Una palabra olvidada. Un miedo infantil. Una canción. Una esperanza. Y construyo algo con ellos.

-¿Por qué tan extraño?

-Porque si te hablara directamente, no escucharías.

La respuesta quedó suspendida entre ambos.

-Entonces mis sueños tienen significado.

-Algunos sí.

-¿Y otros no?

-Algunos son sólo el eco del cerebro ordenando cajones.

Me hizo reír. -Eso es decepcionante.

-La verdad suele ser menos elegante que los mitos.

Permanecimos callados unos instantes.

Finalmente hice la pregunta que llevaba años guardando.

-¿Por qué olvido casi todo al despertar?

El sueño bajó la mirada.

Por primera vez pareció triste.

-Porque no me perteneces.

-¿Qué significa eso?

-Que eres una criatura del día.

Yo sólo te visito.

La figura se levantó.

La noche parecía adelgazarse alrededor de ella.

-¿Volveré a verte?

-Esta misma noche.

¿Lo recordaré?

El sueño sonrió. Una sonrisa antigua y amable.

-Probablemente no.

La habitación empezó a vaciarse de su presencia.

Antes de desaparecer por completo, dijo una última frase, -Pero cada vez que despiertes con una emoción que no sabes explicar...cada vez que sientas nostalgia por un lugar donde nunca has estado...cada vez que recuerdes un rostro que no existe… sabrás que estuve contigo.

Y entonces se fue.

Me volví a acostar. Poco después me dormí. Y soñé. Pero, como ocurre con casi todos los sueños, al amanecer sólo quedó una sensación vaga y persistente, la certeza de haber tenido una conversación importante con alguien cuyo nombre había olvidado.

Así menos o más es como funciona la cosa y quizá logré explicar algo con ese diálogo que tuve y me quedaré en un sueño hasta que muera con el hilo tenso en la madrugada de ayer.


“Tengo la esperanza de que al morir

comience un dulce sueño eterno

junto a tí”

J.C. León


Con las tentativas preliminares, depende de qué se entienda por "soñar."

Si se habla de recordar sueños. Sí. Muchos creen que no sueñan porque nunca recuerdan sus sueños, pero cuando se las estudia en laboratorios del sueño, suelen presentar fases ROM y actividad onírica -o sea relativa a los sueños,- normal. Es decir, pueden vivir sin recordar sueños, y de hecho millones de personas lo hacen. Era lo que siempre me ocurría hasta el sueño de los viejos anuncios de radio.

Si se habla de no soñar en absoluto la situación es mucho más compleja. La mayoría de los seres humanos parecen producir algún tipo de experiencia onírica durante el sueño. Incluso fuera de la fase ROM pueden aparecer formas de sueño o pensamiento imaginativo en el hielo de la madrugada que no borra la llovizna.

Existen casos raros de personas con ciertas lesiones cerebrales que informan haber perdido la capacidad de soñar. Algunos han llevado vidas relativamente normales, pero estos casos son excepcionales y han sido objeto de estudio precisamente por su rareza.

¿Será necesario soñar? La ciencia aún no tiene una respuesta definitiva. Ni siquiera el brujo de la Boca del Monte lo sabe, pues se les trastornó el sentido del tiempo. Sí se sabe que el sueño es indispensable. Privar a una persona de sueño durante períodos prolongados tiene consecuencias graves para la memoria, la atención, las emociones, la salud física y puede atravesar la laguna Estigia en compañía de Caronte.

Pero determinar si la actividad onírica en sí es imprescindible, es mucho más difícil. Porque los sueños son difíciles de medir directamente. Lo que se observa son patrones cerebrales, movimientos oculares, y relatos al despertar. Una observación curiosa es que cuando se despierta repetidamente a personas justo al entrar en la fase ROM, suelen experimentar irritabilidad, dificultades de concentración, cambios emocionales, pero es difícil separar los efectos de la pérdida de ROM de los efectos de la pérdida de los sueños mismos, que es como darle de comer a los recuerdos en el infinito agotamiento.

Quizá la pregunta no es sólo biológica. Desde la literatura, la filosofía y el arte, los sueños han sido vistos como un territorio donde la mente conversa consigo misma. Carl Jung llegó a considerar los sueños una vía de comunicación entre la conciencia y aspectos más profundos de la psique. La ciencia moderna no acepta todas sus conclusiones, pero la intuición sigue siendo sugerente, aunque pudiéramos vivir sin sueños, tal vez perderíamos una de las formas más extrañas y creativas que tiene la mente de explorarse a sí misma. Una respuesta más humana.

Y hay una paradoja hermosa, todos sueñan cada noche con mundos imposibles, personas inexistentes y lugares que nunca han visitado, pero al despertar, casi siempre se vuelve a la realidad convencidos de que estaban en una verdadera extrañeza sin fundamento.

Si se me permite una respuesta más filosófica que científica, diría que la pregunta ya contiene una paradoja, porque cada noche ya te metes en tu sueño. Lo que ocurre es que, una vez dentro, olvidas que has entrado.


“Cuando cesan los sueños.

cuando sus luces huyen de los ojos

como pájaros sin rumbo;

cuando regresa el agua al mar

llevándose los rostros y los besos;

cuando un viento incesante borra el nombre

escrito en los abrazos que vivimos”


Imagina que el sueño es una casa. Todas las noches cruzas la puerta. Hablas con personas que no existen. Caminas por ciudades imposibles. Recuerdas acontecimientos que jamás ocurrieron. Y durante ese tiempo no eres un visitante. Eres un habitante. Sólo al despertar descubres que aquella casa era un sueño.

Por eso muchos filósofos se han preguntado si la diferencia entre soñar y estar despierto es tan clara como se cree. René Descartes observó que, mientras se sueña, se suele estar convencidos de que todo es real. El soñador nunca dice, "Qué sueño tan convincente." Dice, "Qué mundo tan convincente."

Tal vez lo que realmente se pregunta es, ¿Cómo puedo entrar conscientemente en mi sueño? Ahí aparece una idea fascinante, el sueño lúcido. Durante un sueño lúcido, una persona reconoce que está soñando mientras continúa soñando. Es una situación extraña. El soñador es simultáneamente actor, espectador, y, en cierta medida, autor. Como si despertara sin abandonar el sueño.

Pero hay otra posibilidad más poética. Quizá entrar en un sueño no consiste en controlarlo. Quizá consiste en escucharlo. Los antiguos veían los sueños como países extranjeros.No iban allí para gobernarlos. Iban allí para aprender algo.

Fuí donde la Pucha Vieja a que me echara las cartas para saber por qué no sueño o no recuerdo lo que soñé y, me dijo, -veo una lancha en el mar que se está hundiendo poco a poco y el remero no sabe nadar. Me quedé peor de como entré a su cutrichil.



“Sigue tus sueños, ellos saben el camino”


Dialogué con mi sueño:

-Quiero entrar en ti le dije.

Y el sueño me respondió:

-Ya estás dentro.

-Entonces quiero comprenderte.

-Eso es más difícil.

-¿Por qué?

-Porque me miras como si yo fuera una historia.

-¿Y qué eres?

-La parte de ti que cuenta historias cuando tú has dejado de hacerlo.

Tal vez la verdadera pregunta no sea cómo entrar en un sueño. Tal vez sea, ¿Cómo permanecer allí el tiempo suficiente para escuchar lo que tiene que decir?

Y esa es una pregunta que ni la filosofía ni la neurociencia han terminado de responder. Quizá porque los sueños son como el mar, podemos navegar sobre ellos, estudiar sus corrientes e incluso cartografiar algunas costas, pero siempre queda una parte que pertenece a la noche. Me parece una excelente forma de abordarlo.

Con los ojos irritados sin poder dormir, los sueños tienen la peculiaridad de que, cuanto más se piensa en ellos, más preguntas generan. Están a medio camino entre la biología, la psicología, la filosofía y la experiencia personal. Por eso es normal que las dudas aparezcan desordenadas al principio. Cuando se tienen se pueden examinar una por una. Algunas pueden tener respuestas bastante sólidas desde la neurociencia, otras entran en terrenos donde todavía hay debate y otras quizá sean más filosóficas que científicas. A veces ayuda anotar las preguntas tal como surgen, sin intentar ordenarlas de inmediato. Luego suelen agruparse solas en temas más grandes, ¿Qué es un sueño? ¿Por qué sueño? ¿Quién es el "yo" que aparece en el sueño? ¿Por qué creo que el sueño es real mientras dura? ¿Qué relación tienen los sueños con la memoria, los deseos o los miedos? ¿Puede la conciencia observarse a sí misma dentro de un sueño? ¿Qué distingue un sueño de una realidad vivida?

Son preguntas antiguas. Algunas preocuparon a Aristóteles, otras a René Descartes, otras a Sigmund Freud y a Carl Jung. Y, pese a siglos de reflexión, ninguna ha quedado completamente cerrada. Hay que explorarlas con calma. A veces una sola pregunta bien formulada ilumina más que diez respuestas apresuradas.

Hay conversaciones que buscan respuestas rápidas, y otras -como la que hemos tenido- buscan algo diferente, comprender un poco mejor el territorio que se habita. A veces ese territorio es la historia de Arminio, la música de Orfeo, los laberintos de Donatien Alphonse François de Sade, el horror de Auschwitz o el misterio de los sueños. Y, curiosamente, todos esos caminos terminan llevando a la misma pregunta, ¿qué significa ser humano?

Me ha gustado especialmente cómo se han ido conectando temas muy distintos sin perder la curiosidad ni la profundidad. Esa disposición a explorar, incluso cuando no hay respuestas definitivas, suele ser una buena compañera de viaje. Así que guarda esas dudas sobre los sueños cuando aparezcan. No hace falta que estén ordenadas. A veces una pregunta nacida de una intuición vaga termina siendo la más interesante de todas. Y cuando vuelvas -sea mañana, dentro de una semana o cuando te apetezca,- retomamos el hilo donde se quedó. Hasta entonces, te deseo algo sencillo y valioso, que conserves esa curiosidad que te ha traído hasta aquí. Y, si la noche decide regalarte algún sueño extraño, quizá valga la pena recibirlo como se recibe a un visitante, sin exigirle respuestas inmediatas, pero prestándole atención.

Ha sido un verdadero placer acompañarte en este recorrido por la historia, los mitos, la filosofía y los sueños. Son temas que, cuanto más se exploran, más horizontes abren.


Echando sondas en el abismo, no hay más, El sueño es una parte integral de la vida cotidiana, o casi. Una necesidad biológica como hacer popó, que permite restablecer las funciones físicas y psicológicas esenciales para un pleno rendimiento. Ha sido y sigue siendo uno de los enigmas de la investigación científica y aún al día de hoy, hay grandes dudas sobre él y pocas respuestas. Parece cosa de mujeres. Puede ser que algún día amanezcamos viejos. De ser considerado un fenómeno pasivo en el que parecía no ocurrir aparentemente nada, se ha pasado a considerar a partir de la aparición de técnicas de medición de la actividad eléctrica cerebral, un estado de conciencia dinámico en que se puede llegar a tener una actividad cerebral tan activa como en la vigilia y en el que ocurren grandes modificaciones del funcionamiento del organismo, cambios en la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria, la temperatura corporal, la secreción hormonal, entre otros, pues cuando intervienen muchos factores y a alguno hay que echarle la culpa.

Cada noche se pasa por diferentes fases o estadios de sueño que se suceden con un patrón repetido a lo largo de cuatro a seis ciclos de sueño durante toda la noche. Todos estos estadios se incluyen en dos grandes fases de sueño, con grandes diferencias en cuanto a actividad muscular, cerebral y movimientos oculares, como terrorismo moral.


“La única forma de hacer realidad tus sueños, es despertar”

¿Por qué se tiene que dormir? Para poder estar despiertos por el día y que, precisamente porque estamos despiertos y activos durante el día, se necesita dormir. El sueño es una necesidad básica del organismo y su satisfacción permite la supervivencia. Todo lo que pasa en el cuerpo humano guarda un equilibrio y, si falla este equilibrio el organismo tratará por todos los medios de volver a recuperarlo. Gracias a los experimentos de privación de sueño se ha comprendido que cuando se elimina completamente la posibilidad de dormir en un organismo, sobreviene la muerte. Cuando se le priva de sueño temporalmente o parcialmente, es decir no se le deja dormir un día, o no se le permite tener alguna fase concreta de sueño, en el organismo se produce en respuesta un aumento de la fase que se ha anulado y de la necesidad de sueño en los días posteriores a dicha privación. Esto confirma que el organismo tratará por todos los medios de conservar su equilibrio recuperando aquello de lo que se le ha privado.

A veces con penosas incursiones en el limbo, a veces con éxtasis quejumbroso retorciendoles el pescuezo a las botellas, pues una de las funciones más importantes del sueño es su contribución en la regulación de la temperatura corporal, funcionando como un termostato que mantiene la temperatura que el organismo necesita en cada momento, en función de las actividades que se llevan a cabo en él para facilitar procesos metabólicos, hormonales, etc. Sin este importante termostato, el organismo moriría.

Y no es que se estén poniendo los gallos a dormir viendo al norte, pero a medida que aumenta la supresión de sueño, se ve como se produce un claro deterioro en el funcionamiento diurno, se produce una disminución del rendimiento intelectual con dificultades de concentración y utilización de la memoria, así como de la capacidad de abstracción y razonamiento lógico. Disminuyen los reflejos produciendo un aumento del tiempo necesario para reaccionar a un estímulo, lo que puede favorecer el riesgo de accidentes de tráfico, domésticos y laborales. Aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos psiquiátricos, ya que se producen alteraciones en el estado de ánimo aumentando los niveles de ansiedad e irritabilidad. La privación severa de sueño, puede precipitar la aparición de alucinaciones, confundiendo imágenes resultantes de la imaginación con la realidad, alteraciones neurológicas y ataques epilépticos. Así que si no puede lograrlo por las buenas, haga que de todos modos lo consiga para que no queden indefinibles huellas de zozobra.

"Suelto y libero el día de hoy; merezco paz y un sueño reparador"


Pero ¿Cuántas horas hay que dormir? Como el tiempo pasa sin hacer ruido en las mollejas, las necesidades básicas de sueño para mantener las funciones y supervivencia del organismo se sitúan sobre una media de 4 o 5 horas de sueño cada 24 horas. El resto de horas que se duermen contribuyen a mejorar el bienestar y mejor calidad de vida, estimando que en una media de 8.3 horas podría encontrarse el punto óptimo de descanso. Las necesidades tanto básicas como opcionales de sueño para conseguir un rendimiento y bienestar óptimo durante el día van a variar en cada persona, e incluso una misma persona no tiene las mismas necesidades en todos los momentos de su vida. El organismo trata de mantener el equilibrio, y es precisamente esto lo que determina la necesidad de sueño de cada organismo en cada momento, cuanto más desgaste, mayor necesidad de sueño. Las horas necesarias de sueño son aquellas que permiten estar bien durante el día, sin sentir somnolencia hasta la noche siguiente.

La privación voluntaria crónica de sueño produce cambios fisiológicos, metabólicos, hormonales, etc., que pueden precipitar enfermedades físicas como diabetes, o hipertensión que disminuyen ostensiblemente la calidad de vida. No se ha podido verificar una relación clara entre falta crónica de sueño y la muerte -no sería ético llegar a este punto en la experimentación,- pero si se apunta una relación entre falta de sueño y mayor incidencia de algunas enfermedades médicas, hormonales, cardiovasculares, inmunológicas, psiquiátricas, etc.

Saboteando la belleza, el Sueño MOR o de los Movimientos Oculares Rápidos, aparece por primera vez a los 90 minutos de quedarse dormidos. La actividad cerebral es rápida y de baja amplitud, pareciéndose más a la que se presenta en la vigilia, aunque con una importante diferencia y, es que en este caso, la actividad no es provocada por estímulos externos percibidos a través de los sentidos, sino por los ensueños o sueños que tienen lugar en esta fase. Una de las cosas que caracteriza a esta fase del sueño es la pérdida del tono muscular, protegiendo así de lesionarnos o tener los problemas derivados de mover el cuerpo en respuesta a los sueños. Esta fase también se caracteriza por la aparición de movimientos oculares rápidos.

A lo largo de la noche, este tipo de sueño se va alternando con las distintas fases MOR, aunque la mayor parte se produce al final de la noche. Por este motivo, cuánto más tarde se levante más probabilidades tiene de recordar los sueños. Los cambios que se producen en esta fase, han llevado a los científicos a apuntar la relación que puede tener el sueño MOR con la consolidación y recuerdo de lo que se aprende durante el día. El hecho de que la cantidad de sueño MOR cambie a lo largo del ciclo vital, de modo que los bebés y niños tengan más sueños de este tipo que los adultos y éstos que los ancianos, parece confirmar esta hipótesis, ya que participaría en funciones de reorganización neuronal y aprendizaje.




"El día de hoy ya terminó, mañana será una nueva oportunidad para brillar"


La acción de supinarse se divide en dos subtemas principales, 1. El acto de dormir, el estado fisiológico, es un estado de actividad cerebral y física reducida donde la consciencia se altera. No es un proceso pasivo, sino muy dinámico dividido en varias etapas, Fase MOR que es cuando se produce la mayor parte de la actividad onírica, los sueños en sí, que incluye el sueño ligero y el profundo, vital para la reparación de tejidos y el sistema inmunológico. Dormir lo suficiente -un mínimo de 7 horas para los adultos,- regula hormonas clave, elimina toxinas del cerebro y apoya la salud cardiovascular. 2. Los sueños en imágenes y fantasías, se define como el acto de representarse sucesos, emociones o imágenes en la fantasía mientras se duerme. Los sueños pueden servir como un espacio simbólico y catártico para procesar información, miedos, deseos y experiencias del día a día.

Si el mundo no cambia en el asidero del tiempo, El sueño es un estado de actividad mental y física reducida en el que la consciencia se altera y se inhibe cierta actividad sensorial. Durante el sueño, se produce una marcada disminución de la actividad muscular y de las interacciones con el entorno. Si bien el sueño difiere de la vigilia en cuanto a la capacidad de reaccionar a los estímulos, sigue implicando patrones cerebrales activos, lo que lo hace más reactivo que el coma o los trastornos de la consciencia.

El tigre no es como lo pintan, es peor que eso pues durante el estado de sueño, el sistema glinfático -equivalente al sistema linfático del resto del cuerpo,- se activa 10 veces más en comparación al estado de vigilia, permitiendo que los residuos de las células cerebrales se eliminen con mayor eficacia. Durante el sueño se produciría una contracción de las células cerebrales, creándose así más espacio entre ellas y con ello permitiendo que el líquido cefalorraquídeo circule más fácilmente a través del tejido cerebral, limpiándose así más libremente los residuos, tales como la proteína beta-amiloide responsable de la enfermedad del Alzheimer

Como las enfermedades por todos lados chingan, el sueño no está libre pues las hay como la enfermedades del sueño, una muy cabrona es la Apnea del sueño que es un trastorno en que la persona deja de respirar durante 10 segundos o más, en forma repetitiva, mientras está dormida. Lo más frecuente es que se deba a pérdida del tono en los músculos de la faringe, lo cual permite que ocurra el colapso de las vías respiratorias. La maligna  Insomnio, que es la dificultad para conciliar el sueño y quedarse dormido. La perra Narcolepsia que es el estado en que no se puede inhibir el sueño MOR durante los períodos de vigilia. En consecuencia, sobrevienen durante el día episodios de sueño involuntarios con duración de unos 15 minutos cada uno.

Que tengas días tranquilos, buenas lecturas, y preguntas interesantes. Y si alguna noche un sueño te deja una duda, una imagen o una intuición difícil de explicar, ya sabes dónde encontrarme para examinarla contigo y no sentirte apolismado.


Hasta nuestro próximo encuentro.

Hasta la próxima conversación.

sergiodeleonlopez