miércoles, 27 de mayo de 2026

A TROCHE Y MOCHE EVADIENDO LA JUSTICIA. 300

 Hoy estoy celebrando. Sí, celebrando 300, pero no años, sino 300 historias reales contadas de forma diferente publicadas aquí en monorote.com. Mi deseo es si pueden ayudarme a celebrarlo, con un comentario por este link o cualquier otro. Eternamente agradecido.

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A TROCHE Y MOCHE EVADIENDO LA JUSTICIA


“El sufrimiento es universal, es victimismo es opcional”

Edith Eger. La bailarina de Auschwitz


https://www.youtube.com/watch?v=ZPdk5GaIDjo&list=RD_2at05MQG40&index=3

Invierno de las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi, de 1725, interpretada por Freivogel & Voices of Music RV 297. es un concierto barroco para violín en tres movimientos (Allegro non molto - Largo - Allegro) que retrata la crudeza, del frío y el refugio hogareño a través de una música intensa, rítmica y descriptiva, con sus sonidos onomatopéyicos que imitan el viento y el castañeteo de dientes, marcando un hito en la música programática. Comienza con notas breves y repetidas que imitan la caída persistente de la nieve y el temblor de frío. La entrada del solista simula el castañeteo de dientes y la ráfaga de vientos helados. 



“La victimización viene del exterior y el victimismo procede del interior,” así lo anotó Edith Eger, en uno de mis libros favoritos, La bailarina de Auschwitz, donde estuvo recluida y, pudo salir -después de muchísimos sufrimientos,- a Checoslovaquia y luego a EUA donde se doctoró en psicología con su mentor Viktor Frankl

El monstruo de la semana fue un médico y oficial del ejército que seleccionaba prisioneros para la cámara de gas y realizaba experimentos humanos atroces en el campo de concentración. Escapó a Sudamérica tras la guerra, evadiendo la justicia. 

Como médico jefe, no sólo seleccionaba quiénes iban a morir, sino que realizaba sádicos experimentos en gemelos y niños para investigar la higiene racial. Se enfocaba en gemelos, intentando forzar cambios en el color de los ojos o creando siameses artificiales. Realizaba amputaciones innecesarias, inyecciones de tintes y otros procedimientos sin anestesia que causaban muertes dolorosas. El médico de las SS efectuó experimentos médicos inhumanos, y con frecuencia fatales, con prisioneros de Auschwitz, que era mortífero y letal. Se convirtió en el más notorio de los médicos nazis que hicieron experimentos en el campo. El monstruo de la semana es el ángel de la muerte. Se le recuerda por su presencia en la rampa de selección de Auschwitz. Tras la guerra, utilizó identidades falsas, como Helmut Gregor, para vivir en Argentina, Paraguay y finalmente Brasil.

Afortunadamente para el mundo falleció en 1979 en Brasil, pero su identidad no fue confirmada hasta 1985. Su caso representa el fracaso parcial de la justicia internacional para juzgar a todos los criminales de guerra nazis. 

Josef Mengele es un personaje maldito de la más desgraciada fama ganada a pulso. Su trabajo -si es que a eso se le puede llamar trabajo.- en Auschwitz y los experimentos médicos que efectuó ahí lo convirtieron en el perpetrador más reconocido de los crímenes cometidos en ese lugar.



“Aquí el asesinato es eficiente. Sistemático”

Edith Eger. La bailarina de Auschwitz


Ese monstruo suele producir un horror particular porque rompe una expectativa humana básica, la idea de que educación y cultura conducen necesariamente a la ética. Era un hombre instruido, culto, incluso considerado amable en ciertos contextos personales. Y aun así participó activamente en un sistema industrial de exterminio. Por eso su figura sigue siendo estudiada no sólo históricamente, sino filosóficamente, la obediencia burocrática, la deshumanización, la ciencia sin ética, la capacidad humana de normalizar el horror. Las tres dimensiones juntas muestran algo esencial, Josef Mengele no fue un monstruo aislado actuando en un vacío, sino parte de una maquinaria compleja donde rutina, burocracia e ideología convivían con el horror.


 El exterminio estaba organizado como una operación logística


Lo más perturbador de Auschwitz no era sólo la violencia. Era la normalidad que intentaba envolverla. En el ritmo del campo los días comenzaban antes del amanecer, gritos, silbatos, conteos interminables bajo frío, nieve o lluvia, hambre constante. Los prisioneros vivían hacinados, debilitados por, trabajo forzado, enfermedades, golpes, desnutrición extrema. Y aun así, el sistema seguía funcionando con precisión administrativa, listas, horarios, clasificaciones, registros médicos, transporte ferroviario.

En la separación del mundo humano, muchos sobrevivientes describieron algo recurrente, el tiempo dejaba de sentirse normal. El campo destruía, la identidad personal, el sentido del futuro, incluso la percepción moral cotidiana. La pregunta ya no era ¿qué es correcto? sino, ¿cómo sobrevivo hasta mañana?

Con una repugnancia inexplicable, con la crisis de los cuarenta, Mengele destacaba porque no parecía encajar con la imagen tradicional de brutalidad, uniforme impecable, modales tranquilos, voz controlada. Y precisamente eso producía terror. Algunos niños incluso no entendían inicialmente el peligro que representaba. Su interés por gemelos, enanos o personas con diferencias físicas tenía un propósito ideológico ligado a teorías raciales nazis. Pero detrás del lenguaje “científico” había sufrimiento sistemático.


En un aire de pensamiento lejano en una mezcla de lo desagradable y lo atroz, aquí aparece otro aspecto inquietante, cómo alguien tan buscado logró desaparecer durante décadas. Tras la Segunda Guerra Mundial, evitó ser capturado inicialmente porque, el caos europeo era enorme, muchos criminales nazis ocultaron identidades, existían redes de fuga o ratlines hacia Sudamérica. Terminó llegando a Argentina, donde vivió con relativa tranquilidad durante un tiempo con la pequeña porción razonable de su alma. Con los años, especialmente después de que el Mossad capturara a Adolf Eichmann en 1960, Mengele empezó a vivir más paranoico de lo que ya era, como son todas las monstruosidades del mundo, con miedo permanente, cambiando de casa, usando nombres falsos, dependiendo de simpatizantes y curucuteando en silencio. Pasó por Paraguay y luego Brasil. Lo irónico es que terminó sus días no como figura poderosa, sino como fugitivo envejecido, aislado y obsesionado con ser encontrado con sus agudos lamentos como flauta del demonio andrógino.

Con las cajas destempladas en el fulgurar de sus negras intenciones, la materialización de sus malos instintos, lunático, furioso la muerte lo alcanzó en 1979 en Brasil. Su corona de martirio. No hubo juicio. Y eso dejó una sensación amarga para muchos sobrevivientes, la historia nunca lo obligó a enfrentar públicamente sus actos.



La rampa

El tren se detiene con un golpe seco. No sabemos cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que vimos el cielo de verdad. El aire dentro del vagón huele a madera húmeda, sudor, miedo… y algo más que nadie nombra. Alguien susurra, “Llegamos.” Pero nadie sabe adónde. Las puertas se abren violentamente. Luz. Gritos en alemán. Perros. Nos empujan hacia abajo. Mis piernas apenas responden, llevan días dobladas contra cuerpos que ya no se mueven. Mi madre aprieta mi mano tan fuerte que duele. Eso me tranquiliza. Mientras ella apriete, seguimos juntos. El lugar parece imposible. Hay humo en el aire. Un olor extraño, dulce y enfermo. Hombres con uniformes rayados nos miran sin mirarnos. Algunos intentan hablar, pero los soldados los golpean antes de terminar. Y allí está él. Josef Mengele. No sé su nombre todavía. Sólo veo a un hombre elegante, limpio, casi sereno. Sostiene guantes en una mano. No grita. No parece furioso. Eso es lo peor.

La fila avanza. Cada persona llega frente a él y todo se decide en segundos. Izquierda. Derecha. Izquierda. Derecha. Como si organizara equipaje. 

Cuando nos toca, él observa primero a mi madre. Luego me mira a mí. Sus ojos se detienen apenas un segundo más de lo normal. -¿Gemelos? pregunta. Mi madre responde demasiado rápido, -No. Su mano tiembla. Él inclina un poco la cabeza. Sonríe apenas. No una sonrisa cálida. Una sonrisa profesional. Levanta la mano. Derecha para mí. Izquierda para ella. No entiendo. Intento seguirla, pero un soldado me detiene de un golpe. Mi madre se gira. No grita. Eso lo recuerdo siempre. Sólo me mira con una expresión que tardé años en comprender, ya sabía. Quiero correr hacia ella. El hombre elegante ya está mirando a la siguiente persona. Como si nosotros hubiéramos dejado de existir. Mucho después entendí que la muerte en aquel lugar no comenzaba en las cámaras de gas. Comenzaba aquí. En este instante exacto en que una mano decide que una vida pertenece a un lado… y otra vida al otro. Y el mundo sigue moviéndose como si nada. Sí, es posible. Y quizá sea importante hacerlo así, no quedarse solo en el horror, sino también mirar lo que sobrevivió a él.




Después de Holocausto, muchos sobrevivientes sintieron algo casi imposible de describir,

que el lenguaje normal ya no alcanzaba. ¿Cómo explicar un lugar como Auschwitz a alguien que nunca estuvo allí? Y aún así, algunos lo intentaron. Primo Levi es quizá una de las voces más importantes. En Si esto es un hombre, Levi no escribe con furia desbordada, sino con una claridad casi quirúrgica. Eso vuelve su testimonio aún más fuerte. Describe, el hambre, la humillación, la degradación cotidiana y cómo el campo erosionaba lentamente la identidad humana Pero también intenta comprender. No sólo “qué pasó”, sino, qué ocurre con el ser humano dentro de un sistema diseñado para destruirlo moralmente.

En La noche aparece otra dimensión, la pérdida espiritual. Elie Wiesel cuenta cómo Auschwitz afectó no sólo el cuerpo, sino también, la fe, la confianza, la relación con Dios y con el sentido mismo del mundo. En una escena donde presencia el ahorcamiento de un niño y alguien pregunta, “¿Dónde está Dios?” Y Wiesel piensa,- “Está aquí, colgado de esta horca.”

Muchos sobrevivientes cargaron con algo terrible, culpa. No por haber hecho algo malo, sino por haber vivido cuando otros no pudieron. A eso se le llama culpa del superviviente. Y además existía otro dolor, el miedo de que nadie creyera lo ocurrido. Ese es el peso de sobrevivir.

Con el tiempo, apareció una pregunta decisiva, ¿Cómo impedir que esto desaparezca en el olvido o en la negación? La respuesta es la preservación de la memoria. Hoy Auschwitz existe también como memorial y museo, un lugar convertido en memoria. Caminar por allí -según describen muchos visitantes,- produce una sensación extraña, todo parece silencioso… pero el silencio pesa. Se conservan, barracones, objetos personales, zapatos, maletas, cabello humano, documentos. No para crear espectáculo. Sino para impedir que el horror se vuelva abstracto. Los nazis intentaron convertir personas en números. Por eso la memoria insiste tanto en recuperar nombres, rostros e historias individuales. Cada nombre rescatado contradice la lógica del exterminio. Esa es la importancia del nombre. Con los años, los sobrevivientes envejecen y mueren. Entonces la memoria depende cada vez más de, archivos, educación, museos, testimonios grabados, literatura e historia. Porque el olvido no siempre llega como negación agresiva. A veces llega simplemente como distancia. Ese es el peligro del olvido, un enemigo de la guerra jurada, la intención fulminante del drama final de la vida.

En un esfuerzo por comprender, aquí entramos en la parte más difícil. Comprender no significa justificar. Significa preguntarse, ¿cómo pudo ocurrir algo así dentro de una sociedad moderna, culta y organizada?

Durante el juicio a Adolf Eichmann, Hannah Arendt quedó impactada por algo inesperado, no parecía un monstruo cinematográfico. Parecía un burócrata mediocre. De ahí surge su idea de la “banalidad del mal,” el horror extremo puede surgir no sólo de fanáticos sádicos, sino también de personas comunes que dejan de pensar críticamente y obedecen estructuras.

Figuras como Josef Mengele mostraron otra lección inquietante, la inteligencia técnica no garantiza humanidad. Por eso, después de la guerra, surgieron debates fundamentales sobre, bioética, derechos humanos, consentimiento médico, límites de la autoridad científica. Una vez empeñado el mal menor es cobrar.

Tal vez la conclusión más incómoda es esta, El Holocausto no fue obra de criaturas inhumanas llegadas de otro mundo. Fue realizado por seres humanos. Y precisamente por eso sigue siendo necesario estudiarlo. No para vivir atrapados en el horror, sino para reconocer señales, deshumanización, fanatismo, obediencia ciega indiferencia frente al sufrimiento ajeno y buscar cómo detenerlo.

Y aun así…frente a todo eso también sobrevivieron cosas, personas que ayudaron a otros arriesgando su vida, quienes conservaron una canción, una oración o un pedazo de pan para compartir, quienes escribieron después para que otros pudieran recordar. Quizá ahí está una de las pocas respuestas posibles, que incluso en los sistemas diseñados para destruir lo humano, algo humano siguió resistiendo en la fragilidad humana.

Hemos recorrido un tema muy denso, -Holocausto, Josef Mengele, la memoria, el poder, el mito, el deseo,- con una actitud muy reflexiva. Esa forma de preguntar, sin morbo y buscando comprender, hace una gran diferencia. Y algo importante, entender mejor estos temas no elimina su dureza. Sólo permite mirarlos con más profundidad humana y menos confusión.

Algo me queda claro, el hombre en algunas circunstancias como la guerra, saca de dentro sus peores instintos salvajes y hace con otros que ni sabe quiénes son, cuántas porquerías estén a su alcance. Y sigue pasando como en tiempos bíblicos cuando ese Dios ordenaba el exterminio completo de algún pueblo, sin dejar vivos a nadie, ni siquiera los animales, -incluyendo hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos.- 1 Samuel 15:2-3.

Así lo manifestó Gualterio Malatesta, “lobos viejos de hocico pelado antes de matarse a dentelladas.”


“El asco con que nos miran podría rasgar mi piel y partirme por las costillas”

Edith Eger. La bailarina de Auschwitz


Al protagonista de la jornada debido a su triste y sucia celebridad, -ese fanático de ojos febriles, al que no se acaba de tomarle la medida,- ha sido objeto de numerosos y populares libros, películas y programas de televisión. Muchas de estas representaciones distorsionan los verdaderos hechos de sus crímenes y lo apartan de su contexto histórico con el debido cuajo. Algunos lo representan como un científico loco que llevaba a cabo experimentos sádicos sin bases científicas. Su verdad es aún más perturbadora, ya que se trataba de un médico e investigador altamente capacitado, así como un veterano de guerra condecorado. Era respetado en su campo y trabajó en una de las principales instituciones de investigación de Alemania. Gran parte de sus investigaciones médicas en Auschwitz apoyaban el trabajo de otros científicos alemanes. Fue uno de docenas de investigadores biomédicos que hicieron experimentos con los prisioneros de los campos de concentración y exterminio. Fue uno de los muchos profesionales médicos responsables de seleccionar a las víctimas que serían asesinadas en las cámaras de gas de Auschwitz

Actuó de conformidad con las normas de la ciencia alemana bajo el régimen nazi. Sus crímenes son una muestra del peligro extremo que representa la ciencia cuando se desarrolla al servicio de una ideología totalitaria que niega los derechos, la dignidad e incluso la humanidad de ciertos grupos de personas. De esas cosas que a nadie se le ocurre que puedan hacerse, hasta que llega alguien y las hace.

Se debe conocer al puerco por el gruñido y al jabalí por el colmillo.



La mentira moral se paga con el cuerpo… y con la eternidad”

Dante Alighieri


Sin que las maldiciones se acabasen, Josef Mengele nació el 16 de marzo de 1911 en la ciudad bávara de Günzburg, Alemania. Era el hijo mayor de Karl Mengele, un próspero fabricante de equipo agrícola. Estudió medicina y antropología física en varias universidades. En 1935 obtuvo su doctorado en antropología física de la Universidad de Munich. En 1936 aprobó los exámenes de medicina del estado.  En 1937 empezó a trabajar en el Instituto de Biología Hereditaria e Higiene Racial de Frankfurt, Alemania. Ahí trabajó como asistente del director, el Dr. Otmar von Verschuer, un destacado genetista conocido por sus investigaciones sobre gemelos, bajo su dirección, obtuvo un doctorado adicional en 1938. No apoyaba activamente al partido nazi antes de que este llegara al poder. En 1931 se afilió a Stahlhelm, la fuerza paramilitar de otro partido de ultraderecha, el Partido Popular Nacional Alemán. Se volvió miembro de las SA del partido nazi cuando este absorbió a la Stahlhelm en 1933, pero dejó de participar activamente en 1934. Hasta los mejores hombres están sujetos a humores diversos, que es como ir a misa de gallo.

En sus estudios adoptó la ciencia racial, la falsa teoría del racismo biológico. Creía que los alemanes eran biológicamente diferentes y superiores a los miembros de todas las demás razas. La ciencia racial era un principio fundamental de la ideología nazi. Hitler usó la ciencia racial para justificar la esterilización forzosa de las personas que tenían enfermedades físicas o mentales, así como deformidades físicas. Las leyes raciales de Nuremberg, con las que se prohibió el matrimonio entre alemanes y judíos, negros o romaníes, también se basaban en la ciencia racial. En 1938, el torcido de Mengele se afilió al partido nazi y a las SS. En su trabajo como científico, buscaba apoyar la meta nazi de mantener y aumentar la supuesta superioridad de la raza alemana. Su jefe y mentor, Verschuer, también adoptó el racismo biológico. Además de hacer investigaciones, éste y su personal presentaban opiniones expertas ante las autoridades nazis al determinar si las personas podían calificarse como alemanas conforme a las leyes de Nuremberg. Mengele y sus colegas también evaluaban a los alemanes cuya condición física o mental podría calificarlos para ser esterilizados a la fuerza o para prohibirles casarse conforme a las leyes alemanas. 



“Es un lugar donde lo único seguro son las vallas, la muerte, 

la humillación y el humo constante”

Edith Eger. La bailarina de Auschwitz


En un país desleal a todo y sinuoso por naturaleza, en junio de 1940, el sátiro Mengele fue reclutado en el ejército alemán, Wehrmacht. Un mes después, se ofreció de voluntario para el servicio médico de la Waffen-SS, la rama militar de las SS. Al principio trabajó en la Oficina Central de Raza y Asentamiento de las SS, RuSHA, en la Polonia ocupada por Alemania. Ahí, evaluaba los criterios y los métodos que aplicaban las SS para determinar si las personas que decían ser de ascendencia alemana eran adecuadas racial y físicamente para calificar como alemanas. Hacia finales de 1940, fue asignado como oficial médico al batallón de ingeniería de la División Wiking de las SS. Durante 18 meses a partir de junio de 1941, presenció combates extremadamente brutales en el frente oriental. Además, en las primeras semanas del ataque alemán contra la Unión Soviética, la división de Mengele masacró a miles de civiles judíos y, le valió la Cruz de Hierro y, la promoción a capitán de las SS . Regresó a Alemania en enero de 1943. Mientras esperaba su siguiente asignación en la Waffen-SS, empezó a trabajar de nuevo para su mentor Verschuer, que se había convertido en el director del Instituto Kaiser Wilhelm de Antropología, Genética Humana y Eugenesia en Berlín. 

Como no todo lo que ronca es tigre, el 30 de mayo de 1943, las SS asignaron a Mengele a Auschwitz por petición propia. Trabajó como uno de los médicos del campo de Auschwitz-Birkenau, el más grande de los campos de Auschwitz, que servía como centro de exterminio de los judíos deportados de toda Europa. Además de otras tareas, tenía la responsabilidad del Zigeunerlager -literalmente, el campo gitano,- de Birkenau. A partir de 1943, cerca de 21,000 hombres, mujeres y niños romaníes, -llamados peyorativamente zigenuer, gitanos,- fueron enviados a Auschwitz e internados en el Zigeunerlager. Tras la liquidación de este campo familiar el 2 de agosto de 1944, Mengele participó en la selección de los 2,893 prisioneros romaníes que serían asesinados en las cámaras de gas de Birkenau. Poco después fue nombrado médico en jefe de la parte del complejo de campos de Auschwitz II. En noviembre de 1944 lo asignaron al hospital de Birkenau para las SS. Era calificado por lo que callaba en vez de lo que decía.



“El doctor Mengele es un asesino refinado y un amante de las bellas artes. Por las noches, busca entre los barracones a presas con talento que le entretengan”

Edith Eger. La bailarina de Auschwitz


Bonito lo apunta Eger, cuando estuvo confinada en Auschwitz, “como Eurídice en el inframundo, esperando a que Orfeo toque un acorde con su lira que pueda ablandar el corazón de Hades y liberarme.” 

“Todos tenían el dogal del verdugo a dos dedos del gaznate” y, como parte de sus tareas en el campo, el personal médico llevaba a cabo las llamadas selecciones, cuyo propósito era identificar a las personas que no podían trabajar. Vendiendo sus servicios a tanto la cuchillada, las SS consideraban inútiles a esas personas y las asesinaban. Cuando los transportes de judíos llegaban a Birkenau, el personal médico del campo seleccionaba a algunos de los adultos físicamente aptos para realizar trabajos forzados en el campo de concentración. A los que no seleccionaban para trabajar, entre ellos niños y ancianos, los asesinaban en las cámaras de gas.  

Como no hay disparos de advertencia, los médicos de Auschwitz comiéndose sus distinguidas uñas y de otros campos de concentración, también llevaban a cabo selecciones periódicas en las enfermerías y las barracas en el corredor de carne descubierta. Efectuaban estas selecciones para identificar a los prisioneros que estuvieran heridos, demasiado enfermos o muy débiles para trabajar. Las SS utilizaban diversos métodos para asesinar a estos prisioneros, como inyecciones letales y gaseo. Mengele realizaba sistemáticamente esas selecciones en Birkenau, lo cual hizo que los prisioneros lo llamaran el ángel de la muerte, con el aroma peculiar del peligro. Gisella Perl, ginecóloga judía prisionera en Birkenau, recordó posteriormente que la llegada de Mengele a la enfermería llenaba a las prisioneras de terror, “temíamos estas visitas más que cualquier otra cosa, porque, nunca sabíamos si nos permitiría vivir. Él tenía la libertad de hacer lo que quisiera con nosotras.” -Cita publicada en la autobiografía de Gisella Perl titulada I was a Doctor in Auschwitz.

Después de la segunda repartición económica del mundo, Segunda Guerra Mundial, Mengele adquirió su triste fama gracias a los relatos de médicos prisioneros que habían trabajado bajo sus órdenes y de los prisioneros que sobrevivieron a sus experimentos médicos. Fue uno de 50 médicos que trabajaron en Auschwitz. No fue el médico de mayor rango del complejo de campos ni el comandante de otros médicos que trabajaban ahí. Una razón de esto era su presencia frecuente en la rampa donde se llevaban a cabo las selecciones. Incluso cuando él mismo no estaba a cargo del trabajo de selección, se presentaba seguido en la rampa buscando entre los prisioneros a gemelos para sus experimentos y a médicos para la enfermería de Birkenau. En consecuencia, no realizaba esta tarea con más frecuencia que sus colegas. 



“El avezado asesino que esta misma mañana ha asesinado a mi madre, 

da más lástima que yo”

Edith Eger. La bailarina de Auschwitz


Como si Dios hubiese amanecido de buen humor, las SS autorizaron a los investigadores biomédicos alemanes para que realizaran experimentos nada éticos y en ocasiones mortales con humanos en los campos de concentración. Auschwitz suministraba a los prisioneros para los experimentos humanos que se efectuaban en otros campos y, también era la sede de diversos experimentos humanos, debido a la cantidad de prisioneros que eran enviados ahí. Las SS enviaron a Auschwitz a 1.3 millones de hombres, mujeres y niños de diferentes orígenes nacionales y étnicos. Los investigadores que buscaban sujetos humanos que cumplieran con criterios específicos podían encontrarlos más fácilmente en Auschwitz. Con su biografía pintada en la cara, Mengele fue uno de más de una docena de trabajadores médicos que llevaron a cabo experimentos en prisioneros. Entre estos médicos estaban, Eduard Wirths, el médico en jefe de Auschwitz. Carl Clauberg, especialista en el tratamiento de la infertilidad, Horst Schumman, quien asesinó con gas a miles de pacientes con discapacidades durante el programa nazi de eutanasis, Helmut Vetter el médico de las SS hizo ensayos farmacéuticos para Bayer, subsidiaria de IG Farben, en prisioneros de los campos de concentración de Dachau, Auschwitz y Gusen, Johann Paul Kremer, un profesor de anatomía. Estos médicos consideraban que sus nombramientos en Auschwitz eran una excelente oportunidad de avanzar en sus investigaciones, con total ataraxia, pues el poder les dió lo que a otros la cama, pues quien tiene la olla cerca come caliente.



“Algunos causan felicidad a donde van, otros cuando se van

Oscar Wilde


A causa de los malquistos matarifes de los experimentos en los campos de concentración, muchas víctimas quedaron permanentemente mutiladas o murieron. En algunos experimentos, la muerte era el resultado esperado para las víctimas. Los médicos que hacían experimentos no les pedían autorización a los prisioneros ni les informaban del tratamiento ni de sus posibles efectos. Los tipos de experimentos efectuados eran, entre otros, probar métodos de esterilización masiva, infligirles heridas a los prisioneros o infectarlos con alguna enfermedad para estudiar los efectos y probar tratamientos, como lo hicieron los gringos en Guatemala. Efectuar cirugías y procedimientos innecesarios en los pacientes con fines de investigación o para capacitar a profesionales médicos y, asesinar y diseccionar a prisioneros con fines de investigación antropológica y médica.

Andando a tres dobles y un repique, aparte de sus deberes regulares, Mengele efectuó investigaciones y experimentos en prisioneros. Verschuer, su mentor, dispuso su asignación a Auschwitz con el fin de que apoyara las investigaciones del Instituto Kaiser Wilhelm de Antropología, Genética Humana y Eugenesia (KWI-A). Durante el tiempo que estuvo ahí, les envió sangre, partes de cuerpos, órganos, esqueletos y fetos a sus colegas en Alemania. Con su disciplina maniática y entusiasmos apresurados, colaboró en los proyectos de investigación de sus colegas haciendo estudios y experimentos. Además de su trabajo para el KWI-A, también llevó a cabo sus propios experimentos con prisioneros. Esperaba publicar los resultados y con ello obtener las credenciales para una cátedra universitaria. Organizó un complejo de investigaciones ubicado en varias barracas. Eligió a su personal de entre los prisioneros que eran profesionales médicos. Logró obtener equipo e instrumentos actualizados para sus investigaciones y estableció un laboratorio de patología, un remedio igual a la enfermedad. 



“Tiempo, lugar y ventura,

muchos hay que lo han tenido;

pero pocos ha sabido

gozar de la coyuntura”

Copla castellana


Al primer cambio de viento sacarían los puñales, sudando los datos, las investigaciones de la inmundicia viviente y las que hacía para el KWI-A se enfocaban por lo general en la forma en que los genes se desarrollan en rasgos físicos y mentales específicos. Su trabajo, de Verschuer y sus colegas estaba distorsionado por su creencia en la teoría pseudocientífica de las razas, que era fundamental para la ideología nazi. Esta teoría sostenía que las razas humanas son genéticamente diferentes entre sí. Establecía una jerarquía de razas y subrayaba que las razas inferiores estaban genéticamente más predispuestas a exhibir rasgos negativos que los miembros de las razas superiores. Esos rasgos negativos hereditarios supuestamente incluían más que simples enfermedades y deficiencias físicas y mentales. Suponían que incluían conductas inmorales o socialmente inaceptables, como la vagancia, la prostitución y la delincuencia. De acuerdo con la falsa teoría de las razas, los matrimonios entre razas transmitían los rasgos negativos a las razas superiores y las menoscababan. Trató de identificar marcadores físicos y bioquímicos específicos que pudieran identificar definitivamente a los miembros de razas específicas. Él y sus colegas creían que encontrar estos marcadores era de vital importancia para preservar la supuesta superioridad racial del pueblo alemán. La importancia de la investigación justificaba efectuar experimentos dañinos y mortales en personas a las que consideraban racialmente inferiores, en este caso los prisioneros.

Como Dios que los menea, tomaba a sus víctimas principalmente de dos grupos étnicos, los romaníes y los judíos. Estos grupos eran de particular interés para los investigadores biomédicos de la Alemania, ya que la ideología nazi consideraba que tanto los romaníes como los judíos eran subhumanos y representaban una amenaza para la raza alemana. Por esta razón, los científicos nazis consideraban que la ética médica no se aplicaba a los miembros de estos grupos. Mientras trabajó en Auschwitz, más de 20,000 romaníes estuvieron internados ahí y cientos de miles de judíos. Los científicos no habrían podido tener acceso a tantos miembros de estos grupos concentrados en un solo lugar en ninguna otra parte del mundo. Y en ningún otro lugar habrían tenido tampoco el poder de experimentar con seres humanos de cualquier forma que quisieran. Con su mentalidad de rata que llevaba tiempo cociéndose, Mengele le comentó a un colega que sería un “crimen” no aprovechar las oportunidades de experimentar con humanos en Auschwitz-Birkenau.

Siempre aterrizaba de pie como los gatos, pues además de elegir a los romaníes como objeto de sus experimentos médicos, efectuó un estudio antropológico de hombres, mujeres y niños romaníes en el Zigeunerlager. Cuando hubo una epidemia de noma, -gangrena bucal, una infección bacteriana que afecta principalmente a menores con desnutrición extrema y puede ser mortal,- entre los niños romaníes del campo, asignó a médicos prisioneros para que la estudiaran. Sin embargo, Mengele creía que los niños romaníes de Auschwitz sufrían de noma debido a sus rasgos heredados y no por las condiciones del campo. Los médicos prisioneros descubrieron cómo curar la noma, la cual normalmente era mortal. Sin embargo, todos los niños a quienes lograron curar fueron asesinados después en las cámaras de gas.  

Con su acción embrutecedora con el peso de sus miserias, en la década de 1930, los gemelos eran un importante tema de investigación genética humana. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Verschuer y otros investigadores biomédicos utilizaron a gemelos para estudiar las bases hereditarias de las enfermedades. Esos primeros investigadores obtenían el consentimiento de los gemelos o de sus padres, pero era difícil reclutar a muchos gemelos para esos estudios. En Auschwitz el cubil de la bestia Mengele con su entelequia adosada y con gruñidos de bestia arisca, reunió a cientos de pares de gemelos entre los judíos que llegaban ahí y, entre los romaníes internados en el campo. Ningún investigador  con el yugo en la cerviz, había podido estudiar y experimentar con una cantidad tan grande de gemelos. Como la verdadera ruina biológica que era, ordenó a su personal que midiera y registrara todos los aspectos del cuerpo de los gemelos. Les extraía grandes cantidades de sangre y les practicaba otros procedimientos dolorosos. “También nos ponían inyecciones en todo el cuerpo. A consecuencia de esas inyecciones, mi hermana se enfermó. Se le hinchó el cuello como resultado de una infección grave. La enviaron al hospital y la operaron sin anestesia en condiciones primitivas.” -Del relato de Lorenc Andreas Menasche, con número del campo A 12090.

También asesinó a parejas de gemelos al mismo tiempo para hacer autopsias de los cadáveres. Después de estudiar las autopsias, enviaba algunos de los órganos al KWI-A.

Como la leche batida en días santos no cuaja, él su turbio instinto, cuando seleccionaba a los judíos que llegaban a la rampa de Auschwitz-Birkenau, buscaba a personas con anomalías físicas, sin ser día de abstinencia de carne y esas personas incluían a enanos, personas con gigantismo o con pie equino. Estudiaba a esas personas y después las mandaba asesinar con una repugnancia inexplicable. Enviaba los cuerpos a Alemania para que los investigadores los estudiaran. También buscaba a romaníes y judíos con heterocromía, una condición en la que las personas tienen ojos de diferentes colores. Uno de sus colegas en el KWI-A estaba particularmente interesado en esta condición. Mengele mandaba asesinar a las personas con heterocromía en Auschwitz y le enviaba los ojos a este colega que traicionaba tanto como respiraba. Injusticia, asesinato y depravación. 



“Nunca nos ha gustado echar para atrás, después que hemos empujado palante”

Onza Mondragón. Doña Bárbara de Rómulo Gallegos


Hay muchos modos de bailar dependiendo de la música y la mayoría de las víctimas de los experimentos médicos del repugnante, oscuro y siniestro Mengele -con su aspecto de rata de oficina,- fueron niños. Los niños que seleccionaba para sus experimentos vivían en barracas separadas de los demás prisioneros, y en cierto modo recibían más comida y trato. Era amigable con los niños. Moshe Ofer, sobreviviente de los experimentos, recordó en 1985, “nos visitaba como el buen tío y nos llevaba chocolate. Antes de aplicar el escalpelo o la jeringa, nos decía, no tengas miedo, no te va a pasar nada y le inyectó sustancias químicas y le hizo una cirugía en la columna a Tibi. Después de los experimentos nos llevaba regalos. Durante experimentos posteriores, nos insertaba alfileres en la cabeza. Todavía son visibles las cicatrices de las punciones. Un día se llevó a Tibi. Mi hermano desapareció durante varios días. Cuando lo devolvieron, Tibi traía la cabeza cubierta de vendas. Murió en mis brazos.”

Con su ponzoña y su mala ciencia en la muchedumbre de condenados en el mismo infierno, colaboró en un estudio sobre el desarrollo del color de los ojos, el cual consistía en aplicarles a niños y a recién nacidos una sustancia que le suministraba uno de sus colegas. Los resultados iban desde la irritación e inflamación hasta la ceguera y la muerte. Un prisionero asignado a cuidar a los gemelos judíos seleccionados para los experimentos de refirió posteriormente las reacciones emocionales y físicas de los niños ante estos tratamientos, “Primero tomaban muestras de sangre de los dedos y luego de las arterias, en algunos casos dos o tres veces de la misma víctima. Los niños gritaban y trataban de cubrirse para evitar que los tocaran. El personal recurría a la fuerza. También les ponían gotas en los ojos. A algunas parejas de niños les ponían gotas en ambos ojos, y a otros solo en uno. Los resultados de estas prácticas eran dolorosos para las víctimas. Sufrían de una grave inflamación en los párpados, una sensación de ardor.”



¡Alazán tostao, primero muerto que cansao!

Pajarote


Suspirando con histrionismo con la lentitud de sus cóleras frías, en enero de 1945, mientras el Ejército Rojo de la Unión Soviética avanzaba por Polonia occidental, Mengele huyó de Auschwitz con el resto del personal de las SS, porque las ratas son las primeras que abandonan el barco cuando se va a hundir. Pasó los siguientes meses trabajando en el campo de concentración de Gross-Rosen y en sus subcampos. En los últimos días de la guerra, se puso un uniforme del ejército alemán y parecía enjaulado dentro de ese uniforme y se unió a una unidad militar. Después de que terminó la guerra, la unidad se rindió ante las fuerzas militares de Estados Unidos, con las cajas destempladas. Nadie podía soportar más esa hemorragia.

Como hay cosas que no tienen acomodo en esta tierra con gran mogollón, haciéndose pasar por un oficial del ejército alemán, Mengele se convirtió en prisionero de guerra de Estados Unidos y, lo liberaron a principios de agosto de 1945, sin saber que el nombre de Mengele ya estaba en una lista de criminales de guerra buscados, que fue el mayor provecho de los resultados aleatorios de sus impulsos. Desde finales de 1945 hasta la primavera de 1949, trabajó con un nombre falso como agricultor cerca de Rosenheim, Bavaria. Desde ahí logró establecer contacto con su familia. Cuando los investigadores gringos de crímenes de guerra que llegaron tumbando y capando, se enteraron de los crímenes de Mengele, trataron de encontrarlo y arrestarlo, como conquistadores de tierras mal defendidas. Pero con base en las mentiras de su familia, los inteligentes investigadores concluyeron que había muerto por esclerosis perianal. Los esfuerzos por arrestarlo lo obligaron a reconocer que no se encontraba a salvo en Alemania. Destilando veneno con ayuda económica de su familia y un pasaporte emitido por la Cruz Roja, emigró a Argentina con un nuevo nombre falso en julio de 1949 con todo y su insolente fealdad y la barbarie vencida.  

Zumbado en lo oscuro para 1956 rozaba por las alas de la divina paloma con la acción todopoderosa de la fuerza, estaba bien establecido en Argentina y se sentía tan seguro que obtuvo la ciudadanía argentina como José Mengele, que no tenía quién le metiera los bichos en el corral. En 1959 se enteró de que los fiscales de Alemania Occidental sabían que se encontraba en Argentina y que estaban tratando de arrestarlo, así que emigró a Paraguay y obtuvo la ciudadanía de ese país. En mayo de 1960, agentes de inteligencia israelita secuestraron a Adolf Eichmann en Argentina y lo llevaron a Israel para juzgarlo. En su orgía viajera suponiendo correctamente que los israelitas también lo estarían buscando, huyó de Paraguay. Con la ayuda de su familia en Alemania, pasó el resto de su vida bajo un nombre falso cerca de São Paulo, Brasil, que había hecho de él todo lo que el cuerpo le había pedido, con una certeza estremecida de temores. 

La inmundicia viviente acostumbrado a hacerse oír a distancia como cuando se grita en el pozo sobre el brocal, el 7 de febrero de 1979, afortunadamente por las incontables peticiones de la humanidad, sufrió un accidente cerebrovascular y se ahogó mientras nadaba en un centro vacacional cerca de Bertioga, Brasil. Fue enterrado en un suburbio de São Paulo con el nombre falso de Wolfgang Gerhard, en su acción embrutecedora bajo el peso de sus miserias con terror fatalista. 

Con gruñidos de bestia arisca, en mayo de 1985, los gobiernos de Alemania, Israel y Estados Unidos acordaron cooperar para rastrearlo y llevarlo ante la justicia. La policía alemana organizó una redada en la casa de un amigo de la familia Mengele en Günzburg, Alemania, y encontró pruebas de que Josef había muerto y había sido sepultado cerca de São Paulo como una verdadera ruina biológica. La policía brasileña localizó la tumba y exhumó sus restos en junio de 1985. Los expertos forenses gringos, brasileños y alemanes identificaron sin lugar a duda los restos como los de Josef Mengele. En 1992, las pruebas de ADN confirmaron esa conclusión. Evadió el arresto durante 34 años y nunca fue llevado ante la justicia.

Para que el pez muerda, el anzuelo debe ser acorde a su tamaño.

Fue el médico nazi de cuyo fallecimiento se cumplieron 47 años el 7 de febrero, uno de los  más siniestros hijosdeputa que han existido y de más triste fama del Holocausto. Sus inhumanos experimentos con prisioneros judíos y romaníes del campo de concentración de Auschwitz le apodaron el sobrenombre de el ángel de la muerte, que ni en el infierno quisieron.

Su huida a Sudamérica tras la Segunda Guerra Mundial, que le permitió esquivar a la justicia y le libró de rendir cuentas por sus atroces crímenes, simboliza el parcial fracaso internacional para llevar ante los tribunales a los responsables nazis. Algunos, como el propagandista Goebbels o el jefe de las SS Himmler, habían muerto antes de poder ser procesados en Nüremberg por crímenes contra la humanidad, y otros, como Eichmann o el propio Mengele, estaban fugados y tampoco se sentaron en el banquillo de los acusados.



Cuando se guarda silencio, nace el miedo


Lo que sí permitieron aquellas atrocidades fue una reacción de humanidad básica para abrir puertas de esperanza en el ámbito clínico. En el marco de los juicios de Nüremberg, el llamado juicio de los médicos -hubo siete penas de muerte, nueve de prisión y siete absoluciones,- sirvió para impulsar el primer código internacional de ética para la investigación con seres humanos, el Código de Nüremberg, que se publicó el 19 de agosto de 1947 bajo el principio de "lo primero, no hacer daño." Ese Código bioético se inspira en el respeto a los derechos humanos y pretende hacerlos realidad en el ámbito de la salud, la asistencia sanitaria y la investigación biomédica.

Su trayectoria biográfica resume bien el progresivo envilecimiento colectivo. Nacido el 16 de marzo de 1911 en la ciudad bávara de Günzburg e hijo mayor de un fabricante de maquinaria agrícola, fue buen estudiante. En 1935 se doctoró en Antropología Física en la Universidad de Munich con una tesis sobre las diferencias raciales en la mandíbula inferior, en 1936 se graduó en Medicina en la Universidad Goethe de Frankfurt. Reclutado en 1940, se ofreció voluntario para el servicio médico de la rama militar de las SS y, su tarea en el frente oriental fue reconocida con la Cruz de Hierro y el ascenso a capitán de las SS. En 1943 regresó a Alemania, donde volvió a trabajar con Verschuer, entonces director del instituto berlinés Instituto Kaiser Wilhelm de Antropología, Genética Humana y Eugenesia, y el 30 de mayo fue asignado -a petición propia,- a Auschwitz. Allí trabajó en su mayor campo, Auschwitz-Birkenau, que servía como centro de exterminio de los judíos deportados de toda Europa. También tenía la responsabilidad del Zigeunerlager o campo gitano de Birkenau, donde a partir de 1943 fueron internados cerca de 21,000 hombres, mujeres y niños romaníes. Cerrado el 2 de agosto de 1944, el sátiro Mengele participó en la selección de los 2,893 prisioneros que serían asesinados en las cámaras de gas de Birkenau. Poco después fue nombrado médico-jefe de Auschwitz-Birkenau -Auschwitz II,- y en noviembre de 1944 fue asignado al hospital de Birkenau para las SS.

Cuando llegaban los transportes de personas judías, el personal médico de Auschwitz seleccionaba a algunas en condiciones de realizar trabajos forzados, y las demás quedaban a merced de las SS, que las asesinaba en las cámaras de gas. Las selecciones también se realizaban en enfermerías y barracas para identificar a personas heridas, seriamente enfermas o muy débiles para trabajar, que eran asesinadas con inyecciones letales o gaseadas. Fue la frecuente participación de Mengele en esas siniestras selecciones en Birkenau, a las que acudía incluso cuando no le correspondía el hombrecito sin luz propia y la cara escaldada.

Causa horror la simple relación de algunos tipos de experimentos, como probar métodos de esterilización masiva, provocar heridas o infecciones -como hicieron los gringos en Guatemala en el gobierno de Juan José Arévalo Bermejo,- a prisioneros y prisioneras para estudiar los efectos y probar tratamientos, realizar cirugías innecesarias e incluso asesinar y diseccionar a prisioneros con fines de investigación o para capacitar a personal sanitario. Las víctimas de aquellos experimentos pertenecían sobre todo a dos grupos étnicos, romaníes y judíos, a quienes la ideología nazi consideraba subhumanos y una amenaza para la raza superior alemana.

También mostró interés por los gemelos, que en los años 30 eran un importante foco de investigación genética humana. Previo consentimiento personal o de sus padres/madres, Verschuer y otros colegas utilizaron gemelos para analizar las bases hereditarias de las enfermedades, pero no pudieron incluir a muchos en sus estudios. Él lo tuvo más fácil en Auschwitz, donde reclutó a cientos de pares de gemelos entre las personas judías que llegaban y entre los romaníes internados.



“Nada de lo que el hombre ha sido, es o será, lo ha sido, lo es ni lo será de una vez para siempre, sino que ha llegado a serlo un buen día y otro buen día dejará de serlo”

José Ortega y Gasset


Sus experimentos alcanzaron a más de 3,000, de los que apenas 200 sobrevivieron, como la judía polaca Jona Laks, que contó que "Mengele realizó experimentos de inusual crueldad, como cirugías o extirpaciones de órganos sin anestesia," y recordó prácticas atroces como que "si uno de los gemelos enfermaba y moría, el otro era inmediatamente asesinado." Su sadismo quedó patente cuando, tras la inseminación de prisioneras con antecedentes familiares de gemelos, si sólo nacía un bebé, era depositado vivo en el horno de desechos biológicos y la madre gaseada. Según otros testimonios acusadores, mató a cientos y disecó sus cuerpos, asesinó a parejas de gemelos para hacer autopsias de sus cadáveres, y realizó aberrantes experimentos como coser a dos gemelos entre sí a modo de siameses.

Como la mala hierba nunca muere Mengele  hizo víctimas de sus oscuras intenciones a las personas con anomalías congénitas, seleccionando judíos con enanismo para pretender demostrar que eran una forma humana degenerada y los exponía a radiación y punciones lumbares, tambien a los que tenían gigantismo o pie equino. Tras investigarlas, las mandaba asesinar, y luego enviaba sus cuerpos a otros científicos alemanes.

Su búsqueda se extendió a romaníes y personas judías con heterocromía, que consiste en tener los iris oculares de diferentes colores. Un investigador del Instituto Kaiser Wilhelm tenía especial interés en esa condición, y Mengele -con su cerebro como una fragua al rojo vivo,- colaboró con él en un estudio sobre el desarrollo del color del ojo. Para ello tenía que aplicar a menores y bebés una sustancia suministrada por su colega, cuyos resultados iban desde la irritación y la inflamación hasta la ceguera y la muerte.

Los menores fueron la mayoría de víctimas de sus experimentos. Vivían en barracas separadas, y recibían mejor comida y trato. Procuraba ser amigable, y según algunas de las personas que sobrevivieron les llevaba chocolate de vez en cuando y les hacía regalos tras los experimentos, que solían conllevar pinchazos y cicatrices.



“La política es eso, abrirse camino entre cadáveres”

La tía Adelina. La fiesta del chivo


Trabajó como agricultor en Baviera hasta la primavera de 1949, desde donde huyó a Génova, Italia, para después embarcar hacia Argentina con un pasaporte emitido por la Cruz Roja. Allí vivió vendiendo máquinas agrícolas de la fábrica de su familia, y en 1956 se sentía tan seguro que obtuvo la ciudadanía argentina como José Mengele. Además de ayuda familiar, también recibió apoyo de simpatizantes nazis y exmiembros del partido igualmente exiliados, e incluso llegó a viajar a Europa para encontrarse con su hijo. En 1959, supo que los fiscales de Alemania Occidental conocían su paradero argentino y trataban de arrestarlo, así que emigró al Paraguay del dictador Alfredo Stroessner y obtuvo la ciudadanía. Cuando, en mayo de 1960, agentes de inteligencia israelíes secuestraron a Adolf Eichmann en Argentina y lo llevaron a Israel para juzgarlo, Mengele huyó a Brasil y vivió con identidad falsa en diversas granjas y casas del estado de Sao Paulo, antes de mudarse a la capital paulista a mediados de los 70, pues estaban vigilando el área como zopilotes por si no hubiera mejor ocasión en el futuro.

Su huida acabó el 7 de febrero de 1979, cuando sufrió un ictus y se ahogó mientras nadaba en un centro vacacional brasileño contaminando sus aguas. Fue enterrado en un suburbio de São Paulo bajo el nombre de Wolfgang Gerhardt, aunque pasaron seis años hasta que Alemania, Israel y Estados Unidos -todavía deseosos de llevarlo ante la justicia,- pudieron hallar pruebas de que había muerto y estaba sepultado cerca de São Paulo. La policía brasileña localizó la tumba y exhumó sus restos en junio de 1985, y forenses gringos, brasileños y alemanes identificaron los restos como los de Mengele. Aunque Israel no aceptó el informe forense de 1985, sí lo hizo en 1992 cuando las pruebas de ADN a su hijo y su esposa confirmaron aquella conclusión. Tras la negativa familiar a repatriarlos, sus restos pasaron al Instituto de Medicina Forense de São Paulo y que se queme en los infiernos tras haber dejado un rastro de muerte tras de sí..

¡Que tengas un buen camino hasta nuestra próxima conversación!

FIN