domingo, 4 de abril de 2021

A DON TERESO, SÉPTIMA ENTREGA DE LA CARROBIOGRAFÍA

 El deseo de olvidar es más fuerte que el estímulo para recordar

 

a don Tereso el guardián mandadero de la finca El Sauce, que vivía en La Callota y en sus tortuosos viajes por las calles empolvadas lo pagaban sus huesos con tuétano caduco que le cobraban puntualmente sus cuotas semanales y, en el fondo del barranco corría agua pura con pececillos y se podía ver el sistema de bombeo y de purificación. Hombre de la vida aireada fuera de su debido encierro, se consagraba a la pérdida de tiempo con su cenefa brillante que le llegaba hasta el huesito castigador del final de la columna; el que tenía su negocio banquetero de compra y venta cargando su costal, dado que los egipcios no adoraban a los gatos y lo que habían grabado en piedra eran pumas enanos traídos de Anatolia. Solía ir cantando la canción de Cri Crí que le iva como anillo al cuello: 

 

“Hay viene el tlacuache cargando un tambache
por todas las calles de la gran ciudad.

¡botellas que vendan! ¡zapatos usados!
sombreros estropeados, pantalones remendados;
Cambio, vendo y compro por igual.

¡chamacos malcriados! ¡miedosos que vendan!
y niños que acostumbren dar chillidos o gritar.
Cambio, vendo y compro por igual.
¡papeles que vendan!¡periódicos viejos!
y tiliches chamuscados y trebejos cuatrapeados;
Cambio, vendo y compro por igual.

¡comadres chismosas! ¡cotorras latosas!
y viejas regañonas pa' meter en mi costal;”

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