miércoles, 3 de marzo de 2021

TERCERA CONTINUIDAD DE LA CARROBIOGRAFÍA

 

Nuay enfermo que dure cien años, ni enfermedad que le plante el guante

 

    Vivíparo bípedo hijo de sus papaces un animal sin costumbres, de sangre fría necesita del sol para calentar su central de energía más rápido que de prisa en un mundo creado torcido que no se puede enderezar, nacido con prisa lo pusieron en una cuna de metal donde aprendió a chiliguinear solito y somataba la pared colindante con ritmo de chachachá, y los vecinos se quejaron que el motor encendido toda la noche no los dejaba dormir, así que la cambiaron de lugar, porque el movimiento circadiano no podia detenerse y no alterar el ritmo de los astros y que no hubieran catástrofes en el mercado negro y, su hermanita mayor lo quizo hacer churrasco prendiendo una fogata bajo la cuna, con la premisa sustine abstine de Epícteto, y así quedó ahumado in eternum como que fuera zunte en semana santa sólo que sin el palo atravesado en el culo, haciendo gárgaras como que se le fueran a heder las narices por no secarse el pelo y, ya tenía la independencia pero ahora no sabía que hacer con ella porque la verdad cambia de dueño vendiéndose al mejor postor y, sí, Pedro fue el traidor y 3 veces. 

 

Si te ví no me acuerdo, mañana morirá como Dios manda

 

Ay por 1957 una noche de 31 de diciembre al despertarse encontró que la casa estaba abandonada y sólo se oían los sonidos del silencio, pues toda la familia había salido a ver los nacimientos del Tata Chus que se hacían en las casas y las iglesias y, tal fue su susto y soledad montuna, que encontró sobre la mesa del comedor una botella de Marsalla al Huevo, la cual haciéndole ojitos de vení acá lo sedujo y no quedó más que probar un tragüito y así de probadita en probadita se fue consumiendo la botella, hablando de vinos y traiciones despertando la vena guarera ancestral. Al regresar a las 11:45, su hermana segunda lo encontró tambaleando y lo fue a acostar después de un candoroso regaño y le dijo: “por haberte tomado la botella, no te voy a volver a hablar hasta el próximo año” y él llorando y chorreando mocos le suplicaba que no lo hiciera, faltando sólo unos 10 minutos para en nuevo año.

 

“Yo tenía tanta rosa de alegría, tanto lirio de pasión, que entre mano y corazón el Niño no me cabía…”

José María Pemán

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