lunes, 11 de septiembre de 2017

LA INDIE PENDENCIA

LEÉ QUE CHULADA
LA INDIEPENDENCIA© Copyright 2017
LO MÁS CHILERO del 15 d septiembre, es que el 16 ya nadie se acuerda de la patria y todo el cuento que se hace alrededor. Es igual al 11 de mayo, que de la nana ya nadie se acuerda.
La Historia del país permite conocer aspectos de la situación social y política no dependiente de España a la cual se denominó “independencia”. Las personas llamadas “próceres” fueron miembros de la oligarquía (sistema de gobierno en la que el poder está en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada que domina con poder y dinero) criolla (mezcla de indio y español) y española que se recetaron para sí mismos los beneficios de una economía “libre” de la autoridad española.
El acta de independencia de Guatemala es el primer documento oficial que excluye de manera directa al pueblo, pues en su artículo 1º. dice: “Que siendo la Independencia del gobierno Español, la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el señor Jefe Político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”.

Las 53 personas que se reunieron por orden del Presidente de la Real Audiencia, Gobernador y Capitán General Brigadier Gabino Gaínza fueron Diputados Provinciales; Ayuntamiento de Guatemala; la Iglesia Católica de Guatemala; Curas Rectores de Parroquias, Universidad de San Carlos de Borromeo; Cuerpos Militares; Audiencia Territorial (lo que hoy sería el Organismo Judicial); y el Colegio de Abogados, que evidencia que sólo asistieron quienes pertenecían al aparato estatal, religioso, militar y profesionales liberales. Y como políticos invocaron el nombre del pueblo, justificaron su acción para beneficio del pueblo, pero sin la representación real del pueblo.
No existió un movimiento ilustrado original en la Capitanía General de Guatemala que alentara la Independencia; es un mito decir que después de 1821 nació una nueva nación, pues más bien se utilizó el corte administrativo heredado de los españoles borbónicos, el cual conjuntaba regiones poblacionales mucho más heterogéneas que homogéneas; y es un mito pensar que somos una nación independiente.
El nacionalismo, el sentido de pertenencia y la identidad aparecen en la población guatemalteca muy pocas veces, y una de esas únicas pocas veces es el 15 de septiembre, pues se gritan consignas que ni ellos mismos entienden y sólo se hace por lo divertido que suele ser, con el falso orgullo, y lo que importa es ir a ver un desfile militaroide, y ahora con lo ridículo de las bandas escolares tocando ritmos que se oyen estúpidos. Todo influido por los que ejercen el poder porque son ellos los que escriben la historia oficial.
Luego del acto de los traidores Guatemala y los otros 4 países CA, se anexaron a México, liderados por la familia Aycinena que todavía hoy anda haciendo de las suyas. Ese día los criollos lograron su victoria, pues erradicaron toda, toda, toda la legislación que databa de la conquista y se recetaron una nueva que jugara con sus intereses. Así, se repartieron las mejores tierras de cultivo, desplazaron de nuevo a los indios, los dejaron sin protección legal y de esa cuena quedaron grandes vacios de tierras, que hasta el dia de hoy ocasionan grandes conflictos entre las poblaciones. La clase criolla (mezcla de indios con españoles) logró su independencia de la corona, así que fue de ellos no del país, que es el cuento que se nos ha vendido por años. Su única intención era convertirse en los dominadores y explotadores de las personas y tierras del país.
Ese día lo que sucedió fue un intercambio de poderes. El poder socio-económico le fue quitado a los melenguliadores reyes españoles y se lo tomaron ellos para sí mismos, que los convirtió en los nuevos explotadores oficiales de los indios y del resto de grupos derivados del mestizaje. La dependencia, las indignas condiciones de miseria y la circunstancia de conquistados en las que vivía y vive la mayoría de la población se mantenían, sólo que ahora con nuevos explotadores, que a partir de entonces iban a dominar, explotar y enriquecerse a costillas del trabajo y la producción de sus dominados. Todos han sido procesos sociales oscuros, de poco desarrollo que son parte de la construcción histórica del país.

“Así es la vida de los pueblos, amarga y dulce, pero su lucha lo resuelve todo humanamente. Por ello, patria, van a nacerte madrugadas, cuando el hombre revise luminosamente su pasado.” Otto René Castillo

No se habla de los motivos políticos y económicos que originaron ese movimiento. La verdadera razón no se encuentra en la ansiada libertad y autodeterminación del pueblo, sino en la necesidad criolla de acabar con los tributos de la corona y de expandir el mercado que se encontraba limitado por España para ellos. La estructura colonial, en donde los indios fueron absolutamente esclavizados, siguió exactamente igual, sólo que con nuevos mandamaces.
La colonia fue la formación y consolidación de una estructura social que no ha sido revolucionada todavía, y a la que pertenecemos en muy considerable medida. Basta salir un poco de la hipertrófica ciudad capital de Guatemala, para ver la colonia en todas partes.
La educación, recurso más importante de la clase dominante para la reproducción del sistema, está diseñada para que honremos a sus benefactores y para ignorar las causas de las injusticias económicas, sociales y políticas en nuestro país. Atrincherados en la aceptación de un mito, jamás se podrá avanzar como nación.
Según revela Cabezas Carcache, el Plan Pacífico es un documento encontrado de donde se calcó finalmente el Acta de Independencia, que fue ideado por la familia Aycinena, que para 1821 tenía gran parte del control del comercio que salía de Centroamérica para España. Debido a las insurrecciones en San Salvador, León y Granada (en Nicaragua), y en Totonicapán, se temía que hubiera un cambio social brusco y que las familias dominantes perdieran el control que les convenía. Esto se vio reflejado en el acta de Independencia, cuando se escribió que la justificación de la emancipación era “para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”.
Un hecho resaltante, que menciona Cabezas Carcache, es que el mito de que hubo fiesta, cuetes y marimba en la Plaza Mayor, el 15 de septiembre de 1821, no fue cierto. Dolores Bedoya de Molina, esposa de Pedro Molina, uno de las “plumas a sueldo” de los Aycinena, al ver que los representantes no se convencían de firmar el Acta, mandaron a traer una marimba y quemaron cuetes, para hacer creer a los de adentro que el pueblo estaba respaldando, así como hacer que la gente se interesase. La estrategia no sirvió porque los capitalinos no se interesaron.
De hecho, según testimonio de Miguel García Granados, que para 1821 era patojo, recuerda que ese día fue a la Plaza Mayor, a shutear los cuetes, pero vio que no había nada, y se regresó. Recuerda también que más tarde, una lluvia torrencial afectó a la capital, lo que hizo que la gente se resguardara en sus casas.
La mayoría de representantes que apoyaban la no independencia, se retiraron de la reunión, incluido el arzobispo Casáus y Torres, que se había empeñado en condenar todo acto de emancipación. Una vez se había retirado la oposición, y que sólo algunos intelectuales conservadores, como José Cecilio del Valle, se habían quedado, los proindependentistas tenían el camino libre. Los conservadores apenas lograron imponer en el Acta que, ante la falta de quórum, se proclama la Independencia, pero que posteriormente se convocaría a una Asamblea para que decidiera el destino del istmo. Sin embargo, esto se truncó con la anexión a México, la cual era el verdadero objetivo del Plan Pacífico.
Para Cabezas Carcache, ya para muchos resulta conveniente continuar manteniendo a los firmantes del acta de independencia como “héroes y próceres”, y no desnudarlos como pseudointelectuales y mercenarios de ideologías y pluma.

Como siempre, Rosinante amigo, tomá tu tamborcito, poné tu banderita y andá a ver tu desfile militaroide, celebrando un triunfo de un grupúsculo, que se repartió el país, por si creés que con eso haces patria y seguro, seguro, el 16 ya ni te acordarás de tu indiependencia, sólo quedará el dolor de patas y las calles shucas de basura.

¿Cómo la ves disdiay poray?
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