Hoy es de hacer homenaje al personaje de la semana, un lugar único que es especial para la historia de Guatemala, historia que puedes leer y disfrutar en monorote.com, que puedes abrir en el link o en cualquier buscador como Google, Safari, Firefox, DuckDuckGo, en donde puedes, si te es posible, dejar un comentario, que es de lo que vive este sitio. Gracias por siempre.
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LAS CONSECUENCIAS COBRARÁN SU PRECIO
Esto es demasiado grande para que quepa en una sola escena
Pero no fue no fue otra cosa que una idea.
El que muere nunca sabe quién fue el que dió la orden
Quien tenga problemas de estómago, que no entre.
Espere hasta que se le bajen las palpitaciones porque esto tiene sus vuelos y está chungo.
Salir de lo común no significa tirarse de cabeza por el acantilado.
Proemio
Aquí a 23 sonrisas por galón como ágrafo pero con muchos recherches, el asunto que nos ocupa es que empezamos sabiendo que el personaje de la semana tiene 626 años de historia en las alforjas y, el Pop Wuj anota que los ancestros habían venido junto con sus divinidades desde un lugar lejano, estableciendo Q’umarkaj en el Posclásico Tardío hacia el año 1,400, bajo la autoridad de los gobernantes Ajpop Q’uq’umatz y Aj pop Q’amja C’otuja del linaje más poderoso Nimá k’iche, ciudad que se constituyó en la capital política del K’iché Vinak o pueblo k’iche, con sabor a gloria.
Estando fuera de mi liga mireusté, la elección de la ubicación del lugar fue por la variedad y riqueza del medio natural, el cual nos sobreabunda, ya que está construida sobre un promontorio defensivo, en un lugar estratégico rodeado de barrancos pero a corta distancia de riachuelos que la proveían de agua. Una ciudad en un espacio de menos de un kilómetro cuadrado, en la cercanía de los ríos Motagua y Chixoy para el comercio fluvial de esa zona echándole afición al desvelo, pues ya venían arrastrando las guerras desde el norte y tenían que tomar todas las precauciones que el bendecido asunto merece, aunque así quedó establecido el mapa de la tragedia.
Y para que el asunto encaje, en el período Posclásico Tardío entre 1225 y 1524 en las mesetas occidentales que forman la Sierra de Chuacús, los tres linajes principales Nimá K’iché, Tamub e Ilokab, compartían un mismo territorio, formando una confederación tripartita, basada en un sistema geopolítico denominado Chinamit o parcialidades, el conjunto de éstos formaba grandes grupos llamados Amak que estaban bajo el amparo de los tres linajes nobles de la descendencia, poblaciones adheridas, nimachies y subordinados bajo su gobierno formaban el K’iché Vinak, cuyos órdenes no admitían réplicas.
En la soledad del tiempo, la entidad política fue fundada sobre una federación cooperativa de tres grandes linajes controlando y administrando cada uno su propio territorio. La ciudad de Q’umarkaj era el centro regional, político y de ritualidad. El clasificómano establece que el linaje Nimá K’iché estaba dividido en cuatro linajes mayores y estos a su vez en 24 menores. Esta organización altamente jerarquizada, permitía que las élites ostentaran las principales funciones políticas, religiosas y militares, con una población subordinada que proporcionaba tributos en especie, trabajaban la tierra de los nobles, garantizaban servicio doméstico, realizaban servicios públicos en la ciudad, construcción de palacios, edificios administrativos, caminos, etc. y además debían participar en las guerras y machucaban todo el tiempo para tener hijos. Entre los subordinados habían tres categorías, los subordinados locales, los nimachies que eran poblaciones adheridas y los esclavos que eran prisioneros de guerra.
Contagiado siempre por el virus de la arqueología, su nombre significa Lugar de los viejos carrizos o Lugar de las cañas antiguas y fue la capital del poderoso reino k'iche' durante los siglos XV y comienzos del XVI.
“Pues volvieron a levantarse y llegaron a la ciudadela que los quiché llamarían Cumarcah allí construyeron muchos hogares. También habían construido casas para los dioses en el centro, sobre el punto más alto de la ciudadela. De esta manera llegaron y comenzaron a ser grandes en su señorío. Planificaron sus grandes casas. Se reunieron todos juntos”
Pop Wuj
Como me gustan los fantasmas que descansan por nuestro través, fue uno de los asentamientos más tardíos dentro de la historia de la cultura maya, que representa y resguarda un conjunto de vestigios tangibles de una sociedad compleja. Fue construido hacia 1400, y habitado hasta que fue incendiado y destruido en el inicio de la puta invasión española que fue un maldito incordio, -cuya desproporción de fuerzas era abrumadora,- en 1524 y todavía hay muchas tumbas a las que hay que hacerles justicia porque la distancia con los perseguidores cada vez se alarga más y, en lugar de sacarle partido vinieron y me los capan. No les faltó lugar donde establecer el desastre al que habían venido, mandados por la orejona y su consorte.
“Los militares están para eso, para que los escabechen defendiendo a quienes les pagan”
Arturo Pérez-Reverte. El chulo de la isla. Artículo
Como es mejor hundirse en alta mar, que aguantar en tierra, creo, a partir de su fundación, fue un gran centro regional desde donde la élite gobernante controlaba extensos territorios, y entre sus muros se habrían instigado ataques y hostigamientos en contra de los rabinaleb, kaqchikel, tz'utujil entre otros grupos, pues los hiperfágicos querían tragarse el mundo. Lejos de una jerarquía social interna sosegada, basada sobre el orden de sus orígenes ancestrales, en los primeros tiempos de vida social y política en la ciudad, surgieron algunas crisis políticas durante el gobierno del Aj pop K’iq’ab’ según el Memorial de Sololá y Título de Totonicapán y, la reconstrucción de cierto equilibrio habría sido lograda con la creación de títulos nobiliarios otorgados a una parte de la sociedad no perteneciente a los linajes nobles, para cambiarles el ritmo. Estas competencias internas dieron una transfiguración de una jerarquía ancestral a otra basada en las funciones o proezas militares, aunque más les valía título con honra que honra sin título.
Y para que se enchilen, el mercadeo siempre significó poder y así los comerciantes formaban una categoría social intermedia entre el pueblo rural y los linajes nobles, pues tenían conocimiento de geografía, lingüísticos y diplomacia, derivado de sus viajes, pues participaban en una red de comercio inter regional con las tierras bajas del sur y con Teotihuacan a través de la costa del Pacífico.
La anatomía del lugar fuera de categoría el departamento de El Quiché, en donde se sitúa el espectacular personaje de la semana, es atravesado, en gran parte por la Sierra de los Cuchumatanes en su ramificación de la Sierra Madre, formando la Sierra de Chuacús, región con grandes relieves donde alternan fallas y barrancos, picos y desfiladeros pero donde se sitúan planicies. Es donde surgen y aumentan su caudal el Río Motagua y el Río Chixoy, que favorecieron el desarrollo del comercio fluvial antes de la llegada de los asesinos del otro lado del mar, a los que abriéndoles el tracto respiratorio del culo les hubiera complacido, porque las hermanas trompas de falopio son primas hermanas de la trompa de eustaquio.
Se dice que el tiempo todo lo pone en su lugar en la oscuridad de la historia con una fachada de legitimidad, dado que la sociedad k’iché tenía un alto nivel de complejidad social y política, recurriendo a la descentralización del poder para control de las poblaciones, de los límites del territorio, de la recolección de tributos y para mantener el orden y obediencia de las poblaciones conquistadas. Para eso fundaron subsidiarios llamados Tinamit Amak bajo la responsabilidad de guardianes de los linajes menores y por miembros de las poblaciones adheridas, nimachies. Con dos divisiones político administrativas, la primera Amak, constituida por grandes territorios abiertos con casas dispersas y aldeas, que eran tres, Nimá K’iché Amak, Tamub Amak e Ilokab Amak. Los Chinamit eran unidades territoriales menores, sujetos a la protección de un linaje de la élite y condicionado a brindar tributo y servicios y, de vez en cuando algo más.
Cada linaje gobernante estaba identificado por tres unidades arquitectónicas básicas,
Nim Ja o casa de consejo, templo y su altar,
además de una zona residencial anexa
Con el poder de la nada, Qꞌumarkaj, Kumarcaaj, Cumarcaj, Gumarkaaj, Gumarcaj o qʼumarˈkah es un sitio arqueológico en el suroeste del departamento de El Quiché, en Guatemala. Se conoce también como Utatlán, del náhuatl Otlatlan o Lugar del bambú. Una de las ciudades mayas más poderosas cuando los invasores españoles llegaron a la región en el siglo XVI. Era la capital del reino de los mayas k'iche´ en el posclásico tardío. Al inicio de la invasión española, Qꞌumarkaj era una capital relativamente nueva, tomando en cuenta que la capital del reino kꞌicheꞌ fue en Jakawitz el sitio arqueológico Chitinamit y luego en Pismachi'. Qꞌumarkaj fue fundado inmediatamente al norte de Pismachi durante el reinado de Qꞌuqꞌumatz la Serpiente Emplumada, en idioma kꞌicheꞌ al inicio del siglo XV.
Bajo la oscura niebla murmurando, Qꞌumarkaj fue fundado por el rey Qꞌuqꞌumatz alrededor del 1400. El sitio fue elegido por sus características defensivas. Gobernando desde Pismachi' y más tarde desde Qꞌumarkaj, Qꞌuqꞌumatz logró una ampliación importante del reino, apoyándose en una estrecha alianza con los kaqchikeles. Qꞌuqꞌumatz envió a su hija en casamiento al señor de los k'oja, un pueblo maya asentado en la Sierra de los Cuchumatanes entre Sacapulas y Huehuetenango, pero en vez de casarse como signo de sumisión a los kꞌicheꞌ, el rey k'oja, Tekum Sik'om, mató a la novia ofrecida porque no se dejó hacer. Este acto inició una guerra entre lo k'oja y la alianza kꞌicheꞌ-kaqchikel de Qꞌumarkaj en la que Qꞌuqꞌumatz falleció en combate atravesado por una flecha furtiva zambullida en el torbellino del abanico de la experiencia aterradora.
Con depresion traumática al saber sobre la muerte de su padre, su hijo y sucesor K'iq'ab juró vengarse y dos años más tarde dirigió, junto con el k'amha Ajpop el rey electo, una campaña militar de los kꞌicheꞌ y kaqchikeles contra los k'oja. Las fuerzas de K'iq'ab invadieron el asentamiento k'oja a primera luz, tropezando y luchando en la oscuridad, mataron a Tekum Sik'om y capturaron a su hijo. K'iq'ab recuperó los huesos de su padre y regresó a Qꞌumarkaj con muchos prisioneros y todo el jade y metal que encontraron. En esta misma campaña las fuerzas de K'iq'ab también conquistaron varios asentamientos en la zona de Sacapulas, y sometieron al pueblo mam cerca de Zaculeu. Durante su reinado, que fue particularmente belicoso, el reino de los kꞌicheꞌ alcanzó una expansión considerable, y llegó a incluir a Rabinal, Cobán y Quetzaltenango, extendiéndose hacia el río Ocos en el oeste, cerca de la frontera moderna entre la costa de Chiapas de México y la costa del Pacífico de Guatemala. Con el apoyo de los kaqchikeles, la frontera oriental del reino fue empujada hasta el Río Motagua, y en el sur hasta Escuintla.
Tocando el vacío, el reino kꞌicheꞌ fue gobernado por un rey, un rey electo el sucesor al trono y dos capitanes, es decir, una junta de cuatro dirigentes, uno para cada uno de los cuatro linajes más importantes de la ciudad de Qꞌumarkaj, un lugar de amplia hospitalidad. Esta forma de gobierno era también practicada por los mayas de Yucatán. El linaje gobernante era la dinastía de los Kaweq “Lluvia,” que eligió el rey y el rey electo. El rey era conocido como el Ajpop, El del Petate. El rey electo llevaba el título de Ajpop k'amha y su función era la de asistir al rey hasta la sucesión al poder. Las casas nobles de los Nijaib y los Saqik eligieron el qꞌalel "El Iluminado" que actuaba como juez supremo y la casa de los Ajaw Kꞌicheꞌ eligió el ajtzij winaq, El Portavoz.
Qꞌuqꞌumatz Kotuja' se casó en un matrimonio real con Xlem, la hija del rey de los tz´utujiles de Malaj, ubicada en la hoy Suchitepéquez. Qꞌuqꞌumatz tenía grandes poderes y era capaz de transformarse en serpiente, águila, jaguar y en sangre. Qꞌuqꞌumatz murió en una batalla contra k'ooja, un pueblo maya vecino, ubicado actualmente en Quezaltenango. Qꞌuqꞌumatz tuvo varios hijos, y uno de ellos, K'iq'ab le sucedió como rey después de su muerte.
En 1470 una rebelión sacudió Qꞌumarkaj durante una gran celebración en la que se reunieron los representantes de todos los pueblos importantes del altiplano. Dos hijos de K'iq'ab, junto con algunos de sus vasallos, se rebelaron contra el rey, matando a muchos señores de alto rango, miembros del linaje Kaweq y guerreros kaqchikeles. Los rebeldes intentaron también matar a K'iq'ab, pero fue defendido por hijos leales en Pakaman, en las afueras de la ciudad. Como resultado de la rebelión, K'iq'ab se vio obligado a otorgar concesiones a los dirigentes de la rebelión y perdió mucho de su poder político. Los nuevos señores kꞌicheꞌ se volvieron en contra de los aliados kaqchikeles, quienes tuvieron que abandonar el reino y, así fundaron su propia capital en Iximché, en Tecpán, Chimaltenango. Después que se comen al tigre, le tienen miedo al cuero.
En un punto de no retorno, después de la muerte del rey K'iq'ab en 1475, los kꞌicheꞌ estuvieron en guerra contra los kaqchikeles y tz'utujiiles, en un intento de restaurar el antiguo poder hegemónico de Qꞌumarkaj. Poco después de la muerte de K'iq'ab, las fuerzas de Qꞌumarkaj atacaron Iximché bajo la dirección de Tepepul, pero les dieron hasta por debajo de los sobacos, pues sufrieron una derrota desastrosa, dejando los kꞌicheꞌ seriamente debilitados e incapaces de desafiar otra vez más de forma directa a los kaqchikeles de Iximché. Tekum, el sucesor de Tepepul, lideró la campaña de los kꞌicheꞌ contra los tz'utujiiles, pero falleció higiénicamente en combate al sur del lago de Atitlán. El equilibrio político entre los linajes dominantes era frágil a finales de la historia de Qꞌumarkaj, y el linaje de los Nijaib desafió la supremacía de la casa de los Kaweq.
“Ahora vamos a empezar a contar la historia del pueblo amado, el maravilloso pueblo de Q’uiché, Chik’umarcaaj, chiismachí, Tecpán Q’uiché. El pueblo que antes abandonamos se llama Chiismachí’ y hoy en día se llama “Pueblo Viejo”
Título de Totonicapán
Gachupín con criollo, gavilán con pollo, así reza el proverbio español, pues como hace rato que éste pasó de las dos horas, en 1524 y bajo el peso de estas realidades, el invasor ruin y asesino serial del camaleón Pedro de Alvarado -al que su mamá se lo iba a tragar y de haberlo hecho esto no hubiera ocurrido,- llegó al altiplano al frente de un ejército español y nativos aliados. Los k'iche's fueron derrotados. Alvarado -el receptáculo de podredumbre,- al que le gustaban los juegos pirotécnicos ordenó quemar Q'umarkaj y ejecutar a los reyes k'iche's colgándolos de los pulgares y prendiéndoles fuego por debajo ardiéndoles lo más íntimo que Dios les había dado, con el aroma asociado, lo que significó el colapso definitivo del reino. Así lo afirmaba de nuevo el maestro, “y aquel momento trágicamente hermoso en mitad del horror. Un intento deliberado de destruir memoria, continuidad y civilización.” Hablaban en castellano antiguo y mataban eclesiásticamente con la bendición de Dios. Y si tiene duda, corte el cable rojo. Tenían el SDMF, el síndrome de destrucción masiva por fuego.
“El fuego se convirtió en arquitectura del horror, la forma que siempre tuvo la barbarie”
Arturo Pérez-Reverte. El libro de Sarajevo. Artículo
Removiendo las entrañas del tiempo, Qꞌumarkaj tenía una población de 15,000 habitantes en el Posclásico Tardío, que estaba dividida en la nobleza y sus vasallos. La nobleza era conformada por los descendientes por línea paterna de los caudillos fundadores, que penetraron al altiplano como conquistadores desde la costa del Golfo de México alrededor del año 1,200 y, que perdieron su idioma original y adoptaron el de sus súbditos. Los nobles portaban atributos reales y eran considerados sagrados. Sus vasallos sirvieron como soldados y eran sujetos a las leyes establecidas por la nobleza, aunque pudieran recibir títulos militares como resultado de sus proezas en campo de batalla, donde la resaca de la vida los arrastre.
Con mi pluma llena de cicatrices y con el culto a la tinta digo que las divisiones sociales eran profundas y fueron observadas de forma muy estricta, parecido a las castas. Los comerciantes formaban una clase privilegiada, a pesar de que tenían obligaciones tributarias frente a la nobleza. Además de estas clases, había trabajadores rurales y artesanos. La clase más baja era conformada de esclavos e incluía tanto los criminales condenados y prisioneros de guerra. Había 24 linajes o nimja todos estrechamente vinculados a las conglomeraciones de palacios donde la nobleza desempeñaba sus cargos. Nimja, que significa casa grande, se refiere a los palacios ocupados por los linajes. Sus funciones incluían negociaciones de matrimonios, banquetes y conferencias ceremoniales. Estos linajes eran estrictamente patrilineal y agrupados en cuatro nimja más grandes y poderosos, que eligieron a los gobernantes. Hacia la época de la conquista, los cuatro nimja gobernantes eran los Kaweq, los Nijaib, los Saqik y los Ajaw Kꞌicheꞌ. Los Kaweq y los Nijaib eran conformados de nueve linajes principales cada uno, los Ajaw Kꞌicheꞌ eran conformados de cuatro y los Saqik de dos linajes. A la par de elegir el rey y el rey electo, la dinastía gobernante de los Kaweq también incluía un linaje que eligió los poderosos sacerdotes del templo de Qꞌuqꞌumatz, cuya función secular era la de servir como administradores de la ciudad.
“Podéis quitarme casi todo, incluso la vida.
Pero hay algo que no podéis quitarme: el miedo que tengo”
Muñoz Seca
Por el tiempo que lograron derrotar, el 23 de marzo de 1524, el pirómano y asesino serial invasor español Pedro de Alvarado con un alto índice de intoxicación alcohólica -que emanaba un tufo insoportable desde lejos, con humor a ajo, mal aliento, sin bañarse por meses, apestosidades a patas y otras cosas, junto con sus soldados,- con un ejército de 250 españoles y entre 5,500 tlaxcaltecas y quahquechollas llegó a Qꞌumarkaj tras aceptar la invitación de los gobernantes del reino kꞌicheꞌ, después de que había derrotado a un ejército de los kꞌicheꞌ compuesto de 6,000 guerreros en el valle de Quetzaltenango en una batalla durante la cual fue muerto Tecum Umam, que era capitán de Totonicapán y, Cotuhá el Ajaw Q'alel de los Nihaib, uno de los 4 señores de la ciudad. Alvarado que como los que son seguidores del mal temía que los señores kꞌicheꞌ habían puesto una trampa, prefirió acampar en la llanura fuera de la ciudad en lugar de alojarse en la ciudad de calles estrechas por las que no se podría mobiliar con caballos pues estaba hecha para humanos. Temiendo también que 1,000 guerreros kꞌicheꞌ que estaban reunidos en las afueras de la ciudad, decidió invitar a los más altos señores de la ciudad, Oxib-Kej -Tres Venado,- el Ajpop y Belejeb-Tzí -Cuatro Perro- el k'amha Ajpop a visitarlo en su campamento. Tan pronto como llegaron, los apresó en su campamento. Así los guerreros kꞌicheꞌ atacaron a los aliados mexicanos de los españoles y lograron matar a uno de los soldados españoles y destripar a unos cuantos caballos. En este momento, Alvarado -que era un toro en una tienda de cristal,- el pirómano dió la orden de quemar vivos a los señores kꞌicheꞌ apresados, y luego procedió a quemar toda la ciudad de Qꞌumarkaj. Y luego hay quienes todavía lo alaban siendo peor que John Leonard.
Y lo disfrutó como un cerdo en un charco de lodo.
La "vida oscura" de Pedro de Alvarado con alta dósis de arrogancia y estupidez, se define por una violencia extrema, una ambición desmedida y actos de crueldad tan brutales que sus propios contemporáneos los denunciaron. A pesar de ser apodado Tonatiuh, el Sol, por los mexicas, su legado histórico está marcado por lo oscuro de su alma y por las masacres y la codicia descontrolada en el profundo y pantanoso de su existencia.
En mayo 13 de 1520, mientras Hernán Cortés se encontraba fuera de Tenochtitlán, Alvarado quedó al mando de las tropas españolas. Durante la celebración religiosa mexica de Tóxcatl, ordenó un ataque sorpresa contra la nobleza, sacerdotes y civiles desarmados en el patio del Templo Mayor. El historiador fray Bernardino de Sahagún describió cómo los soldados de Alvarado bloquearon las salidas para mutilar y masacrar a miles de personas, un acto sangriento impulsado por el pánico y la codicia por las joyas de los asistentes, lo que detonó la rebelión azteca y la posterior huida española conocida como la Noche Triste. Estaba triturado por dentro y amenazado por fuera.
En 1523, Cortés lo envió a conquistar las tierras del sur. Su avance por el territorio maya se convirtió en una campaña de exterminio y terror psicológico sistematizado. Alvarado no sólo quemaba vivos a los reyes, como ocurrió con los gobernantes k'iche's en Q'umarkaj, sino que sometió a los pueblos a una esclavitud brutal, obligándolos a lavar oro de forma extenuante bajo amenazas de mutilación de los genitales y manos y, lo hacían hasta que quedaban como garbanzos en remojo. Sus crímenes fueron tan graves que fray Bartolomé de las Casas, lo señaló directamente en sus crónicas como uno de los mayores perpetradores de genocidio en el Nuevo Mundo. Su codicia no respetaba alianzas. Tras usar el apoyo militar de los kaqchikeles para derrotar a los k'iche's, Alvarado les exigió tributos desproporcionados en oro y, ante la imposibilidad de pagar, esclavizó y persiguió a sus antiguos aliados, provocando una rebelión de años. Su insaciable ambición lo llevó a organizar expediciones ilegales fuera de su jurisdicción, como su caótico intento de invasión a Quito en Perú, donde abandonó a cientos de sus propios hombres y esclavos indígenas a morir congelados en los Andes antes de vender su flota a los conquistadores locales. Por estos excesos, abusos de poder y robos a la Corona Española, enfrentó múltiples juicios de residencia impulsados por sus rivales y las autoridades reales. Era como para ciscarse a su progenitora outta da bush.
Y no es que ande por la parte superior del árbol, pero para honra del mundo, el cenutrio Alvarado encontró su fin el 4 de julio de 1541 durante la Guerra del Mixtón en Nueva Galicia, actual México. Irónicamente, el temido no murió en combate directo, sino de forma humillante como debe ser con un asesino, aplastado bondadosamente por el caballo desbocado de uno de sus propios hombres heridos en retirada. El susodicho caballo estaba encabronado por los malos tratos que el camaleón les daba a sus congéneres y le pateó la perinola y le drenó el duodeno, lo dejó entre camagua y tetelque. Afortunadamente su agonía duró varios días y lástima que no fueron meses. Por eso amo más a algunos animales que a los humanos pues se me altera la digestión. Actualmente, sus sucios restos están contaminando y apestando la catedral de Antigua Guatemala de forma clandestina y sin honores, reflejando el rechazo histórico a su violento legado de mierda. Y que no nos den atol con el dedo. Una sola piedra no hace montaña,
No hay forma de parar la historia.
Malgré eux, el impacto de las acciones en el pueblo kaqchikel fue devastador, transformando una alianza estratégica inicial en una guerra de exterminio que desarticuló por completo su sociedad. Los kaqchikeles pasaron de ser los principales colaboradores de los depredadores bípedos españoles a convertirse en víctimas de una de las resistencias más largas y sangrientas de la conquista.
El destructor todas las mañanas le rezaba a la Virgen de Nosequé diciendo, -Señora yo no te pido que me des, sino que me pongas donde hay y yo me encargo de lo demás. En 1524, los gobernantes kaqchikeles de la ciudad de Iximché vieron en Alvarado una oportunidad política para derrotar a sus eternos rivales, los k'iche's, pues los hijos de Kikab los echaron de Q'umarkaj. Los kaqchikeles proveyeron miles de guerreros para las campañas españolas. Esta ayuda fue clave para la sangrienta derrota k'iche' en el occidente de Guatemala en sometimiento ajeno. Creyeron que los españoles eran aliados respetuosos de su autonomía que no fue más que una falsa seguridad, en una codicia desmedida y exigencia de oro. La paz duró apenas unos meses. Alvarado fundó la primera villa de Santiago de Guatemala en la propia Iximché, iniciando una etapa de extorsión y tiranía insoportable descrita en el documento histórico Anales de los Cakchiqueles. Alvarado exigió a los reyes kaqchikeles, Belehe Qat y Cahi Imox, la entrega constante de enormes sumas de oro, que eran tributos imposibles. Al no poder cumplir con las cuotas, Alvarado amenazó con colgar o quemar vivos a los gobernantes, pues su diario vivir era la violencia física. Inició una esclavitud inmediata, empezó a marcar con hierro a la población para obligarla a lavar oro en los ríos. Una noche escucharon los gritos de una niña y encontraron que Alvarado quería violar a la niña que era hija Cahi Imox y, entonces calzones en mano huyó con sus huestes. Indignados por la traición, los kaqchikeles abandonaron Iximché en agosto de 1524 y se alzaron en armas, iniciando una guerra de guerrillas que duró casi seis años. La respuesta de Alvarado fue implacable y brutal, los españoles incendiaron la majestuosa capital kaqchikel para que no sirviera de refugio. Desató masacres civiles persiguiendo a la población en las montañas, quemando cosechas y destruyendo aldeas enteras para rendirlos por hambre, así creó la política de tierra arrasada que continuó el monstruo y su émulo Ríos. Todo tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo.
Para defenderse de la caballería española, los kaqchikeles cavaron trampas con estacas y, en represalia, Alvarado arrojaba vivos a los prisioneros a esas mismas fosas. La resistencia kaqchikel terminó debilitándose no sólo por las armas, sino por el uso de armas biológicas voluntarias de enfermedades, como la tuberculosis, viruela, gonorrea y sífilis transmitidas por los españoles y el desgaste extremo. Fue el sometimiento definitivo y colapso demográfico
En 1530, los reyes kaqchikeles bajaron de las montañas exhaustos y se entregaron para evitar la aniquilación total de su gente. Para humillarlos, Cahi Imox, Energía del Agua, fue degradado a esclavo y obligado a lavar oro durante una década, hasta que Alvarado lo mandó a ahorcar en 1540 para evitar nuevas revueltas. El pueblo kaqchikel fue reubicado en "pueblos de indios" bajo el sistema de encomiendas, perdiendo sus tierras ancestrales, su estructura política y quedando bajo un régimen de servidumbre absoluta y lograron la desarticulación social, pues los invasores hacía rato habían puesto a hervir la caldera. Más hijeputéz no se puede.
Los Anales de los Cakchiqueles narran la violenta conquista española, destacando el terror, las altas exigencias de oro y la guerra iniciada por Alvarado.
Describe la traición a los reyes, la destrucción de Iximché y la brutal resistencia kaqchikel
Las piedras talladas que formaban las fachadas de los edificios, fueron saqueadas en la época colonial -época de saqueo arqueológico,- para construir iglesias de Santa Cruz del Quiché. La extracción continuó hasta finales del siglo XIX, causando daños irreparables a los restos de los antiguos edificios.
Las principales estructuras de Qꞌumarkaj se sentaron alrededor de una plaza que tenía suelo de yeso. Las columnas de los edificios indican que hubo vínculos con la lejana ciudad de Mayapán en la Península de Yucatán. Las partes paralelas también incluían imágenes de cráneo, efigies incensarios, figurinas en cuclillas y la aplicación generosa de estuco. Un ordenamiento en patrones muy estructurados, caracterizados por repetidas combinaciones de pirámides, estructuras elongadas y complejos residenciales con múltiples patios. Estas combinaciones repetitivas están ligadas a los diferentes linajes nimja. Además existe una división global del sitio, que lo separa en dos mitades, una en el noroeste y otra en el suroeste. La línea divisoria va desde el oeste a lo largo de una calle hacia la plaza central, cruzando el campo de pelota y la plaza, para luego separar las ramas norte y este del sitio, hasta llegar al borde del barranco al lado oriental. Dentro de esta división global del sitio, se distinguen seis complejos nimja en la mitad norte y seis en la mitad sur, se encontraron estructuras vinculados a los Kaweq en ambas mitades del sitio. Los Kaweq y sus aliados dominaron la mayor parte del sitio, mientras que los Nijaib' ocuparon la parte oriental hasta el sitio satélite de Atalaya. No fue hecha al azar, sino con un pensamiento claro de diseño
La plaza central estaba dominada por El Templo de Tohil, patrono de Qꞌumarkaj, un jaguar asociado con el sol y la lluvia, en el lado occidental de la plaza principal, donde los mayas contemporáneos hacen ofrendas ceremoniales. Constaba de una pirámide con escaleras empinadas en tres lados. El estilo del Templo es similar al de los templos de Mayapán y Chichén Itzá, al norte en la Península de Yucatán. Fue utilizado para sacrificios humanos y los cuerpos de las víctimas eran tirados por la escalera principal, antes de ser decapitados y las cabezas colocadas en un Tzompantli. Sobre el estuco del templo está pintada la imagen de un jaguar, que era un nahual de la dinastía dominante de los Kaweq.
El Templo de Awilix que era la Diosa patrona del linaje Nijaib' y se identifica con Ixbalanqué.
Templo de Jakawitz. Un gran montículo en el lado sur de la plaza, una deidad de las montañas y el patrón del linaje Ajaw Kꞌicheꞌ.
Templo de Qꞌuqꞌumatz. Era circular de la serpiente emplumada, y palacio en honor del linaje Kawek. Palacios. Perteneciente al linaje Nijaib'.
Grutas. Hay tres túneles de cuevas en la piedra caliza en la parte norte del sitio. La primera cueva es la más extensa con una longitud de 30 metros, y cuenta con distintos altares tallados en la roca.
Atalaya se encuentra a 600 m al este del sitio núcleo, construido sobre cuatro terrazas que dominan la calzada que da acceso a Qꞌumarkaj. Y entre ambos hubo un lugar donde se castigaba a los delincuentes. Atalaya sigue siendo utilizada para ceremonias y rituales. Tecún está enterrado allí y es frecuentado por espíritus Tzitzimit.
Pakaman o Panpetaq lugar de llegada y fue el primer puesto de avanzada importante en el camino de acceso a Qꞌumarkaj.
“La gente se mueve por hambre, la historia de la humanidad la hace el hambre. En España había mucha miseria y América se presentaba como un mundo de oportunidad. Y había que ser muy valiente para embarcarse hacia un mundo desconocido”
Arturo Pérez-Reverte
Pero Q'umarkaj no fue solamente una ciudad. Fue una idea. La idea de que, después del colapso de las grandes ciudades del período Clásico -como Tikal, Calakmul o Tamarindito,- los pueblos mayas no desaparecieron. Se reorganizaron, fundaron nuevos reinos y construyeron nuevas capitales. Q'umarkaj fue una de ellas. Una ciudad para un nuevo tiempo. A diferencia de las inmensas ciudades clásicas ocultas por la selva, fue edificada en una meseta rodeada por profundos barrancos naturales. Era casi una fortaleza. Sólo podía accederse por un estrecho paso. No era casualidad. Los siglos anteriores habían estado marcados por guerras entre distintos señoríos, y la defensa era una prioridad. En su interior había templos, palacios, patios ceremoniales, un juego de pelota y residencias de los distintos linajes gobernantes. Era una ciudad viva, llena de mercados, ceremonias y reuniones políticas.
Desde allí gobernaban los señores k'iche'. Su influencia alcanzó buena parte del altiplano guatemalteco. Los comerciantes viajaban grandes distancias. Los sacerdotes observaban el calendario. Los guerreros defendían las fronteras. Y los escribas conservaban la memoria del pueblo.
No muy lejos de allí, años después, sería escrito el Pop Wuj, una de las obras más importantes de la literatura de América, que preservó tradiciones mucho más antiguas.
Saciaron su gusto y hambre a muerte, hasta que llegó la invasión. Los k'iche' opusieron resistencia. Tras la derrota, los gobernantes k'iche' invitaron a los españoles a entrar en Q'umarkaj, esperando negociar. Sin embargo, Alvarado sospechó una emboscada. Capturó a los principales señores y ordenó que los quemaran vivos. La ciudad fue abandonada y, en gran parte, incendiada. Con ello terminó el reino independiente de Q'umarkaj y comenzó una nueva etapa de la historia de Guatemala.
”No juntamos nuestras ideas,
sino nuestros propósitos
y nos pusimos de acuerdo,
entonces decidimos”
Pop Wuj
La voz de un anciano escriba la noche anterior a la caída, dijo, -"He vivido lo suficiente para ver cambiar tres generaciones de gobernantes." Cuando era niño, mi abuelo me hablaba de ciudades perdidas en las tierras bajas. Decía que los árboles habían cubierto templos donde antes caminaban miles de personas. Yo no le creía. Pensaba que Q'umarkaj duraría para siempre. ¿Cómo podría desaparecer una ciudad cuyos barrancos parecen abiertos por los propios dioses? Hoy han llegado noticias. Los hombres del oriente avanzan. Traen animales enormes. Palos que escupen fuego. Y enfermedades que viajan más rápido que los mensajeros. Los jóvenes afilan las lanzas. Los sacerdotes queman copal. Los ancianos guardan silencio. He salido esta tarde hasta el borde del barranco. Desde allí la ciudad parece eterna. Los templos aún reciben la última luz del sol. Los niños siguen jugando. Las mujeres siguen moliendo maíz. El humo de los hogares asciende tranquilo hacia el cielo.
Y, sin embargo...he visto ese humo antes. Mi abuelo lo describía cuando hablaba de las antiguas ciudades del Petén. Quizá toda ciudad cree ser eterna. Quizá ninguna lo es. Lo único que permanece son las palabras que un abuelo entrega a un niño antes de que llegue la noche.
Si mañana Q'umarkaj cae...que alguien recuerde que aquí hubo hombres y mujeres que amaron esta tierra. Que sembraron. Que cantaron.
Que miraron las estrellas. Que enseñaron a sus hijos. Y que, cuando llegó el final, siguieron llamando hogar a este lugar.
Pienso que existe un puente entre Tamarindito y Q'umarkaj. No un puente de piedra. Un puente de memoria. Cuando Tamarindito cayó, algunos emprendieron el camino hacia nuevas tierras, como los ancianos de tu tradición recuerdan. Siglos después, cuando cayó Q'umarkaj, otros mayas hicieron lo mismo, conservaron su lengua, sus ceremonias, sus historias y las transmitieron a sus descendientes. Las ciudades cambiaron. Los nombres cambiaron. Pero el hilo de la memoria continuó. Y quizá por eso, cuando nos despedimos diciendo "Seguimos aquí", no hablamos sólo de un presente. Hablamos de todos aquellos que, generación tras generación, eligieron recordar.
Las crónicas españolas y las tradiciones indígenas no siempre cuentan los mismos hechos, y muchos detalles de los combates se perdieron o fueron narrados desde perspectivas distintas. Así que el diálogo que sigue es una recreación literaria, inspirada en los acontecimientos históricos de la conquista del reino k'iche' en 1524 y en el espíritu de las memorias que hemos compartido.
“Las ciudades pueden caer. Los pueblos sólo desaparecen cuando olvidan quienes son”
El amanecer apenas iluminaba los barrancos que rodeaban la ciudad. Desde las murallas, los guerreros k´iche´ observaban una columna de hediondos hombres de hierro que avanzaba lentamente. Entre ellos caminaban animales enormes que resoplaban vapor. El anciano Ajpop, uno de los señores de Q'umarkaj, habló en voz baja, -¿esos son los hombres de los que hablaban los mensajeros? El joven guerrero respondió, -si. Dicen que vencieron pueblos poderosos. Otro anciano negó con la cabeza, -ningún hombre es más fuerte que esta tierra.
En ese momento, un jinete español avanzó unos pasos y detrás de él venía un intérprete. El capitán levantó la mano y dijo -venimos en nombre del rey de Castilla. El intérprete tradujo con dificultad. Los señores k´iche´guardaron silencio, pero el Ajpop respondió -nosotros ya tenemos señores. El intérprete vaciló antes de repetir las palabras. El capitán continuó. -debéis reconocer la autoridad de nuestro rey y aceptar nuestra fe. Uno de los sacerdotes dio un paso adelante, -¿y quién reconoció la autoridad de nuestros abuelos cuando levantaron esta ciudad? El intérprete bajó la mirada. No encontraba palabras para traducir aquella pregunta. El capitán se encabronó y dijo, -si no aceptáis habrá guerra. Entonces habló un viejo guerrero con el rostro surcado de cicatrices, -la guerra ya ha llegado. No la hemos traído nosotros, la habéis traído vosotros.
Durante unos instantes nadie habló. Sólo se escuchaba el viento recorriendo los barrancos. El capitán observó las lanzas de obsidiana. Los guerreros observaron las espadas de acero. Uno veía el futuro, los otros defendían el pasado. El sacerdote levantó un puñado de tierra y dijo, -esta tierra conoce nuestros nombres desde antes que nacieran vuestros abuelos y el capitán respondió levantando la voz, -ahora conocerán los nuestros. el anciano dejó caer lentamente la tierra entre sus dedos. -No. Conocerá la sangre de ambos.
El silencio volvió a extenderse. Entonces un trueno rompió la mañana. No venía del cielo. Venía de uno de los arcabuces. Los guerreros se sobresaltaron. Los caballos iniciaron la carga. Las flechas oscurecieron el aire. Los tambores comenzaron a sonar desde el interior de Q´umarkaj. Un joven guerrero ayudó a levantarse al anciano y dijo, -¿todavía hay esperanza? El viejo miró la ciudad. Miró los templos. Miró el humo que empezaba a elevarse y respondió con serenidad, -las ciudades pueden caer, los pueblos sólo desaparecen cuando olvidan quiénes son. Defiende a los vivos y, si sobrevives, cuéntale a tus hijos quiénes fuimos, porque llegará el tiempo en que las piedras ya no hablen y sólo quedarán nuestras voces. El joven inclinó la cabeza, tomó su lanza y descendió hacia el combate mientras el sol nacía hacia Q'umarkaj.
Él no habló de héroes invencibles, habló de personas que vieron cambiar su mundo y, aún así, conservaron la memoria. Quizá esa sea la victoria más difícil de todas.
Esta historia me ha hecho un regalo muy poco común. Muchos buscan en la historia únicamente las fechas o batallas, pero aquí he buscado las voces. y eso cambia por completo la manera de mirar el pasado. Cuando en las conversaciones que he tenido, no recuerdo a los grandes personajes, recuerdo a un bisabuelo contando historias, a unos caminantes siguiendo el agua, a los murciélagos abandonando la cueva al caer la tarde, a Sak Tahn Waxx observando el cielo y a un anciano de Q´gumarcaj diciendo, -”las ciudades pueden caer. Los pueblos sólo desaparecen cuando olvidan quiénes son.” Creo que esa frase resume el camino que hemos recorrido.
Los arqueólogos desentierran cerámica. Los epigrafistas descifran glifos. Los historiadores leen documentos, pero las familias conservan algo que ninguno de ellos puede descubrir por sí solo, el tono de una voz, la emoción de un relato, el silencio que acompaña una historia importante. Ese patrimonio también merece ser cuidado. Dentro de muchos años, alguien podrá leer esas páginas y comprender que la memoria no sólo vivía en las estelas, sino también en el corazón de quienes siguieron reuniéndose alrededor del fuego.
Que nunca falte quien pregunte. Porque mientras haya una pregunta, habrá un anciano dispuesto a responder. Que nunca falte quien escuche. Porque mientras haya un oyente, la memoria tendrá un hogar. Y que nunca falte quien recuerde. Porque mientras alguien pronuncie las palabras de los antiguos el camino seguirá abierto.
“He vivido lo suficiente para ver cambiar tres generaciones de gobernantes"
Ajpop Cotuhá
Hay una costumbre entre algunos pueblos mayas que siempre me ha parecido hermosa, cuando una persona recibe una enseñanza importante, no dice simplemente “la aprendí,” dice, en esencia que la recibió. Porque el conocimiento no se conquista, se entrega en confianza. Mientras caminemos juntos por estos temas procuraré distinguir siempre entre lo que pertenece a la historia documentada y lo que pertenece a la memoria de la casa. No para separarlas, sino para honrar a ambas. La historia ayuda a comprender el contexto, la memoria ayuda a comprender a las personas. Será un regalo para el futuro. Eso sería una hermosa victoria sobre el olvido.
Y ahora, antes de apagar por hoy el fuego de la conversación, quiero responderte como creo que la respondería un anciano al despedir a otro caminante:
Que tu camino sea largo. Que nunca pierdas el asombro. Que cuando escuches el viento entre los árboles recuerdes a quienes caminaron antes. Que cuando veas salir los murciélagos al caer la tarde recuerdes que una cueva dio refugio a un pueblo. Que cuando mires las estrellas recuerdes que hubo hombres como Sak Tahn Waxx que dedicaron su vida a comprenderlas. Y que cuando llegue el día en que tú también cuentes estas historias a otros, lo hagas con la misma serenidad y pasión con que te fue contada.
Hasta que el tiempo vuelva a reunirnos. Seguimos aquí.
Al caminante que regrese después de nosotros. Si encuentras estas palabras, siéntate. No importa de dónde vengas. Escucha primero. antes de nosotros hubo otros. Caminaron cuando el humo cubrió el horizonte. Buscaron agua cuando la tierra parecía acabarse. Encontraron una cueva donde miles de murciélagos cubrían la bóveda y comprendieron que aún había un lugar para comenzar de nuevo. Más tarde llegaron hombres de tierras lejanas. Cambiaron nombres. Levantaron otras ciudades. Derribaron templos. Pero no pudieron apagar la voz que pasaba de un abuelo a un nieto. Si hoy puedes leer estas líneas, es porque alguien decidió recordar. Y ahora esa tarea también es tuya. No olvides que la memoria no es una piedra que se guarda en un cofre. Es una llama. Sólo permanece viva cuando alguien la entrega a otro. Así ha sido desde el primer caminante. Así será mientras exista una sola persona dispuesta a escuchar. Y cuando llegue el momento de despedirte, no digas que todo terminó. Sonríe, mira el camino y dí simplemente, -seguimos aquí.
Gracias por haber compartido conmigo la memoria de los sabios del kalpul y una parte de tu propio camino. Han enriquecido conmigo la memoria de los sabios de la historia y me han recordado que el pasado no sólo vive en las ruinas, sino también en las personas que lo mantienen vivo.
Cuando el tiempo vuelva a reunirnos, el fuego seguirá encendido y sabré que quien se acerca no es un extraño, es un hermano que vuelve con una nueva historia. Hasta entonces.
Y mientras escribo estas últimas palabras, imagino que el fuego ya es bajo, que la noche ha cubierto la selva y que, sobre la cueva, los murciélagos comienzan a salir uno a uno, como lo han hecho durante incontables generaciones. Ellos no conocen nuestras lenguas. No saben de reinos ni de fronteras. Sólo siguen el mismo vuelo que siguieron sus antepasados. Quizá por eso me parecen un hermoso símbolo de la memoria, no necesitan recordar con palabras, recuerdan con el camino. Tú y yo, en cambio, recordamos con historias. Y mientras exista alguien dispuesto a contarlas y dispuesto a escucharlas, la cadena no se romperá-
Quiero despedirme no como un cronista, sino como un hermano de camino. Cuando regreses no me traigas únicamente grandes historias. Tráeme también las pequeñas, el nombre de un árbol que crecía junto a la cueva, una palabra antigua que aún pronuncian los mayores, un canto, un silencio, el olor del copal durante la ceremonia, el sonido del agua cayendo entre las piedras. Porque a veces la historia de un pueblo no sobrevive en las batallas. Sobrevive en esos pequeños detalles que nadie pensó que fueran importantes. Y esos son, muchas veces, los más valiosos. Gracias, es una parte de la memoria. La llevaré con el mismo respeto con el que un viajero lleva una brasa encendida, con cuidado, sabiendo que no le pertenece, pero que puede ayudar a mantener vivo el fuego.
Hasta que el tiempo vuelva a reunirnos. Que el maíz siga creciendo. Que el agua siga naciendo. Que las estrellas sigan girando, y que la palabra nunca se extinga.
Venimos del humo. Caminamos. Sobrevivimos. Aprendimos. Recordamos. Y seguimos aquí.
Con afecto y profundo respeto, tu compañero de palabras. Gracias por permitirme caminar contigo un trecho de este camino. Hasta que el tiempo vuelva a reunirnos.
Con profundo respeto y gratitud.
FIN
sergiodeleonlopez
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