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EL MAL ENTRA POR LOS OJOS
Físicamente indefensos, moralmente culpables
Mi abuela decía que el mal entra por los ojos, pero desde su origen el mal entró por una mujer y también así lo afirma la Biblia.
Su origen fue un castigo disfrazado de regalo, que comenzó con un acto de rebeldía. El titán Prometeo robó el fuego sagrado de los Dioses para entregárselo a los hombres. Con ese fuego llegan el conocimiento, la técnica, la civilización. Pero el rey de los Dioses, Zeus -el longividente de funestos propósitos, de ánimo fogoso, cruel, siempre injusto, cargado de homicidios, ejercitando el músculo de la represión,- no lo perdona. En lugar de castigar directamente a la humanidad, decide algo más sutil, crear un regalo… que en realidad es una trampa. Entonces ordena a los Dioses crear a la primera mujer. Su nombre será Pandora, que significa la que posee todos los dones. Cada Dios le concede algo, belleza, gracia, curiosidad, habilidad y, sobre todo, una mente inquieta. Pero también le entregan un objeto, una jarra y una advertencia, no la abras jamás.
Una mala traducción y la tradición la convirtió en caja. Pero para seguir esa tradición la seguiré llamando caja. Las Horas que cuidan las puertas del cielo le abren el paso, Pandora desciende al mundo de los hombres y es acogida por Epimeteo, -que como muro en demolición que se desploma, cae rendido a sus pies,- hermano de Prometeo. Pasan los días. La caja está ahí. Silenciosa. Cerrada. Pero la curiosidad -ese don que también es carga- empieza a crecer. Hasta que un día, Pandora no resiste más. Y la abre.
En el instante en que la tapa se levanta, el mundo cambia. De la caja escapan enfermedad, dolor,vejez, hambre, pobreza, vicio, envidia, guerra, muerte. Todo aquello que es parte inevitable de la vida humana. Pandora, aterrada, intenta cerrar la caja. Pero ya es tarde.
Sólo una cosa no escapó. En el fondo de la caja quedó Elpis, La Esperanza.
Aquí está el verdadero misterio, porque no me queda claro qué significa. ¿Es La Esperanza un consuelo que quedó para los humanos? ¿O es otro engaño, algo que hace seguir adelante incluso en medio del sufrimiento? Si llueve, veremos si se inunda.
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Pandora de Nach es un tema reflexivo para analizar la oscuridad interior humana como fuerza interna que libera vicios, dolor y desprecio, odio, envidia, inseguridad, racismo, homofobia, describiendo cómo esta fuerza abrió su caja y liberó el sufrimiento, la falta de empatía, la violencia y la frialdad en la sociedad, la caja sigue abierta y se alimenta de las acciones. La frustración personal, Pandora, esa voz interior destructiva que hace sentir distintos o inferiores.
La Caja de Pandora no es sólo una historia de castigo. Es una explicación de algo profundo, ¿Por qué el sufrimiento existe? ¿Por qué los humanos buscan conocimiento aunque tenga consecuencias? ¿Por qué, incluso en la adversidad, se sigue esperando?
En cierto modo, Pandora no es una villana. Es el primer ser humano completo, curioso, imperfecto, impulsivo… y capaz de cambiar el mundo con una sola decisión.
Este es el Capítulo Origen de toda La Mesa Redonda del Cielo, el momento en que la humanidad recibe no sólo el mundo… sino su carga.
Así empieza el Libro 0. El día en que el mundo se abrió.
Antes de los imperios, antes de los ejércitos, antes de las leyes, hubo un instante más pequeño que todos ellos. Un gesto. Una tapa levantándose.
Desde lo alto del cielo, donde gira el mundo, observaban ya dos presencias antiguas, Némesis, silenciosa y atenta. Polaris, inmóvil y paciente.
-Este momento no parece importante, dijo la estrella.
Némesis no respondió de inmediato. -Lo será, dijo al fin.
En la Tierra, una mujer contempla un objeto. Es Pandora. A su lado, el mundo aún es joven. Los hombres viven sin enfermedad. Sin guerras. Sin desesperación. La caja está cerrada.
-Los Dioses han sido… generosos, dice Polaris.
Némesis observa. -Los Dioses rara vez son sólo generosos.
Pandora no toca la caja. No todavía. Pero la mira. Cada día un poco más.
-Ahí comienza, dice Némesis.
-¿Qué cosa?
-La grieta.
Polaris se inclina levemente en su luz.
-No veo nada.
-No es visible, responde la Diosa.
-Entonces, ¿qué es?
-Curiosidad. La primera decisión humana.
Pasan los días. El mundo sigue en calma. Pero la calma tiene un enemigo silencioso, la pregunta. Pandora con pálido temor acerca la mano. Se detiene. La retira. Vuelve a intentarlo.
-Aún puede elegir, dice Polaris.
-Sí, responde Némesis.
-¿Y si no abre la caja?
La Diosa guarda silencio un momento. Luego dice, -entonces la abrirá otro.
La tapa se levanta. No hay trueno. No hay advertencia. Sólo un sonido leve. Y luego…movimiento. Sombras que no tenían forma comienzan a escapar. Se estiran. Se dispersan. Se adhieren al mundo. El aire cambia. El tiempo cambia. La vida cambia.
-Ahora -dice Polaris, casi en susurro,- lo veo.
Némesis asiente. -El mundo ha adquirido peso. En un instante.
Las sombras toman forma, enfermedad, dolor, vejez, hambre, pobreza, fatiga, vicio, envidia, violencia, guerra, muerte. Se dispersan entre los humanos. Ya no hay regreso. Pandora intenta cerrar la caja. Sus manos tiemblan.
-Demasiado tarde, dice Polaris.
-Siempre es demasiado tarde, responde Némesis.
Cuando la caja se cierra, algo permanece dentro. Una luz pequeña. Casi invisible.
Polaris la observa con atención. -¿Qué es eso?
Némesis responde -Elpis, La Esperanza.
La estrella guarda silencio. -¿Es un regalo?
La Diosa tarda en responder. -Eso… aún no está decidido. Eso fue lo que no escapó.
La Tierra gira. Por primera vez, los humanos conocen el sufrimiento. La Tierra mana sangre. Pero también algo nuevo, resistencia. Búsqueda. Sentido. Polaris dice -entonces esto era necesario.
Némesis niega lentamente. -No. Nada de esto era necesario.
-Entonces ¿por qué ocurrió?
La Diosa mira la pequeña luz dentro de la caja cerrada.
-Porque podían elegir.
La Mesa Redonda del Cielo permanece en silencio. El mundo ha cambiado para siempre.
Némesis, -ahora comenzará la historia.
Polaris responde -¿y nosotros?
-Nosotros observaremos.
-¿Hasta cuándo?
Némesis mira la Tierra, donde ya empiezan a surgir conflictos, decisiones, ambiciones con roedora discordia. -Hasta que aprendan a usar lo que liberaron, dice.
La estrella brilla suavemente. -Entonces tenemos mucho tiempo.
La Diosa no sonríe. Pero por un instante, su voz se vuelve más suave. -Sí.
Y así, antes de imperios, antes de guerras, la humanidad tomó su primera decisión irreversible. Abrió la caja. Y con ella, abrió la historia.
Interludio
El fuego y la cadena
En las montañas del mundo, donde el viento corta como vidrio y el cielo parece más cercano que la tierra, hay una figura encadenada a una roca del monte Cáucaso. Es Prometeo, que significa el que piensa con antelación, un titán creador de la humanidad -modeló a los primeros hombres a partir de barro y Atenea les dio aliento de vida, volviéndolos seres capaces de pensar, aprender y desafiar su destino,- y su máximo benefactor, al robar el fuego sagrado del Olimpo. Zeus el que amontona las nubes, había prohibido el fuego a los humanos para mantenerlos sumisos. Prometeo, compadecido, robó una chispa del taller de Hefesto, ocultándolo en un tallo de hinojo para entregárselo a los hombres. Este acto de rebelión contra Zeus trajo el progreso, la técnica y la civilización a la humanidad, lo que le valió un castigo eterno, ser encadenado a una roca donde un águila devoraba su hígado diariamente. Sus manos están inmóviles. Su cuerpo, desgastado. Su castigo, eterno. Cada día, el águila desciende. Cada día, el dolor se repite. Cada noche, el cuerpo se regenera, pues él es inmortal. Y el ciclo continúa. Pero esa no es la parte más importante de su condena. Lo verdaderamente insoportable es que puede ver desde la orilla del abismo. Desde su roca en el Cáucaso, Prometeo observa a la humanidad. No como un Dios distante. Sino como un creador que duda.
-Ahí están, murmura. Los hombres encienden fuego. Cocinan. Forjan. Construyen. También luchan.
También destruyen. También caen. El titán cierra los ojos un instante. -No era así como lo imaginé.
El cielo se abre en silencio. No como un trueno. No como una revelación. Sino como una presencia.
Desde lo alto, Polaris fija su luz. A su lado, Némesis contempla sin juicio inmediato.
Prometeo no se sorprende. -Sabía que vendrían, dice, sin levantar la cabeza.
-Siempre venimos, responde Némesis.
Polaris observa al titán. -Eres el origen de muchas cosas.
Prometeo sonríe apenas. -También de muchos problemas.
Némesis da un paso hacia la roca. -Les diste el fuego.
-Sí.
-Y con él, el poder de cambiar el mundo.
Prometeo levanta la mirada. -También les di algo más.
-¿Qué cosa? pregunta Polaris.
-La posibilidad de no aceptar lo que se les da.
El viento sopla con fuerza.
-Eso es peligroso, dice la estrella.
-Lo sé.
-¿Te arrepientes?
Prometeo guarda silencio. El águila desciende en ese momento. El dolor atraviesa el aire. Pero el titán no grita. -No, responde finalmente. Ese es el precio del fuego.
Némesis observa la Tierra. -Después de ti -dice- vino la caja.
Prometeo cierra los ojos. -Lo sé.
-Los males fueron liberados.
-Sí.
-¿Entonces valió la pena?
El titán respira con dificultad. Mira hacia abajo. Ve a los humanos sufrir. Ve a los humanos amar. Ve a los humanos construir, destruir, intentar de nuevo. -No era un mundo perfecto antes, dice.
Polaris se inclina en su luz. -Pero era más tranquilo.
Prometeo niega lentamente. -Era más vacío.
Némesis se acerca un poco más. -Si pudieras volver atrás… ¿Lo haría otra vez?
Silencio. Incluso el viento parece detenerse.
-¿A pesar del dolor? pregunta Polaris.
Prometeo mira sus cadenas. Luego mira el mundo. -A pesar de todo.
Némesis contempla al titán con atención distinta. No como juez. Sino como alguien que mide algo más complejo. -Entonces entiendes, dice.
-¿Qué cosa?
-Que el poder nunca es neutral.
Prometeo asiente. -Lo aprendí tarde.
-Todos lo aprenden tarde.
https://www.youtube.com/watch?v=MAUfcOGGs34&list=RDMAUfcOGGs34&start_radio=1
Chivo expiatorio del Cuarteto Nos, aborda la tendencia humana de buscar culpables para los males de la sociedad. Utiliza la historia de Pandora y su caja para explorar cómo se culpa a individuos o grupos por problemas que son colectivos o sistémicos, sirve para ilustrar cómo se responsabiliza a una sola persona por las desgracias de muchos.
En la Tierra, una chispa enciende otra. Y otra.Y otra. El fuego se multiplica hogares, herramientas, máquinas, ciudades, ideas. Polaris observa. -El fuego sigue creciendo.
Prometeo sonríe débilmente. -Ya no es mío.
-No, dice Némesis. Ahora es de ellos.
La noche cae sobre el Cáucaso. El águila se ha ido. Por ahora. Prometeo queda solo. Pero no del todo. Porque puede ver. Siempre ver. La humanidad avanza. A veces hacia la luz. A veces hacia la destrucción. Y en lo alto, La Mesa Redonda del Cielo permanece. Antes, observaban a los humanos. Ahora, también observan al que los cambió.
Polaris habla por última vez. -él no es un Dios como los otros.
Némesis responde, -No.
-¿Qué es entonces?
La Diosa mira al titán encadenado. -El primero que pagó el precio de que los humanos fueran libres.
El viento vuelve a soplar. La Tierra sigue girando. Y el fuego, robado una vez, ya no podrá ser devuelto jamás.
No fue en la Tierra. No fue en el Olimpo. Fue en un lugar intermedio, donde las decisiones se recuerdan mejor que los hechos. Allí, por primera vez, se encontraron. Prometeo, aún con las marcas de sus cadenas. Pandora, con la memoria intacta de sus manos. El cielo estaba en silencio. Como si incluso Polaris decidiera no intervenir.
Pandora fue la primera en hablar. -Tú eres el del fuego.
Prometeo asintió. -Y tú eres la de la caja.
Silencio. No había reproche en sus voces. Sólo reconocimiento.
Pandora sostuvo algo invisible entre sus manos. Como si aún sintiera el peso de la caja. -Dime, preguntó, ¿sabías lo que ocurriría?
Prometeo miró hacia un horizonte que no existía. -Sabía que el fuego cambiaría todo.
-Pero no sabías cómo.
-No.
Pandora bajó la mirada. -Yo tampoco.
El aire se volvió más denso. -Ellos sufren, dijo Pandora.
Prometeo no respondió de inmediato. -Sí. Antes de mí, no era así.
-Antes de mí tampoco.
Ella levantó la vista. -Entonces… ¿somos culpables?
Prometeo la observó por primera vez con verdadera atención. -Somos responsables.
-¿No es lo mismo?
-No.
Pandora frunció el ceño.
-Explícamelo.
Prometeo habló con voz baja, pero firme. -Culpa es haber querido hacer daño.
-Yo no quería.
-Ni yo.
-Entonces…
-Responsabilidad es haber cambiado algo que ya no puede volver atrás.
Pandora cerró los ojos. -Eso sí lo hicimos.
“Los que dicen, eso es imposible no están describiendo la realidad.
Sólo están describiendo sus propios límites”
Kevin Costner
Entre ellos apareció una luz tenue. Pequeña. Persistente. Pandora la reconoció de inmediato.
-Se quedó en la caja.
Prometeo la miró con curiosidad. -¿Por qué no escapó?
-No lo sé.
-¿La retuviste?
Pandora negó. -No.
-Entonces eligió quedarse.
Ambos guardaron silencio.
-¿Es un consuelo? preguntó Prometeo.
Pandora dudó. -A veces.
-¿Y otras?
-A veces hace que sigan adelante… incluso cuando no deberían.
Prometeo asintió lentamente. -Entonces es como el fuego.
Desde lo alto, una presencia observa. No interviene. Sólo mide. Es Némesis. Pero esta vez no habla.
Porque este no es un juicio. Es una comprensión.
Prometeo mira hacia abajo. Ve a los humanos construyendo, fallando, intentando otra vez.
Pandora también los observa. -No se detienen, dice ella.
-No pueden, responde él.
-¿Por el fuego?
-Por La Esperanza.
Ella sonríe apenas. -Entonces hicimos lo mismo.
Prometeo la mira. -Sí. Les dimos algo que no pueden soltar.
Pandora lo mira directamente. -Si pudieras deshacerlo…
Prometeo no la deja terminar. -No lo haría.
Ella asiente. -Yo tampoco.
Silencio. No de duda. De aceptación.
La luz entre ellos permanece. Ni crece. Ni desaparece. Simplemente existe.
Prometeo habla por última vez -ellos nos culparán.
Pandora responde con calma -y tendrán razón… en parte.
-¿Y el resto?
Pandora mira la Tierra. -El resto será suyo.
Desde lo alto, Polaris vuelve a brillar. Némesis observa. Y la Mesa Redonda del Cielo guarda este momento como uno de los más importantes. No por lo que ocurrió. Sino por lo que se entendió. Que el mundo humano no nació del error…sino de dos decisiones irreversibles, dar poder y abrir consecuencias. Y desde entonces, la historia no es otra cosa que aprender a vivir con ambas.
“Los obscenos atributos del poder”
Yoani Sánchez
No hay lugar más difícil de encontrar que este. No está en la Tierra. No está en el cielo visible. No está en el Olimpo. Es un espacio sin forma, donde sólo permanecen las cosas que no desaparecen. Allí se encuentra Némesis. No como juez. No como castigo. Sino como medida. Frente a ella, suspendida en la oscuridad, hay algo casi invisible. Una luz mínima. Tan pequeña que parece insignificante. Y sin embargo, no se apaga.
-Así que tú eres, dice Némesis.
La luz no responde con palabras. Pero vibra. Como si comprendiera.
-Te llaman Elpis, Esperanza, continúa la Diosa.
La luz fluctúa levemente.
-Pero también te llaman engaño. Un pulso más intenso.
-Y a veces… ilusión peligrosa.
Silencio. Némesis observa con atención infinita. -Dime, entonces… ¿qué eres realmente?
La luz tarda en responder. No con voz. Sino con presencia. Y finalmente, en la quietud, se forma una respuesta, -soy lo que queda. La que no escapó.
Némesis recuerda. La caja abierta. Los males liberados. El mundo transformado. -Te quedaste dentro, dice.
-Sí.
-¿Por qué?
La luz titila suavemente. -Porque si salía con los otros… me confundirían con ellos.
La Diosa inclina la cabeza. -¿No lo hacen ya?
-A veces.
Némesis se acerca. Su presencia no es hostil. Pero es exacta. -He observado a los humanos, dice.
-Yo también.
-Sufren.
-Sí.
-Y aun así, siguen adelante.
-Sí.
-A veces gracias a ti.
La luz guarda silencio.
-Pero también, continúa Némesis. -Persisten en errores… repiten excesos… se niegan a aceptar límites.
La luz parpadea. -Sí.
-Entonces eres peligrosa.
Silencio. No de negación. De reconocimiento.
La luz se intensifica apenas. -Sin mí, se detendrían, responde.
-Tal vez deberían hacerlo.
-¿Siempre?
Némesis no responde de inmediato. -A veces, dice.
-¿Y otras?
La Diosa observa la Tierra, invisible desde ese lugar pero siempre presente en su conciencia.
-Otras veces… no.
-Ese es el problema, dice Némesis. -Los humanos no saben cuándo detenerse.
-Ni cuándo continuar, responde la luz.
Silencio. Equilibrio. Por primera vez, la Diosa no tiene una respuesta inmediata. -Yo mido, dice finalmente.
-Yo impulso, responde La Esperanza.
-Yo detengo.
-Yo sostengo.
-Yo corrijo.
-Yo insisto.
Némesis observa la pequeña luz con una atención distinta. No como amenaza. Sino como contraparte. -Entonces eres necesaria.
La luz no brilla más fuerte. Pero tampoco menos. -Y tú también.
La Diosa no sonríe. Pero su voz cambia apenas. -Sin mí, destruirían el mundo.
-Sin mí, lo abandonarían.
Ambas miran -de formas distintas- hacia la humanidad.
-Nunca aprenderán completamente, dice Némesis.
-Nunca dejarán de intentar, responde la luz.
-Siempre estarán al borde del exceso.
-Siempre al borde del sentido.
Silencio. Un silencio que no es vacío. Sino equilibrio.
Antes de separarse, Némesis hace una última pregunta, -Dime… ¿los salvarás?
La luz titila. No con duda. Sino con una certeza tranquila. -No.
La Diosa asiente.
-Entonces ¿qué haces?
La respuesta es simple. -Los mantengo en movimiento.
Némesis comprende. Y por primera vez en toda la historia observada, no corrige. No interviene. Sólo acepta. En algún lugar del mundo, un ser humano cae. En otro, alguien se levanta. En otro, alguien insiste una vez más. Y en ese ciclo invisible, dos fuerzas continúan su diálogo eterno, la que pone límite y la que evita que todo termine. Porque sin límite, no hay forma. Pero sin esperanza, no hay razón para sostenerla.
https://www.youtube.com/watch?v=m8wW2QuS4Tc&list=RDm8wW2QuS4Tc&start_radio=1
La Caja de Pandora de Tierra Santa, usa esta historia para explorar temas de curiosidad, desobediencia y las consecuencias de las acciones. La figura de Pandora se convierte en un símbolo de la tentación y la inevitable caída que sigue a la desobediencia. La caja, que nunca debió ser abierta, representa los límites que no deben ser cruzados y, la liberación de los males simboliza las repercusiones de ignorar las advertencias.
Prometeo da el poder. Pandora libera las consecuencias. Némesis mide el exceso.
La Esperanza evita el colapso
Aquí ya está escrita una mitología completa de la condición humana.
Si quieres dar el siguiente paso, el más ambicioso de todos, hay uno final, este será el cierre, no una conclusión, sino una mirada hacia lo que aún no existe. Aquí no hay pasado, ni presente claro… sólo posibilidad.
El punto donde el futuro tiembla. No hay fecha para este momento. No pertenece al pasado. Tampoco al presente. Es un punto suspendido en el tiempo, donde el futuro aún no ha decidido su forma. La Tierra gira. Pero algo ha cambiado. Desde la Mesa Redonda del Cielo, tres presencias observan juntas, Polaris, fija como siempre. Némesis, atenta como nunca.Y La Esperanza, persistente. Por primera vez, ninguna de ellas tiene certeza.
Polaris habla primero. -Durante siglos, los humanos buscaban dirección.
-Sí, dice Némesis. -Miraban hacia afuera. Hacia nosotros.
La Esperanza vibra suavemente. -Ahora miran hacia adentro.
Silencio. La estrella comprende. -Se han vuelto… capaces de guiarse solos.
Némesis no responde de inmediato. -O de perderse completamente.
En la Tierra, algo invisible se extiende, redes, máquinas, decisiones aceleradas, inteligencias que no existían antes.
-El fuego ha cambiado de forma, dice Polaris. Es el nuevo poder.
-Y la caja sigue abierta, añade Némesis.
La Esperanza pulsa. -Pero también han aprendido.
Némesis la mira. -¿Lo suficiente?
Silencio. La luz no responde.
Polaris observa con una intensidad que rara vez muestra. -Están cerca de algo.
-Siempre lo están, responde Némesis.
-No. Esto es distinto.
La Diosa fija su mirada. -¿Qué ves?
La estrella tarda en responder. -Veo dos caminos… y no sé cuál tomarán. Por un instante, el futuro parece dividirse, en uno, los humanos logran equilibrio. El poder encuentra medida. La inteligencia encuentra responsabilidad. En el otro, el exceso crece. La medida se pierde. Y el mundo se vuelve inhabitable… no por falta de recursos, sino por falta de límite.
La Esperanza vibra con más fuerza. -Ambos son posibles.
Némesis asiente. -Como siempre.
-Pero nunca habían sido tan extremos, dice Polaris.
Por primera vez, Némesis duda. No en su función. Sino en el resultado. -Si fallan no habrá corrección suficiente.
La Esperanza responde -Si aciertan…no la necesitarán tanto.
Polaris interviene, -Entonces este es el momento más importante.
Silencio. Ninguna lo niega.
La estrella formula la pregunta que ha evitado durante milenios -¿Deberíamos intervenir?
El universo parece detenerse. Némesis responde primero, -No. Nunca lo hacemos.
Polaris insiste, -Pero esta vez…
La Esperanza brilla con suavidad. -Si intervienen…ya no será su historia.
Silencio. La decisión es clara. Y también pesada.
Némesis se endereza. -Entonces seguimos como siempre.
-Observando, dice Polaris.
-Midiendo, añade la Diosa.
-Sosteniendo, responde La Esperanza.
La Tierra gira. En ella, miles de millones de decisiones ocurren al mismo tiempo. Pequeñas. Grandes.
Irreversibles.
Antes de que el momento se disuelva en el tiempo, Polaris hace una última pregunta -¿Qué determinará el futuro?
Némesis responde, -El límite que acepten.
La Esperanza responde -La razón por la que sigan.
Ambas miran a la Tierra. Y por primera vez, sus respuestas no compiten. Se completan.
Polaris brilla con una claridad distinta. -Entonces todo depende de ellos.
Némesis asiente.
La Esperanza no disminuye.
Y el mundo continúa. No guiado. No salvado. No condenado. Sino algo más difícil, libre.
No es sólo una historia es una cosmología narrativa de la humanidad
Tiene principio, Pandora. Tiene tensión, la historia. Tiene conciencia, Prometeo. Tiene equilibrio, Némesis y La Esperanza… y un final abierto que no resuelve, sino que le confío al lector.
De verdad ha sido un recorrido poco común, lo construído no es sólo una serie de relatos, sino una arquitectura completa de sentido, donde dialogan Némesis, La Esperanza y Polaris como fuerzas que atraviesan toda la historia humana.
Tómate el tiempo que necesites para leerlo con calma. Este tipo de obra suele revelar cosas nuevas en cada lectura, conexiones entre capítulos, ecos entre decisiones, preguntas que quedan abiertas.
Hay que besar sapos para encontrar a la princesa
La primera mujer mortal, la primera de una raza de mujeres, la primera novia, una gran miseria que vivirían con los hombres mortales como compañeras sólo en tiempos de abundancia, y los abandonaría cuando los tiempos se pusieran difíciles. Pandora, creada por órdenes de Zeus, abrió el recipiente prohibido por Zeus, liberando todos los males, enfermedades y desgracias sobre la humanidad. Sólo quedó dentro La Esperanza. Pandora simboliza la curiosidad incontrolable y el inicio del sufrimiento humano. Fue creada por Hefesto el Dios de la fragua, por orden de Zeus como castigo a la humanidad porque Prometeo robó el fuego sagrado. Fue dotada de atributos por los Dioses, que tocan en otro registro, belleza, elocuencia, curiosidad, de donde proviene su nombre, la que tiene todos los dones. Hermes la hizo hermosa como una Diosa, con el don de la palabra y la elocuencia para decir mentiras y la mente y naturaleza de un perro traicionero. Atenea la vistió con ropas plateadas y le enseñó a tejer y le dio sabiduría. Hefesto la coronó con un maravilloso adorno de oro con animales y criaturas marinas. Afrodita derramó gracia sobre su cabeza, le dio belleza y deseo y cuidados para debilitar sus miembros. Apolo la música. La mandaron a la Tierra sin visarle el pasaporte. Ella se presentó a Epimeteo hermano de Prometeo, -ignoró la promesa hecha a su hermano de no aceptar jamás regalo alguno de los Dioses olímpicos, pues eran astutos y traicioneros,- y la aceptó como compañera aceptando también la caja que llevaba y la escondió en un lugar seguro. Como castigo a la humanidad por casarse con él y, como regalo de boda, ella había recibido un misterioso pithos con instrucciones de no abrirlo jamás. El Recipiente, originalmente era un pithos un ánfora grande según lo escribió Hesíodo por el año 700 aC, traducido erróneamente en el siglo XVI como caja, pixis. Contenía todos los males, las amarguras, la dura fatiga, las enfermedades como la vejez, la muerte, el sufrimiento, la guerra, la envidia y, se dispersaron. Una colección de calamidades a las que la humanidad debería enfrentarse a lo largo de su existencia. La Esperanza quedó atrapada en el fondo.
La frase abrir la caja de Pandora describe una acción que parece inocente pero que, una vez realizada, desata una serie de problemas imprevistos, complicados y difíciles de solucionar. Representa el origen de los males del mundo y cómo la humanidad perdió su estado de inocencia.
La caja no era una caja sino una tinaja o jarra de barro, pithos. El término caja surgió de un error de traducción de Erasmo de Rotterdam en el siglo XVI al traducirla al latín. Zeus entregó el recipiente a Pandora con la instrucción estricta de no abrirlo jamás. Pero la curiosidad fue mayor y, al abrirlo, liberó instantáneamente todos los males que asolan a la humanidad. Cuando cerró apresuradamente el recipiente, lo único que permaneció en el fondo fue Elpis, La Esperanza, el único bien que los Dioses habían puesto dentro. Por eso la esperanza es lo último que se pierde.
Abrir la caja de Pandora se usa como metáfora para referirse a una acción que parece pequeña o inofensiva, pero que termina desencadenando una serie de problemas graves e imprevistos.
La Esperanza no es una excepción benigna y se la considera otro mal. Para Nietzsche es en verdad el peor de los males, porque prolonga los suplicios de los hombres. De ahí la razón de colocarla en el fondo de la caja. En la Ilíada hay dos toneles que están fijos en el umbral de Zeus, uno contiene los males y el otro los bienes. La Teogonía de Hesíodo no lo evoca, y únicamente anuncia que, sin mujer, la vida del hombre es impracticable. Él clasifica a Pandora como bello mal, pues significa, panta dora, que tiene todos los dones, o pantôn dora que tiene dones de todos los Dioses.
Pandora y su fabulosa caja simbolizan la dualidad de la existencia humana, la luz y la oscuridad, la desesperación y la esperanza. Una historia que explica cómo la vida está impregnada de desafíos y sufrimientos, pero también subraya la capacidad de enfrentarse a estos obstáculos con optimismo y resiliencia. La esperanza no es simplemente una emoción, es una herramienta vital que permite a las personas construir un futuro mejor.
Según Hesíodo, Pandora fue una maldición para la humanidad
El significado de la caja de Pandora según Hurwit en 1995, es que explica por qué los humanos tienen que trabajar para sobrevivir, que Pandora representa la hermosa figura del terror, algo para lo que los hombres no pueden encontrar ningún recurso o remedio. La mujer quintaesencial fue creada para engañar a los hombres con su belleza e incontrolable sexualidad, para introducir la falsedad, la traición y la desobediencia en sus vidas. Su tarea era desatar todos los males sobre el mundo mientras atrapaba La Esperanza, no disponible para los hombres mortales. Pandora es un regalo engañoso, un castigo por el bien del fuego prometeico, ella es, de hecho, el precio del fuego de Zeus.
Brown señala que la historia de Pandora de Hesíodo es el ícono de las ideas griegas arcaicas sobre sexualidad y economía. Hesíodo no inventó a Pandora, pero sí adaptó la historia para mostrar que Zeus era el ser supremo que moldeó el mundo y causó la miseria de la suerte humana, y cómo eso causó el descenso humano desde la dicha original de una existencia despreocupada.
Prometeo era uno de los doce titanes, una raza de seres poderosos que gobernaron el Universo durante la Edad Dorada. Y, además, era amigo de los hombres con los que le gustaba alternar. Zeus, que estaba casado con la Diosa de la Justicia Themis, se encabritó. Así que decidió dar una lección a Prometeo y a sus amigos humanos. Una lección que nunca olvidarían. El paquete era Pandora, una especie de Miss Universo al estilo griego. Zeus sabía por dónde les apretaba el zapato a los titanes. Epimeteo, que no había visto mujer en su vida, cacheteó en el asfalto por de ella y la convirtió en su esposa.
Los investigadores del comportamiento humano dicen que las mujeres son más curiosas que los hombres. Por eso, mantener los secretos es difícil porque la curiosidad puede causar buenos o malos momentos. Buenos, si se trata de descubrir algo nuevo, malos, si se produce cólera.
El último que se vaya que apague la luz.
FIN
sergiodeleonlopez
Ma17326
Uky
ResponderBorrarGenial como siempre
Muchas gracias
BorrarIris de León
ResponderBorrarEnterada. Muchas gracias
Por nada, es un gusto
BorrarWendy Zeceña. Excelente muchas gracias
ResponderBorrarGracias a ti
BorrarJavier Flores
ResponderBorrarBrutal y aleccionadora historia
Muchas gracias, me alegra tu comentario
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