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In ictu oculi
En un abrir y cerrar de ojos
Que el silencio te acompañe
Cuando la conocí por primera vez me enamoré de ella, me alcanzó su onda expansiva y, pasaron muchos, muchos años hasta que la volví a encontrar y me doy cuenta que sigo enamorado de ella por los efectos del fluido de la atracción, pues de repente empezó a sonar en mis oídos en la oscuridad de la madrugada y quería recordar, hasta que saltó a mi pensamiento esta divina historia y, recordé. Y así es como sonaba, hasta que me dormí soñando con ella:
https://www.youtube.com/watch?v=MNPDLpG33J8&list=PLBLkNGVG4e0P_2YbTULFRWK5cRqSlRKH3
Sin hundirse, Without Sinking, de la compositora y violonchelista islandesa Hildur Guðnadóttir, atmosférica y emocional que explora texturas sonoras profundas. El violoncello susurra y gime llorando por un futuro incierto de encontrar el pasado enterrado. Emocional. Las notas flotan en el aire y penetran el alma.
Se juntan sin conocerse, viven sin amarse, mueren sin llorarse
Como el rigor es negociable sin carácter fisonómico ni etnográfico en un laboratorio de psoibilidades progresivas, esta historia la parí como un libro ritual que nace del encuentro entre la arqueología y la imaginación poética, para lectura, memoria y tránsito sin fluxión de mi acatarrado cerebro con cavernas más hondas que un agujero negro.
En las quimeras del tiempo, una joven enterrada no dejó palabras escritas. Dejó, en cambio, indicios, un cuerpo cuidadosamente dispuesto, un atuendo cargado de símbolos, un viaje inscrito en el cabello y en sus huesos con el arrullo del tiempo.
No pretendo reconstruir su biografía, sino escuchar lo que su silencio me dice al oído. Aquí, la historia se transforma en rito, en dato, en imagen. La hipótesis, en canto.
A mí también se me fue el santo al cielo, pues los procedimientos angelicales trastornan la sociedad como gatas paridas escondiendo sus crías.
El lector aquí no es un observador externo, sino un participante, pues quien abre esta historia cruza un umbral y acompaña a la niña en su tránsito.
No se trata de creer, sino de atender y entender.
Como a veces se limitan a extinguirse en silencio mojando la champurrada en el café, la Convención de los Derechos del Niño de la ONU considera niño o niña a todo menor de 18 años, así que para mí ella sigue siendo niña, pues creo que no tenía quién le apagara la vela.
En mis sueños salvajes de juventud, cuando la conocí por primera vez era niña, pero ahora las investigaciones dicen que es joven. Algo pasó y no me dí cuenta. Quizá el fario. Tal vez no le dolía la cabeza.
Es un viaje de silencio y arqueología entrelazados, así que acomódese y no se mueva hasta nueva orden.
Esta no es una historia para ser leída con prisa.
Es un objeto de paso. Un texto para abrirse lentamente, como se abre la tierra cuando acepta un cuerpo sin poseerlo. Puede leerse en voz alta pero mejor en silencio. Puede cerrarse y volver a abrirse en otro momento. Cada lectura es un viaje distinto.
En un grandioso mecanismo de imperfecciones, con una vida llegada desde lejos un 24 de febrero de a 1921, el granjero danés Peter Platz estaba retirando los restos de un túmulo funerario de tierra de la Edad de Bronce en su campo de cultivo cuando dio con un ataúd de roble sellado por más de 3,000 años. Informó a las autoridades y el Museo Nacional de Dinamarca organizó una excavación y llevó el ataúd a Copenhague para estudiarlo. Al abrirlo, encontraron elementos de un ajuar de la ocupante, pero de ella, debido a la acidez del suelo y la saturación de agua frecuente en el ataúd, solamente quedaban el cabello, algo de su cerebro, sus dientes y uñas, y unos fragmentos de piel. La piel de vaca que había cubierto el fondo del ataúd también había desaparecido, pero quedó el pelo que delineaba la forma del perfecto cuerpo que había yacido sobre ella. El entierro se había producido en un verano lo que demuestra el brote de milenrama que había en el borde del ataúd. Baste decir que murió alrededor del 1,370aC.
Como los juicios de la realidad se confunden con las imágenes del sueño, el estudio de sus dientes fijó su edad entre los 16 y los 18 años cuando murió, a un promedio de 17 años, y se le nombró La Niña de Egtved aunque en esa época ya era una hermosa mujer, quizá casada -espero que no, porque me gusta más como niña.- La esperanza media de vida en la Edad de Bronce era de unos 26 años, y los matrimonios y primeros partos se realizaban tempranamente. Sus adornos han sido también motivo de especulaciones. El disco solar al frente de su falda es una función espiritual y pudo haber sido una sacerdotisa en el culto al sol, que era vital. Pero más allá de eso, no se sabe nada, salvo que sin duda tenía una posición destacada en su sociedad. No era una reina conocida ni una guerrera, pero todo el enterramiento habla de importancia, respeto y viaje.
Con transparencias de mujer, ella es una de las figuras más conocidas de la prehistoria. Un día de verano de 1,370 aC, fue enterrada en un ataúd de roble cubierto por el túmulo Storehøj, cerca de Egtved, al oeste de Vejle en Dinamarca. Aunque no queda mucho de ella, su vida es una cautivadora historia de los pueblos de la Edad de Bronce. El estado de conservación del enterramiento era excepcional. El roble y la acidez del suelo habían preservado su cabello rubio como rayos de sol, recogido en un elaborado peinado, con fragmentos de piel y uñas nacaradas y, sobre todo su vestimenta única en Europa, vestía blusa corta de lana dejaba el vientre parcialmente al descubierto con un ombligo de ensueño, minifalda de cordones dignas de unas piernas perfectas. Un cinturón con un gran disco de bronce ricamente decorado. No habían armas, no habían herramientas. No fue enterrada como alguien común, sino como una figura ritual, simbólica.
A sus pies se encontró una pequeña urna de corteza de abedul que adentro tenía los restos incinerados de un niño pequeño de 5 a 6 años. No sé sabe si era su hijo, su hermano, un acompañante ritual o un símbolo. El silencio arqueológico es absoluto, nunca claro en los senos de la ciencia. Su presencia convierte el entierro en algo más que individual, un acto cargado de significado social y espiritual.
https://www.youtube.com/watch?v=FnkTuHP9q3o&list=RDFnkTuHP9q3o&start_radio=1
Helvegen, El camino a HEl, -Helheim el camino de los muertos,- de Wardruna que significa los guardianes de los secretos, -un grupo musical noruego,- es una profunda canción sobre la muerte, el recuerdo y el viaje del alma hacia el más allá, un lamento ritualístico que acompaña a los difuntos a través de un camino de liberación, honrando el ciclo de vida, muerte y renacimiento, el camino de transición.
No fue un garbanzo de a libra. Durante décadas se creyó que La Niña era danesa, -aunque ellas eran fértiles como las conejas,- pero en el siglo XXI, la ciencia cambió la historia con los análisis de isótopos de estroncio en sus dientes pefectos, cabello y uñas que revelaron que no nació en Dinamarca. Había pasado gran parte de su infancia en una región situada a cientos de kilómetros, en el sur de Alemania en la zona alpina. Estudios de su cabello mostraron que viajó varias veces en los últimos años de su vida, recorriendo largas distancias poco antes de morir. No era una prisionera inmóvil. Era una migrante frecuente en una Europa sin mapas ni fronteras modernas.
¿Quién era realmente?
Obteniendo los datos con sacacorchos por una estrecha rendija como mirando a los leones a través de los barrotes con un gesto de pésame, pudo ser sacerdotisa de cultos solares o de fertilidad, una figura diplomática entre comunidades para sellar alianzas, una joven de élite, cuyo matrimonio tenía valor político o una portadora de tradición, viajando entre centros rituales. El disco de bronce de su cinturón es un símbolo solar que da idea de un papel ceremonial de oportunidad operativa.
No habían señales de violencia tal vez por la Providencia o por quien estuviera de turno ese día. Murió joven y por primera vez vió la eternidad, pero no se sabe cómo, en un punto muerto que augura nuevos retos. Parecía más sola y desamparada que de costumbre.
Tenía el color del pergamino viejo.
Fue enterrada con mucho cuidado, con ceremonia, envuelta en tejidos y depositada en un ataúd que exigió trabajo colectivo, pues su muerte importó. No fue olvidada. Fue recordada sin temor a que le apaguen el cirio.
Mortal como el resto de los mortales.
Me juego el apéndice a que llevaba varios boletos en la rifa.
Ella puede destruir tu corazón y tu voluntad.
Para convertir lo visible en invisible, La Niña de Egtved rompe los mitos modernos de que las sociedades prehistóricas eran estáticas, que las mujeres no viajaban ni tenían roles centrales, que Europa era culturalmente cerrada. Ella demuestra que hace 3,300 años ya existían redes sociales lejanas de contacto, movilidad constante, mujeres con agenda social y simbólica.
Nadie sabe su nombre. No conocemos su voz, pero vino de lejos, y cuando murió, alguien quiso que el mundo la recordara. Y lo logró.
Esto no se presenta como un problema de muy difícil solución.
Ovejas sueltas, pastor dormido
https://www.youtube.com/results?search_query=Wardruna+%E2%80%93+Helvegen
Helvegen de Wardruna es una profunda canción sobre la muerte, el recuerdo y el viaje del alma hacia el más el más allá, el Helheim, un lamento ritualístico que acompaña a los difuntos a través de un camino de liberación, honrando el ciclo de vida, muerte y renacimiento. Un canto para acompañar al muerto, ayudándolo a soltar las ataduras terrenales y a continuar su viaje, pues la muerte no es un final, sino parte del ciclo natural de nacimiento, vida, muerte y renacimiento. Es una obra espiritual y conmovedora que canaliza la cosmovisión nórdica sobre la muerte, la memoria y la continuidad, funcionando como un ritual musical para acompañar al alma en su último viaje.
Mi canto para la Niña de Egtved, la que vino de lejos
En los extremos de un sitio tranquilizador, nadie recuerda su nombre. Pero la tierra sí. Antes de que hubiera reinos, antes de que el hierro mordiera la historia, cuando el sol era un Dios visible y los caminos se aprendían con los pies, una niña cruzó Europa. Venía del sur, de montañas donde el aire es más duro y la piedra canta bajo los pasos. Allí aprendió a hilar la lana, a leer el cielo, a escuchar el lenguaje del fuego cuando el bronce se vuelve líquido. Era joven, pero no ligera. En su cintura llevaba el disco del sol, redondo como el día perfecto, pesado como la responsabilidad. No era adorno, era señal.
Donde ella iba, la miraban en silencio. Sabían que no caminaba solo por sí misma. Era enviada, puente entre casas distantes, voz que no gritaba, promesa que no necesitaba juramento. Cruzó ríos sin nombre, durmió bajo estrellas repetidas, aprendió nuevos acentos del viento. Cada paso era una negociación con el mundo. A veces regresaba al origen. A veces partía de nuevo. Su cabello guardó esas idas y venidas como un mapa invisible, trenzado con polvo y memoria. Hasta que un día, en la tierra del norte, el cuerpo dijo basta. No hubo sangre. No hubo huida. Sólo un cansancio profundo, como si el alma hubiera llegado primero y esperara.
En la infinita, fría y espantosa realidad la acostaron en roble, árbol que sabe durar. La vistieron con una falda de cordones, blusa corta y cinturón solar. A sus pies colocaron una pequeña urna con cenizas de un niño. Nadie explicó nada. Las cosas sagradas no se explican. Quizá era vida que no llegó. Quizá era vida que la acompañaba. Quizá era la señal de que nadie viaja solo, ni siquiera al final. Sellaron el ataúd. Levantaron el túmulo. El tiempo pasó. Tres mil años como un parpadeo lento de la tierra. Cuando volvieron a verla, el mundo ya tenía palabras nuevas. Pero ella seguía allí, el cabello aún dorado, el gesto intacto, el viaje inscrito en los huesos. Olía a cadáver ambulante. Su espíritu se esparce como paloma lanzada a los aires.
Los sabios dijeron, -no nació aquí. La ciencia confirmó lo que el mito sabía, había venido de lejos.
No fue reina. No fue guerrera. No fue madre ni esposa nombrada. Fue algo más difícil de sostener, una figura de paso, una portadora de sentido en un mundo que se movía sin mapas.
Hoy se la mira detrás de la urna de vidrio y creen estudiarla. Pero es ella quien nos observa, desde una edad donde el viaje ya era destino. Porque mientras exista alguien que cruce tierras para unir lo separado, mientras haya cuerpos jóvenes que carguen símbolos más grandes que ellos mismos, La Niña de Egtved seguirá caminando. Silenciosa. Solar. Eterna.
El peso del sol en tiempo lento y ritual con lira nórdica y bordón de cuerdas, percusión baja y espaciada con tambor de marco, pulsó cada 8 a 10 segundos con entradas ocasionales de flauta de hueso y silbato en un sonido de viento lejano.
-El día vuelve a abrir los ojos. Siempre lo hace antes que yo en un silencio breve.
Su madre, -no mires atrás cuando cruces el umbral.
- ¿Y si el camino se rompe?
-Entonces aprenderás a caminar sobre el aire.
La luz ritual ritual y el sonido de cuerdas pulsadas tensas a secas, cuando llega el anciano que porta el disco solar. Este disco no es oro. Es sol domesticado. Pesa porque recuerda y, lo coloca en la cintura de la niña
-¿Y si no regreso?
-Nadie regresa igual. Eso también es volver.
Con ritmo de pasos como percusión ligera, repetitiva La Niña piensa en voz alta, -las montañas no preguntan quién soy. Los ríos tampoco. Sólo los hombres necesitan nombres.
Un viajero le pregunta, -¿de dónde vienes?
-De donde el sol nace cansado.
-¿Y adónde vas?
-A donde el sol aprende otro idioma.
El viajero ríe, pero no se burla.
Cuando la música casi desaparece como el viento, éste se queda sin respiración y la niña se detiene, en la oscuridad, el disco le pesa más como si el cielo durmiera sobre su vientre. -No eres el camino. Eres el cruce.
Cambió la atmósfera, ahora es más fría, como flauta grave. Una mujer del norte le dice, -hablas raro niña.
-Pero entiendes lo que traigo.
La mujer asiente. -Quédate. El invierno también necesita memoria pues el viento se vuelve protagonista.
Con el pulso lento e irregular el cuerpo se vuelve pesado. No como el disco. Más bien como la tierra cuando decide retener respirando audible. Y si esto es el final, que sea un lugar. Tiene la sensación de que no hay nada entre sus pies y el abismo lleno de luz, lleno de reflejos y de luna y de noche.
En la más alta ocasión que vieron los siglos el olor a pasado estéril, la percusión ritual suena a golpes espaciados. No se entierra a quien viajó. Se le da reposo y colocan el cuerpo. Lleva el sol contigo. Aquí no se apaga. Agárrate y no te sueltes. La diversidad causaba desajustes.
-Con la música suspendida, casi inaudible escucho pasos que no reconozco, murmura la niña. -Hablan una lengua futura. Silencio. Si me miran, que no me despierten. Sigo viajando. Me disuelvo lentamente.
Antes de la palabra, la respiración. Antes del nombre, el gesto. La Niña se detiene al borde del día. No porque dude, sino porque comprende el peso del primer paso. La luz es tenue, dorada con sonidos graves continuos. La niña está de pie, descalza con sus inigualables pies dorados, en el centro del espacio.
-El día vuelve a abrir los ojos. Siempre lo hace antes que yo. No mires atrás cuando cruces el umbral. ¿Y si el camino se rompe? Entonces aprenderás a caminar sobre el aire.
Quien lee cruza con ella.
https://www.youtube.com/watch?v=JzKJNzL4eTI&list=RDJzKJNzL4eTI&start_radio=1
Pausis significa pausa o cese, indica momentos de silencio o transición que permiten la respiración, el cambio de fraseo, la contemplación. Es música monofónica, se interpreta en una sola línea, sin armonía compleja, con la percusión y la flauta añadiendo textura a la lira.
El disco solar no es un objeto. No es oro. Es una memoria comprimida. Circular porque no promete final. Pesado porque recuerda a otros cuerpos que también lo llevaron. Es sol que aprendió a quedarse. La Niña lo acepta sin inclinar la cabeza. No se inclina ante el destino. Camina con él. El camino no es línea, es repetición. Ríos, montañas, lenguas extrañas. Todo ocurre más de una vez.
-Las montañas no preguntan quién soy.
-¿De dónde vienes niña?
-De donde el sol nace cansado.
Aquí pueden reconocer sus propios viajes.
La noche no es ausencia, es escucha. Cuando la luz se retira, el símbolo pesa más.
-No eres el camino. Eres el cruce. La Niña no responde. Respira.
El frío no expulsa. Ordena. En el norte, las palabras sobran. -Hablas raro Niña.
-Pero entiendes lo que traigo. Aquí el viaje se vuelve cuerpo. El cuerpo aprende a detenerse. No por derrota, sino por pertenencia. Si esto es el final, que sea un lugar. La tierra escucha. El rito no explica lo que hace. Se hace. No se entierra a quien viajó. Se le da reposo. El disco vuelve al centro.
El tiempo se abre. La Niña escucha pasos futuros. Lenguas que aún no existen. -Si me miran, que no me despierten. Sigo viajando.
Esta historia puede cerrarse aquí. O volver al inicio. Todo rito verdadero es circular. Quien ha leído, ha cruzado. pues he convertido esta historia en canto, en un libro ritual, pensado no como narrativa convencional sino como objeto simbólico, circular, lento, recitable, y abierto a relecturas.
Como notas del ritual, sobre la circularidad, la estructura de esta la historia no sigue una progresión narrativa clásica. Puede leerse de principio a fin o abrirse en cualquier sección. Esta forma la hice corresponder a concepciones del tiempo propias de las culturas de la Edad del Bronce.
Sobre los diálogos, las voces no deben entenderse como personajes psicológicos, sino como funciones rituales, Madre-origen, Anciano-transmisión, Viajero-encuentro, Mujer del Norte -territorio, Coro-memoria colectiva. El disco solar, es un símbolo central del texto que remite a los cultos solares documentados en Escandinavia y Europa Central durante la Edad del Bronce.
Sobre el lector, la lectura en voz alta modifica el texto, así que recomiendo experimentar con pausas, silencios y repeticiones.
Esta historia puede cerrarse aquí. O volver al inicio. Todo rito verdadero es circular.
Quien ha leído, ha cruzado.
Colofón
La Niña de Egtved, historia real ritual la concebí como una obra híbrida entre poesía, dramaturgia ritual y ensayo simbólico. No pertenece a un género ni a una disciplina única. Puede ser leído como texto, pronunciado como canto, o habitado como ceremonia. La Niña no es un personaje, es una figura de tránsito. Esta historia no la despierta. La acompaña.
Esta historia puede cerrarse aquí. O volver al inicio. Todo rito verdadero es circular. Quien ha leído, ha cruzado.
https://www.youtube.com/watch?v=jM8dCGIm6yc&list=RDjM8dCGIm6yc&start_radio=1
Es una canción de "hunnu rock" que fusiona el heavy metal con música tradicional. Símbolo central de la cultura nómada, la libertad, la fuerza y la hermandad, celebrando la conexión con la naturaleza y la resiliencia, representa el espíritu libre, la lealtad y la sabiduría. Exalta las tradiciones, rituales y la vida, destacando la filosofía de vida de los nómadas, creando un sonido épico. Habla de unidad y apoyo mutuo en momentos difíciles. Refleja un sentido de orgullo nacional y resistencia cultural para la identidad. Es un himno que conecta el pasado espiritual con sonidos contemporáneos. Evoca imágenes de la fuerza de la naturaleza para representar desafíos y adversarios, la repetición de la lucha simboliza la resistencia y la lucha contra las adversidades de la vida.
De ella sólo quedan cabello, cerebro, dientes, uñas y un poco de piel. Sus dientes avisan que tenía entre 16 y 18 años cuando murió. Vestía una túnica corta y una falda hasta la rodilla hecha de cuerdas. Sobre su vientre reposaba una placa de bronce decorada con espirales. También llevaba consigo en la tumba un peine de cuerno, sujeto al cinturón. Alrededor de cada brazo llevaba un anillo de bronce y un fino pendiente en la oreja. Junto a su rostro yacía una pequeña caja de corteza con un punzón de bronce y los restos de una redecilla para el pelo. A los pies de La Niña de Egtved se había colocado un pequeño cubo de corteza, que en su día contenía cerveza para que pudiera entrarle en el más allá. También había un pequeño bulto de ropa con los huesos incinerados de un niño de 5 o 6 años. Se encontraron algunos huesos del mismo niño en la caja de corteza. La Niña de Egtved volvió a la luz del día cuando se excavó su tumba en 1921, casi 3,500 años después. Estaba situada en el túmulo Storehoj, cercano a la localidad de Egtved, Dinamarca. Después del hallazgo, los restos se extrajeron en un bloque compacto y llevados al laboratorio.
La Niña de Egtved destaca por su excepcionalidad, a las condiciones de conservación, a los datos obtenidos en el análisis. Sobresale en el estudio de la movilidad de los humanos durante la Edad de Bronce. Los restos se hallaron en un ataúd de tronco de roble, material reservado a la élite. Analizado a través de la dendrocronología, data de 1,370 aC. El ambiente ácido y sin oxígeno que había dentro del ataúd fue el que permitió una conservación poco usual de los restos. En términos de la cultura material, se encontraron diversos elementos y prendas, en su mayoría de lana. Entre ellos, una minifalda trenzada en inusual buena conservación, una cuerda colocada en el contenedor y los restos incinerados de un niño. Las marcas de isótopos de estroncio implican un origen no local de los restos. Los elementos y prendas con los que se fabricaron tampoco venían de ahí. Se encontró un cinturón de bronce en forma de disco. Piezas de oro y bronce depositadas en la tumba, no provienen de Dinamarca, sino originarias de Europa central. Pese a que no es poco común encontrar piezas semejantes en una tumba, sí supone una excepcionalidad la cantidad de ellas.
La Bioarqueología de los restos de La Niña de Egtved preservados son los que, usualmente no llegarían a conservarse. El entorno ácido del interior de la tumba produjo, por una parte, la contaminación de los restos de ADN y, por otra, la escasa preservación de los tejidos blandos y duros, a excepción de varios dientes de los que el mejor conservado es el primer molar. El mismo entorno propició que no sólo la ropa se conservara, sino también sus uñas y cabello.
La información bioarqueológica fue obtenida gracias a los estudios llevados a cabo por Karin Margarita Frei en el Museo Nacional de Dinamarca, que involucraban una serie de técnicas de análisis bioquímicos, biomoleculares y geoquímicos y métodos de datación tales como la dendrocronología y el método por radiocarbono.
Se estimó a través de los dientes que la edad estaba comprendida entre los 16 y los 18 años, razón por la que se la conoce ahora como La Chica de Egtved. Tal vez ya no era tan niña. No fue el único dato que se obtuvo al analizar su primer molar, ya que al estudiar los restos de carbono y estroncio se observó que sus marcas de estroncio no eran proporcionales a los de una persona de Dinamarca, apareciendo por primera vez la posibilidad de que La Chica de Egtved, irónicamente, no fuera ni de Egtved ni danesa. A través de otros análisis biomoleculares y geoquímicos de los restos en especial de las uñas y el molar, se pudieron comparar las marcas de estroncio con el resto de marcas europeas y, se dedujo que la joven debía venir del territorio de la Selva Negra, Alemania.
Una vez visto que la chica no parecía ser danesa, se procedió a analizar los demás restos orgánicos, entre ellos su ropa que estaba compuesta de lana y otros elementos no originarios de Dinamarca y su cabello de 23 centímetros de largo, se cortaron en cuatro segmentos del más reciente al más antiguo, marcando un periodo de crecimiento de al menos, 23 meses, que significa que el análisis aportó información sobre los últimos 2 años de vida de La Chica de Egtved. El segundo y tercer segmento, que abarcaban un periodo de 12 meses, mostraron marcas de estroncio compatibles con las registradas en Dinamarca. No obstante, el primer y cuarto segmento de cabello, el más reciente y el más antiguo, indicaron marcas isotópicas similares a las de Selva Negra, mostrando no sólo que la joven podía ser extranjera, sino que había ido y vuelto de la península de Jutlandia al menos dos veces en sus últimos años de vida.
Interpretación de los restos
El yacimiento de La Chica de Egtved sigue siendo un verdadero misterio debido a algunas de sus peculiaridades, tales como la importante movilidad que tuvo la difunta en vida, la ropa con la que fue enterrada o los restos del niño a su lado. Una teoría plantea que ella estaba fuera de la península de Jutlandia como consecuencia de una alianza matrimonial. Quizás se mudó para casarse con alguien conocido entre ambas regiones, que podría explicar por qué fue enterrada con objetos singulares, ya que estas alianzas matrimoniales se habrían dado con jefes. Según los datos de los isótopos de estroncio parece ser que las mujeres eran quienes se movían en la Edad de Bronce y esto hace deducir que las mujeres no han sido quienes siempre se quedaban con su familia. La movilidad de las mujeres podría implicar que la pauta de residencia era patrilocal.
Otra teoría tiene relación con el cinturón que llevaba, que está formado por una pieza de bronce de forma circular que simboliza el sol, por lo que pudo ser una sacerdotisa perteneciente al culto al Sol Nórdico. La falda podría tener connotaciones rituales.
Un factor importante en el estudio de este yacimiento es averiguar el rol del niño enterrado en la tumba y la correlación del mismo con ella. Gracias al estudio realizado se concluyó que ambos provenían de fuera de Dinamarca, lo que planteó la teoría de que el niño fuera en realidad su hijo. Por otro lado, esta hipótesis no se puede confirmar debido a la imposibilidad de encontrar ADN en los restos incinerados, aunque la escasa diferencia de edad entre La Chica de Egtved, de una edad entre los 16 y los 18 años, y el niño, entre los 5 y 6 años la hacen muy poco probable.
Los análisis del estroncio indican que La Chica de Egtved que vivió hace 3,500 años, llevaba una vida moderna con las de hoy día y su vida resulta sorprendentemente moderna.
Su historia es una cautivadora historia de los pueblos de la Edad de Bronce
Llevaba consigo en la tumba un peine de cuerno, sujeto al cinturón y alrededor de cada brazo llevaba un anillo de bronce y un fino pendiente en la oreja. Junto a su rostro yacía una pequeña caja de corteza con un punzón de bronce y los restos de una redecilla para el pelo. A los pies de La Chica de Egtved se había colocado un pequeño cubo de corteza, que contenía cerveza para su uso futuro. También había un pequeño bulto de ropa con los huesos incinerados de un niño de 5 o 6 años. Se encontraron algunos huesos del mismo niño en la caja de corteza.
Karin Frei se especializa en el análisis de pequeñas variaciones en la composición molecular del estroncio, un elemento de amplia distribución en las rocas terrestres y que se acumula en los tejidos vegetales y animales. Su composición difiere de un lugar a otro, lo que da lugar a unas señales características del área de origen a las que Frei describe como una especie de GPS geológico. Al comparar la composición geológica del estroncio de La Chica Egtved con el estroncio de otras regiones de Europa noroccidental, pudo determinar los lugares donde había vivido. La composición geológica del estroncio de su esmalte dental, indica que nació en el suroeste de la Alemania actual, a unos ochocientos kilómetros de distancia. Está afirmación también se respalda por las fibras de lana de su ropa -un conjunto de blusa y falda con un estilo sorprendentemente actual,- parecen originarias de la Selva Negra alemana.
“Es una figura importante para la identidad danesa, algo que se estudia en el colegio y sí, se encontró en Dinamarca, pero era una mujer internacional.”
Karin Margarita Frei
Al analizar su cabello y una uña, que contienen el estroncio acumulado durante los dos últimos años de su vida, se supo que realizó dos viajes entre Dinamarca y su lugar de origen. Se va comprendiendo su pasado, sus movimientos, su complejidad. Y a ello ha colaborado una joven de esa época. Ese día de verano de 1,370 aC, una comunidad de la edad del bronce donde hoy está Egtved, en Dinamarca, celebraba el enterramiento de una joven mujer rubia, de 1.60 de estatura y entre 16 y 18 años de edad, en un tipo de ataúd de roble reservado a personajes importantes. La joven llevaba una túnica corta de lana y una falda de cordones trenzados hasta la rodilla, un cinturón con una gran placa circular de bronce a modo de hebilla decorada con espirales, un brazalete de bronce en cada brazo y un fino pendiente en forma de aro en una de las orejas. De su cinturón colgaba un peine hecho de cuerno. Junto a su rostro, una cajita fabricada con la corteza del roble contenía un punzón también de bronce y una redecilla para el cabello. Un pequeño cubo de corteza a sus pies contenía cerveza y a su lado se puso un atado de telas con los huesos cremados de un niño de 5 o 6 años de edad. Se la extendió sobre una piel de vaca con la que se había forrado el interior del tronco de roble ahuecado. Un capullo de la blanca flor de la milenrama cayó al interior del ataúd, o fue colocado por alguno de los presentes. Luego se extendió sobre ella una manta tejida de lana marrón, y otra piel de vaca antes de cerrar el ataúd y apilar sobre él un imponente túmulo funerario de tierra.
El hallazgo y la sorpresa
Estudios realizados en su cabello y dientes en 2015, que analizaron los isótopos de estroncio presentes en sus tejidos, informaron que La Niña de Egtved no era nativa de la zona donde se le enterró, sino una mujer viajera,originaria de la Selva Negra en lo que hoy es Alemania. Peregrinó constantemente entre la Selva Negra y el lugar donde murió, caminando cientos de kilómetros. Esto abre interrogantes que quizás con el tiempo y más restos arqueológicos de esas épocas se puedan responder, pero que resultarán fascinantes. ¿Viajaba sola o acompañada? ¿Cuál era el motivo de sus viajes, acaso religioso, ritual, comercial o familiar? ¿Era seguro caminar mil kilómetros cruzando del centro de Alemania hasta la mitad de la península de Jutlandia? ¿O acaso el viaje podría haberse hecho por mar?
Un rastro arqueológico sirve para alentar la imaginación pintando un panorama de la edad de bronce como una era civilizada, ágil, compleja y de grandes redes de intercambio internacional pese a sus limitaciones en cuanto al conocimiento, probablemente impulsadas por la necesidad de los metales necesarios para crear bronce, llevados con frecuencia desde lugares lejanos a donde se procesaban.
Otra joya de la arqueología danesa, la llamada Mujer de Skrydstrup -pese a que al morir tenía más o menos la misma edad de La Niña de Egtved,- que había vivido entre el 1,129 y el 1,382 antes de la era común, fue descubierta en 1935. Su enterramiento también se había hecho en un ataúd de roble y llevaba ropa finamente bordada, un elaborado peinado y ricos aros de oro. Los estudios de isótopos de estroncio realizados igualmente en sus restos, mucho más completos, sugirieron que ella también provenía de tierras lejanas, originaria de algún lugar más allá de la Dinamarca actual, que podía ser igualmente Alemania, o el noreste de los Países Bajos o de la República Checa e incluso podría haber venido de Bretaña. Se había desplazado a los 13 o 14 años de edad hasta Skrydstrup, en el sur de Dinamarca, donde vivió los siguientes años hasta su muerte a los 18. La niña de Egtved, en cambio, según los estudios, peregrinó constantemente entre la Selva Negra y el lugar donde murió, caminando cientos de kilómetros. Esto abre interrogantes que quizás con el tiempo y más restos arqueológicos de esas épocas se puedan responder, pero que resultan fascinantes. ¿Viajaba sola o acompañada? ¿Cuál era el motivo de sus viajes, acaso religioso, ritual, comercial o familiar? ¿Era seguro caminar mil kilómetros cruzando del centro de Alemania hasta la mitad de la península de Jutlandia? ¿O acaso el viaje podría haberse hecho por mar?
Un último rastro arqueológico sirve para alentar la imaginación pintando un panorama de la Edad de Bronce como una era civilizada, ágil, compleja y de grandes redes de intercambio internacional pese a sus limitaciones en cuanto al conocimiento, probablemente impulsadas por la necesidad de los metales necesarios para crear bronce, llevados con frecuencia desde lugares lejanos a donde se procesaban.
En 1982, en Uluburun, Turquía, unos pescadores de esponjas encontraron un naufragio de la Edad de Bronce, coincidente en el tiempo con las dos mujeres halladas en Dinamarca, alrededor de fines del siglo XIV aC. La datación de la madera tanto por análisis de sus anillos como por carbono 14 sitúa su construcción alrededor del 1,327 aC. Era un barco chipriota o siriopalestino dedicado al comercio, con objetos procedentes por igual del Norte de Europa o de África, desde Sicilia hasta Mesopotamia. Hay nueve o diez culturas representadas en su cargamento. Metales, cerámica, resinas, vidrio, madera, marfil, lámparas de aceite, cáscaras de huevo de avestruz, joyería, herramientas, armas y alimentos llenaban las bodegas de la pequeña embarcación de apenas 15 metros de largo, que conseguía navegar sin siquiera brújulas, que tardarían 200 años en llegar a Europa, siguiendo la línea de la costa con mapas imprecisos y la pericia de su capitán.
El mundo donde vivió la niña de Egtved estaba ya globalizado
e interconectado 4000 años atrás
¿Sacerdotisa?
En otro enterramiento danés, el de La Mujer de Ølby, ella llevaba una falda de cordones trenzados como la de La Niña de Egtved, prenda que se halla representada en figuras de bronce y grabadas en piedra relacionadas con rituales religiosos, lo que apoya la posibilidad de que su lugar en su comunidad fuera como sacerdotisas.
Durante la Edad del Bronce del 2,200 al 850 aC, algunos habitantes del continente europeo ya circulaban regularmente entre diferentes regiones. Un ejemplo notable de esta movilidad es la tumba de La Niña de Egtved, cuyos materiales orgánicos, en un extraordinario estado de conservación, aportan información reveladora sobre los intercambios que tuvieron lugar entre las diversas comunidades europeas de la época. La joven, que inicialmente se consideró miembro de la élite local, creció lejos de la región donde fue enterrada, recorriendo al menos 2,400 kilómetros durante los dos últimos años de su vida. Los análisis biomoleculares, bioquímicos y geoquímicos han permitido reconstruir parte de su itinerario entre Dinamarca y la Selva Negra. A nivel individual, La Niña de Egtved encarna una historia moderna y se ha convertido en una figura clave en la historia de Dinamarca y Europa.
La Edad del Bronce fue un período cuya importancia en la formación de la Europa que conocemos hoy se subestima a menudo. Las innovaciones tecnológicas, especialmente en la metalurgia, propiciaron la intensificación de las relaciones comerciales y el intercambio a larga distancia, la transmisión de conocimientos y la aparición de nuevos estilos de vida. A falta de documentos escritos, el conocimiento se basa en otros tipos de fuentes, en particular los restos humanos, que pueden estudiarse con mayor precisión gracias al progreso científico. Los estudios realizados sobre La Niña de Egtved ilustran las movilidades individuales, que se inscribieron en marcos más amplios de intercambio en toda Europa.
La excepcional conservación de una tumba danesa
El tratamiento funerario que recibió La Niña de Egtved inicialmente dice que pertenecía a la élite local, pues su tumba pertenece a una serie de prestigiosas tumbas que datan entre 1,500 y 1,100 aC, en las que se colocaban ataúdes de roble ahuecado dentro de tumbas monumentales. Algunos de los muebles han sobrevivido hasta nuestros días, ya que el ácido tánico presente de forma natural en la madera favoreció su conservación. En el ataúd, el cuerpo de la joven fue colocado sobre una piel de buey , colocada a su vez sobre un gran paño de lana de oveja. La difunta vestía una túnica corta de lana y una falda con cordones. Una sábana de lana le envolvía sus mágicos pies. Estaba tumbada boca arriba y adornada con algunas joyas, con su cabello rubio recogido por un cordón de lana de oveja. La acidez del suelo, sumada a la saturación de agua del ataúd, impidió la conservación de los huesos. El resto del ajuar funerario incluye un peine, un pequeño cubo, una tumbilla, con asa que contiene líquido de cerveza, una caja de corteza de árbol y un recipiente con los restos de un niño incinerado. El entorno de conservación ayudó a preservar materia orgánica como pelaje, cabello, uñas, dientes y parte del cerebro y la piel. La presencia de milenrama Achillea millefolium y, una hoja de helecho cerca de su rodilla izquierda indican que fue enterrada durante el verano. Si bien los elementos se encuentran en un estado de conservación excepcional, el ADN de la niña está demasiado deteriorado para ser estudiado. Sin embargo, otras técnicas científicas han aportado información, especialmente en lo que respecta a la movilidad humana. Las mediciones de isótopos de estroncio en estos restos y los textiles revelan datos interesantes. El estroncio es uno de los elementos químicos presentes en la corteza terrestre, cuya firma isotópica varía según el suelo geológico. Los seres vivos absorben estroncio a través del agua y los alimentos, posteriormente, participa en la constitución de los huesos, el esmalte y la queratina, elemento esencial para el cabello y las uñas. Por lo tanto, estos materiales tienen una firma isotópica para el estroncio idéntica a la del suelo en el que fueron absorbidos. Mediante el uso de mediciones de referencia para paisajes isotópicos en Europa, se pueden cartografiar los movimientos de los individuos.
Se realizaron mediciones en el primer molar de la niña, así como en la porción petrosa del hueso occipital del niño asociado con el entierro. La mineralización del esmalte dental ocurre durante la primera infancia y no se modifica posteriormente, por lo tanto, las mediciones proporcionan información sobre el origen geográfico del individuo. Los valores obtenidos demuestran que pasó sus primeros años fuera de Dinamarca. La ropa de lana y el cuero de buey presentan firmas isotópicas similares, lo que sugiere que no fueron producidos localmente. Los datos apuntan a varias posibles áreas de origen, Dinamarca Oriental, Gran Bretaña y la Selva Negra en Alemania. Estos resultados se combinaron con un estudio del mobiliario arqueológico, y los artefactos descubiertos en la tumba siguen un patrón de distribución utilizado entre las regiones meridionales de Escandinavia y el sur de Alemania. Con el cruce de estos datos con un mayor grado de probabilidad, que La Niña de Egtved era de la región de la Selva Negra.
El análisis de su cabello permite reconstruir su viaje durante los últimos 23 meses de su vida -el cabello crece aproximadamente un centímetro al mes.- La parte inferior, formada entre los últimos 23 y 13 meses de su vida, presenta señales isotópicas que coinciden con las de la Selva Negra, lo que indica que estuvo en la zona durante ese período. El segmento central, formado entre 13 y 6 meses antes de su muerte, presenta señales compatibles con las de la zona de Egtved, lo que indica que estuvo allí durante ese tiempo. El segmento de cabello correspondiente a los últimos 6 a 4 meses de su vida, junto con sus uñas -cuyo crecimiento abarca aproximadamente los últimos 6 meses,- muestra una vez más las señales de la Selva Negra, adonde regresó antes de ser enterrada en Egtved. Como resultado, durante los últimos 23 meses de su vida, la niña recorrió al menos 2,400 km en este viaje de ida y vuelta entre ambas regiones, y poco antes de su muerte aún se encontraba lejos del lugar donde fue enterrada.
Cuando pienso en ella me siento así:
https://www.youtube.com/watch?v=77Bn6-lSqTM&list=RD77Bn6-lSqTM&start_radio=1
La canción Creep (arrastrarse) de Radiohead es un himno a la alienación y la inseguridad personal. El narrador se siente inferior y fuera de lugar en presencia de alguien a quien percibe como perfecto, casi angelical. Esta percepción de inferioridad se refleja en su incapacidad para mirar a esta persona a los ojos, lo que simboliza una profunda inseguridad y falta de autoestima. La repetición de la frase I wish I was special resalta su deseo de ser diferente, de encajar en un mundo que considera hermoso pero del cual se siente excluido. El estribillo de la canción, donde el narrador se describe a sí mismo como un creep y un weirdo (bicho raro), encapsula su sentimiento de no pertenencia. Esta autodefinición es una manifestación de su lucha interna, donde se ve a sí mismo como un extraño en su propio entorno. La crudeza de las palabras utilizadas refleja una autoevaluación brutalmente honesta. Musicalmente, "Creep" se caracteriza por su estructura simple pero poderosa, con un crescendo emocional que acompaña la desesperación del narrador. Radiohead, liderado por Thom Yorke, es conocido por su estilo introspectivo y melancólico, y "Creep" es un ejemplo perfecto de cómo la banda aborda temas de angustia emocional y existencialismo. La canción se ha convertido en un himno para aquellos que se sienten marginados, ofreciendo una voz a las emociones que a menudo se mantienen ocultas.
Cambiar el rostro no tapa la herida
Con amanerado pesimismo se realizaron análisis similares en una tumba femenina más reciente, descubierta en Skrydstrup, cerca de Egtved y, no se puede determinar con exactitud su origen, Suecia, Francia, República Checa o Alemania, pero se ha demostrado que la difunta no era originaria de la zona donde fue enterrada, lo que indica que contrariamente a lo que se creyó durante mucho tiempo, los viajes y el intercambio no eran exclusivos del ámbito masculino. Otro estudio realizado en Escania, Suecia, muestra que los niños no viajaban, pero que el 31% de los individuos, hombres y mujeres en conjunto fueron enterrados en regiones distintas a las de su infancia aunque hubieran nacido bajo mala sombra.
La joven de Egtved es, por tanto, sólo un ejemplo de una práctica generalizada, pero sigue siendo extraordinaria gracias a la información precisa que proporciona el análisis químico, que revela parte de su itinerario vital. Su alta movilidad da testimonio de la intensidad del intercambio y las relaciones diplomáticas a nivel europeo. Se desconocen los motivos específicos de estos viajes, pero las comparaciones antropológicas sugieren una movilidad circular, viajes en grupo con intención de regresar, o migraciones vinculadas a cambios personales. Es en cualquier caso, un recordatorio del carácter altamente dinámico de la movilidad europea durante la Edad del Bronce, con individuos que viajaban rápidamente largas distancias y durante períodos de tiempo relativamente cortos. La movilidad de las personas fue sin duda crucial durante la Edad del Bronce, ya que era imposible realizar transacciones con instrumentos monetarios, como ocurre hoy en día y, el intercambio de bienes requería movimientos que variaban según la identidad o el estatus social de los individuos involucrados. Además de objetos, es muy probable que estos intercambios también incluyeran ideas, prácticas y creencias. Estos intercambios son los que ilustra la niña de Egtved, que encarna una historia moderna y se ha convertido en una figura clave en la historia de Dinamarca y de Europa.
La seguiré esperando.
FIN
sergiodeleonlopez
Wendy Zeceña
ResponderBorrarMuchas gracias, la leeré con detenimiento, parece extraordinaria
Sé que te gustará
BorrarIris de León
ResponderBorrarNo se ve ella, pero se escucha el instrumento
Eso es importante
BorrarEn la historia hay más música acorde al momento por si te interesa
BorrarFlorecita Mar Corrales Carías
ResponderBorrarFabulosa historia, me encanta
Muchas gracias amiga
BorrarFran Cabrera
ResponderBorrarImpresionante historia narrada de forma única
Muchas gracias Fran, lo estimo de verdad
BorrarAymara de León
ResponderBorrarGracias Sergio, te leeré, me encantan tus historias. Amo esto
Muchas gracias
BorrarMarycielo Galindo
ResponderBorrarQue historia extraordinaria
Muchas gracias
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