viernes, 19 de diciembre de 2025

LANZARON UNA MONEDA AL AIRE PARA QUE SALIERA CARA, NO CRUZ. 287

 

No es fantasía, esta historia es poesía pura, contada completa y, gratis aquí en monorote.com, que vive de sus comentarios al respecto, así que si me deja uno podré continuar. Puede ser en la página, en whatsapp, instagram, facebook. Muchas gracias

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Dina Sanichar el niño del sábado… que debió morir y no lo hizo



El destino es víctima de las circunstancias


La escuché en mi sueño sonando casi perfecta y eso me recordó que hubo alguien que sufrió una vida entre dos mundos y, que en ninguno de los dos casos tuvo oportunidad de escoger. I Still Can't Sleep de Bernard Herrmann, tema de la película Taxi Driver, tiene una atmósfera sombría, jazzística y melancólica, que captura la obsesión y soledad, usando un ostinato de cuerdas hipnótico y una melodía trágica que refleja la frustración, que se convirtió en obra póstuma y final y, eso me hizo pensar que hubo alguien que hizo un largo viaje y quedó atrapado entre dos mundos, sólo quería vivir, con sus fracturas, su posible futuro y esta es su historia:


https://www.youtube.com/watch?v=cmDgfzpKw5w&list=RDcmDgfzpKw5w&start_radio=1


LANZARON UNA MONEDA AL AIRE PARA QUE SALIERA CARA, NO CRUZ

No hay probabilidades, solo posibilidades

Aún así, el dibujo no cambió


En mi presciencia, en un paso tan descaminado, hablo de un escritor inglés nacido en Bombay, India bautizado como Joseph Rudyard Kipling, periodista, novelista, cuentista, -premio Nobel de literatura 1907,- publicó, en 1894, una de sus obras más populares, El libro de la selva o el libro de las tierras vírgenes, que es una colección de cuentos protagonizados por niños y animales y, uno de sus personajes más recordados es Mowgli, el niño de la selva cuya historia se popularizó a través de las películas de animación de Disney. El hecho es que sí hubo un niño salvaje criado entre lobos que lo acogieron y, que vivió en la India a finales del siglo XIX y que impactó en la sociedad de la época. Le llamaron Dani Sanichar, DS, el niño lobo. El nombre del hijo del silencio.

La historia real de DS la conozco gracias a G.C. Ferris, el autor de un pequeño libro de 50 páginas, titulado Sanichar the Wolf-Boy of India publicado originalmente en 1903, que es la biografía más temprana y detallada, basada en testimonios directos del orfanato de Secundra, Sikandra, nombre original. Describe su captura, hábitos lobunos como comer carne cruda y aullar, además de los intentos fallidos de "civilizarlo." Es una fuente primaria fascinante, aunque con el sesgo colonial de la era.



Rasgando los velos del tiempo, este libro es el relato más auténtico sobre la vida de este niño lobo. Su autor se basó en la información publicada en el periódico del Orfanato Secundra, que elaboraba el Reverendo C. S. Valentine, quien hizo un estudio sobre el niño. Cuando se redactó este libro, Kipling ya había publicado su novela. Ferris advierte en el prólogo que la historia de Mowgli nada tiene que ver con la de DS, mucho menos romántica y divertida. El libro describe cómo el niño fue descubierto y capturado por los cazadores, relata su estancia en el orfanato y también describe sus características animales y mentales subdesarrolladas. La obra concluye con el relato de su vida solitaria y su muerte. El autor del libro insiste en contrastar la realidad de DS con la ficción de Mowgli, el personaje creado por Rudyard Kipling. La historia de DS, asegura Ferris, carecía de las "características más gentiles" atribuidas al personaje ficticio. La realidad es que era tosco, feo, turnio, casi sordo y con un importante retraso, que "rompe bruscamente la hermosa imagen" de la novela, concluye Ferris



Con el tiempo dilatándose en su extraña dimensión, fue descubierto a principios de 1867 en las espesas y salvajes selvas de las provincias del noroeste de la India. Lo encontraron unos cazadores nativos o shikaris, procedentes de Bulandshahr, hoy Uttar Pradesh. Perseguían a un lobo, pero su asombro fue enorme al darse cuenta que iba acompañado nada menos que de un crío que gruñía y mordía como un animal, pero no era precisamente un lobo. San Francisco de Asís le hubiera disparado sin dudarlo.

No era una cacería. Era una captura.


https://www.youtube.com/watch?v=pu5jxc2pZtE&list=RDpu5jxc2pZtE&start_radio=1

The Gereg es un pasaporte diplomático mongol, un documento que permitía viajar con autoridad, que el personaje de esta historia no tuvo. La canción es creación del grupo mongol The Hu

  

No hay escapatoria si se paga por la violencia de los antepasados


Uno no debe suponer que no es el único objetivo de una cacería, porque cuando lo encontraron, tendría unos siete años a ojo de buen cazador. Perseguían a uno de estos extraordinarios animales, un lobo enorme, pero al acercarse a la cueva, observaron a otro animal de aspecto muy extraño más pequeño sentado en la cima de una roca. Al oír el aullido del lobo perseguido, la extraña criatura se levantó sobre dos patas, y rápidamente cayó a cuatro patas y siguió al animal dentro de la cueva y, los cazadores salieron despepitados huyendo percibiendo el olor del miedo. Al regresar a la población le fueron a consultar al magistrado de Bulandshahr. Tras recibir las estrictas órdenes, los cazadores con más refuerzos regresaron a la cueva y, con fuego, obligaron a los lobos y a la otra criatura a salir. Los lobos escaparon, pero los hombres se abalanzaron sobre el más pequeño con desesperación y rabia. La lucha fue terrible y la criatura mordió y arañó a varios cazadores antes de ser capturado. Incrédulos y sangrando, con las vestiduras rasgadas y sudando amoníaco, se dieron cuenta de que no era un animal, tenía colusa y bolas colgando en la entrepierna. Con el asalto olfativo de sus sentidos, era un niño que espumeaba, gruñía, arañaba y mordía a sus captores como una bestia acorralada. Lo maniataron de pies y manos y atravesaron un palo de punta a punta como que fueran a hacer un asado y se lo llevaron cargado colgando. Nunca dejó de moverse y gruñir y además estaba agotado y muy golpeado. 

Con fragmentos difíciles de comprender cuando se revisan individualmente, pues si se abriera el tiempo como una flor, tras su captura, por órdenes del magistrado, fue a parar al Orfanato Secundra, creado en 1838 en Agra, cerca de la tumba del Emperador Akbar Shah. Fue apodado por los curas para que no se fuera al infierno variopinto, con el nombre de "Dina" que significa “hijo protegido” en hebreo y Sanichar, término vernáculo hindi para Sábado, ya que fue un sábado 4 de febrero cuando llegó ahí. Su estado era lamentable y triste. Estaba completamente desnudo, sucio, lleno de cicatrices, encallecido de los codos a las manos y las rodillas, se veía claramente afectado por los años que había pasado junto a los lobos. Tenía el sentido del oído prácticamente destruido y daño cerebral -posiblemente de las golpizas que recibió antes de que sus progenitores lo abandonaran en la selva para que se lo comieran los depredadores,- y esta sordera, en gran parte, le mantuvo mudo y le dificultó el desarrollo cognitivo. Su oído no ve, pero su olfato oye. A los tres meses de edad ya había aprendido el silencio.



https://www.youtube.com/watch?v=xiOPvOBd8IA&list=RDxiOPvOBd8IA&start_radio=1

Cause We Ended as Lovers, Jeff Beck versión instrumental de una canción de Stevie Wonder, que destaca por su emotiva melodía, el sonido abrasador y expresivo de la guitarra de Beck, y su complejidad técnica, convirtiéndose en una demostración magistral de fusión jazz-rock y R&B, llena de sentimiento y virtuosismo


“El respeto por la verdad es el fundamento de toda moral”


Con el lenguaje susurrante del viento, una loba que exploraba los chillidos de un pequeño felino, lo rastreó y lo encontró al pié de un sicómoro, estaba lleno de hormigas picudas que lo estaban mordiendo. La loba lo lamió para quitárselas y aliviarlo, luego lo tomó entre sus fauces de la nuca como lo hacía con sus cachorros y lo llevó a su guarida, donde tenía tres pequeños lobeznos de dos semanas, se acurrucó y de inmediato los pequeños se pusieron a mamar. Mamá loba puso al nuevo miembro de la familia cerca de su teta de la cual se prendió y tomó leche hasta quedarse dormido. Sus hermanos crecieron rápido y jugaban con él mordiéndolo y muchas veces lo lastimaban y así empezó a llenarse de cicatrices.


“La supervivencia es la capacidad de nadar en aguas extrañas”

Axioma Bene Gesserit


Según relata el superintendente Lewis, se le unieron otros dos niños y una niña que también se dice que fueron criados por lobos. Y según un geógrafo, el orfanato acogió a tantos niños lobo a lo largo de los años que ya no causaba sorpresa descubrir a otro niño en la jungla. Lo que más sorprendió a todos en el orfanato, fue su comportamiento animal. Según Ferris, el niño caminaba a cuatro patas, pero lo hacía de una manera peculiar, apoyado sobre los antebrazos y codos y las rodillas, lo que le dejó brazos distorsionados, hombros encorvados y rodillas dañadas. No soportaba la ropa y no dejaba ponérsela ya que rugía como un animal y la desgarraba arrancándosela a mordiscos. En general, mostraba un temperamento ingobernable, comía como un animal, mordiendo y royendo la carne cruda y los huesos como un lobo, pues no aceptaba comida cocinada preparada, no tenía gusto para eso. No consiguieron que comiera con cubiertos y sólo lo hacía con las manos y los dedos, porque así aprendió. Tomaba agua como lobo directamente de los charcos. Se desplazaba siempre en cuatro patas, si se levantaba lo hacía torpemente perdiendo el equilibrio y por muy poco tiempo. No hablaba ni una sola palabra, sólo emitía gruñidos y aullidos, sobre todo por la noche. Si le daban arroz o pan, lo olía y lo tiraba. Sólo aceptaba huesos crudos y carne cruda casi podrida, que roía directamente del suelo. Afilaba sus dientes contra las paredes o los huesos, como hacían los lobos. Nunca lloró ni rió en todos los años que vivió allí.

Los misioneros y el padre Erhardt, que dirigió el orfanato, hicieron todo lo posible durante años, le enseñaron a estar de pie y caminar erguido y sólo consiguió dar unos pocos pasos tambaleantes. Intentaron que usara taza y plato y al final lograron que bebiera de un vaso, pero siempre prefería lamer el agua del suelo. Todo era como una pesada roca en su mente. Nunca aprendió a hablar. Lo máximo que consiguió fue entender algunas órdenes muy simples y señalar cosas con la mano. Con el tiempo empezó a fumar, los cuidadores le daban cigarrillos para calmarlo, y él los encendía solo, frotando los cerillos. Vivió allí casi 20 años. Tenía un “amigo” especial, otro niño feral que llegó después, también criado por animales, aunque no se sabe si por lobos. Los dos jugaban juntos, se olían, se lamían y dormían acurrucados como animales. Nunca mostró afecto hacia los humanos, pero tampoco agresividad, simplemente parecía no entender que era uno de ellos.



“No des por hecho que un humano ha muerto hasta que hayas visto su cadáver. 

Y aún cabe la posibilidad de que te equivoques”

Máxima Bene Gesserit


https://www.youtube.com/watch?v=Bhd7RgVXjew&list=RDBhd7RgVXjew&start_radio=1

Alfonsina y el mar interpretada por el virtuoso Luis Salinas y que puede romper el alma en tantos pedazos.  Es una zamba argentina de Félix Luna y Ariel Ramírez, que rinde homenaje a la poeta Alfonsina Storni, quien se suicidó en Mar del Plata en 1938 y, que describe poéticamente su acto final de entregarse al mar, inspirándose en su último poema "Voy a dormir" y su angustia por una enfermedad terminal, creando una pieza melancólica que combina mito, poesía y música folclórica para contar su trágica historia. 


Seguían abriéndose abismos a su alrededor y sólo se conoce del aspecto que tenía de adulto por las descripciones que dejó el Dr. Valentine, lo describió como un adulto de unos 32 años, aunque parecía mayor. Medía 157 cm cuando estaba de pie. No guardó la proporción áurea. Siempre muy flaco. Tenía la cabeza pequeña, la frente inusualmente baja y contraída, y ojos grises grandes como pozos oscuros, inquietos y bizcos. La alegría no casaba con la aflicción de su mirada. Su cara era delgada y arrugada, y presentaba cicatrices de mordeduras en la cara y el cuerpo, corroboradas con las imágenes que se conservan. Los ojos eran pozos sin fondo, la boca una línea delgada en media luna hacia abajo y tenía las mejillas hundidas, los pómulos salientes y camanances, orejas descentradas de los ojos para abajo. Los testimonios explican que cuando caminaba, levantaba los pies como si estuviera vadeando hierba mojada. Su cabeza estaba en continuo movimiento de lado a lado y tenía permanente una mirada fija, hambrienta y siempre vigilante, como si esperara un ataque de un enemigo invisible, como el de los tipos que lo sacaron de su hábitat, aunque era el Muad´Dib, el que señala el camino.


Un juego de niños que, en manos de adultos había perdido toda su gracia


Debían estar preparados para lo que podían encontrar en el espacio vacío de su mente, pues la mente sigue trabajando independientemente de lo que se haga para detenerla. Veía el tiempo en toda su desnudez. A pesar de su mudez, el Dr. Valentine podía hacerle entender casi cualquier cosa mediante el lenguaje de señas. Durante los años que DS habitó en el orfanato, no se produjeron grandes incidentes. Ferris relata un episodio curioso en el que el niño lobo mostró su lado humano, pues le tomó afecto a otro niño feral del orfanato y, cuando este amigo murió, DS señaló primero hacia sí mismo, luego al cuerpo, y finalmente hacia arriba, un gesto interpretado como un promesa del reencuentro como una sensación lacerante en lo profundo de su consciencia. Las lágrimas serían un presente al mundo de las sombras. Hasta que las sombras lo cubran, DS murió poco después de su amigo, en 1895, debido a una debilidad física general crónica y la tuberculosis, que en ese entonces y en ese lugar no tenía cura. Había permanecido 25 años en el orfanato.


La figura de Dina Sanichar, DS el “niño lobo” de la India es una de las más intrigantes dentro de los llamados niños salvajes, personas que crecieron fuera de la sociedad humana, a menudo en bosques o en condiciones extremas. 


https://www.youtube.com/watch?v=VkKxmnrRVHo&list=RDVkKxmnrRVHo&start_radio=1
It´s Too Late de Carole King, narra de forma madura y resignada el fin de una relación amorosa, aceptando que ambos han cambiado y que el amor ha terminado, a pesar de los intentos pasados, siendo un himno a la ruptura con una mezcla de tristeza y pragmatismo.



“Es más fácil ser aterrorizado por un enemigo al que admiras”

Hawat


Los inicios siempre son peligrosos y difíciles, pues en un febrero de 1867, un grupo de cazadores o shikaris se internó en los densos bosques del distrito de Bulandshahr en la India colonial. Entre los árboles y la penumbra, notaron huellas y movimientos extraños de un gran lobo y otras huellas que no correspondían a los patrones habituales de ese increíble y admirable animal salvaje. Siguieron las huellas hasta llegar a la entrada de una cueva. Allí vieron una escena desconcertante, un lobo adulto salió de la penumbra y, detrás de él, encorvado, alerta, cubierto de tierra y con el cabello enmarañado, emergió un crío desnudo sin pelo en el cuerpo, que andaba a cuatro patas. Al regresar les fue ordenado ahuyentar al gran lobo y capturar al que aparentemente era un pelado, sin comprender del todo lo que habían visto. Aquel niño no hablaba, no lloraba, sino gruñía, bufaba y mostraba los dientes. A simple vista, parecía más cercano a un lobezno que a un ser humano socializado. Fue llevado al Orfanato de Sikandra, gestionado por misioneros. Le dieron un nombre, Dina Sanichar. Los misioneros se dieron cuenta de que tenían ante ellos un caso extraordinario, fuera de lo común. DS se comportaba como el animal salvaje que era, caminaba y corría sobre cuatro extremidades apoyando sobre los antebrazos encallecidos y raspados. Estaba lleno de chaquírias en el pellejo. Olisqueaba la comida antes de intentar comerla. Se negaba a vestir ropa. Dormía acurrucado en el suelo. Rechazaba el contacto humano y evitaba cualquier interacción. Emitía sonidos guturales, gruñidos, chasquidos y aullidos. El proceso de “humanización” fue lento, arduo y, en muchos aspectos, frustrante para sus cuidadores y, por supuesto, para él. Esa era la tarifa del riesgo.

Aunque con el tiempo aceptó usar ropa y comenzó a caminar erguido de pie, el lenguaje verbal nunca llegó. Hizo algunos ruidos asociados a nombres o llamadas, pero jamás aprendió a construir palabras. Esto coincide con un fenómeno conocido, si un niño pasa los años críticos del desarrollo sin oír ni usar lenguaje, la adquisición posterior se vuelve casi imposible, además de que él tenía atrofia auditiva. Aprendió algunos hábitos humanos, como convivir con otros niños del orfanato. A recibir órdenes simples. A acercarse sin miedo a sus cuidadores. Aprendió a fumar, imitando a los adultos del orfanato. El cigarrillo se convirtió en uno de sus hábitos más constantes, para disgusto de los misioneros que también lo hacían pero a escondidas con imprecisas habían sido sin alteraciones en aquel patrón con lobos y no con personas.



Luchaba constantemente contra los barrotes de una jaula invisible


Dina fluyó hacia aquel estrato intemporal y vivió en el orfanato hasta su muerte en 1895, a los aproximadamente 32 a 34 años, pues los juncos jóvenes mueren con facilidad. Los registros indican que murió de tuberculosis, una enfermedad que afectaba a muchos internos en ese periodo y de debilidad crónica. Jamás llegó a hablar, ni pudo describir su infancia. Su historia quedó fragmentada en observaciones, reportes médicos y testimonios de misioneros. Su comportamiento inicial era típicamente animal. Sus reflejos y forma de caminar sugerían años de locomoción cuadrúpeda. La escena del hallazgo apunta a una convivencia estrecha con lobos. Una pareja de lobos lo acogió, proporcionándole calor, protección y alimento. Este tipo de adopción interespecie es rara, pero no imposible en entornos donde los animales protegen a sus crías de depredadores o del frío. El legado de Dina con el tiempo, su historia se convirtió en una referencia en estudios sobre desarrollo infantil, privación social extrema, adquisición del lenguaje, y los límites entre naturaleza y cultura. En suma él es un símbolo trágico y fascinante, un niño que sobrevivió donde ningún ser humano debería sobrevivir, que aprendió a existir sin palabras, y que al final vivió y murió entre personas sin llegar a sentirse uno de ellos.

https://www.youtube.com/watch?v=YC3iYl2Ux6o&list=RDYC3iYl2Ux6o&start_radio=1

The Air I breathe del grupo The Hollies, que expresa un profundo sentimiento de amor, paz y satisfacción, donde la presencia de un ser querido se vuelve tan esencial como el aire que se respira, destacando la simplicidad de la felicidad. Originalmente escrita por Albert Hammond y Mike Hazlewood


El bosque de Bulandshahr respiraba como un animal dormido. Estaba vivo. Su aliento eran nubes de polvo dorado entre los árboles, y su corazón, un silencio inquietante roto sólo por el crujir de las hojas secas. Los cazadores avanzaban despacio, tensos, buscando a las criaturas que habían devorado cabras en la noche y lo hacían bajo las órdenes del magistrado . -Los lobos no cazan solos en esta región -respondió el jefe del grupo, Narayan Singh. Sea lo que sea, está cerca. De pronto, un gruñido profundo salió de la espesura en una cueva escondida. Luego, dos destellos, dos ojos amarillos, fríos como monedas enterradas en hielo. Un lobo enorme emergió con el lomo arqueado, los colmillos brillando al sol. -¡Apunten! —ordenó Narayan. Pero entonces ocurrió. Detrás del lobo, gateando -más bien lobeando,- sobre antebrazos y rodillas, apareció una figura similar a un niño desnudo. Su piel estaba cubierta de tierra y cicatrices. Su cabello, largo y enmarañado, caía como una melena salvaje sobre un rostro que apenas parecía humano. Respiraba rápido, con un gruñido gutural, y su mirada negra, fija, desbordada no contenía miedo, sino instinto. Rahim bajó el arco. -Por los Dioses… ¿qué es eso? -Parece un niño, dijo Narayan, aunque la palabra le pareció insuficiente. Respondió con un gruñido bajo, idéntico al del lobo. No entendía. No podía entender. -Es un niño perdido o abandonado y vamos a llevárnoslo. El niño lanzó un sonido desgarrador tan exacto, tan animal, que los hombres sintieron escalofríos recorrerles la cerviz por la columna hasta el culo. El estampido del disparo retumbó entre los árboles. El lobo cayó lentamente, como si el bosque lo dejara ir con pesar. El niño lanzó un alarido más doloroso que humano y mordió, arañó, luchó con una fuerza inimaginable hasta quedar exhausto, pero les había causado heridas. Cuando al fin lo levantaron, temblaba y jadeaba como un cachorro atrapado. Y así empezó la historia del niño que llegó del bosque sin recuerdos ni palabras, pero con una furia animal en los ojos.


https://www.youtube.com/watch?v=HxEbT_opgQM&list=RDHxEbT_opgQM&start_radio=1
Blue in Green de Bill Evans, es una balada icónica, con atmósfera melancólica, lenguaje modal y estructura inusual de diez compases, que se aleja de las formas tradicionales del jazz para crear un flujo libre y emotivo, destacando por el etéreo piano de Evans. 



“Mis enemigos son como la hojas verdes devoradas

que crecen en el camino de la tormenta”

El libro de los ejemplos


El Orfanato de Sikandra estaba lleno de ecos, pies descalzos contra el suelo, cantos de oración, cucharas golpeando cuencos. Pero aquel día, cuando el niño salvaje entró cargado y amarrado por los cazadores, la vida cotidiana se detuvo como si el mundo contuviera la respiración. El Padre Williams, un hombre de barba blanca y paciencia infinita, dio un paso adelante. -¿Qué nos traen, hermanos? Narayan puso al niño en el suelo y al desatarlo retrocedió a cuatro patas, los dientes descubiertos. -Un niño… O algo parecido -dijo Rahim, aún impresionado. Lo encontramos viviendo con lobos. -No sabe lo que es el miedo dijo Rahim. -No lo toquen sin que yo les diga, podría morder. Observaba todo, los ojos grises bizcos moviéndose con rapidez de lobezno. Uno de los cuidadores acercó un cuenco de leche y lo volcó, gruñendo como si fuera una amenaza. -No bebe, lame del suelo. Quizá sólo come carne cruda. -Entonces habrá que enseñarle desde el principio. Como a un recién nacido… pero lleno de heridas invisibles. El niño bajó la cabeza, olfateó el suelo y dejó escapar un gemido largo, ronco. Buscaba el olor del bosque, el olor del lobo. Pero allí sólo había paredes, manos desconocidas, voces humanas. No entendió las palabras, pero entendió el gesto. Lo olió. Gruñó. Y no atacó.

Intentaron averiguar su nombre, él los miraba sin comprender, como si las palabras fueran piedras lanzadas a un estanque vacío. Pongámosle nombre. ¿Cuál? -Llegó un sábado… ¿no? El Padre reflexionó un momento y asintió. -Entonces lo llamaremos Sanichar. -Algo similar a Viernes de Robinson Crusoe.- Una vida nueva empieza con un nombre nuevo. Y lo acompañaremos del nombre "Dina" que significa “hijo protegido” en hebreo. El hijo protegido del sábado.

El tiempo pasaba como estaciones condensadas dentro del orfanato, a veces tormentosos, a veces luminosos, siempre extraños para DS. Los niños del lugar lo observaban desde lejos, como si fuera un animal sagrado o un espíritu del bosque que había tomado forma humana. Había un niño mayor, llamado Samuel, que era más valiente o más testarudo que los demás. -No muerde si no lo molestas decía con una sonrisa provocadora. -Se comporta como un lobo, decían los otros. -Es peor, entiende, pero no habla, susurró el pequeño Arif. Samuel se acercó a DS, que estaba sentado en cuclillas en el patio, olfateando el viento. Enseñó los dientes. Una advertencia. -Lo está intentando. Pero aprender… no sé si alguna vez lo hará.


https://www.youtube.com/watch?v=vo6D_tp3DeE&list=RDvo6D_tp3DeE&start_radio=1

Unforgettable con Nat King Cole y su hija Natalie Cole, escrita por Irving Gordon, es una canción de dancehall y hiphop, que describe a una persona como inolvidable, destacando la profundidad de la impresión que ha dejado. Es una oda al amor profundo y perdurable, aquel que deja una marca indeleble en el alma.


Con paciencia infinita intentaron enseñarle a hablar, pero no decía nada. Las palabras parecían arenas movedizas, se hundían en su mente sin dejar huella. No entiende. Bueno, algo entendía pero no podía hablar, que era distinto. Intentaron enseñarle a beber de un vaso, DS y los tiraba al suelo con furia. No quería objetos. No quería rituales humanos. Quería agua en el suelo. Quería carne cruda y huesos. Quería libertad. Sólo… no quería aceptar ese mundo. 

El hábito comenzó como una travesura. Samuel, el chico mayor, había robado cigarrillos de un guardia y los encendía detrás del establo. -Es para ver si te vuelves humano, bromeó, ofreciéndole uno. Olfateó el humo, tomó el cigarro con torpeza y lo llevó a los labios, inhaló, tosió, gruñó, y luego emprendió una aspiración más profunda. DS cerró los ojos y exhaló el humo como si fuese un animal vaporoso escapando de su pecho. A partir de ese día, buscó cigarros como un perro que olfatea carne. Los cuidadores se escandalizaron. -¡Esto es inapropiado! exclamó la hermana Amala. ¡Es un niño! El Padre Williams soltó un largo suspiro. -Él no sabe lo que es ser niño. Para él es… una sensación. Algo que lo calma. -¿Y qué haremos? preguntó Amala. -Vigilaremos que no se lastime. No se puede prohibir a un corazón salvaje que busque consuelo… aunque sea en el humo.

Las noches eran el territorio verdadero de DS. Mientras los otros niños dormían, él se movía silencioso por los pasillos, oliendo el aire, buscando sombras, vibrando ante sonidos que ningún oído humano detectaría. No entendía las palabras, pero entendía la tristeza. Una voz que cargaba la muerte. El tiempo pasó, creció en altura, fuerza y espesor, pero no en lenguaje. Su cuerpo se volvió robusto, duro, sus manos, toscas, aún acostumbradas a reptar sobre el suelo. Su mirada seguía siendo la de un animal vigilante. Los cuidadores intentaron enseñarle a vestir ropa con regularidad. Él se la arrancaba cuando podía. Se aferraba a lo que le quedaba de su mundo. Su manada había muerto y no encajaba con los humanos. Estaba atrapado entre dos mundos que no estaba obligado a elegir. No sabía ser hombre. Y nunca lo sería. La adolescencia le llegó silenciosa como una sombra en las tinieblas. Sus músculos se endurecieron, su rostro se afiló, su expresión se volvió más distante. Los niños le temían. Ya no era el niño lobo, era un enigma oscuro, un ser que caminaba entre ellos con la ferocidad apagada pero latente. En su pecho crecía una sensación amarga, como el humo del tabaco del que nunca pudo desprenderse. Las noches pasaban quietas, como si la selva entera contuviera la respiración ante la presencia del niño feral. DS, se acurrucaba contra la pared, gruñendo suavemente. Hablaban en voz baja, temerosos de asustarlo más. Ni siquiera toleraba ropa, era el niño desnudo salvo por una manta áspera que apenas le habían logrado poner. Era el gesto más cercano de un cachorro defendiendo el hueso que el de un niño humano. 



El destino es víctima de las circunstancias


Los niños del orfanato se reunían cada tarde en el patio de tierra rojiza para jugar, correr o simplemente escapar un rato de las tareas impuestas por los misioneros. Fue allí donde Dina apareció por primera vez, caminando a cuatro patas, observando desde la sombra como un lobo que olfatea un territorio ajeno. Los niños lo vieron y se quedaron en silencio. -Ahí viene el salvaje… dijo uno. -No lo provoques le advirtió otro. Dicen que muerde. Pero no había burla en sus voces, había algo más cercano al miedo. Las palabras traspasaban algo profundo, una herida que ardía más que cualquier quemadura. Los niños… eran una manada. Y él estaba fuera. Del mismo modo que estuvo dentro de otra, una vez. Sus piernas temblaban mientras intentaba incorporarse. El instinto le gritaba que se mantuviera bajo, listo para atacar o huir. Se levantó. Torpe, tambaleante, pero se levantó. Dió un paso. Casi cayó. Se mantuvo erguido, jadeante. 

La temporada del monzón llegó sin aviso ni misericordia. El cielo se desgarró en tormentas y la tierra se volvió un océano de barro. Los techos de lámina repiqueteaban con ferocidad. No es un enemigo, era sólo el cielo hablando demasiado fuerte. Temblaba como un cachorro bajo la tormenta. Afuera, la lluvia caía en cortinas de plata. La tormenta había llevado el olor del bosque, el olor del mundo ancestral. Salía hasta quedar bajo el aguacero. Levantaba la cara y dejaba que el agua le cayera. Cerraba los párpados, respirando hondo. La lluvia no era amenaza. Era recuerdo.


https://www.youtube.com/watch?v=FWh-ppeyFB4&list=RDFWh-ppeyFB4&start_radio=1

Dreamsville de Henry Mancini, es una balada de jazz de medio tiempo, considerada una de las más sensuales jamás escritas. Es atmosférica porque crea paisajes sonoros "oníricos" -dreamlike,- llenos de misterio y un toque seductor, es una melodía soñadora, con armonías ricas y un sonido de "coro de bajos" único, trombones y cornos franceses. Es una pieza icónica de jazz, un estándar de medio tiempo con un toque de misterio y romance perfecta. 


No hay escapatoria, se paga por los pecados de los antepasados


El sol caía con ferocidad sobre el patio del orfanato cuando un carruaje apareció levantando nubes de polvo. Los niños dejaron de jugar, sintieron un mal presentimiento en las rodillas. Del carruaje descendió un hombre que parecía espantapájaros demacrado y con pliegue epicántrico, gordo y adiposo, voluble, lleno de espíritus carnales, con su voz insensible y afeminada, con su sombría máscara de maldad de vicios bien conocidos, impertérrito, con el infierno a un nervio de distancia. Un eunuco genético, con botas sucias descuidadas y el sombrero más sucio que algún día fue blanco. Llevaba un bastón de ébano y un maletín de cuero. Sus ojos eran fríos, calculadores, casi metálicos. Era un viejo lesbiano enfrentándose a los pedazos de su propia infancia. Era una hueva de lagartija.  Al entrar en esta guarida una bala le dará la bienvenida. El hombre no sonrió, dijo -soy el doctor Reginald Harrington, antropólogo del Imperio Británico. Tienen aquí un… caso excepcional. 

-Aquí no clasificamos a los niños como casos. Pero si se refiere a Dina, sí, está con nosotros. ¿Por qué ha venido? -Con el propósito de estudiar al espécimen. Las autoridades desean un informe completo sobre el llamado "niño lobo de Sekandra," comportamiento, desarrollo cognitivo, grado de humanidad… esas cosas. -Dina no es un espécimen. Es un niño. -Un niño salvaje, corrigió Harrington con tono casi amable. No se engañe, estos fenómenos deben estudiarse antes de que la civilización los contamine. Dina, que observaba desde lejos, había detectado a un depredador.

El antropólogo siguió -¿puede traerlo? quiero examinarlo. Peters respiró hondo. -No. No sin su consentimiento. -¿El consentimiento… de él? sonrió, fascinado. -Extraordinario, apenas logra caminar erguido como un humano corriente. -No lo provoque le advirtió Peters. Harrington sacó su cuaderno. -Dina, dijo, pronunciando el nombre como si fuera un experimento en un frasco de laboratorio. ¿Entiendes lo que digo? Dina dio un paso hacia atrás. -No le gusta, dijo Peters. -Excelente, murmuró Harrington, anotando, reacciona como un canino sometido a amenaza. -¡Basta, doctor! Este niño ha sufrido suficiente. No lo tratará como animal. El británico guardó silencio unos segundos, muy tranquilo. -No insista, señor Peters. Vendré mañana con una orden oficial. El Imperio quiere entender cómo funciona una mente criada por lobos. Y lo entenderá. Dejó tras de sí una estela de perfume barato, sudor rancio y arrogancia malnacida.

La noche era un velo espeso sobre el orfanato. Las lámparas de aceite estaban casi extinguidas y sólo el canto lejano de los grillos y de los chacales rompía el silencio. -Dina señaló la ventana, sombrero sucio volvía. Un golpe seco resonó afuera. Luego voces. Peters corrió hacia la ventana. Una linterna brillaba iluminando figuras rígidas con uniformes británicos. Una segunda linterna. Un segundo carro. Y caminando detrás, con paso seguro, Harrington. Golpes violentos sacudieron la puerta principal. -¡En nombre de la autoridad colonial! ¡Abran! La Hermana Agnes llegó corriendo por el pasillo, con el hábito revoloteando. -¿Qué ocurre? ¿Por qué vienen armados? -Porque vienen por Dina, contestó Peters. Y debemos evitarlo. Un guardia rompió la puerta sin esperar respuesta. Entraron soldados con rifles y Harrington detrás, sonriente. -Buenas noches, Padre Peters. Traigo el permiso oficial para trasladar al espécimen a Agra para estudios.

-No es un espécimen. Es un niño. -Un niño salvaje, corrigió Harrington. Pertenece a la ciencia. Detrás de Peters, Dina lanzó un gruñido bajo, oscuro. Los soldados le apuntaron con sus rifles. Harrington levantó una mano. -Tranquilos. No dañen al sujeto. Su fisiología debe estudiarse intacta. Peters se adelantó, extendiendo los brazos. -¡Basta! ¡No usarán violencia aquí! Este niño está bajo nuestra protección. -No se interponga, señor Peters. Usted no comprende el valor de este caso. -Comprendo más de lo que cree, gruñó Peters. Comprendo que el chico no necesita jaulas ni mediciones. Necesita humanidad. Harrington soltó una carcajada. -¿Humanidad? ¡Este muchacho ni siquiera es capaz de articular lenguaje! Es un ser a medio batir entre la bestia y el hombre. El rugido de Dina estalló en la sala, no era un gruñido, era un grito primitivo, antiguo, una onda que arrastraba furia, miedo y una fuerza desconcertante. Los soldados dieron un paso atrás. Harrington sonrió, fascinado. -Magnífico… ¡Magnífico! ¿Lo ven? ¡Esto no es un niño! ¡Es la clave para entender la frontera entre instinto y civilización!

-Doctor, este chico no será su propiedad. No mientras yo respire. Harrington chasqueó la lengua. -Como desee. Soldados, agarren al sujeto. Los soldados avanzaron. Dina retrocedió hasta quedar contra una pared. Sus ojos buscaban desesperadamente una salida. Respiraba rápido. Sus manos temblaban. Peters gritó -¡Retrocedan! ¡Lo están acorralando! Demasiado tarde. Uno de los soldados se lanzó hacia adelante. Dina reaccionó como una sombra, saltó hacia un lado, trepó por una columna de madera, cayó detrás del soldado y lo empujó contra un banco. El rifle chocó contra el suelo. El soldado gritó, no de dolor, sino de sorpresa. Harrington estaba extasiado. -¡Asombroso! ¡Increíble control motriz! ¡Movimientos acrobáticos de origen lupino! anotaba frenéticamente. El segundo soldado apuntó el arma. -¡No dispare! ordenó Peters. ¡Es un niño! Pero el dedo ya presionaba el gatillo. El disparo resonó como un latido seco. La bala no impactó en nadie, Dina había saltado detrás de una columna. Los niños del orfanato, despertados por el ruido, comenzaron a llorar y gritar. Harrington levantó su cuaderno como si fuera un trofeo. -¡Esto confirma todo! ¡Debo llevármelo ya mismo! Entonces la Hermana Agnes habló con una autoridad que nadie le había oído antes, ¡Salgan de este lugar inmediatamente! ¡Esto es un hogar, no un laboratorio! Harrington ni la miró. -Soldados. Tomen al niño. Peters se interpuso de nuevo. -Tendrán que pasar sobre mí. El silencio que siguió fue denso. Incluso el aire parecía contener la respiración. Dina, desde las sombras, miraba la escena. El miedo se transformó en una rabia profunda, pura. Sus dedos se cerraron en garras. Sus pupilas estaban dilatadas. Luego rugió, no era un sonido humano. Era el clamor de todas las noches salvajes que lo habían visto crecer. Los soldados retrocedieron, temblando. Harrington, por primera vez, perdió la expresión segura. -Controlen al… sujeto… dijo, pero su voz tembló. El rugido llenó todo el orfanato. Y por un instante, todos -soldados, religiosos, incluso Peters,- sintieron que aquel chico llevaba dentro el eco salvaje de un mundo que la civilización había olvidado.

El rugido de Dina se prolongó hasta que las lámparas vibraron en sus soportes. Harrington retrocedió cinco pasos, y por primera vez su mirada se quebró. Aquel sonido no era humano, ni animal. Era un punto intermedio, un eco de supervivencia pura. -Retirada temporal, ordenó con voz áspera y temblorosa. Los soldados tomaron sus armas, recogieron al compañero aturdido y salieron casi corriendo del orfanato. Había cruzado una línea. No sabía cuál, pero la sentía. 



https://www.youtube.com/watch?v=jdO6wP3CqqQ&list=RDjdO6wP3CqqQ&start_radio=1

How insensitive interpretada por Wes Montgomery, la original Insensatez, es una interpretación jazzística emblemática de la bossa nova de Antonio Carlos Jobim y Antonio de Moraes, destaca por el uso de sus característicos solos en octavas potentes y acordes bloque armónicos y con textura, su técnica de tocar con el pulgar sin púa y un swing suave, transformando la melancólica melodía original en una pieza de jazz sofisticada y lírica, a menudo en tonalidad de Re menor, con una armonía rica que requiere habilidad para improvisar. Es melancólica y Montgomery la infunde con elegancia y un swing sutil, haciéndola una pieza de jazz de ambiente, es una clase magistral de guitarra jazzística, dan vida a esta joya de la bossa nova con una calidez y sofisticación inconfundibles. 


El universo entero se tensó como si el aire hubiera dejado de respirar cansado de ver crueldad disfrazada de ciencia.

Lo más heroico es simplemente aprender a ser uno mismo.

FIN

sergiodeleonlopez


7 comentarios:

  1. Que historia más interesante, al final el niño no se adaptó a los humanos pero si fue aceptado por los lobos y adoptado por ellos creo que fue más feliz con los animales

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  2. Marycielo de León. El mix de la música está lindo

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  3. Wendy Zeceña. Muchas gracias es una historia triste y de mucha lucha

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  4. Es triste y desafortunada que no tubo un final feliz

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  5. Roy Hendy.
    Tu escribir es una joya, se lee con gusto aunque no se entiendo todo. Gracias por tu genio, pana.

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