“manos de niña doncella … falta que yo se lo veya”
a doña Güicha Blanca (la Güicha Iriarte) que era una anomalía histórica kishpinuda, la Guapa que vivía en la 2a calle frente a la tienda de MámaToy, con su bandera de las garras y las estrellas inmorales, que parecía una beluga con arrugas en el pescuezo con las que podía profetizar, con su blanquidez podía estudiarse todo el sistema circulatorio fosforescente sobre sus pellejos y se le podía ver en la oscuridad, que se levantaba con su cara de mala noche y su cara de huevo de iguana en cornocopia y su olor a alcanfor, que parecía sofocada por el ímpetu de las glándulas con su Lex Parsimoniae y, que al decirle el calificativo de guapa contestaba: !GUAPATIARTE! asigún se deciya ella misma a pesar de su paciencia de lagarto asoleado dado que un león no come monte.
Pa´ el susto, la vecina de enfrente le preparó agua de brasa influída por la química de la infusión como olor de dulce que encona, química que embala, que encalambra el espíritu y alienta los demonios de adentro que le picaba tanto porque “Ley” en kakchikel es chichicaste, en el ostracismo de la ostra porque ella tenía un don … un don nadie, su peoresnada pues en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser la más probable de las leyes mortales;
sergiodeleonlopez
Doña Güicha Blanca era como la espuma de la cerveza pues sólo aparecía al principio y luego se consumía y desaparecía
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