Estornudar es para evitar erecciones inesperadas
al Sereno con la bendición de la santa madre iglesia católica apostólica y romántica, vestido de negro con su gabán largo y las solapas levantadas y sombrero de cumbo, que trataba de endulzar el vinagre, individuo que caminaba por todo el centro de la ciudad, a partir de las 6 pm cuando ya la Catedral había dado sus campanadas de censura a la noche en la que no veía más que la oscuridad cuando las chicharras asustadas ya no cantan. Se paraba en las esquinas con su farol con pedestal sobre un poste delgado en mano y cantaba la hora a gritos y el estado del clima:
“!LAS OOOCHO EN PUNTO Y SERENO, EL CIEEELO ESTÁ DESPEJADO!”
contra sus gracias naturales y su vocación festiva que era como carne del convento de la Casa Central. Los vecinos venían a él no por la hora o el tiempo del estado, sino a tocar el bolillo de madera de 2” del farol cuando estaban enfermos, pues el palo encendido de guayabo hacía milagros a escondidas de los cielos cascorvos y, todo madrugador es buen esposo pero mal marido, porque la edad es la que se siente y no la que se tiene y es que puso de moda la nostalgia del rábano y, estaba tan seguro que no habría otra revolución con el culo más pelado que el de un gato de panadería. Parado dando el sereno en el parque de doña Isabel la Católica estando los pollos listos pa´meterlos al horno, se dió cuenta que ella lo hacía llorar como a sus caracoles en el epigastrio porque se podía anticipar a los hechos del güegüecho, hay por la Calle de las Túnchez hoy 4a calle entre 12 y 15 avenidas, por el Callejón de Escuintlílla hoy 3a calle “A” entre 2a y Avenida Elena, cerca de la Reco, en donde Estrada Cabrera efectuó un bombardeo para matar ahí a una familia entera el 11 de abril de 1920 y, desapareció más ciudadanos que la peste, dado que la democracia es cambiar de ladrón cada cuatro años, donde nada será lo que fue y nada fue lo que será aunque Satanás ande metiendo su rabo donde no debe en la delgada línea de la inconsciencia cuando la noticia más importante del día es la que no a sucedido y, ojo que las ratas huevean en el Callejón de Manchén;
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