HISTORIAS RIALES DE LA GUATECHULA ©Copyright 2017
LA RECITACIÓNHay por la Catocha, Santa Catarina Mita, Jutiapa, doña Cata, (Mita: del Náhuatl Mictlán, MIC- MUERTE y -TLAN LUGAR DE; pute oseya Lugar de Muerte) es un municipio sur-oriental que pertenece al departamento de Jutiapa, de 132 km2 en la latitud 14° 27' 02" Norte y longitud 89° 44' 34" Oeste, ubicado a una altura de 700 SNM, a 154 kilómetros de la ciudad capital, y a 34 kilómetros de la cabecera departamental.
Sus primeros
habitantes fueron pocomames, muchomames, toltecas y pipiles -y todas presumen de canchitas
y que torteyan la castilla-, y fundaron todo el terreno de Santa Catarina,
Asunción Mita, Agua Blanca y Atescatempa con el nombre de Mictlán; sus
principales pueblos eran la Asunción y Santa Catarina y por problemas políticos,
religiosos, administrativos, sexuales y de mujeres que querían ser canchitas
decidieron dividirlo bautizándolos con sus actuales nombres conservando el
nombre de Mita o seiga Muerte Kirina. En los primeros tiempos de la Cata, todos
hablaban pocoman, en lugar de hablar bastante mam. El municipio pertenecía al
departamento de Chiquimula de la Sierra junto a Asunción Mita. El 9 de
noviembre de 1853 la Cata se fundó como municipio oficial del departamento de
Jutiapa.
Ay en el barrio El
Barreal, venidos de la aldea Jocote Dulce del Caserío Los Sandovales, llegó doña
Bertilia con su olor a alopurinol, arrastrando a su patojito, el Brayan
Indalecio, pues estaban en situación de abandono, porque el Emigdio Ceiber los
vía abandonado. Echando oropos, ticucas y elotes locos, fue creciendo, hasta
que la vecina doña Yosleidis Marcús, le habló del Salvador, y le dijo mire, yo
de allí no quiero saber nada, pues por unas guanacas me dejó el Emigdio Ceiber.
No, es un mensaje
de Paz, Eperanza y Caridad. Ay no me diga, porque con esas cabronas se fue
cuando salió de la cantina. Por fin accedió acompañarla a la Iglesia evangélica,
La Salvación No Se Compra Ni Se Vende, en la esquina de la 4ª Calle y la
Avenida Grande, más conocida como la Callota.
Así que se llevó
al Brayan Indalecio, y luego de la bienvenidas, bienaventuranzas, imposición de manos, de las cuales
ya había corrido muchas, mandaron al patojito al la Escuela Dominical, donde a
expecadora, la maestra doña Agaví de la Garza lo situó en su sillita de madera
de pino poshoroco.
Pa´medio hacerse
la loca, como que hacía algo, puso a los niños a pasar al frente y hacer alguna
cosa, ya sea pirueta, ridículo, declamacización, canto de coritos como el Coro
del Mico (Mico razón se llena de ilusión) pronunciación de versículos bíblicos
y otros.
Poco a poco el
Brayan Indalecio se fue entusiasmando y pa´ ser integrado al grupo, le dijo: - !paso yo, paso yo! lo cual dio gusto a doña Agaví, pa´ quitárselo de encima.
Con sus 6 años a
cuestas, flacucho, palidejo, cejudo como gato volador, hombros subidos, manos
agarrándose los muslos, se inclinó y dijo: ésta es una recitación:
“Por aquí pasó una
pava,
chiquitita y voladora,
en el pico lleva flores,
y en el hoyo requesón”.
Volvió a saludar
inclinándose y doña Agaví lo sacó inmediatamente de la clasecita arrastrándolo
de una oreja y lo puso de plantón en un poste, amarrado de las manos, pues había
cometido pecado de englobalización, que implica que tiene el diablo metido
poray, y no sólo había que disciplinarlo, sino chicotearlo 7 días seguidos en
ayunas, y tomarse un vaso de agua con sal y harina de frijol nuevo y su mamá
debía de dar por adelantado la suma de 7 diezmos para aplacar las fuerzas del
mal.
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