martes, 15 de agosto de 2017

La Recitación

HISTORIAS RIALES DE LA GUATECHULA ©Copyright 2017
 
LA RECITACIÓNHay por la Catocha, Santa Catarina Mita, Jutiapa, doña Cata, (Mita: del Náhuatl Mictlán, MIC- MUERTE y -TLAN LUGAR DE; pute oseya Lugar de Muerte) es un municipio sur-oriental que pertenece al departamento de Jutiapa, de 132 km2 en la latitud 14° 27' 02" Norte y longitud 89° 44' 34" Oeste, ubicado a una altura de 700 SNM, a 154 kilómetros de la ciudad capital, y a 34 kilómetros de la cabecera departamental.
Sus primeros habitantes fueron pocomames, muchomames, toltecas y pipiles -y todas presumen de canchitas y que torteyan la castilla-, y fundaron todo el terreno de Santa Catarina, Asunción Mita, Agua Blanca y Atescatempa con el nombre de Mictlán; sus principales pueblos eran la Asunción y Santa Catarina y por problemas políticos, religiosos, administrativos, sexuales y de mujeres que querían ser canchitas decidieron dividirlo bautizándolos con sus actuales nombres conservando el nombre de Mita o seiga Muerte Kirina. En los primeros tiempos de la Cata, todos hablaban pocoman, en lugar de hablar bastante mam. El municipio pertenecía al departamento de Chiquimula de la Sierra junto a Asunción Mita. El 9 de noviembre de 1853 la Cata se fundó como municipio oficial del departamento de Jutiapa.
Ay en el barrio El Barreal, venidos de la aldea Jocote Dulce del Caserío Los Sandovales, llegó doña Bertilia con su olor a alopurinol, arrastrando a su patojito, el Brayan Indalecio, pues estaban en situación de abandono, porque el Emigdio Ceiber los vía abandonado. Echando oropos, ticucas y elotes locos, fue creciendo, hasta que la vecina doña Yosleidis Marcús, le habló del Salvador, y le dijo mire, yo de allí no quiero saber nada, pues por unas guanacas me dejó el Emigdio Ceiber.
No, es un mensaje de Paz, Eperanza y Caridad. Ay no me diga, porque con esas cabronas se fue cuando salió de la cantina. Por fin accedió acompañarla a la Iglesia evangélica, La Salvación No Se Compra Ni Se Vende, en la esquina de la 4ª Calle y la Avenida Grande, más conocida como la Callota.
Así que se llevó al Brayan Indalecio, y luego de la bienvenidas, bienaventuranzas, imposición de manos, de las cuales ya había corrido muchas, mandaron al patojito al la Escuela Dominical, donde a expecadora, la maestra doña Agaví de la Garza lo situó en su sillita de madera de pino poshoroco.
Pa´medio hacerse la loca, como que hacía algo, puso a los niños a pasar al frente y hacer alguna cosa, ya sea pirueta, ridículo, declamacización, canto de coritos como el Coro del Mico (Mico razón se llena de ilusión) pronunciación de versículos bíblicos y otros.
Poco a poco el Brayan Indalecio se fue entusiasmando y pa´ ser integrado al grupo, le dijo: - !paso yo, paso yo! lo cual dio gusto a doña Agaví, pa´ quitárselo de encima.
Con sus 6 años a cuestas, flacucho, palidejo, cejudo como gato volador, hombros subidos, manos agarrándose los muslos, se inclinó y dijo: ésta es una recitación:

“Por aquí pasó una pava,
chiquitita y voladora,
en el pico lleva flores,
y en el hoyo requesón”.


Volvió a saludar inclinándose y doña Agaví lo sacó inmediatamente de la clasecita arrastrándolo de una oreja y lo puso de plantón en un poste, amarrado de las manos, pues había cometido pecado de englobalización, que implica que tiene el diablo metido poray, y no sólo había que disciplinarlo, sino chicotearlo 7 días seguidos en ayunas, y tomarse un vaso de agua con sal y harina de frijol nuevo y su mamá debía de dar por adelantado la suma de 7 diezmos para aplacar las fuerzas del mal.

¿Cómo la ves disdiay? ©Copyright 2017

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