domingo, 7 de mayo de 2017

LA ESPADA DE DAMÓCLES O EL CULILLO

LA ESPADA DE DAMÓCLES O EL CULILLO© 
Pa´ que los politiqueros tranzas le pongan asunto a la cosa o la cosa en el asunto


         La nunca bien ponderada y famosísima “Espada de Damocles” es una parábola moral del filósofo romano Cicerón en su libro “Tusculanae Disputationes”, del 45 aC. 

        La historia con un Dionisio II, reyecito megalomanítico tiránico como todos los que se creen la Chancla del Nayo Capero, que gobernó la ciudad siciliana de Siracusa en el siglo IV aC.

       Era rico, pero no sabroso y poderoso mala onda y pura mierda, por las tranzas que le hacían en el Conhueso de la República los dipucacos que tienen laundry de dólares y que marketinean con polvito blanco que no es talcos Johnson, y con hierbita que ataranta que no es culantro. 

       Dionisio pero como todo hombre lleno de hijeputez, era infeliz poray, pues esa palabreja no se puede comprar. Su mano maldita de tratamiento inmisericorde, lo que si le había dado en abundancia eran muchos enemigos y traidores que querían que cayera como plátano podrido, y estaba atormentado por el miedo a ser asesinado, como buen político.

        Era tanto su culillo por ahuevamiento, que tenía un dormitorio rodeado de un foso y sólo confiaba en sus hijas para afeitarse la barba con una navaja. 

       La insatisfacción del rey llegó a su punto culminante un día después de que un adulador de la corte llamado Damocles le elogiara y comentara lo dichosa que su vida debía ser, le dijo:

– Ya que esta vidita te encanta, - respondió Dionisio emputado,- 
¿querés probarla vos mismo patojo y saborear mi buena fortuna, carnal?

        Damocles aceptó y Dionisio lo sentó en su dorado trono y ordenó a una multitud de sirvientes que le melengueliaran, como hacen con el presidente pendejo. Se le mimó con suculentas carnes, licores, perfumes y ungüentos poray. 

       Damocles incrédulo no podía creer su suerte, tenía aguadéz anal, pero justo cuando empezaba a gozar de la vida del megalomanítico rey, vio que Dionisito había colgado una espada con la punta muy afilada desde el techo y estaba colocada sobre su cabeza, suspendida sólo por una fina hebra de crin de loro. 

      Entonces, el miedo por ahuevamiento del cortesano por su vida, no lo dejó saborear la opulencia de la fiesta y disfrutar de los sirvientes y no de las sirvientas. Después de estarle echando un ojo a la hoja que colgaba sobre él, pidió ser excusado, no inodoro, pidiendo que ya no quería estar tan de ahuevo disdiay.

        La historia de Dionisio y Damocles es que los que están en el poder trabajan siempre con ansiedad, ahuevamiento y culillo y miedo a la muerte y que “no puede haber felicidad para quien está bajo constantes temores”, por tanta porquería que hacen.


Es un término para describir un peligro inminente. 

        El dicho “colgando de un hilo” es en una frase hecha para una situación parecida. Uno de sus usos famosos fue en 1961 durante la Guerra Fría, cuando el Presidente John F. Kennedy pronunció un discurso ante las Naciones Unidas en el que dijo que:

“Cada hombre, mujer y niño viven bajo una espada nuclear de Damocles, con el más delgado de los hilos, capaz de romperse en cualquier momento por accidente o error de cálculo del culo”. 

      Veé que de ahuevo va la virgen, en bajada y con los cargadores bien a verga, como la Marixa Ethelinda Lemus Pérez, ex candidata a la alcaldía de Moyuta, Jutiapa, y condenada a 94 años de prisión por liderar una banda criminal, pasa los días en el área VIP del Centro de Detención Preventiva para Mujeres “Santa Teresa”, donde las internas no duermen en planchas de concreto sino en las camas que quedaron de las clínicas que funcionaban en el reclusorio, y antes de que La Patrona ingresara al mundo de la política y de que ocurrieran los crímenes por los que fue condenada, ella administraba una pupusería y un restaurante de su propiedad en Ciudad Pedro de Alvarado (Moyuta, Jutiapa, frontera con El Salvador).
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